jancev Jancev

Gertrudis Blackwell fue una mujer de costumbres católicas muy arraigadas, su partida, ha dejado un vacío en sus familiares, quienes se reúnen en los días de adoración a Jesús. Semana Santa. Cuatro personas, una pintura, nueve círculos del infierno y una corona llena de pecados. ¿Quién sobrevivirá a esa semana? Tal vez, solo el que esté libre de pecado.


Suspense/Mistério Para maiores de 18 apenas.

#laguaridadelwendigo #LosPecadosdelWendigo
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“Tomen, coman; esto es Mi cuerpo.”

La tía Gertrudis fue una mujer extraña, incluso después de muerta.

También fue un mujer de fe, sin embargo, luego de su extraño fallecimiento, ninguna de las siete personas que ocupaban puestos de su comedor, le dedicó siquiera una oración. O quizá sí, pero solo con la intención de que no regresara por milagro del infierno.

Después de todo, estábamos en la celebración de la semana santa, y aunque ninguno era muy creyente, nada evitaba el miedo de que así como Jesucristo, la tía Gertrudis volviera de los muertos en el domingo de resurrección.

Viuda, millonaria y egocéntrica, era la representación del diablo en la tierra, o al menos eso decía el Tío Germán, un hombre sin autoridad, ludópata y sanguijuela que no hacía más que visitarla para sacarle dinero. Eso sí, frente a ella nunca alzó la mirada y mucho menos replicó sus órdenes, el único vestigio de hombría que poseía lo había utilizado en la procreación de sus hijos.

Suponiendo que fueran suyos.

La tía Elizabeth sin duda había obtenido riquezas a costa de él, pero no creía que el dinero fuera suficiente pago para soportar tanta sumisión…

La tía la respetaba por ser una persona con ideales claros de lo que quería, lo que no soportaba es que quisiera conseguirlo todo con su fortuna.

La tos de Kae llamó mi atención, la forma en que miraba el pescado me indicaba que estaba a punto de devolver la comida, sin embargo, contra todo pronóstico comía con un apetito voraz.

Esa chica era rara.

Aunque no podía pedirse mucho de ella, siendo la hija disfuncional de la tía Gertrudis, quien después de muchos años sin hacer caso de las enseñanzas bíblicas de su madre, terminó por ser echada de la casa.

Y ahora estaba aquí, con el rímel y las sombras negras en los ojos en perfecto estado, y sin un ápice de dolor por la muerte de su progenitora, solo estaba aquí para obtener lo que según Ley, le correspondía.

Y eso, nos llevó a estar reunidos en el comedor de la tía Gertrudis a solo tres días de su muerte —en pleno jueves santo—. Era hora de leer el testamento.

Pero antes de ello, debíamos cumplir con la tradición católica y degustar las comidas que con antelación, había coordinado para nosotros.

Me puse de pie, conforme a las costumbres de la tía y recité Mateo 26:26-28:


“Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: “Tomen, coman; esto es Mi cuerpo.” Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: “Beban todos de ella; porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.”


Todos se mantuvieron en silencio, incordiados, irritados y hasta aburridos y tras mis palabras, empezaron a comer.

Verduras a rebosar, pescado fresco y en cantidades industriales, canastas de pan para un batallón y suficiente vino para una bandada de alcohólicos, si no fuera porque odiaba el pescado, me hubiera reído de la situación, considerando que parecíamos el cuadro de la última cena, en una versión mucho más pecadora y decadente, claro está.

La comida parecía interminable, y hasta que no se acabara no podíamos dirigirnos al despacho a la lectura del testamento, así que todos comían observando a mano izquierda lo que suponíamos era una réplica el cuadro de Botticelli, aunque con el dinero que poseía la tía, capaz y era el real. De igual forma, la vista nítida de cada fragmento de la pintura y de los castigos de cada pecador, era capaz de helarte hasta los huesos.

Cada nivel del infierno, cada compartimento, los cuerpos cadavéricos, las penurias que atravesaban, el pago por los pecados cometidos. ¿Realmente sería así el infierno?

Solo la tía Gertrudis era capaz de comer pacíficamente admirando ese cuadro, sin remordimiento, con la fuerte convicción de estar libre de las perdiciones de la carne. Si es que en busca del paraíso, su propia hija había sido creada en un acto mecánico de simple procreación, sin amor, sin pasión… solo obligación.

Federico, el mayordomo parecía taladrarnos con su intensa mirada, se encargaba de que cada plato fuera terminado antes de que alguno de los presentes se levantara y así mismo se encargaría de que cada orden de la tía se cumpliera.

Observé su interminable cuerpo encorvado, las hinchadas bolsas bajo sus ojos y la piel mortecina, su frente amplia y apenas unas decenas de cabellos en cada extremo que parecían tener vergüenza de caer. Era su más fiel seguidor, incluso aunque ella no estuviera más en este mundo.

Alcé mi copa de vino y la llevé a mis labios, rezando internamente por el hombre que parecía a punto de desfallecer, pero que antes de hacerlo, nos torturaba con la comida y las tradiciones de una religión moribunda y de una mujer fenecida.

«Dale señor el descanso eterno», recé internamente, por la tía y por el vejestorio frente a la mesa.

Me tomé toda la copa de un solo trago y me dispuse a retomar la comida, sin embargo al intentar agarrar los cubiertos sentí mis dedos un tanto flácidos y hormigueantes, miré mis manos y la vista de las mismas y de los cubiertos se volvió borrosa.

No podía estar borracha con dos copas de vino.

Me estrujé los ojos con las manos entumecidas, intentando recuperar la orientación pero no sirvió de nada, busqué a tientas la jarra de agua para servirme, pero terminé derramarla en la mesa.

«¿Por qué tengo tanto sueño?»

Decidí pedir ayuda, pero al intentar hablar, mi lengua estaba dormida y mis ojos apenas pudieron captar que cada uno de los presentes tenía la cabeza apostada sobre los platos, el sueño parecía ser contagioso y colectivo, lo que indicaba que no era un sueño, pero yo, tampoco tenía más fuerzas para cavilar.

Vi una pequeña sonrisa en el rostro de Federico antes de caer inconsciente sobre el maldito pescado.

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11 de Abril de 2021 às 01:14 6 Denunciar Insira Seguir história
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JYD ANDERSON JYD ANDERSON
Me ha encantado este capítulo, las descripciones son magníficas y se siente el suspenso y el misterio en toda la narración. Te sigo leyendo, Saludos
April 15, 2021, 01:30
Leónidas G. Leónidas G.
Las descripciones son perfectas. Cada personaje tiene una personalidad tan bien detalladas, que realmente parecen estar vivos. El humor negro que le agregas, es genial. ¡El inicio es espeluznantemente maravilloso!
April 12, 2021, 02:41
Elizabeth Vázquez Elizabeth Vázquez
¡Asombroso! Me encanta como los personajes se sienten tan vivos con tal descripción. Lo amé ❤️✨
April 11, 2021, 13:55

  • Jancev Jancev
    ¡Muchas gracias Eli-chaaaan! Me alegra causar tal impresion en ti y espero que disfrutes lo que viene(?) April 11, 2021, 14:00
Erendi Demonai Erendi Demonai
Hay pero mujer!! Aún no termino Nerea y ya estas con otra historia que te atrapa desde el principio y augura lo peor!! Jancev me encantan tus historias.
April 11, 2021, 03:13

  • Jancev Jancev
    Jajajaj lo siento! Es una historia corta escrita para el reto de semana santa de La Guarida del Wendigo. Me honra mucho verte por aquí, muchas gracias por darle una oportunidad a mi historia😍😍😍 April 11, 2021, 03:26
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