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Una ultima canción de amor.

El día que la vio por primera vez, su cabello brillaba tanto como el sol que se reflejaba en él, flotando en el viento como si fuera más liviano que el aire. Su piel tersa y suave como porcelana, sus delicados ojos que parecían rubíes, los largos mechones dorados que la abrazaban y bailaba a su alrededor; era un espectáculo que parecía divino, digno de una diosa. De ella se desprendía una luz celestial, que solo él podía ver, un hechizo que lo atrapó por siempre. Desde ese momento, ya no había una vida que valiera la pena vivir sin ella. Desde ese día le declaró su amor incondicional. Ese día juró protegerla con su vida.

Ella no tenía un idioma o una voz para hablar, pero cada mañana entonaba una nueva canción para el hombre que se había atrevido a amarla. Nunca tuvo un hogar ni una familia, había vivido una vida solitaria. Estaba maldita desde la cuna, pero aun así él la amaba, aun cuando el infierno le seguía. Y así, amándose, cada día bailaban juntos a través del bosque, y se perdían en una nueva aventura. Cada noche encontraban el camino a casa, adorándose aún más que la noche anterior. Todos los días, ella se juraba encontrar la manera de vivir juntos por siempre. Se juraba amarlo por la eternidad.

Pero las promesas no significan nada, los juramentos se rompen tan fácil como los huesos y el amor se derrama tan rápido como la sangre. No había forma de detener la oscuridad que siempre la siguió. Lenta e imperceptiblemente, se fue abriendo camino hacia su amado, consumiendo su cuerpo y mente. Cuando él se dio cuenta de que algo estaba mal, era demasiado tarde como para hacer algo.

El día en que la vio por última vez, sus ojos brillaban con miedo y confusión, combinaban con la sangre que emanaba de su pecho. La forma en que su cabello caía sobre su cuerpo sin vida, parecía ser más pesado que el cemento y tan oscuro como la noche. Como quien termina un trabajo bien hecho, él tan solo limpio su navaja y se retiró a paso frío. De ella solo se escapaban ahogados pedidos de ayuda; y de él, sólo quedaban recuerdos vacíos.

Y sus últimas fuerzas, ella lo amó. Lo amó tan fuerte como pudo y, con el idioma que no tenía, rezó por volver a verlo; deseo poder volver a empezar y hacerlo bien esta vez. Y canto, con la voz que no tenía, una última canción para el único hombre que la amo.

20 de Março de 2021 às 23:59 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

Angel Earpain Ángel, 19 años. Leo desde que tengo memoria, escribo desde que tengo amigos.

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