ginyales Gin Les

Ella sufría, él la rescató.


Conto Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fortaleza #fuerza #amor
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Rotos

El amor es la energía: ni se crea ni se destruye. Simplemente es y será siempre, dando sentido a la vida y dirección a la bondad. El amor no morirá jamás (Bryce Courtney)

Solo había ido con su novio y su hermana a por una pizza, solo el bus había tardado un poco más por ser domingo, solo habían sido quince minutos, quince minutos que le costaron más que solo tiempo.

Al doblar la esquina pudo ver su casa al final de la calle, no era normal que estuvieran las luces apagadas a tan temprana hora, menos en tiempo de invierno. Un nudo se formó en su estómago y supo de inmediato que algo no estaba bien. No solo era por el hecho de que las luces estuviesen apagadas sino porque en el fondo de su ser sabía lo que pasaba cuando no llegaba a tiempo. Sin embargo, no era eso lo que más temía, era el hecho de que él hubiese vuelto de algún lugar de esos donde solía perderse cuando conseguía un poco de dinero, pero que una vez se le acabara, volvía al único lugar donde siempre lo recibirían, su hogar.

—Apresúrense —instó a su hermana y a su novio.

—Ay, no te preocupes —respondió su hermana—. Ella se ha de haber quedado dormida.

—No lo creo… —dijo la joven temiendo lo peor.

Nada más llegar abrieron la puerta preguntándose por qué todo estaba a oscuras y entonces lo comprendieron, ella yacía sentada con un cinturón en su regazo en el sillón principal de la sala rodeada de aquella aura misteriosa, maligna y cruel.

—Ya te puedes ir a tu casa Marco —la sentencia en la voz de ella era abrumadora. El chico dio la media vuelta y salió de la casa con temor.

Cuando se aseguró que el joven estuviera lo suficientemente lejos para oír y antes de que alguna de sus hijas hablara se levantó con ímpetu. Solo tomó un segundo para que la señora se pusiera de pie y golpeara a la joven de cabellos negros con él sin importarle nada.

La chica de aspecto frágil pero con una hermosa sonrisa radiante, pedía que parara, intentaba amortiguar los golpes del cinturón sobre su cuerpo metiendo las manos, pero este chocaba en ellas con saña.

Su hermana atemorizada pedía a la mujer de mediana edad que se calmara, con un llanto ahogado se pegó a la pared intentando que los golpes no le llegaran. No la malentiendan, la chica tan solo tenía catorce años y al igual que su hermana, vivía su día a día con temor.

La pelinegra ahogada en llanto intentaba explicar en monosílabos lo que había pasado con la finalidad de calmar a su madre, a pesar de que esta no la oía.

—¡Eres una puta, eso es lo que eres! —Asestaba un golpe en la espalda seguido de otro en las piernas—. ¡Puta! ¡Siempre, puta!

La mujer de mediana edad no dejaba de golpear una y otra vez a su hija. No se preocupaba jamás por ser oída, sabía que los vecinos escuchaban todo pero esto no le importaba, siempre salía con aires de grandeza ante el mundo insinuando que ella poseía la autoridad en su casa y que se hacía respetar.

—¡No, por favor! —pedía la chica ya con el cuerpo magullado de tantos cintarazos— . Para mamá... perdóname, por favor... seré buena...

El llanto emanaba a ríos por el rostro de la joven y de su hermana, entre peticiones de perdón y promesas de buen comportamiento (a pesar de ser una hija ejemplar), la joven comenzaba a sangrar de algunas partes de sus brazos, espalda y piernas.

La mujer cansada tiró el cinturón y lo que parecía que sería el final de aquella golpiza solo fue un receso, ya que se abalanzó contra la muchacha y la abofeteó tan recio que casi le tira un diente. Después, no conforme con todo aquel maltrato, comenzó a tirar de aquel hermoso cabello lacio, arrancando mechones de él.

La joven intentaba apartar a la mujer con todas sus fuerzas, pero el temor que yacía encubado en su ser no le permitía defenderse como debía.

—Para, por favor… ya… —suplicaba con voz afligida.

Pero sus súplicas no eran oídas. La mujer encolerizada tan solo de oír su voz pidiendo que parara, provocaba en ella un subidón de adrenalina lo que hizo que la arrastrara del cabello y la levantara para luego golpear su rostro contra la pared, lo suficiente como abrirle la cabeza.

Su hermana arrinconada en el suelo hizo lo mejor que pudo cuando el temor es el pan de cada día y lloraba pidiendo al cielo que todo acabara. No podían creer lo que estaba pasando, su madre las golpeaba, eso era cierto, pero nunca con tal saña y a sangre fría. Algo debió de haber pasado para que ella se comportara así.

—¡Por culpa de ustedes, por su culpa su padre ya no volverá! ¡Son unas malditas indeseables...!

Aquella frase le daba un nuevo sentido a toda esta maldad. ¿En qué momento el fruto del amor de sus padres se convirtió en la manzana podrida de la familia? ¿En qué momento se fue el amor y entró la violencia a su hermosa familia?

Ellas a veces creían que fue por el alcohol, en otras ocasiones algunos comentarios les hacía pensar que su madre había atrapado a su padre con los embarazos. Sea cual fue el motivo, ellas sabían que no eran amadas.

De repente las luces se encendieron. Todos entraron a detener aquella masacre, porque eso es lo que era… una masacre.

Marco sostenía el cuerpo de su novia que de a poco abandonaba la conciencia, no le importaban las voces que le pedían que se apartara. Él no podía hacerlo, no debía. Si lo hacía sentía que la perdería para siempre.

La pequeña hermana fue escoltada por una policía y llevada a una de las ambulancias. Permanecía en shock, mientras caminaba vio de reojo a su hermana mayor en un estado atroz. No daba pie a creer que aquella mujer que debía protegerlas hubiera sido capaz de cometer tal acto espantoso.

Después de aquella noche todo cambió para ambas, sin familia, sin un padre que se hiciese responsable o que las amase, podría decirse que todo hubiese sido el fin para ellas… pero no fue así. Ya todo había cambiado. Todo había llegado a un fin y de pronto tendrían un nuevo comienzo.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*


—Alexandra… —Marco toma un respiro mientras sostiene la mano de su novia—. Hoy hace cinco años casi te pierdo, hoy hace cinco años quizás creímos que no sobrevivirías, pero no fue así. Solo te has hecho más y más fuerte y yo quiero ser esa persona que te vea hacerlo.

Marco se hincó sobre una de sus rodillas y sacó una caja con un anillo dentro. La joven disfrutó sentir un nudo en la garganta y permitió que una lágrima se resbalara por su mejilla, era una hermosa sensación lo que presentía.

—Permíteme ser ese hombre que te sostenga cuando te sientas cansada, aquel que te apoya en todas las circunstancias, el que te mira crecer y quien recoja la toalla cuando te des por vencida. Déjame ser ese hombre del que te sientas orgullosa y con el que puedas formar la familia que tanto anhelas, que yo también quiero, pero solo contigo y si no es así que el destino me condene pues no quiero nada más que tu felicidad. ¿Deseas casarte conmigo?

Alexandra yacía llorando y diciendo que sí una y otra vez, sustituyendo con este hermoso acto aquel viejo recuerdo que una vez tanto dolor le causó.

Su hermana que no había dejado de grabar toda la petición también no podía dejar de llorar. Ella había sido testigo de primera mano de la evolución física y psico-emocional de su hermana. Que si bien las dos ocupaban ayuda psicológica era su hermana quien se había llevado siempre las peores partes.

Ambas se habían ido a vivir a casa de Marco, sus padres las habían acogido como parte de la familia y no solo les habían dado un techo si no una familia en la que por primera vez se sintieron amadas, apreciadas y respetadas.

Marco y Alexandra se casaron un año después y el día de su boda el hermano menor de él le pidió matrimonio a la hermana de ella. Después de todo nunca falta un roto para un descosido.

24 de Abril de 2021 às 01:51 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

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Gin Les Escritora aficionada, lectora, madre y lider de embajadores. :)

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