cesar-arango1612540677 César Augusto

La muerte es el destino final de toda vida , a veces solo llega y la existencia se esfuma sin dejar nada. ¿ Qué pasa con la muerte cuando es tentada por jóvenes ebrios y de febril imaginación?


Drama Todo o público.

#Muerte #destino # #parca #bebidas #finalizada #camnnoscruzados
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Capítulo I

Primera parte, unas birras, cigarrillos y un peregrinaje…


La muerte, mensajera de lucifer, recolectora de almas, misterio, terror, alivio o el hecho más irrelevante, todo depende de la realidad de quien piensa en la muerte…


— A veces suelo esperar simplemente a que la parca me venga a buscar. — dijo el mayor de los tres jóvenes que compartían la mesa, él era el más culto, el más ignorante, el más astuto y el más ingenuo, todo era relativo tratándose de él, tan tonto para algunas cosas y un genio para otras…


— Solo llevas dos cervezas y ya estás hablando de tu muerte; por favor no vayas a llorar esta vez. — el más joven de los tre. — la vida se presenta de diferentes formas, y solo el que lleva la cruz sabe su peso, en algunas cosas le había ido bien y en otras no tanto, pero él siempre estaba neutro, pocas veces se dejaba ver afectado y tal vez, siempre vivía afectado.


— Imaginen que viene la parca, y le dice tienen un Día y les cumpliré cualquier deseo; ¿Qué piden? — quizás en señal de paz o quizás con la intención de filosofar, el joven que estaba entre los otros dos, si hablamos de edad, soltó la interrogante.


En la mitad de la charla un perfecto extraño pidió permiso para entrar a la mesa seducido por la conversación, ofreció unos cigarrillos y unas cervezas, incluso aporto un par de ideas sobre lo que estaría o no permitido desear, en el supuesto de que la parca se decidiera a visitarlos. Los términos del contrato, por decirlo así, eran los siguientes: puedes pedir cualquier cosa, natural o sobre natural, material o no, de hecho el único límite es pedir cosas que de uno u otro modo alarguen tu vida. Al final de la noche, los tres joven se marcharon del bar, entre risas, humo y las cosas típicas del estado de ebriedad, el cuarto integrante de la mesa se quedó con las listas de deseos, que a continuación voy a mostrar.


Joven número uno.


No quiero la gran cosa, quiero algo muy sencillo, de hecho no quiero nada, pero si me veo obligado a aportar algo, digamos que quiero esto:

Ir al 221b de Baker Street.

Conocer las pirámides de Egipto.

Cenar en la Torre Eiffel.

Ver un Derbi en el Vicente calderón y que gane el Atlético de Madrid.

Fumar y morir tranquilo.


Joven número Dos


Quiero saber:

¿Qué viene después de la muerte?

¿Cuál es sentido de la vida?

¿Existe algo como Dios?

Quiero el poder de la teleportación

Quiero arreglar un problema a nivel mundial pero que cree otro.

Pasar diez horas con el amor de mi vida.

Quiero salir en una película de Harry potter y hacer un hechizo que haga que Voldemort tenga nariz.

Quiero una Death note


Joven número tres


Quiero los mejores cigarrillos del mundo, y los que no me fumen que te los den a ti (Refiriéndose al joven número uno)

Quiero el mejor Sexo de la vida y de la otra vida.

Quiero los poderes básicos: Volar, leer mentes, teleportación.

Todo el conocimiento del mundo.

Una Botella de Jack Daniel's, Más cigarrillos y un Cachito de jamón.





Un tiempo después…


Por trabajo, por estudio, por circunstancias de la vida, o por lo que fuere, los jóvenes se vieron obligados a separarse.



Joven número uno, 13/09/2015, en algún bar de Valencia, Venezuela


El joven número uno se encontraba en sus días de suerte, hace un par de semanas había terminado al fin su licenciatura en psicología, un poco después de lo planeado, a sus veinticinco años de edad, y por si fuera poco su tutora de tesis le había regalado un Tour por Europa, Cena en París; Fútbol en Madrid y un poco de turismo literario en Londres, el sueño de su vida, sueño que hoy sabia a poco, pues la compañía seguía sin cruzarse por su vida…



Días después.


La breve semana había pasado para el joven número uno con un sabor agridulce, por momentos maravillado por Europa y la soledad, la cena en la torre Eiffel había sido un momento en el que la soledad lo atormentaba, cada pareja enamorada le recordaba que aun a su veinticinco años, el amor seguía siendo su materia pendiente, las parejas a su alrededor Vivían un idilio amoroso entre besos y caricias, el joven número uno contemplaba la cena sin mucho apetito, deseando por un momento ser otra persona, cada miedo, cada complejo, cada vacío, cada fracaso, cada culpa, y por si fuere poco cada pena se cruzó por su mente en el mismo momento en el que llego a la siguiente conclusión, la muerte había tardado mucho en llegar a su vida, pero no la muerte de un tercero sino su propia muerte, fiel a sus convicciones científicas no pudo evitar reír en el momento en el que le pidió a la parca que lo buscara.


Si bien parís había sido muy romántico para su vida en soledad, Londres lo había llevado a un estado de éxtasis, por fin estaba frente al mítico 221b de Baker Street. Por su mente pasaron tantos recuerdos gratos, pero ficticios, horas jugando a ser Sherlock, horas leyendo las novelas del personaje en cuestión y la emoción de cada capítulo de la miniserie británica que representaba al personaje, con su escaso domino del inglés se las arregló para pedirle a un joven que pasaba que le tomara una foto, sin duda esa era la foto de su vida, Sherlock por un Día, la soledad lejos de atormentarle en Londres le hacía feliz, la soledad fue en Londres para el joven número uno, libertad, amor, plenitud, éxtasis y puede que algo más…


Y por último Madrid, Emoción absoluta, otro de sus sueños de la adolescencia se había hecho realidad, un derbi en el Vicente Calderón, con resultado final 3-0 a favor del atlético de Madrid, a pesar de la soledad el Tour por Europa no había resultado ser tan malo, y su última noche dio lugar en un bar de Madrid, las copas iban y venían, la soledad era un arma de doble filo, por momentos deseaba tener una pistola y acabar de una vez con su miserable existencia, solo, aburrido, fracasado y frustrado, cuando esos pensamientos cruzaban por su mente, solo pensaba volarse los sesos de un disparo. Pero a veces la soledad también era su libertad, ir a donde quiera y como quiera, en esos momentos solo deseaba vida, y tal vez alguien con quien compartirla, hijo adoptivo de una familia clase media, que lo relego a la soledad en el momento en el que su hijo biológico vio la luz del sol por primera vez, sus pocos amigos hace tiempo habían salido de sus vidas, y de no ser por su tutora, hoy estaría en una habitación barata preguntándose qué hacer con su vida.


A mitad de la noche todos en el bar quedaron en silencio y sorprendidos cuando sonó, canción para mi muerte, de la banda argentina Sui géneris, solo el joven número uno conocía la canción, pues esa canción había sido su compañía durante todos estos años, cada vez que llegaba a su casa deseando morir, al principio contuvo la ganas de cantarla, pero no lo pudo evitar cuando escucho su parte favorita.


“Quisiera saber tu nombre,

Tu lugar, tu dirección


Y si te han puesto teléfono

También tu numeración


Te suplico que me avises

Si me vienes a buscar


No es porque te tenga miedo

Solo me quiero arreglar“



7 de Fevereiro de 2021 às 14:14 0 Denunciar Insira Seguir história
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