M
Maria garcia


“ClAYA la Libélula Soñadora” cuenta la historia de una libélula ninfa que solo pensaba en el día que se transformaría para verse bella, descuidando todo lo hermoso que le rodeaba. Hasta que finalmente llega el momento deseado y comprende que por muy difícil que sea el camino, debe de emprender su vuelo y alcanzar las estrellas.


Conto Todo o público. © Todos los derechos reservados

#cuentos-infantiles #cuentos-de-amor-a-la-naturaleza #cuentos-de-amor-a-la-familia #cuentos-para-dormir #cuentos-educativos #343
Conto
0
609 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

CLAYA, La Libélula Soñadora

Había una vez, una libélula llamada CLAYA que vivía, en una colonia de libélulas ninfas, en un hermoso lago, rodeado de extensas montañas y praderas.

Su sueño era volar, volar alto: visitar tierras lejanas, conocer diferentes amigos y por fin convertirse es una majestuosa libélula adulta.

- ¿Cuándo llegará el día, en el que pueda irme de estas aguas? -se preguntaba.

- No quiero más este cuerpo, en esta funda apretada, sin estilo. ¡¡Quiero mis alas majestuosas, llenas de colores y brillos!!

Y así, pasaban los días, unos tras otros, sin apenas darse cuenta, que en su afán de crecer y ser hermosa, descuidaba los detalles más importantes. Dejando de dar valor, a las cosas que realmente merecen atención.

Su hermana, quien siempre estaba a su lado, le preocupaba el comportamiento de CLAYA, y en ocasiones trataba de animarla, diciéndole:

- Debes de alimentarte, para crecer fuerte y estar

preparada para el gran día; si no te quejarás tanto, te dieras cuenta; lo necesario que es, estar lista para nuestro cambio.

Pero CLAYA, no hacía caso a nada, siempre protestando y holgazaneando, mirándose en el espejo, durante horas.

- ¡¡Uf!! -suspiraba profundamente, repitiéndose la misma pregunta:

- ¿Por qué tendré que tener estos ojos tan grandes?, otras especies no los tienen así. Me veo fea y al final son inútiles.

En ocasiones, lloraba mucho, por no sentirse conforme con su rostro y deseaba pertenecer a otra especie, e imaginaba que era una Mariposa Cristal, con hermosas alas transparentes, que sus amigos, alagaban y reverenciaban por tanta belleza.

Un día, comenzó a correr la fuerte brisa y todos felices empezaron a gritar:

- ¡¡Llego la primavera!! ¡¡Llego la primavera!! -era el día anhelado.

Nadaban de aquí para allá, dando volteretas. Unos, salían a la superficie, otros se abrazaban fuerte, en forma de despedida, deseándose así, la mejor de las suertes.

- ¿Y CLAYA? ¿Dónde está CLAYA? -preguntaba la hermana.

- Estoy aquí -respondió.

- Qué bueno. Dame un abrazo y por favor, cuídate. Nos encontraremos pronto y estaremos juntas nuevamente.

-Sí, no te preocupes. Lo lograré, estoy lista –contestó.

Y entre tanta confusión y alboroto. El lago fue, quedando vacío. Al marcharse de una sola vez, todas las libélulas ninfas que habían vivido allí, durante mucho tiempo.

CLAYA nadó próxima a la orilla, acercándose a una caña, de una planta que salía a la superficie. Y contando hasta tres, comenzó a subir el alargado tronco, llegando justo, al límite entre el agua y la superficie.

- Es mi oportunidad –decía– y asomaba, su cabeza lentamente. Se enfrentaba, a lo que, hasta ese momento, solo había sido un sueño.

La brisa era espesa, el viento arrastraba el polen de las plantas y CLAYA asustada, no sabía qué hacer. Al sacar el rostro, no podía respirar y sus ojos se llenaban de polvo y pedazos hojas.

Nerviosa, tratando de salir de aquella perturbada situación, sentía miedo; pero tenía que seguir y lo más triste era, que no sabía cómo hacerlo.

Comenzó a ascender, aferrándose a la caña; pero casi, no lograba sostenerse. Se sentía débil y confundida, el aire era cada vez más fuerte y ella pensaba, que no lo lograría.

Y ya, cuando creía que estaba totalmente debilitada, descubre que podía respirar, y vuelve a cobrar impulsos. Aún no abre sus ojos por temor; pero sigue sujeta. Sube, sigue subiendo, hasta llegar a una frondosa hoja que la resguarda, quedándose allí tranquila. Siente, que lo está logrando, a pesar de que sus patas tiemblan, su boca está seca y sus grandes ojos, apenas los mantenía abiertos.

Trata de pegarse, lo más que puede al tallo, sintiendo, como si el tiempo se detuviese. Y sus pensamientos recordaban, lo que su hermana le decía y ella nunca prestó la debida atención.

De repente, la invaden escalofríos en todo el cuerpo. La piel, detrás de la cabeza, se estira y se estira, aún más, hasta agrietarse lentamente, y como si fuera un hechizo, abandona su piel de larva.

Sus alas, como abanico luminoso, se abren, con toda la intensidad posible. Revolotea feliz, era como lo había soñado, los colores, el brillo intenso, exactamente igual a lo deseado.

El viento aún continuaba fuerte, moviendo cada vez más, las ramas; pero ella estaba segura, que tenía que emprender su viaje.

- ¿Y para dónde vuelo? -se preguntaba.

Sus ojos se movían sin parar y no conseguía calmarlos, era todo extraordinario y ella tan inexperta.

Decidida y con mucha determinación, mueve sus alas intensamente y despega, sube, baja, aun lado, hacia el otro; no logrando orientar su vuelo.

Mira en todas direcciones, y ve como otras libélulas, vuelan en una sola dirección, decidiendo, que debe de marcar su rumbo.


“Entiende que, a pesar de las dificultades y los grandes cambios, ha llegado el momento de encontrar su camino y luchar por sus sueños. Levantando su mirada al cielo; toma la decisión firme y segura, de alcanzar las estrellas”

6 de Janeiro de 2021 às 18:48 0 Denunciar Insira Seguir história
0
Fim

Conheça o autor

Maria garcia Reinventarme día a día, confiada de que nunca y siempre son palabras absolutas.

Comente algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Histórias relacionadas