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Vivir en una comunidad, nunca es fácil y menos si rozan la locura. Historia corta inspirada en la canción de «Le rouge et le noir, Côme - La gloire à mes genoux» Escrita para el concurso #SongTeen.



Conto Impróprio para crianças menores de 13 anos. © ©M.M

#drama #libertad #inspiracional #recuerdos #concurso #dramajuvenil #songteen
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La gloire à mes genoux


Me era imposible comprender, la obsesión de inmortalizar aquella fantasía; pero no estaba ciego y evité hundirme con ellos.

Decían que nunca sería importante en esta vida, porque los logros eran de los ricos y estaban fuera de mi alcance; ya que nací en un cuadro con limites por cada lado.

Mi infancia fue difícil y sumando a la lista estaban mis padres con su idolatría por los Lideres, al parecer nadie se daba cuenta lo manipuladores y abusadores que eran, hacían lo que querían, incluso si era a costa de los demás.

La comunidad adoraba su mera existencia, recibían el trato de dioses vivientes, manifestaban que teníamos el privilegio de convivir con seres bendecidos, que nuestro deber era alabarlos, ignorando sus actos, sólo debíamos enfocarnos en sus sagradas enseñanzas y no en sus métodos para alcanzar la gracia divina. Para mí, eran monstruos bien disfrazados.

Fui expulsado de las reuniones matinales, porque me rehusaba a ser parte de sus retorcidas actividades, prefería estar castigado en el sótano, antes de unirme a esa locura, siempre me encerraban gritando: «Morirás sin conocer el cielo», todo por despreciar su inmundo paraíso; además recibía el odio de mi familia, dado que les hacía quedar mal, frente a sus perfectos semidioses en la tierra. Cuando regresábamos a casa, me repetían que tenía que inclinarme sin indignarme hasta el final; porque ese era mi propósito de existir.

Ni siquiera había tenido una educación decente, lo único que aprendí fue sobre la vida y obra de aquellos farsantes. Sin embargo, eso no me impidió conocer la verdad, aprovechaba los días de oración, que duraban más de cinco horas; porque los líderes y sus familias entraban en contacto con sus poderes superiores, bebiendo de un cáliz especial; que los dejaban en trace, decían que obtenían más poder y la gracia del «paraíso».

Me escapaba al pueblo vecino, tomando prestaba la bicicleta del hijo más joven de los líderes. Todavía conservo en mi memoria, los altos estantes lustrados, donde se guardaban los libros de historia y el banquito que el señor del lugar, solía dejarme para que pudiera alcanzarlos por mi cuenta.

Pasaba horas navegando en el mar del conocimiento y descubrí como los líderes habían mezclado, múltiples tradiciones antiguas para disimular sus atroces actos.

Aún recuerdo, el día que llegué a ese maravilloso lugar, a mi propio paraíso. Lo invadí desastroso, todo sudado y casi afiebrado por el calor de aquel verano.

—Señora, ¿puedo leer esos libros que están allí? —indagué nervioso, quitándome el sudor de la frente.

—¡Buenos días, joven viajero! Por supuesto, si no alcanzas alguno me llamas y lo bajaré por ti.

—Gracias…

—¿Quieres un vaso de agua? Te ves algo acalorado —inquirió con una mueca de preocupación.

—No quiero ser una molestia, la próxima intentaré traer agua —respondí.

—Por favor, no lo es…

Caminó hasta un tipo de tanque diminuto y me sirvió agua en un raro vaso blanco.

—Dime muchacho, no eres de por aquí ¿verdad? No vi tu cara en clases, ¿tu familia acaba de mudarse al pueblo? —averiguó.

—No… vengo de la comunidad —pronuncié y luego bebí todo el contenido.

En sus vigorosos ojos, noté el asombro que le causo, pero supo disimularlo.

—¡Vaya! La comunidad queda bastante lejos —comentó.

—Es un largo viaje, señora aquí tiene su vaso... con su permiso iré a leer.

Se volvieron mis amigos, si es que puedo denominarlos de esa manera. Ella me enseño a escribir de manera correcta y a leer en voz alta. Su esposo un hombre amable; que usaba un curioso sombrero, daba vueltas por el local, preguntándome si quería otro libro o aparecía con dos humeantes tazas de chocolate, era lo más sabroso y dulce que había probado en mi vida.

Mi suerte se desvaneció una tarde de otoño, porque habían guardado bajo llave la bicicleta que usaba, aunque eso no me detuvo y desde ese día llegaba a pie hasta la biblioteca. Pero un día, no lo conseguí y quedé varado en medio de camino, ellos me encontraron, ya que se habían preocupado por mi repentina ausencia.

Esa fue mi última tarde en el pueblo, de todos modos, fue hermoso, me regalaron diez libros que elegí y juré proteger. A metros de la comunidad, bajando de su automóvil, les pedí un deseo; recuérdenme.

Tenía miedo que me sacrificaran si se enteraban de mis escapadas, había visto ese tipo de sacrificios a traidores y se prohibía nombrarlos luego.

Anhelaba que al menos dos personas; me tuvieran en sus mentes por un tiempo. Gracias a ellos, podía huir de la realidad, desapareciendo entre las páginas de alguna heroica batalla o en un planeta lejano con alienígenas y civilizaciones avanzadas.

Mientras en mi realidad, todo era igual, mi padre con sus gritos y su barrilla de metal, no dudaba en castigarme ante la mínima falla. Todavía siguen intactas las marcas en mis brazos, por desobedecer e insinuar palabras ofensivas hacia los líderes.

—Debes caminar con la cabeza en alto y si los líderes aparecen, no eres digno de mirarlos a los ojos, así que agacha la cabeza. Te otorgaron un lugar privilegiado en esta distinguida comunidad, eres el sirviente más cercano —anunció serio.

Padre inspeccionó mi atuendo, caminó lento a mi alrededor y golpeó mi hombro.

—La próxima vez deberás usar guantes de cuero, tus manos son espantosas para los sagrados ojos de los líderes. No toleran ver tantas heridas en un trozo de piel —declaró.

—Padre, no quiero estar aquí —murmuré temeroso, conteniendo las lágrimas.

—¡¿Cómo te atreves a cuestionar la sabia decisión de los lideres?! —vociferó furioso, asestándome un puñetazo—. No seas insolente, yo sé lo que es mejor para ti y este trabajo es una ventaja para nuestra familia. Deberías ser como tus amigos, ellos saben apreciar el honorable privilegio de servir en la gran mansión y respetar a los líderes.

—Sí, padre —afirmé, quitándome las lágrimas.

—Bien, ahora quédate en tu lugar. No puedes moverte a menos que te lo pidan —informó mientras colocaba la pesada bandeja de plata sobre la palma de mis manos—. Sostendrás las sagradas prendas y sus llaves, es un honor.

Había cumplido trece años, cuando me volví sirviente, tantas horas malgastadas al costado de esa puerta roja y ni siquiera tenía el derecho a pedir un vaso de agua o sentarme un minuto. Ser usado como mueble inerte; era denigrante, pero en comparación con el trabajo de mis amigos, me había sacado la lotería.

En los días nublados, se debía asistir a los templos para mostrar respeto y dejar las respectivas ofrendas en los altares, allí escuchaba a varios padres fanfarronear que sus hijos habían sido aceptados para servir en la gran mansión. Nunca pude preguntarle a mi padre que significaba, porque no quería recibir un castigo por entrometido.

La única vez que me permitieron ingresar por sus llaves, comprendí el significado de ofrecerte al servicio de la comunidad; mi amigo sostenía en su espalda una mesa de vidrio, doblado ensimismo con la frente pegada al suelo y los demás estaban parados sujetando jarrones y esculturas sobre bandejas doradas, apenas mantenían los ojos abiertos por el cansancio. Esa imagen aún permanece impresa en mis retinas.

La descomunal obediencia y fe ciega los convertía en autómatas listos para acatar órdenes a cualquier precio; incluso dándoles sus propias vidas. En verdad nunca sabré, si eran conscientes o no de semejante humillación.

Era normal vivir aplastados por los deseos de otros y jamás vivir los propios, no cuestionaban nada, mucho menos trataban de hacer la diferencia. Algunos de mis amigos, tenían miedo de perder a sus familias, si pensaban fuera de los parámetros establecidos. Tan lejos llegaba su control, que temían que sus sueños no fueran agradables a los líderes y se pasaban noches sin dormir.

Mi padre exigía que fuera una máquina, que usas y luego desechas: «Naces rey o no eres nada», era su frase predilecta para cada ocasión, aun más cuando desafiaba su autoridad.

La hipocresía de la comunidad era incalculable, decían que los de corazón puro se elevarían al paraíso y que los desertores morirían quemados por las brasas ardientes de la traición, ¿quién podría creer es tipo de juicio?

Acaso su objetivo era tener miles de fieles servidores, inútiles y limitados en cualquier tipo de razonamiento, para dominarlos y que permanecieran siempre a su lado, ¿a quién se le ocurrió una idea tan macabra? Solo a un grupo de psicópatas obviamente, quienes usaban la promesa de salvación como excusa para sus torturas y abusos.

Viví poco tiempo con mis padres, en realidad; no soportaba tener demonios alrededor, esperando por el primer error para castigarme hasta hacerme sangrar. Todo porque no querían cambiar su nefasta supervivencia y buscar una nueva manera de vivir con un propósito real.

Mientras los años pasaban, intenté repetidas veces fugarme con mi hermana de cinco años, quería salvarla del catastrófico futuro que le esperaba por ser mujer en la comunidad. No pude hacerlo, esa será mi única derrota.

Cuando escapé a los quince años, inicié la mejor travesía de mi vida, ese mismo día enterré, al sirviente que habían planificado en mí y renací.

Duré unos meses con mis amigos del pueblo, no obstante, tuve que dejarlos, las presiones que recibían por tenerme bajo su techo, amenazaban sus vidas. Ellos se habían enfrentado a mucho por mí, siempre les estaré agradecido por lo que hicieron.

Valiéndome de mi audacia, supe ganarme un lugar en la gran ciudad y las oportunidades aparecieron, mostrándome que era capaz de prosperar.

Crecer rodeado de esclavos de las leyes, fanáticos insalubres y críticos mordaces, hizo que valorara mi libertad más que nunca, también aprendí lo imprescindible de la vida; tener personas reales que se preocupen por uno y sean capaces de ayudarte cuando lo necesitas.

Las experiencias en la calle, me enseñaron a identificar quienes eran buenas personas y a distinguir cualquier amenaza, jamás caería de nuevo en el abismo del que salí.

Desde entonces, no me someto al destino ni a las leyes; dicto mi propio camino y si tropiezo es por mi propia imprudencia.

A veces tengo presente las insensateces, dichas por mis padres, los líderes, incluso mis amigos, que respetaban cada absurdo mandato: «Somos lo que somos, dices gracias y eso es todo», ¿quién en su sano juicio querría algo así para sus hijos? Nadie con la mente clara y bien desarrollada.

Hace una semana, encontré una noticia que hablaba sobre la comunidad, al fin los capturaron, ansío ver a los líderes con la soga al cuello, se lo merecen.

Sobreviví un infierno desde que tengo memoria, ahora el mundo está en deuda conmigo. Por esa razón, no busco los placeres, ni los pequeños deseos, sólo los privilegios.


Quiero el mundo o nada en absoluto


Esa frase la convertí en mi mantra personal, me ayudó a superar cada tormentoso recuerdo y me servía para que jamás dejará de pelear por mis deseos.

Hoy estaré en la final de un importante campeonato de MMA, este día lo añoré por tanto tiempo. Cuando inicié me dijeron que tenía la fortaleza necesaria para volverme un campeón, eso me basto para enfocarme y decidí que sería el mejor.

Al pasar los años me gané el título del Inmortal, ese apodo algún día será conocido por el mundo entero. Nadie interferirá en mis sueños desde ahora en adelante, seré el verdadero dueño de mi propia existencia.

Terminé de entrenar sintiéndome invencible, recogí mis cosas y salí junto a mi entrenador.

—¿Cómo te siente Nathan?

—Increíble —le respondí, abriendo la puerta.

Él me dio una palmada en el hombro y luego me abrazó.

—Mi muchacho, no habrá vuelta atrás después de este campeonato, así que espero que recuerdes, quien estuvo a tu lado… antes de que la fama se te suba a la cabeza —comentó Stephane, intentando ocultar su sonrisa.

—Nunca podría olvidar lo que hiciste por mí, estoy en deuda contigo —admití con pesadez.

—¡Por favor, no seas tan dramático! Sólo quiero que veas, al campeón que yo veo en ti, eso me debes —manifestó emocionado—. Y seguir siendo tu entrenador, porque te lloverán miles de marcas, alguien debe ayudarte a lidiar con todo ese estrés.

—Te lo prometo, siempre serás mi entrenador. No importa lo que pasé o lo que me lleguen a ofrecer —enfaticé decidido.

Leves gotas brotaron de sus ojos, estoy convencido que eran de felicidad, Stephane limpió aquellas infractoras de su rostro con la campera.

—Gracias hijo… Vamos, ve a cambiarte.

Un par de horas, me separaban de cumplir mi mayor sueño y lo conseguiría está noche, al fin tendría...

La gloria a mis rodillas.


25 de Abril de 2021 às 18:26 4 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

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M M ❁Escritora en proceso... ➳Amo las historias con acertijos a descifrar, complot y una buena cantidad de sangre ツ

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Adriana Barral Adriana Barral
Muy buena historia.
April 27, 2021, 16:08

  • M M M M
    ¡Muchísimas gracias!✨ April 27, 2021, 17:52
Sonia Lours Sonia Lours
Me encanto❤
April 26, 2021, 03:46

  • M M M M
    ¡Muchísimas gracias Sonia!✨ Y gracias por comentar✨ April 26, 2021, 19:26
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