melvelasquez09 𝓜𝓮𝓵 𝓥𝓮𝓵𝓪𝓼𝓺𝓾𝓮𝔃 andypfrench Andy P French khbaker K.H Baker

Tres caballeros de clanes enemigos se enfrentan a un dragón de dos cabezas que los hará decidir si luchar entre sí o por su vida. Historia creada para el reto “El dragón de dos cabezas “ de la copa de autores.


Fantasia Todo o público. © Todos los derechos reservados

#dragons #theauthorscup #TheTwoHeadedDragon
21
3.4mil VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

I. Caballero Rosenbauer

Esta era mi primera incursión en el bosque negro, llevaba varios años de ser un caballero del Black Shield, el ejército mágico que nos protegía de aquellas criaturas que habitaban en lo profundo de las montañas y más allá de donde los seres humanos habíamos llegado alguna vez. Pertenecía al grupo de arquería, mis habilidades mágicas no eran muy útiles en combate cuerpo a cuerpo, pero si a larga distancia, otorgándole a mis flechas un poder destructivo especial.


A pesar de llevar casi cuatro años en el frente de batalla, nunca me había enfrentado a un dragón en mi vida y tampoco era algo que me emocionaba, al contrario, los dragones eran conocidos por no sucumbir ante la magia y eso me aterrorizaba ¿Cómo se enfrenta a algo que es inmune a tus habilidades? A uno de mis compañeros, por el contrario, parecía emocionarle mucho esta incursión y blandía su espada con más emoción que muchos de los que estábamos presentes, de hecho más que emoción parecía irradiar odio y sed de venganza.


—¡No puedo esperar a enfrentarme a esos malditos monstruos!


Los demás ovacionaron sus palabras, para todos aquí los dragones significaban dolor y perdida, muchas aldeas habían perecido bajo las garras de esos reptiles, muchas vidas se habían perdido, así que enfrentarse a uno de ellos siempre era un llamado a la venganza.


Yo no podía sentir esa “sed”, de hecho desde niño mi padre me infundió un respeto y temor por ellos, que luego del ataque al castillo de mi familia se había convertido en terror. Muchos habían muerto devorados de un bocado frente a mis ojos por un dragón negro y con una marca así resultaría más usual tener deseos de venganza, pero yo no los tenía.


Sé que papá tampoco siente ganas de vengarse, porque fuimos nosotros quienes iniciamos esto, la humanidad ha presionado a las criaturas hasta el punto de generar esto, nuestro castillo fue levantado en su hogar, somos invasores, saqueadores, en algún momento todo esto nos iba a explotar en la cara.


Me convertí en caballero para mantener el estatus de mi clan familiar en alto y porque no iba a permitir que mi padre volviera a entrar en este conflicto y perderlo. Sorpresivamente no soy el único que se convirtió en caballero por lo mismo, he visto en mis compañeros la misma historia, diferente clan, la misma carga.


Nuestros caballos se detuvieron luego de la señal del líder, no tardamos en sentir el olor a carne y árboles calcinados y ver una aura de fuego iluminando el cielo nublado. Un centinela de otro escuadrón apareció entre los árboles que nos rodeaban, respiraba con dificultad y tenía la armadura tizada, con ceniza por todos lados.


—Capitán… Lo mejor es que avancen a pie, no sacrifiquen sus caballos en vano.


—¿Cuántos son?


—Ya sólo queda uno, señor…Pero es enorme. Está adentro en la mazmorra y no somos los únicos, otros dos regimientos rivales están aquí.


El capitán se alejó un momento, tal vez molesto por la presencia de los otros dos regimientos rivales y el segundo al mando ordenó que le dieran agua al mensajero y no tardamos en notar las quemaduras en los puntos donde la armadura no le protegía. Al pobre hombre le temblaban las manos mientras intentaba tomar un poco de agua, sus guantes de cuero bajo las placas de metal parecían haberse derretido sobre la piel y sus labios resecos y quemados ya no se distinguían bien del resto de su piel.


Hubo un silencio sepulcral en todo el escuadrón, solo los caballos hacían ruido al moverse en sus lugares, mientras todos estábamos fijos en aquel que nos dejaba ver parte del infierno que nos esperaba.


—Este… monstruo tiene dos cabezas…Dos... Nada lo detiene, le atravesamos el pecho y sigue vivo… ¡SIGUE VIVO! Y nosotros muriendo… ¡Maldita sea!


Sus sollozos nos acompañaron un momento, mientras el capitán esperaba inmutable, como si eso no le estuviera aterrando o como si ver al pobre hombre así no le tocara el corazón.


—¡Arqueros, prepárense! ¡Lanceros adelante! ¡Escudería al frente!


Estábamos todos aturdidos mirando a nuestro superior, nadie se movió al principio, hasta que él repitió su orden con más severidad. Eso confirmó mi sospecha, para el capitán esto solo era rutina, igual él estaría atrás todo el tiempo ¿Cuándo estaría poniendo su vida en peligro si nosotros íbamos primero? Suspiré de forma pesada mientras acataba la orden y caminaba al lado de los lanceros, los que siempre morían primero, junto a los escuderos.


Nos ubicamos según formación y avanzamos en silencio, nos recibía una ola de calor infernal a medida que avanzábamos, la luz naranja al fondo se hacía cada vez más intensa y con ella los gritos de dolor de aquellos que batallaban contra la bestia que aún no veíamos.


El fuego no tardó en recibirnos, el bosque ardía alrededor de la entrada a la gran cueva volcánica y veíamos caballeros de los otros dos regimientos rivales que corrían envueltos en llamas, junto a los pocos que quedaban de nuestro regimiento. Varios lanceros nuestros sucumbieron al pánico, comenzaron a correr y sin llevar mucho de ir en plena huida vimos cómo uno de ellos era atrapado por un remolino de viento y destajado, luego vimos al capitán estirando su mano derecha, dejando claro que él había generado el remolino.


—¡¿Otro cobarde más que quiera rendirse?! Porque si no entran a esa maldita mazmorra… ¡juro por Gaia que yo mismo voy matarlos a todos! Somos caballeros, no niñitos asustados ¡¡Maldita sea!!


Todos nos pusimos firmes, no teníamos escapatoria a esto; era morir a manos del capitán y dado de baja con deshonra o morir como “héroes” bajo el fuego del dragón.


Avanzamos a pesar del calor intenso, nos adentramos en la mazmorra volcánica que cada vez más parecía un horno, nada comparado con el fuego que afuera consumía al bosque, no, este fuego tan vivo y puro parecía latir a medida que nos acercábamos.


Un rugido bestial y gutural retumbó en nuestros tímpanos y de cara vimos las llamas calcinar a un grupo no tan lejano de caballeros rivales; aquí ninguno se centraba en pelear contra otros caballeros, todos estaban luchando por sus vidas.

Luego lo vimos, a la enorme criatura enojada que luchaba por su vida. Era un Wyvern, tenía un par de patas traseras fuertes y un par de alas con garras como brazos delanteros. Tenía un color rojizo muy intenso, con escamas mas anaranjadas en ciertas zonas; en sus cabezas picudas y escamosas se destacaban cuatro cuernos enormes en cada una y su cola alargada la usaba como un látigo con el que se deshacía de quienes le rodeaban por detrás.


Sus alas estaban atravesadas por arpones, al igual que su pecho que era atravesado por uno enorme y aún así seguía enérgico, lanzando fuego hacia las paredes de la caverna, calentando la roca, cocinandonos vivos


—¡¡ESCUDOS!!


Ya era hora, tome mi arco y tense mi flecha, apuntando a sus flancos. Un grupo de escuderos estaba frente a nosotros y el otro más grande estaba frente a los lanceros. Para nuestra desgracia la magia que llevábamos en las venas no funcionaría contra él, ni las ráfagas de viento cortante del capitán, ni las oleadas de agua del escuadrón azul, nada que naciera de la magia podría lastimar a un dragón.


—¡Rosenbauer! Lanza tus flechas de pulsión para darnos tiempo, ve directo a su corazón.


—¡Si, señor! —me parecía inútil hacerlo, mis flechas servían contra otro tipo de criaturas, jamás harían nada contra un dragón, pero no podía contradecir a mi superior.


Fue así que centré toda la energía electromagnética que pude en mi flecha y apunté a la gran herida que el dragón tenía en el pecho, mientras mis compañeros esperaban la orden de lanzar. Los caballeros rivales y colegas que intentaban afianzar los arpones al suelo, allá junto al dragón, estaban destinados a perecer bajo nuestras flechas sin saberlo y miré por última vez la acción desesperada de uno de ellos por hacer caer a la bestia, sin lograr más que obtener quemaduras producto de su armadura fundiéndose.


El dragón nos miró desde su posición con sus dos cabezas, sus cuatro enormes ojos de infierno nos contenían y cuando una de sus cabezas comenzó a prepararse para lanzar fuego, el capitán dio la señal.


Una lluvia intensa de flechas le impactaron, pero todas rebotaron en sus escamas, como palillos ante la roca, mientras otras flechas más se incrustaban en los pobres caballeros que había a su alrededor, quitándoles la vida al instante. Mi flecha fue la única que causó “algo” esparciendo su onda eléctrica en sus escamas, pero nada más.


Después de eso solo vi fuego; los escudos frenaron las llamas, pero el calor era tan abrasador que adentro nos estábamos asando, seguramente así se sentía estar dentro de un horno. Cuando se retiraron los escudos, el dragón ya venía por nosotros, gruñía molesto y podía jurar que me miraba directamente a mí.


Me quedé ahí, congelado, viendo como esa enorme bestia roja se hacía paso entre los caballeros que volvían a rodearlo; vi como derrumbaba a los lanceros que lo atacaban, su fuego que los atrapaba, sus gruñidos cuando un de los arpones incrustados en sus alas lo desgarró más y luego esos ojos de nuevo fijos en mí.


—Rosenbauer…¡ROSENBAUER!


Estaba congelado, atado al suelo, lo veía aproximarse, escuchaba al capitán llamarme pero mi cuerpo se negaba a moverse, hasta que un escudero rival me jaló con brusquedad, apartándome del camino.


Me quedé mirándole, aturdido, solo podía notar los ojos oscuros que me contenían con preocupación y ver en su reflejo el fuego del dragón cercano. Le veía hablar, sus labios se movían, pero no podía escuchar más que los gritos de mis compañeros agonizando bajo el fuego.


—¡REACCIONA! —Su voz aguda me dejó entender que era una mujer, ella me tomó por los hombros y me sacudió con fuerza, haciéndome volver en sí. —¡Tenemos que movernos de aquí! ¡Ya viene!


Asentí y apreté con fuerza mi arco, mientras ella se aferraba a su escudo ya tiznado donde ya no se notaba bien el símbolo de su regimiento. Ambos cruzamos una mirada y solo eso bastó para entender que ya no importaba ninguna rivalidad, la vida estaba en juego, teníamos que salir de ahí.


Corrimos tan rápido como nuestras piernas lo permitían; vimos en el camino cuerpos calcinados, caballeros aún agonizantes pidiendo ayuda y no muy lejos se escuchaba la voz del capitán de mi regimiento dando órdenes, demostrando lo poco que le importaba la vida de su escuadrón, mientras los capitanes rivales ordenaban retirada.


La armadura pesaba hoy más que nunca, pero la adrenalina me llenaba el cuerpo y me impulsaba a seguir, mientras mi fiera acompañante hacía lo mismo, sosteniendo aquel escudo que debía pesar más que toda mi armadura y aún así mantenía su espada firme.


—¡Por acá! —un lancero rival que se refugiaba detrás de unas altas placas rocosas, nos hacía señas y no dudamos ni un segundo en ir a su lado a pesar de ser rivales.


Así los tres nos refugiamos en silencio, nunca nos habíamos visto, éramos rivales que en otra circunstancia nos habríamos atacado a muerte, pero aquí estábamos metidos en el mismo infierno, lado a lado.


El lancero tenía los ojos claros sobre una piel oscura y su armadura estaba cubierta de ceniza, igual que la de todos los demás. No podía ver mucho más de sus rasgos, su armadura no lo permitía, ya que estaba más reforzada que la mía o la de mi compañera.


Los lanceros en cualquier regimiento eran siempre los primeros en ir al ataque en batalla; ellos constituían la primera línea de ataque y sus armaduras estaban reforzadas para repeler la magia o soportar el fuego, pero eso los hacía un poco más lentos que los demás, por ende los primeros en ser alcanzados por mis flechas o por la espada de la escudera..


—¡Mierda!... Esa cosa nos va a matar a todos, aún no comprendo por qué nuestros capitanes nos han mandado directo a sus fauces, si todos saben que el bosque negro es un nido de dragones, nadie con tres dedos de frente se mete a este lugar, es absurdo.


Él tenía razón, en el caso de mi regimiento nunca se nos explicó por qué estábamos aquí, no como en otras batallas donde siempre teníamos clara nuestra motivación y así los tres compartimos una mirada de desconcierto, que terminó cuando el humo y la niebla de cenizas causó que fuera casi imposible respirar.


Tuvimos que salir, avanzamos a paso lento guiados por la pared de la caverna; ninguno la tocaba, hacerlo era arriesgarse a terminar con una quemadura en las manos y tampoco queríamos hacer mucho ruido y llamar la atención de la bestia que seguía gruñendo a lo lejos.


Cuando menos lo esperé tropecé con una grieta y al apoyarme sobre la roca en vez de causarme una quemadura, lo que logré fue que la grieta cediera y diera paso a una cavidad diferente en la cueva. Avanzamos en silencio luego de que ambos me ayudaran a levantarme y tras una llamarada lejana vimos como todo el lugar destelló en tonos rojizos gracias a la luz.


—Rubíes —susurré mirando la pared cubierta de una capa cristalina rojiza, mientras mis compañeros avanzaban con cuidado.


Todo el lugar parecía una geoda de rubí y más adelante encontramos un nido con tres huevos de dragón que parecían tres rubíes enormes.


—Aquí tienes la motivación que estabas buscando, lancero ¿Qué es más lucrativo que los huevos de un dragón? —la escudera tomó un fragmento de un cascarón viejo y roto que había en el suelo y notamos que habían muchos más en el suelo.


—Esto es una mina de rubiés… un rubí de cascaron de dragón es muy codiciado en el mercado. Un alquimista pagaría mucho por un pedazo como el que tienes en las manos. —el lancero avanzó un poco más y con el extremo de su lanza removió más pedazos de cascarón que había en el suelo.


—Pero somos caballeros, no unos saqueadores. ¿Por qué nos enviaron nuestros regimientos a esto? A morir por… la codicia.


Ambos se voltearon a verme con un gesto de tristeza y decepción que seguramente yo estaba replicando, podíamos ser de diferentes bandos, pero como caballeros teníamos los mismos valores que chocaban con esto. Tarde nos dimos cuenta que no estábamos solos y mi capitán nos miraba con desprecio desde el otro lado, empuñando su espada contra nosotros.


— Rosenbauer aliado con el enemigo…No debería sorprenderme de tu sangre traicionera, haciendo equipo con estos remedos de caballero.


Me tensé al escucharlo, podía aguantar cualquier cosa menos que mi clan familiar fuese tratado de esa forma y di tomé una de mis flechas, seguro de atravesarle el rostro. Fui detenido por la escudera a mi lado, quien avanzó primero, empuñando su espada.


—¡Maldito ser despreciable!


La escudera se lanzó a atacar, una ráfaga de agua acompañó el movimiento de su espada y chocó contra una barrera de viento que el capitán creó sin mucho esfuerzo para defenderse.


—Ya veo, se han aliado para obtener el botín… Siendo así no merecen más que la muerte.


—¡La muerte es la que usted merece! —el lancero también se fue a atacar, usando su lanza para expandir su poder sobre el fuego, pero fue detenido con una ráfaga de viento que nos hizo retroceder.


Ya sabía lo que venía, lo había visto antes destrozar a otros caballeros con su habilidad y en sus ojos se veía la rabia crecer contra nosotros a medida que avanzaba.Un reflejo leve de luz se consumía en sus ojos negros de codicia, mientras volteaba la mirada hacia los tres huevos de dragón que reposaban en el nido.


—Todo ha valido la pena por esos tres preciosos tesoros y ustedes solo son una piedra más a patear en el camino.


La rabia e indignación nos duró poco a pesar de estar listos para atacar; todo el lugar retumbó y luego vimos como otros caballeros a lo lejos eran lanzados contra las paredes, destrozados al impacto.


—Ya viene mamá por sus tesoros y será otra la roca en el camino—susurró la escudera y tomó con firmeza su espada y escudo, a lo que el lancero y yo acudimos a su lado listos con nuestras armas.


El gran dragón apareció y al vernos su furia fue mayor; no le bastó tener otro arpón atravesándole un ala, ni a los caballeros que quedaban afuera que le atacaban, metió su cuerpo por la entrada de la geoda de rubí mientras gruñía y vimos la chispa de fuego brillar en su pecho, deslizándose por sus dos cuellos.


Los tres nos ocultamos tras el escudo y sentimos el fuego inundando todo. Fueron segundos que parecieron una eternidad, mis manos temblaban por las quemaduras recién causadas y los tres nos asomamos, encontrándonos con el cuerpo calcinado del capitán y los cuatro ojos de infierno del dragón que nos apuntaba con sus dos cabezas.


Salí a paso lento, alzando ambas manos, sabía que lo que estaba haciendo era suicida, pero tal vez eso ayudaría a que mis nuevos compañeros salieran de aquí y todo terminara de una buena vez.


—Por favor… Permítenos ir, nosotros no queremos tus huevos, por favor…

Sentí el suelo vibrar bajo mis pies y la chispa de fuego nacer de nuevo en el pecho del dragón, aterrado entendí que tal vez ya era mi hora.


Me sorprendió que mis compañeros hicieran lo mismo y el dragón se quedara mirándonos, conteniendo el fuego, viendonos avanzar hacia un costado a paso lento. Sus ojos no se apartaron de nosotros en ningún momento, pero nos permitió salir y una vez estuvimos lejos de su vista se reunió con sus huevos; los revisaba de forma frenética y ni se fijaba en sus heridas mortales que seguramente le quitarían la vida en algún momento.


Salimos de allí y vimos toda la muerte y destrucción que la codicia había dejado. Reunimos a los pocos que quedaban en pie sin importar bando, nadie opuso resistencia y abandonamos el lugar, nuestro estandarte de caballeros no era la codicia, no estábamos arriesgando nuestras vidas por tesoros, nosotros teníamos un objetivo mayor y esta tarde había sido manchado por la codicia de nuestros superiores.


Nos miramos al salir del lugar, ya no eramos tres enemigos que sin titubear se atacarían a muerte, ahora bajo el fuego del dragón nos habíamos unido. Les debía la vida a ambos y no dude en reverenciales, algo que me sorprendió notar que ellos replicaban; nos sonreímos a pesar de la muerte que nos rodeaba y unimos nuestras manos tal vez por última vez.


—Les estaré siempre en deuda.


Luego nos separamos, aquellos que tenían poder sobre el agua extinguieron el incendio con las fuerzas que les quedaban y emprendimos cada quien rumbo por el bosque, unidos para siempre, esperando que los dragones perdonaran nuestra deshonrosa existencia.

11 de Novembro de 2020 às 22:34 6 Denunciar Insira Seguir história
19
Leia o próximo capítulo II. Escudera Anitori

Comente algo

Publique!
Amalia Brant Amalia Brant
Hola. Me gustan las historias de caballeros y magia, un dragon de dos cabezas es mucho poder, la unión de los 3 enemigos muy buena y en giro al final, mucho más que increíble
November 30, 2020, 03:48
Lucy Ortega Lucy Ortega
Entretenido y bueno!
November 30, 2020, 02:47
Juan Leiva Juan Leiva
Muy entretenido relato. Se lee super fácil y se imagina rápidamente la situación.
November 23, 2020, 20:45
Unman Cualquiera Unman Cualquiera
La atmósfera de fantasía se deja sentir de inmediato. Hay mucha intensidad y aventura, pero se nota que los personajes serán muy bien dibujados en sus pasiones. Todo un placer para la imaginación.
November 15, 2020, 22:39
Martina  Gómez Martina Gómez
Wow, ya quiero saber cómo continúa la historia.
November 15, 2020, 20:17
Esteban Martens Esteban Martens
Ya espero ver cómo son los otros dos puntos de vista, este de por si ya me gusta
November 15, 2020, 17:50
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 2 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!