mrares041 Josué Tecce

Rey no es aquél que juzga y castiga, ni el que demuestra poder sin más. Rey es aquél que es capaz de hacer prevalecer su trono y proteger aquello que ama. Tal es así la historia de Jinyu, quien a lo largo de su viaje aprenderá el verdadera significado de gobernar.


Fantasia Épico Todo o público.

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Prólogo: El hijo del tigre.

Las nubes de densa oscuridad que se cernían sobre la nación de los orgullosos hijos de Frey recubrían la mitad del anaranjado cielo. Los últimos resquicios de luz que traspasaban las hojas de los inmensos árboles iluminaban los rostros de innumerables elfos y, acompañados a su vez por la incómoda presencia de las jorogumo. Desgraciadamente, aquel no era un día como cualquier otro.

Un árbol de blanquecinas hojas y tallo acogía entre sus raíces expuestas a un muchacho sonriente joven de aspecto tranquilo. Las cicatrices que sus túnicas blancas y negras escondían se dispersaban hasta el interior de su deteriorado ser. El sombrero y los ropajes que alguna vez le fueron entregadas por los guardianes de aquella tierra resguardaban su imagen como el salvador de incontables vidas, y el collar de extensión divina que colgaba de su cuello era abrazado por su palma helada, como un último sentimiento que le aferraba a tierra que decidió habitar; O tal vez, algo tan simple como un “hasta algún día” para la persona que amó.

¡Larga vida a nuestro rey! —exclamó una temblorosa voz en la multitud, siendo respaldada por el entristecido alarido de cien más —¡Larga vida a nuestro señor!

Mostrando sus respetos con un único gesto, el numeroso grupo entero se postró en tierra sin vergüenza alguna, saludando por última vez al protector del tigre blanco. Aquel día, gris, lúgubre y cruel como la mismísima mano del destino, seria recordado por las generaciones que poblarían los verdes bosques de Natura. Aquel día, en el cual los pájaros no cantaron, en el cual el cielo clamó por la caída de un héroe y la ascensión de una estrella al cielo, la única persona que permaneció de pie no fue otra que la soberana del reino entre las raíces; La reina, quien sostenía en sus brazos a una pequeña criatura, a un niño de no más de algunos meses de haber nacido; El mismo, aunque no comprendía lo que ocurría a su alrededor, lloraba sumido en una profunda amargura. Las manos de su madre, suaves firmes a la par que firmes, le sostuvieron como aquello que estaba dispuesta a proteger con su vida. Las lágrimas de ambos rodaron hasta encontrarse en un baile de tristeza y dolor, hundiéndose en la tierra como gotas de lluvia.

Y sin embargo, a pesar de todo lo que aquél último encuentro significaba, a pesar de la carga futura que significaría para ella y para el niño en sus brazos, Kóira sonrió; La tristeza y el miedo le consumían, le desgarraban y torturaban en silencio, pero de todas formas de forzó a sonreír. Se mantuvo firme, tenaz ante toda adversidad, con su mirada hacia el futuro y el corazón resguardando su esperanza. Debía ser fuerte, pues aún tenía la prueba más grande de todas frente a ella. Fue por esto que estaba dispuesta a seguir adelante, fue por esto que tomando la pequeña mano del infante y alzando la vista al cielo como aquél que desafía destino, proclamó su nombre en un inmensurable grito de anhelo para todo aquél que pudiese oírle.

Jinyu… ¡Príncipe Jinyu Stormbærer! ¡Hijo del gran rey Soleth!

Los pájaros que aguardaban en la copa de los árboles emprendieron vuelo de forma violenta, como si su naturaleza carroñera y salvaje se viera intimidada por los gritos de la mujer, o como si su potestad no tuviese valor alguno sobre aquella tierra. Así es como comienza nuestra historia; No con un alegría y fiestas, pero con un alarido de valor y una promesa a futuro. Está es tu historia, Jinyu Stormbærer… La historia del gran sabio, príncipe de Natura.




El tiempo pasó más rápido de lo que cualquiera hubiera podido imaginar. Los exponenciales esfuerzos de elfos y jorogumos por reconstruir su hogar rindieron frutos. Las ruinas que alguna vez conformaron los pueblos y ciudades del reino fueron usadas como base para expandir sus terrenos; Algunos de estos, sumidos en la más profunda ruina, formaban ahora parte de pacíficos poblados y granjas llenas de animales, vegetales y frutas. Lo que alguna vez fue destruido, podrido y gris, ahora había sido pintado bajo el manto del progreso, y regresado a la vida.

Cuatro grandes asentamientos fueron creados: Byen, la ciudad del norte, habitada por grupos de expedición, donde moraban los grupos expedición, quienes se encargaban de la búsqueda y análisis de los residuos del viejo reino. Vester, la ciudad del oeste, habitada por la facción militar, encargada de proteger las costas y evitar disturbios entre los habitantes. Sorlen, ciudad del sur líder en educación y política, así como el considerado por mucho como el punto corazón de toda su sociedad. Y por último, Dette, tierra de los cultivos y la ganadería ubicada en el éste, en sus manos yacía la labor de distribuir los alimentos y las vestimentas. Y es justamente en este último que nos situaremos.