annadr Anna David Rey

Anahí es una joven que padece depresión e inseguridades, sin tener esperanza en un futuro, viviendo día a dia. Aquella noche, el misterio y preguntas no respondidas de la ciencia llegan acompañada de un accidente imposible. Una nave espacial y un ser extraño será integrado a la familia Rey. Anahí no solo le enseñará adaptarse a su mundo, sino, que puede encontrar respuestas para sanar.


Ficção adolescente Todo o público.

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01. Día a día

La luz solar pegó contra su rostro incomodando que su largo sueño fuera interrumpido por las altas horas de la tarde. No era bueno quedarse leyendo Wattpad a la madrugada, cubriendo sus verdaderos pensamientos sobre su realidad. Era normal que Anahí fuera tan perezosa, que sus esfuerzos día a día le agotaran emocionalmente, casi nada físico. Se movió entre las cálidas y reparadoras sábanas, no recordaba qué día era hoy, ni siquiera le importaba mucho. Se sentó sobre su pequeña cama, viendo su entorno; las paredes esmeraldas con varias hojas de dibujos que solía realizar hace unos años, un logro que no dejaba de sentirse orgullosa. Y lo demás, era un caos. Hace más de una semana que no organizaba sus cosas, y el desorden crecía. Anahí aún vivía con sus padres, estaba en ese momento inexistente al mundo, intentando coordinar sus sueños y salieran bien.

-¿Estás despierta, o acaso te faltan cinco horas más de sueño?-inquirió su madre, parada en la entrada del dormitorio. Estaba molesta.

-Quejarte de mí, no me ayuda.

-¿Te olvidaste que tenías que ayudar a tu padre esta mañana?

-Ah, mierda...-dijo, dado que anoche había prometido apoyarlo en la entrega de un nuevo pedido-. Perdón.

-Ya pasó, perdiste el día-le dijo su madre, se acercó y se sentó a unos metros, estudiándola fijamente- ¿Qué harás hoy?

-Hace dos minutos me desperté...-vaciló, su madre frunció el ceño- ¿Tengo que pedirte permiso para respirar, también?

-Cuida tu boca, Anahí. La próxima no verás tus aparatos.

Su madre, Susana, tenía un carácter mucho más afilado y frío que cualquier otra persona. Muchas veces, Anahí se sentía intimidada por ella, y eso nadie lo sabía. La mujer frunció las cejas, con aquella mirada de furia, provocó algo de dolor en Anahí. Susana se fue, cerrando la puerta con fuerza y las ventanas vibraron ante el golpe. La chica de veintitantos años, se golpeó la cara con frustración ¿Cuándo dejaría que su vida se convirtiera en la dependencia de su familia? No era el mejor día. Bajó de la cama, sin molestarse en ponerse algo limpio o darse una ducha. Había pasado una mala noche, las pesadillas y sus negativos pensamientos le consumían todo el sueño, provocando que su cansancio sea aún mayor.

Salió del dormitorio, caminando pesadamente hacia el baño y tras unos segundos de mirarse en el espejo, hizo sus necesidades y notó que su malestar físico, se trataba por su día menstrual. Con razón, pensó. Salió del baño tras unos minutos de asearse medianamente bien, entró a la cocina y sintió ese pesado sentimiento de inutilidad. Su hermano menor estaba estudiando desde temprano, parecía que era el único que verdaderamente se preocupaba por su futuro, a diferencia de ella, solo vivía día a día sin nada más que hacer, no importaba mucho. Fijó su mirada sobre el reloj de la cocina, un pequeño aparato que aún funcionaba más allá de sus años de creación; marcaba las 13:48 ¡Realmente perdió toda la mañana! Anahí preparó su improvisado almuerzo con unos mates y unas galletas que no le daban mucho placer.

-Tu papá vendrá en cualquier momento, ¿qué le dirás?-intervino su madre apareciendo por la puerta de la cocina.

-Él va a entenderme.

-¿Acaso yo no?

-La verdad, que ambos son diferentes.

-Te levantaste muy sabionda, ¿no?

Anahí se hundió de hombros, ojalá dejará de sentirse así de miserable delante de su madre, que le recordaba todos los días lo inútil que era para mejorar su estilo de vida. Sufría depresión desde hace años, pero nunca nadie aprendió a entenderla, no cómo lo hacía su padre y desde esos tiempos, Anahí no era la misma. Sus sentimientos eran profundos, sentía rencor y miedo a las personas que marcaron algo dañino a su vida. Las cosas no eran fáciles, aunque todos podían ir por ahí diciendo que sí lo era, pero no lo sabían, en verdad.

-Es un tema mío y de él-se atrevió a decir Anahí- Voy a mi cuarto.

-No-le impidió su madre, poniéndose delante de ella- Mira, necesito ayuda en la casa. Si no vas a colaborar con tu padre, al menos hazlo aquí.

-Lo hago siempre, mamá. Solo, que no te molestas en valorarlo.

-¡Estás muy contestona!-le reprendió.

Anahí se quedó callada. No sabía cómo hablarle, usaba su defensa contra una mujer que se sentía líder de todo el hogar. La joven se disculpó con su madre, pidiéndole permiso para comer y luego, le ayudaría. No tuvo oposición a su pedido, respiró hondo y se sentó a la mesa para almorzar, tranquila. Mientras, su corazón se hundía de miedo y humillación de no poder defenderse. Por eso mismo, prefería quedarse sola.

Más tarde, Anahí había terminado con las tareas de la casa encerrándose en su habitación. Su cansancio era continuo, no sabía a qué se debía tanto pesar. Se tiró sobre la cama, boca arriba y abrió la aplicación de Wattpad en su celular, donde las mejores historias de otros usuarios latinos le daban una libertad de expresión diferente. Ella también escribía, pero casi nadie valoraba sus sentimientos. Tampoco, era capaz de terminar las grandes historias que tenía desde más joven, justamente en la escuela secundaria y cada año que pasaba prometía terminarlas, aunque solo era un engaño. Comenzó a leer algunas novelas de fanfic, pasaron unos minutos hasta que terminó las actualizadas.

-¿Puedo pasar?-dijo su papá, no se dio cuenta que había llegado.

-Sí, entra.

-¿Cómo estás?-le pregunto el hombre de gran barriga, con una sonrisa serena. Siempre era el primero en ver su estado, su hermano también- Hoy te esperaba.

-Perdón, últimamente me siento mal-se justificó, dejando su celular a un lado de ella.

-¿Se puede saber el motivo?

-Yo.

-¿Y, vas a permitir que tú misma arruines todas las oportunidades de mejorar?

-No es fácil, papá-le dije, sintiendo pena de sí misma-. Ojalá nunca hubiera sentido tanta vulnerabilidad con las personas. Quisiera ser un héroe de verdad, ellos siempre tienen un motivo y una solución.

Su padre, Alberto, volvió a sonreír pareciéndole absurdo que su hija pensara que las cosas eran fáciles en la vida. Tomó la mano de Anahí, plantándole un beso de cariño. Era un hombre que no juzgaba, ponía su mejor y buen oído para escuchar los problemas de sus seres queridos. Más allá, que los problemas del trabajo lo dejaran agotado, discutir con algunos clientes para sacar un buen negocio.

-Sé que encontrarás lo que deseas, pero solo si pones tu voluntad.

-Está bien.

Alberto sonrió, una vez más. Salió del dormitorio, dejando algo en que pensar.

13 de Outubro de 2020 às 21:07 0 Denunciar Insira Seguir história
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