oilemllac1558401501 Elio

—Los humanos tienen esta inútil habilidad de auto preservación moral—Había dicho Drácula una noche después de observar a Erick todo el día ignorarlo—. Usan la culpa como fusta para infligirse dolor y castigarse a sí mismos, creyendo que el dolor, la culpa y el arrepentimiento los hace moralmente más correctos que si aceptaran la verdad. —Estoy confundido. Me he entregado a alguien que me han enseñado a odiar—Le respondió el joven emperador frente al jardín lleno de nieve—. Un demonio que mata para vivir y que ha acabado con mi familia. —Esa es la fusta que usas, pero dime, Erick ¿cuál es la verdad?—Drácula estaba tras de él, su aliento golpeando las mejillas y su cuerpo reaccionando a la cercanía.


Fantasia Medieval Para maiores de 18 apenas.

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EL ORIGEN

Congraciado con el astro rey, apelando a su misericordia, me regocijo entre su bondad infinita al abrazarme por última vez con su calor en un ocaso deslumbrante. Considero oportuna la ocasión, no queriendo ser mezquino en esta carta, para narrar la historia de un monstruo. Un ser oscuro lleno de insania, con olor a muerte y sed eterna por la vida ajena, pero he de advertir que el modo en el que se cuentan los hechos conspirará en su favor. Desde luego, no puedo ser imparcial aunque quisiera, sin embargo, que la verdad sea dicha, no quiero serlo. No con él

A principios del siglo XVIII se inició una guerra desmedida entre dos imperios que cobraron las vidas de miles de personas en estas tierras. Se conoció como el periodo sombrío, tardando dos décadas en acabarse. Las tierras de Transilvania fueron la cuna donde nació la discordia y reinó la barbarie. El imperio del Norte, liderado por el emperador Dascălu Roşu, era una estirpe frívola de gran altura y movimientos certeros. El imperio del Sur, comandado por el emperador Radu Stoian, llenos de robustez tosca y mucha fuerza desmedida. Dos mitades que rasgaron Transilvania desde los cimientos, socavando la vida y sembrado miseria; sin saber lo que siglos después cosecharían.

Luego de lo que pareció una eternidad, el imperio del Sur logró abarcar terreno y superar la astucia de los hombres del Norte, acabando en una matanza grotesca que le concedió la victoria dos décadas más tarde. Sin embargo, RaduStoian decidido al sufrimiento del emperador Dascălu, lo condenó a las hermanas borrascosas. Fue así que Dascălu, encerrado en las cuevas más frías y oscuras de toda Transilvania halló su muerte.

Ahogado en la furia de la derrota, atormentado por su ejército masacrado, dio paso a su locura mientras bebía de la nieve, comía de la tierra y se calentaba con el odio. Para cuando el aliento de la muerte embargó sus pulmones y la oscuridad de la noche fue absoluta, escuchó la voz de la venganza abrazarle el cuerpo. Esa noche fue la última vez que sintió el calor, un fuego que quemó su alma hasta extinguirla. Esa noche Dascălu murió a manos de un demonio desconocido, pero de entre la tierra fría se alzó un monstruo que atormentaría la nueva era en Transilvania.

Hacía una tempestad helada de vientos fuertes y lluvia imparable, con truenos y relámpagos que partían los cielos y hacían temblar la tierra. Los calabozos del imperio del Sur estaban a tope con lo que quedaba del imperio del Norte, los gritos y la desolación eran un coro que alimentaba a los demonios que tenían por verdugos aquella noche. Bajo el palacio del emperador Radu se hallaban los calabozos, desde donde él mismo se regocijaba en la tortura de sus prisioneros. Perdía la cuenta de a cuántas mujeres hubo violado y posteriormente matado a sangre fría. Cuantos campesinos había dado a sus lobos para que desgarraran su carne, inclusive algunos niños usados para avivar el fuego de las antorchas.

El imperio del Norte no era nada más que una tierra llena de sangre y cuerpos podridos a punto de ser usada para extender sus dominios en toda Transilvania. El poder lo excitaba tanto como los castigos, era algo tan primitivo e intenso, visceral. Hacía solo tres noches que había ganado la guerra y tres más hasta que sus hombres barrieran las tierras del Norte para instalarse. No había hombre más poderoso que él en toda Transilvania y ese pensamiento lo hizo sonreír maquiavélicamente.

Aún con la inclemente tormenta que hacía, la luz de la luna junto con los relámpagos, lograba iluminar Transilvania. Sin embargo, bastó que un rayo alcanzara la cumbre más alta entre las borrascosas. Las Hermanas Borrascosas, un trío de montañas heladas, las más altas entre el páramo y las que engendraron el mal entre sus cavernas. La noche dejó de ser clara, la luna se fue a esconder entre las nubes densas y cargadas de lluvia. Las estrellas no salieron aquella noche y en su lugar una oscuridad absoluta dio paso al engendro demoníaco que salió a cobrar venganza. Era una mancha imperceptible a la vista, llevada por el viento, aún más negra que la noche. Serpenteó la tierra llena de cuerpos putrefactos con una estela de lamentos hasta la corriente del río Rojo. Una vez ahí aquel borrón oscuro se materializó en forma de hombre, un hombre tan alto como dos lanzas de guerra, tan pálido como la nieve y de cabello largo grisáceo como la plata. Sus facciones firmes se abrían paso entre aquellos colmillos largos y ojos negros. Un grito salió de su boca tan fuerte y sobrenatural que llegó a oídos de toda Transilvania. El demonio se desintegró para ser sombra y junto a él un mar de pequeñas criaturas ciegas se le unió. Los murciélagos se volvieron uno entre la espesura del demonio, dándole fuerza y tamaño a la nube letal que azotaría el palacio del Sur.

Radu atendió al extraño y escalofriante sonido que llegó a sus oídos, al igual que sus hombres y los prisioneros. Él más que nadie supo que aquello solo podía venir de las Hermanas Borrascosas, ahí a donde había condenado a su enemigo para que el demonio que habitaba en ellas le diera una muerte tan despiadada como infernal. Todo el imperio del Sur conocía la leyenda del hijo de las Hermanas Borrascosas, pero nadie sabía, ni siquiera él, que aquel demonio solo necesitaba un cuerpo para poseer y escapar de la cueva que lo hacía prisionero. Ahora ya tenía un cuerpo y no solo eso, una sed de sangre inigualable.

Los gritos en todo el palacio no tardaron en llegar a Radu, eran tan grotescos como los sonidos a su alrededor. Los prisioneros solo gritaban más alto y los verdugos trataban en vano de hacerlos callar. Él fue por su espada colgada en la pared cuando la enorme puerta al calabozo fue abierta. El frío quemó cada rincón de aquel asqueroso lugar, abrazando los huesos de cada hombre. Una sombra tan espesa como la miel se coló y dio forma a un hombre abominable, uno que Radu conocía muy bien, uno al que había hecho su prisionero y había condenado.

Dascălu Roşu se alzaba ante todos, tan frío como letal. Colmillos listos para hincar, garras extendidas en amenaza y ojos tan negros como atrapantes. Era un pozo sin fondo al que corrías el riesgo de caer si los mirabas por mucho. Frente a Radu, uno a uno, acabó con sus hombres. Cada cuello fue mordido con una fiereza que quitaba el tajo de carne que mordía. Otros tantos fueron arrancados con la cabeza, pero algunos, solo eran mordidos mientras el corazón del huésped era sacado de su cuerpo con un agarre asfixiante. Uno a uno fueron cayendo al suelo frío del calabozo, incluso los prisioneros fueron atacados. Solo quedaban los enemigos eternos frente a frente, Dascălu Roşu y Radu Stoian. Se miraron por lo que parecía una eternidad.

—Debí sacarte el corazón con mis dientes cuando tuve la oportunidad—Radu apretaba sus dientes con furia y miedo. Sus manos empuñando aquella espada heredada por generaciones, reliquia imperial.

Dascălu solo dejó salir un gruñido antes de, en un parpadeo, quedar a milímetros de Radu.

—He de devolverte el favor—La voz profunda y escalofriante de Dascălu le paralizó cada músculo a Radu.

Un chillido animal salió del demonio antes de atacar a Radu, ataque que no consumó al quemarse con la armadura de su enemigo. Era un calor infernal que le derritió la piel de sus manos. La distracción le dio tiempo suficiente a Radu, con su cara rasgada, para clavar la espada en el corazón de Dascălu. El grito agónico del demonio fue música para los oídos de su enemigo. Sin embargo, ambos cayeron al suelo frío esa noche. La sangre escurriendo del ojo izquierdo de Radu y el último aliento escapando de Dascălu.

Para cuando la tormenta había acabado, día y medio después, Radu se había encargado de encerrar a Dascălu en un lugar donde nadie pudiera encontrarlo. Bajo cadenas hechas para mantener al demonio dentro de él. Sus antepasados habían sido cazadores de vampiros y había acabado con todos en toda Transilvania. Para el momento en que él tomó el mando, ya no había demonios que cazar, sin embargo eso no le impidió aprender las artes mortales y heredar todos los instrumentos.

Un ojo y gran parte de sus hombres perdió esa noche. Su imperio quedó reducido, pero no acabado. Dascălu fue confinado a una tumba en los calabozos, que luego pasaron a ser catacumbas selladas bajo el palacio del Sur. Le tomó una década lograr alzar su imperio y hacerlo próspero. También borrar de la historia aquella noche infernal, pero lo que jamás pudo ocultar fue la falta de su ojo izquierdo. La única evidencia del ataque al que había sobrevivido.

El imperio estaba de fiesta, Radu y su esposa darían a luz a un niño, el heredero del imperio Stoian, único en toda Transilvania; desde los fríos páramos del Norte hasta las calurosas sequías del Sur. Erick Stoian llevó por nombre, un hermoso niño de piel blanca y rizos dorados; ojos tan azules y brillantes como su sonrisa. Rápidamente se convirtió en el niño más amado de toda Transilvania, dondequiera que iba las personas le sonreían y le daban regalos. Su familia decidió ocultarle sus antepasados y hacerlo tan feliz como era posible. A la edad de cinco años ya comenzaba a dar dolores de cabeza a sus criados. Le gustaba perderse entre los dominios del palacio, jugando a las escondidas o asombrándose de cada cosa que encontraba a su paso. Hasta que una tarde calurosa, después de huir de su nana, se encontró corriendo por los jardines del palacio. Podía escuchar una voz susurrar desde lejos, pero no entendía mucho.

Erick siguió la voz hasta una puerta grande de aspecto extraño oculta en el bosque de su jardín. La puerta cedió ante él, con pasos pequeños se sumergió en la oscuridad y pronto descubrió de dónde venía aquella voz. Bajo el jardín, en las catacumbas, rodeado de una línea gruesa de sal marina, se encontraba un hombre. Erick al acercarse barrió con su pequeño pie la línea de sal que lo protegía y aún más cerca descubrió cómo lucía aquel hombre. Colgaba de cadenas gruesas y largas del techo, su torso desnudo dejaba ver la piel pálida que contrastaba con el grisáceo de su largo cabello. Sus piernas delgadas extendidas por más cadenas que parecían quemar su piel arrugada.

Erick escuchó en su mente, su corazón bombeó la sangre más rápido y tuvo miedo. Cuando aquel hombre levantó su rostro, se asustó. Era arrugado como una pasa, hundido en sus ojos y sobresaliente en los huesos de sus mejillas. Pero sus ojos, aquellos ojos blanquecinos se oscurecieron y lo dejaron ido en la inmensidad que aguardaban.

Erick le dijo de nuevo. Él, seguido por la melodía en sus pensamientos, dio pasos más cerca hacia el demonio. Cada vez más y más cerca. Cuando estuvo a un respiro, acató la orden en su mente. El demonio abrió su boca y dejó extender sus colmillos, largos y filosos. Erick hipnotizado extendió su bracito y alargó su dedo índice con la yema de su dedo dando a la punta del colmillo. Había escalado en el cuerpo del demonio y sobre las cadenas para estar más cerca, aferrado a su hombro y con sus pies pujando en su cintura, Erick pinchó su dedo y dejó escurrir la sangre. Las gotas cayeron sobre la lengua del demonio quien cerró sus ojos y se deleitó con el frenesí de la sangre pura y fresca del niño. Luego de diez años encerrado sin beber sangre, su cuerpo estaba seco y paralizado. Sin embargo, sabía que aún si bebiese del niño hasta matarlo, no sería suficiente. Para escapar, necesitaba al niño, beber a diario de él y así conectarse con él para que fuera sus ojos en el imperio.

Y así fue. Durante un año, Erick sirvió de sustento a Dascălu. Cada día antes de que el sol se pusiera se escapaba a la tumba del vampiro a darle de beber de su sangre. Trecientas sesenta y cinco gotas de su sangre fueron las necesarias para hacer que su hipnosis durara lo suficiente. Era el día de su sexto cumpleaños cuando el vampiro decidió que ya era tiempo de escapar. En medio del ajetreo imperial, de todas las personas leales a su familia, nadie se fijó en su ausencia. Bastó pedirle a su nana ir al baño y luego, perderse de ella, para encontrar la llave. Trecientos sesenta y cinco días fueron suficientes para que el vampiro dominara la sincronización con el niño y compartieran los pensamientos. Fue de esta manera que logró escuchar, ver y memorizar cada detalle que Radu tenía guardado secretamente. Entre esos, la llave que lo liberaría de las cadenas.

Una vez que Erick alcanzó tomar la llave oculta en el cuarto de guerra y estrategias de su padre, bajo el suelo de una escultura y la alfombra, corrió a la tumba del vampiro. Una sonrisa maquiavélica compartían el niño y el vampiro en su rostro. La sonrisa de la venganza.

—Es hora de que seamos libres, Erick— Dascălu susurró con aquella voz melodiosa y profunda, alentando a Erick a hacerlo libre de su condena. Erick deslizó la llave en el candado enorme y con un fuerte clic cedió.

Las cadenas cayeron y junto a ellas el cuerpo del vampiro. Éste dejó a Erick libre de su hipnosis, pero no sin antes probar una última gota de su exquisita sangre. Pura, inocente, tan dulce. Erick lo miró asustado en el suelo, Dascălu le dedicó su mejor sonrisa.

—Me has servido muy bien, Erick. Tengo un regalo para ti—Se acercó hasta quedar a centímetros de su cara. Tomó su dedo índice y lo llevó a su fría boca. Lo chupó lentamente y degustó haciéndole un juramento de sangre. Al liberarlo, la herida del pinchazo ya no estaba—. Te perdonaré la vida siempre, a cambio tú nunca podrás matarme.

13 de Outubro de 2020 às 00:00 2 Denunciar Insira Seguir história
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Adriana Barral Adriana Barral
Me atrapó,fascinante.
February 16, 2021, 21:09

  • Elio Elio
    ¡Gracias! Me llena saber que he logrado transmitir con la historia. Espero traer más pronto ;) March 13, 2021, 01:31
~

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