estebanwrites99 Esteban Acosta

Augusto es sobreviviente de un "accidente" en el que Camila, su madre, lamentablemente ha fallecido. A partir de entonces, constantemente se cuestiona y pregunta acerca de lo ocurrido esa tarde de julio, al mismo tiempo que desarrolla tendencias suicidas. Valentina no es buena tomando decisiones en el plano de las relaciones de pareja. Sus dos noviazgos anteriores son abusivos, llenos de dudas y limitaciones hacia ella, lo que la impulsa a tomar una decisión drástica en su vida. Un reencuentro en una cafetería entre dos jóvenes que no han tenido siquiera una conversación desde hace siete años, ¿tendrá el poder de cambiarlo todo?


Romance Suspense romântico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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1. Reencuentro

"Wind in my hair, I was there
I remember it all too well"
Taylor Swift - All Too Well

Viernes 16 de marzo

La mañana en la ciudad de La Paz iniciaba muy tranquila. El otoño lentamente se adueñaba del lugar, pues los días eran un poco más frescos en esta época del año.

─Ok, otro día más en mi vida miserable ─se decía Augusto a sí mismo mientras caminaba hacia La Cafetería.

Augusto tenía 17 años, cabello corto castaño oscuro, ojos marrones y era mediano de estatura. La expresión pálida en su rostro, su constante mirada hacia el suelo y su lento caminar denotaban que no era un chico feliz, o más bien, alguien muy centrado en sí mismo, sin deseo de socializar o conversar con personas fuera de su muy corto círculo de amigos.

Una vez sentado en la barra de la cafetería, ordenó lo mismo de siempre: una taza de café y dos medialunas. Mientras le daba un sorbo a su pocillo, una joven muchacha ingresaba al local. Era alta, su cabello largo y oscuro brillaba a la luz del sol, al igual que sus ojos verdes. Se veía muy bonita con su larga pollera de color rojo, su fino abrigo verde oliva de lana y su remera blanca en la que se hallaba inscripta una frase de una canción en inglés.

Augusto observaba a la chica con atención; cada paso, cada movimiento, gesto, minúsculo detalle. ¿La conocía de algún lado? No, tenía que ser un error. "¿Pero qué podría perder si intentara comprobarlo?" pensó él mientras continuaba observándola. Para sorpresa de él, ella se había dado vuelta hacia la barra, cruzando así su mirada con la del joven. Aparecieron las sonrisas tímidas, pero sonrisas al fin. Ella hizo un gesto de invitación, seguido de un guiño. Él tomó su kit de desayuno y emprendió camino hacia la mesa de la joven.

─ ¡Qué agradable sorpresa! ─exclamó ella, muy sonriente.

─Buenos días, Valentina ─la saludó él, extendiendo su mano derecha.

─Buenos días, Augusto ─respondió ella, tomando la mano del joven.

Valentina tenía la misma edad que Augusto y, por supuesto, cursaba su último año de secundaria en la misma escuela que él, aunque en una división diferente. Mientras charlaban, ella notó algo "extraño" en los gestos y expresiones de su acompañante, pero temía decírselo por miedo a causar una reacción muy negativa. Al fin y al cabo, más allá de conocerse de hace muchos años, no han tenido un nivel de cercanía muy alto, y mucho menos se habían juntado a desayunar en una cafetería a las ocho de la mañana. Pero a pesar de todo, estaban allí, sentados en la misma mesa. Ella sintió la necesidad de saber qué le pasaba a Augusto.

─ ¿Hay algo que quieras contarme sobre vos? ─preguntó ella.

Augusto dudó por unos instantes sobre si contarle o no qué era de su vida a alguien que, si bien conocía de hace mucho tiempo, jamás ha tenido cercanía con ella. Sin embargo, confiaba en el mismo instinto que lo animó a acercarse a ella. Sintió que podía confiar en Valentina.

─Desde hace tres años que mi vida no ha sido nada más que un desastre tras otro ─dijo él, con dificultad para articular sus palabras.

Valentina suspiró profundamente. A pesar de lo poco explícitas que fueran las palabras de Augusto, entendía que eso era lo más que él podía decir en ese momento. Observó que sus ojos se empapaban en lágrimas.

─ ¿Puedo confesarte algo? ─preguntó ella mientras le pasaba una servilleta de papel a su acompañante─. Espero que no te asustes.

Él asintió mientras se secaba su rostro.

─Admito que en este último tiempo he estado observándote, y muy en mi interior sabía que algo estaba ocurriendo con vos, pero mis propios problemas me impedían acercarme a vos para poder preguntártelo y así intentar ayudarte.

Augusto se sorprendió por la declaración de ella.

─ ¿Cuál es el punto de todo esto? ─preguntó, un poco enfadado─. ¿Por qué no lo intentaste al menos?

Valentina tomó disimuladamente las manos de él.

─Tranquilo, Augu ─lo tranquilizó ella─. Si querés, podemos salir a caminar un rato por el centro, así te despejás un poco.

Augusto asintió levemente. Ahora se sentía un poco más tranquilo, pues eso mismo era lo que le transmitía Valentina.

─ ¿Vamos a la plaza central? ─preguntó él. Ella lo aseguró con un guiño.


***


El tiempo no había cambiado mucho en las primeras horas de la mañana. Aun así, el día soleado era una razón para salir a dar un paseo por el centro de La Paz y disfrutar lo que la pequeña ciudad tenía para ofrecer.

─ ¿All you're ever gonna be is mean? ─preguntó Augusto después de leer el estampado en la remera de Valentina.

─Es una larga historia, Augusto ─respondió ella.

─Bueno, creo que tenemos buen gusto musical ─aseguró él. Ambos se rieron.

Mientras caminaban hacia la plaza, conversaban sobre lo primero que pasara por sus mentes. Ella sonrió al ver a un niño vistiendo una camiseta de River Plate.

─Ah, también sos hincha de River, ¿no? ─comentó él, también sonriente. Ella lo afirmó con un guiño y una sonrisa muy grande.

Al acercarse a la esquina de Sáenz Peña y Belgrano, Augusto sintió una fuerte punzada en el estómago. A continuación, su vista se hacía borrosa, y sus ojos se llenaban de lágrimas. Valentina se percató instantáneamente de lo que sucedía con su acompañante y le tendió un pañuelo descartable.

─Perdón por reaccionar tan súbitamente, pero prometo contarte todo cuando lleguemos a la plaza ─dijo él, secándose sus ojos.

Ella asintió mientras sostenía las manos del joven. Él no quería mirarla a los ojos, no en ese estado, no tan frágil emocionalmente. No podía soportar tanta tristeza, ira o cualquier emoción negativa que le impidiera ver las cosas de otro modo. Aun así, sentía que Valentina lo apoyaría y lo ayudaría, de la mejor manera posible, a sentirse mejor consigo mismo y salir del pozo emocional en que se encontraba.

Los pocos metros que recorrieron desde esa esquina hasta la plaza lo hicieron tomados de la mano. Era bueno para ambos, porque era una forma de acercarse más, de conectarse más, de entenderse mejor y transmitir calma. Una vez llegados a su destino, se sentaron en un banco cercano al monumento.

─Hace tres años, murió mi mamá ─anunció Augusto, con absoluta tristeza. Una lágrima cayó en la mano de Valentina.

─Uh, lo siento mucho ─respondió ella. Luego, recordó la escena en Sáenz Peña y Belgrano─. ¿Por eso tuviste ese ataque?

─Por eso mismo, Val ─afirmó él.

Guardaron silencio durante varios segundos, mientras contemplaban la tranquilidad imperante en la Plaza 25 de Mayo.

─Augusto.

─Valentina.

─Estoy acá para escucharte ─insistió ella.

─Ese día estábamos volviendo a casa del supermercado ─prosiguió él, ahora más tranquilo─. Era un día como cualquier otro en nuestra vida.

››Cruzábamos la esquina de Sáenz Peña y Belgrano, como solíamos hacerlo cada vez que íbamos y volvíamos del supermercado de la calle Moreno. De repente, en mi cabeza se entremezclaron muchos ruidos. No sabía bien qué había pasado, si nos habían chocado, si era un auto o una moto...

─Hasta que ni bien abriste tus ojos y viste que tu mamá yacía en el pavimento, sin vida ─concluyó Valentina.

Hubo un largo silencio antes que Augusto se largara a llorar desconsoladamente.

─Ya, ya, ya ─dijo ella mientras lo atraía hacia sí. Él dejó caer su rostro en el hombro izquierdo de ella─. Estoy acá, Augu. Tranquilo, tranquilo.

Cuando él logró calmar sus ánimos, se apartó de los brazos de la chica.

─ ¿Podrías aceptar una crítica constructiva? ─advirtió ella, en tono serio. Luego de verlo asentir, prosiguió─: no tengo problema en verte llorar y llorar, porque de alguna manera intentaré ayudarte a que te sientas mejor. Pero intentá contenerte cuando estamos en la calle, ¿está bien?

Él asintió, ya más tranquilo. Sin dudas, los gestos de la chica surtían efecto.

─ ¿Ibas a decirme algo más? ─preguntó ella.

─Fue muy fuerte verla en ese estado.

Ella asintió en silencio. Se limitó a acariciarsuavemente las manos de él.

11 de Outubro de 2020 às 04:24 0 Denunciar Insira Seguir história
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