selene99 Selene R. Lezcano

¿Qué harías sí tu vida cambiará con solo un aviso? Es el año 2166. La humanidad ha sido forzada a vivir alrededor de muros llamados empíreos, nadie sabe que existe afuera, tampoco porque el ejército-que requiere nuevos reclutas cada diez años- los llama tres años antes. Para Skyler todo lo que la rodea fue teñido por la nostalgia, colores pasteles pintando los campos y su pasado es una tierra maldita que no quiere pisar. Su vida es una burbuja que fue reventada. Y ahora es una más de los reclutas. De pronto, su historia ya no es solo suya. ¿Podrá Skyler sobrevivir? ¿Qué secretos esconde el ejército? Actualmente lo sabe: Algunos secretos no deben ser revelados. UNA HISTORIA HERMOSA, CONMOVEDORA, CON TOQUES DE TERROR. Mezcla elementos de la Fantasía oscura con la Ciencia ficción,


Fantasia Fantasia negra Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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Prólogo

En algún lugar del bosque, América.

04:13 a.m.

La luz de la luna lastima sus ojos, y tiene un dolor de cabeza que lo lleva a masajear sus sienes.

Cuando recibió la llamada revelando las noticias su corazón se aceleró y el sueño huyó como un ladrón, no hizo preguntas, solo se limitó a asentir y obedecer. Es lo que hace un soldado.

Él está sentado en la parte trasera del vehículo, los oficiales de puestos superiores ocupan los asientos delanteros, están imposiblemente callados y las luces del vehículo están prendidas. El teniente Jones y el capitán Byrne siempre se encargaron de buscar temas de conversación y cotillean como viejas chismosas, su humor fácil y tonto lo habían hecho rodar los ojos en más de una ocasión, pero sus labios están sellados y lo entiende.

El vehículo se mueve en línea recta ignorando los troncos, las ramas y el lecho de los riachuelos, cuyas rocas se atoran entre los neumáticos; el agua salta y la vista de su ventana está empañada por las gotas de agua.

Tal vez sí hubiera dormido por más de un par de horas su visión no estaría tan cansada, a pesar de eso, sus sentidos están activos y la urgencia corroe en su interior.

Como un soldado entrenado no permitiría que el cansancio lo arrastré, sobre todo sí se lo necesita en su trabajo, es su deber y nunca pondría algo más por encima, es un honor. No aceptaba sentir temor y miedo, sin embargo, su estómago se aprieta y amenaza con devolver la última comida que ha ingerido, conoce muy bien esa sensación y sacude la cabeza, ya que sabe lo que vendrá después y que lo origina.

Cuando fue un niño le había temido al monstruo que su hermano mayor alimentaba a base de historias de terror, una narración sobre una criatura hecha de sombras que es libre cuando las luces se apagan, esté salía a devorar los intestinos de los niños que se portaban mal, él se había retorcido de miedo en sus sábanas cada noche y se acurrucaba de tal forma que sabe que ningún monstruo podrá arrancarlo de su cama.

Había dejado a ese niño atrás desde hace muchos años, nunca existió un monstruo debajo de su cama, pero existe algo peor que la invención de un adolescente problemático para atormentar a su hermano menor y él lo ha mirado a los ojos.

El miedo se enrosca como una serpiente y el sonido de su cascabel indica que es peligrosa, una provocación y lo morderá con la intensidad de su veneno, recorriendo sus venas, atacando las terminaciones nerviosas y desintegrando los músculos, pero le habían dado el antídoto justo a tiempo, fue el ejército el que le enseñó a controlar y transformar su miedo en algo más mortífero, un arma.

No puede acceder a esa arma, es como si se la hubieran quitado de las manos.

Con normalidad soportaría el cambio en la atmósfera, se ha acostumbrado a vivir con ello, pero es pesado y con cada movimiento parece aumentar.

El vehículo avanza y la visión no mejora, el entorno se torna más oscuro, con una profundidad que convierte la claridad de la luna llena en la perdedora.

En la radio se escuchan los informes sobre las posiciones, datos y nuevas actualizaciones sobre las búsquedas. El radar emite un pitido en intervalos irregulares, como las máquinas de un hospital, las pantallas están prendidas inspeccionando el terreno con sus cámaras térmicas y el detector de movimiento está encendido, pero no aparece nada y le resulta desconcertante, ya que por estos terrenos fue la última vez que se tuvo registro de…

Hay un bache, uno tan grande que hace que sus cuerpos salgan disparados en distintas direcciones.

Él ha alcanzado a aferrarse a su asiento, pero sus acompañantes no tuvieron suerte.

La cabeza del teniente Jones golpea el parabrisas tan fuerte que ve como sus ojos se vuelven blancos y cae sobre el volante, su cuerpo se vuelve flácido y las extremidades cuelgan sin gracia a los lados, parece un muñeco de trapo, mientras que la mano del capitán aterriza en una pantalla haciendo trizas el cristal, convierte al vidrio en una telaraña hecha de puntas filosas, la sangre brota de pequeñas heridas. El hombre brama de dolor, y acuna su mano en el pecho.

Su cuerpo fue empujado con una fuerza que hace que sus huesos resuenen, como si fuera un saco. Lucha por volver a reincorporarse, pero todavía resiente la sacudida, ha hecho que sus dientes choquen con los otros, siente la astilla de su colmillo derecho en su lengua y la escupe.

Sus sentidos se activan, es consciente que han dado con algo grande y piensa de inmediato que se trata de un animal, como un ciervo, mas no hubo un quejido, podría ser un tronco o una roca, así que está tentado a inclinarse por la segunda opción, sin embargo, el aire es pesado y su pecho parece que está siendo presionado hasta aplastar sus costillas.

Algo se mueve en el ambiente.

Algo está muy mal.

―¿Qué fue eso?—gruñe el capitán.

No tiene respuestas.

El capitán se remueve, pero su mano permanece en el mismo lugar.

Las luces del auto están encendidas y el tronco de un árbol es lo único que pueden observar, al inicio piensa que se trató de un choque, pero el golpe no vino de la parte delantera, sino de abajo.

―Pida ayuda por la radio―le indica sacando su linterna de un bolsillo y se prepara para salir del vehículo―. Cuide al teniente, señor. Ya vuelvo.

Cuando sus pies tocan el suelo del bosque, está cubierto de hierba verde, las hojas y las ramas se quiebran, y la sensación de presión continúa, ahora es más fuerte.

Siente la comida rebotando hacia su garganta, se contiene para no vomitar entre las raíces y una corriente recorre su columna vertebral, un cosquilleo que hace que sus piernas tiemblen y hay un aliento en la base de su nuca, la invitación para que se dé vuelta. Es sutil, intimidante y traicionero.

No te voltees, se ordena a sí mismo. Utiliza su tono autoritario y su cuerpo lo reconoce. La voluntad antes que el impulso.

Podría haber notado la oscuridad, el ambiente tenso y la sensación de alerta, pero percibe el olor, un aroma fuerte y nauseabundo, su mano viaja hasta su nariz y su boca con rapidez, aprieta la nariz tan fuerte que se inflama, aún sí respira por su boca no lo hace más tolerante, ya que ahora el aroma está en su boca, la tiñe de un sabor horrible que su lengua es una masa ácida, su garganta se irrita y sufre porque su cuerpo responde a la necesidad de vomitar.

Tiene que apartarse.

La presión azotó y traga saliva.

Sabe que sentir miedo es como abrir la puerta al asesino que asecha en tu patio y esperar que no entre, en lugar de sumergirse y reflexionar sobre esta emoción se enfoca en la luz parpadeante de su linterna, el motor del auto encendido, los militares en el interior, mientras el teniente recupera de a poco el conocimiento, el sonido de los otros vehículos acercándose y sus luces bailando en la oscuridad de la distancia, cuál focos de la ciudad.

Suspira.

El aliento en la base de su cuello es más poderoso, cargado por la realidad y se mueve a su alrededor. Su espalda está recta, los vellos erizados y hace tanto calor que su piel duele, se está cocinando dentro de su uniforme. Una gota de sudor recorre su frente y desciende por el rostro.

Lo están acechando. Él es la presa para su predador.

Su linterna tiembla en su mano, la luz es proyectada en la puerta del auto y se mueve hacia las ruedas donde estaría el obstáculo.

Toma notas mentales de todo lo que ve como redactando los hechos en un informe, no hay nada debajo de los neumáticos delanteros; del suelo sobresalen raíces cubiertas de moho, los pequeños brotes de plantas crecen de forma desordenada e insectos se reúnen siguiendo un rastro: hay gusanos, lombrices, un sin número de moscas revolotean por el aire y otros tipos se enredan entre sí en una gama de negros y blancos.

Tiene una mala sensación.

La luz se enfoca y descubre cabello negro, las hebras están esparcidas por el terreno, sucias y desordenadas hasta el punto de que es una maraña, los bichos caminan sobre ellas.

Cuando se percata de lo que es, se cae hacia atrás, aterrizando sobre su trasero y la linterna se resbala de su mano, como un objeto contaminado.

Debajo del auto, justo al lado de la rueda izquierda, yace un cuerpo, es pequeño y huesudo, corresponde con el de una chica. El cadáver está infectado de insectos que se anidan en sus ojos, las moscas se posan en la piel, los gusanos se enfocan en entrar y salir de las heridas, cada orificio contaminado y hay mucha sangre, que es absorbida por el suelo y el verde se mezcla con el rojo. Normalmente, la piel de un muerto es de un tono opaco, casi gris por el proceso de la descomposición, pero este tiene un acento en el morado, sus ojos hinchados sobresalen de sus cuencas, el cuello grueso como un tronco y su boca está abierta en lo que fue su último lamento.

Su ropa…

Mierda, su ropa…

Sus vestiduras están rotas, tiene cortes e hilachas, la rotura más grande deja al descubierto el vientre herido por tajos profundos y se ven sus órganos. La sangre seca cubre el uniforme militar de tal forma que es casi imposible de reconocer, de no ser por los patrones hubiera pensado que es el cuerpo de un civil.

Sabe que ha tenido una muerte dolorosa.

Se enfoca en el rostro, debajo de todos los golpes, es joven, podría ser su hija o su nieta. Intenta comparar su cara con los rasgos de conocidos, jóvenes reclutas, pero su estado la vuelve irreconocible.

Su corazón late acelerado en su pecho, tan alto que retumba en sus oídos y todo parece girar alrededor del cadáver.

Es lastimoso ver un final tan horrible para alguien con juventud, dotada de años que le fueron arrebatados y ahora nunca sabrá lo que es la vida.

No se debería compadecer de la muerte de los soldados, aspirar a morir por sus ideales en la función de sus servicios es un honor, pero ¿vale de algo cuando eres despedazado?, ¿Cuándo te quitan la oportunidad de experimentar lo que es vivir de una manera abrupta? La mayoría de las veces él no se preocuparía por eso, es el trabajo de los altos mandos glorificar la muerte, dar discursos desde sus oficinas sobre poner la vida de los demás a las suyas y los oídos jóvenes e impresionables los escucharían, sin embargo, él ha interactuado con ellos, conoce sus pasados y sus luchas, es injusto que su final llegue de una manera desastrosa, no hay gloria en un cadáver que no se puede identificar.

Le gustaría decir que es el primer cadáver que ve, pero no sería verdad.

De pronto, más autos aparecen y se detienen a unos metros, sus motores están encendidos y los militares descienden con sus linternas, sus rostros serios y callados, como si estuvieran en un velorio.

Ellos apuntan hacia las copas de los árboles y hay un jadeo, una decena de cuerpos que cuelgan de las ramas de los árboles, incrustados como brochetas y es una visión escalofriante, sacada de un cuento macabro. Las extensiones del árbol están encajadas en los pechos, atraviesan los torsos y los rostros, de tal manera que los mantienen en su lugar, las aves están paradas sobre sus cabezas picando los ojos y la piel.

Las posibilidades que uno este con vida son reducidas, es imposible. Es una masacre.

Cuenta al menos veinte cuerpos, el número por el que han hecho la búsqueda.

No puede creerlo.

Esto no puede ser real.

Una luz viaja hacia un cuerpo, allí a la derecha donde se tocaban dos ramas había una joven, su rostro convertido en un desastre de cortes irregulares, sin una oreja y el tabique brutalmente desviado que hace que la nariz se retuerza hacia un lado, el uniforme militar está intacto, pero la sangre es un río que serpentea desde su cuello hasta la base del estómago, parece que fue bañada en el líquido. La boca está abierta y hay rastros de vómito en su barbilla, la palma derecha está clavada por una rama que es la que la mantiene suspendida en el aire.

Reúne fortaleza para no llorar. A ella la reconocía.

Sus ojos se llenan de lágrimas y algo se quiebra en su interior. Conocía a esta joven, tiene nombre y apellido.

Entonces, alguien grita y todo el grupo se mueve, un contingente de soldados trae un cuerpo, intacto de no ser por su cabeza abierta en un largo corte del que gotea sangre, su cuero cabelludo deja ver el cráneo, corresponde con un joven, y la piel de uno de sus ojos está morada, como una baya.

Pensó que estaba muerto, pero aún respira. Un movimiento sutil en su pecho.

Solo uno.

Uno con vida.

14 de Setembro de 2020 às 01:09 0 Denunciar Insira Seguir história
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Leia o próximo capítulo El golpe en la añoranza.

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