u15975398161597539816 David Eduardo Pérez Cruz

Nicolás es víctima de un amor que no puede ser. Sin embargo, este amor es el que le enseñará a enamorarse de nuevo. ¿Cómo resultarán las cosas para él en medio de su desconfianza hacia otras personas? Una historia de amor que sucede en las calles de la hermosa Dublín, Irlanda.


Romance Suspense romântico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#258 #irlanda #Dublín
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Nina

Es de noche, el calor del verano y la brisa del viento son agradables a pesar del sudor que nos exige despedir de nuestros cuerpos. Al despertar, siento entre mis brazos a una frágil y cálida chica, cuyos delicados y femeninos dedos se entrelazan con los míos, así como nuestras piernas mientras su pelvis permanece junto a la mía. Su blanca piel, su delicada espalda contra mi pecho, sus carnosos labios parecen esculpidos en cera con sumo cuidado. El artista de aquellos labios superó a Michelangelo, sin duda alguna. Su respiración al dormir es suave, sus ojos ligeramente abiertos muestran el verde en su alma, opacan el brillo nocturno irradiado por los astros y pareciera que puedes ver sus susurrantes sentimientos a través de ­­ellos. Su silueta es elegante y deseable desde cualquier perspectiva, jamás es vulgar, destila naturalmente inocencia pura. Sí, Nina despide elegancia, belleza, pero, sobre todo, ella tiene algo característico que nunca había encontrado en ninguna otra mujer y es la inocente semblanza que posee que te invita a querer protegerla, abrazarla y apreciarla. Te invita a perderte y refugiarte en su ser al conocerla cada vez más en este viaje llamado vida. Aunque Nina es indudablemente bella, yo cambiaría la palabra “indudable” por “discreción”, discretamente bella. Una belleza inalcanzable la cual no cualquiera puede notar, como si se tratara de una modelo la cual todo mundo tratara como una persona de apariencia promedio. Nina me hace preguntarme constantemente: ¿acaso es el amor el que me tiene ciego y que no me permite ver sus defectos? ¿Es esto malo? ¿Es Dios justo al poner a mi lado una mujer así? ¿qué me hace merecedor y digno de tener a alguien tan preciosa entre mis brazos? No tengo la respuesta a estas preguntas y no es que no me gustaría que fueran contestadas, pero, si el amor me tiene ciego y no me permite ver sus defectos, ¡que jamás lo permita! ¡déjenme vivir en esta ilusión! Sólo una ilusión quiero conservar en mi vida y es la de Nina, perfecta mía, amada mía.
Una suave brisa entra por la ventana a un costado de la cama y la despierta. Lentamente abre sus preciosos ojos y al ver de reojo mi rostro, sonríe sonrojada.

—¡Ah! ¡Qué frío siento! —Nina jala las sábanas a motivo de dejarme sin su cobertura. Clásico, me está provocando a propósito.

Chistocita… disfruta del piso —mi risa malévola es un susurro en sus preciosos oídos.

—¿Qué…? — La altura de la cama no es mucha, lo que me da la confianza suficiente para jugar con ella empujándola. Apoyo mi pie sobre su espalda y la empujo lentamente hacia el borde de la cama con el fin de hacerla caer — ¡Nicolás! ¡No te atrevas…! —cae de la cama convirtiendo la última sílaba de la oración en un grito.

—¡Querida, la venganza es dulce! —mis mejillas son marcadas por las comisuras producidas por ni notable sonrisa.

—¡Eres un pesado! —envuelta con la sábana, exclama entre risas mientras vuelve a la cama, permite que la abrace de nuevo.

Lentamente juego con su oreja y prosigo a besar su pequeño cuello adornado por una gargantilla de color negro con un corazón de plata colgando en el centro por medio de una cadena, la escritura dice N & N”. Siguiendo el camino se encuentran sus hombros desnudos adornados por su blusa hombro caído color durazno, la blusa se encela de ser opacada por los hombros de Nina, sus medias negras veladas hasta la rodilla entristecen de no poder dar el ancho en compararse a la delicadeza de sus piernas, aunque su falda negra sabe su falta de gracia y lucidez para ajustarse a la delgada cintura de Nina, confía en que ella la hará lucir como es debido: elegante y con suma exquisitez. Le abrazo más fuerte que antes al presionar mi mano derecha contra su vientre y con la izquierda acaricio su ondulado cabello castaño, cuyo largo permite ver su delicado cuello. Normalmente el cabello por encima de los hombros me causaría conflicto en cualquier otra mujer, pero Nina es especial, es como si su cabello armonizara con ella haciendo un complot para enloquecerme por ella aún más. Entre risas y gemidos Nina susurra—¿Podrás quedarme mal como amante algún día?

Es esa cara sonrojada la que provoca que mi corazón se acelere, jamás se lo he expresado en palabras, más ella lo sabe, conoce mi ser a través de mis reacciones. El mundo ve en mí el rostro de un hombre frío cualquiera, pero para Nina viene a ser un libro que sólo ella entiende y puede examinar cuantas veces ella quiere sin yo poder negarme u ocultarme, el lector perfecto para un libro imperfecto. Cada vez que besa este rostro indigno de aquella dama pone una etiqueta en mi alma que me declara suyo y esta misma escribe lo que una niña pequeña al celar su propiedad: «¡Mío! ¡Y solamente mío!».

—Levántate preciosa, debemos cenar.
—¿Qué prepararás esta vez, cariño?
—Toca recalentar los Gnocchis —mi comentario acompaña una caricia en su mejilla.
—¡Ah! ¡cómo los amo! —su entusiasmo lava la pereza en su cara —¡llévame! ¡cárgame! —Nina suplica con su rostro, buscando que la consienta y, por consiguiente, la tomo en mis brazos mientras ella recarga su rostro contra mi pecho hasta llegar a la sala del apartamento para recostarla gentilmente sobre el sofá italiano color chocolate. En frente del sofá, se puede encontrar una mesa de centro de cristal minimalista con una base plateada.

—Mi amor, está lista la cena —tomo un par de platos hondos servidos con pasta para colocarlos sobre la mesa frente al sofá.

—¡Ah! ¡Qué delicia! —expresa mientras su rostro se podría comparar al de un niño recibiendo un regalo —¡Sabes que con esto me matas!

—Te amo, precioso ¿Qué haría sin ti? —el rostro de Nina al decirlo dibujaba tiernamente una sonrisa de satisfacción, ella sonrojaba mientras devoraba los Gnocchis. Antes de poder responderle... despierto. Es de noche y llueve, el frío de otoño y la brisa del viento es desgastante para mi alma, y las lágrimas que me exige este frío son desagradables. Siento una amarga soledad en mi ser, no tengo a quién abrazar, contemplo la nada, no quiero abrir mis ojos, el simple hecho de saber que desperté una vez más duele como si una viga atravesara mi pecho, el vacío al que me niego conscientemente que entristece mi alma es lo único que percibo y recuerdo una vez más: Nina no está. Quizá… esa última pregunta debí haberla hecho yo.

16 de Agosto de 2020 às 04:46 0 Denunciar Insira Seguir história
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