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Un suicidio en Villaluz.

Estaba viendo la catedral de la ciudad de Villaluz a través de la cámara de mi celular. El sol iluminaba las dos grandes cúpulas de la parte superior. La catedral había sido construida en el año 1514 y habían tardado al rededor de trescientos años en terminarla. Era conocida en todo el mundo por su color oscuro y su gran altura que la convertía en la catedral más alta del planeta. Estaba colocada en el centro de una gran plaza que consistía en un recuadro de asfalto totalmente plano y de color gris. Solamente con la catedral en el centro. Como si la altura de la catedral no fuera suficiente la gran plaza se elevaba unos metros sobre el nivel al que se encuentra toda la ciudad. Se puede ver a numerosos turistas tomando fotos de la catedral y haciendo poses extrañas para hace parecer que están tocando con la punta de sus dedos una de las gigantescas cúpulas que se alzan sobre las casas y edificios villaluces.

Me agaché para tener un mejor enfoque y que la lente de la cámara de mi celular lograra capturar en su totalidad el recinto. Después de haber obtenido la fotografía me apresuré a cambiar la combinación de colores a blanco y negro para darle un toque más bohemio y lúgubre.

Me apresuré a colocar detrás de la hilera de personas que esperaban a que los dejaran entrar a la catedral para poder ver sus increíbles interiores que consistían en diversas capillas a los lados y un altar decorado con un hermoso vitral al fondo para el disfrute de todos los feligreses y turistas que acudían al recinto. Poco a poco fui avanzando en la fila hasta que por fin pude admirar el asombroso vestíbulo de la catedral. Toda la decoración del vestíbulo contrastaba totalmente con el exterior lúgubre ya que estaba decorado con detalles de oro y una serie de vitrales de color blanco y amarillo que en realidad hacían sentir al visitante que estaba en el cielo.

Me quedé unos instantes ahí dentro simplemente apreciando el lugar y guardándolo en mi memoria. Cuando me impregné de la energía pacífica y elegante del lugar pasé ahora sí a la catedral. Dentro había dos hileras de bancas color madera oscuro sobre dos rectángulos de alfombra que se extendían cien metros hacia adelante justo antes de llegar al altar. Volteé hacia los lados y aprecié las capillas dedicadas a diversas personalidades santificadas correspondientes a diferentes países del mundo. La gente se persignaba al pasar por el pasillo del centro que se encontraba en medio de las dos franjas de bancas así que hice lo mismo. Por respeto nadie se atrevía a caminar por el centro, así que para no generar alboroto. Avancé hasta el frente por uno de los laterales de la catedral para tomar unas fotografías desde ese punto.

De pronto escuché un alboroto e la parte exterior. Todos los turistas que estábamos dentro del recinto volteamos al mismo tiempo hacia la entrada y algunos de nosotros nos atrevimos a salir.

La mayoría de las personas estaban mirando hacia una de las pequeñas cúpulas que recubrían las capillas del interior y algunas contenían gritos con sus manos. Me alejé un poco de la entrada de la catedral para tener una mejor visión de lo que estaba sucediendo y entonces lo vi: a unos diez metros sobre nuestras cabezas se encontraba un joven con sotana de color negro; su manteo ondulaba hacia los lados debido al viento y desde donde yo estaba pude distinguir el cuello romano que portaba. Un joven sacerdote. Él tenía la mirada perdida en el horizonte y parecía apretar algo con mucha fuerza en su mano izquierda. De pronto todo se tornó de un color pálido cuando las nubes cubrieron el sol y el viento sopló con más fuerza. El manteo del joven sacerdote ondeaba cada vez más.

—¡Todo llegará a su fin! —gritó desde lo alto con los ojos abiertos como platos.

De pronto la multitud gritó al unísono cuando el muchacho se lanzó en caída libre. Sus ropas ondulaban cada vez más rápido detrás de él. Escaneé la escena rápidamente: llevaba algo apretado en su mano derecha.

El joven se estampó contra el asfalto y pude ver unas gotas de sangre saltar alrededor de él. Me apresuré a acercarme antes de que el gentío saturara los alrededores. Me arrodillé a un lado del sacerdote. Definitivamente estaba muerto; una de sus piernas estaba doblada de una manera totalmente antinatural y su cabeza estaba rodeada de un círculo de sangre que se hacía cada vez más grande.

Rápidamente abrí su mano derecha y la examiné; había un papel arrugado. Me retiré de la escena antes de que se dieran cuenta y me hice a un lado. Ya había varias personas pidiendo ayuda y además, los policías y guardias que rodeaban la catedral ya se estaban acercando para evaluar la escena y controlar a la gente.

Todo había estado sucediendo muy rápida.

Me alejé lo más que pude del alboroto y abrí el trozo de papel…

1 de Agosto de 2020 às 14:16 1 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra es originario de Monterrey, Nuevo León al norte de México. Amante de los gatos, la música clásica e ingeniero químico de título encontró su vocación en la escritura de relatos cortos de misterio y suspenso.

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𝓜𝓮𝓵 𝓥𝓮𝓵𝓪𝓼𝓺𝓾𝓮𝔃 𝓜𝓮𝓵 𝓥𝓮𝓵𝓪𝓼𝓺𝓾𝓮𝔃
Nooooo😱😱😱 Qué decía el papel!!! Me quedé mirando la pantalla pensando en posibles cosas que podría decir o en qué habría llevado a un sacerdote a un suicidio con tanta multitud... Supongo que la intriga será mi respuesta. Muy buen relato
October 05, 2020, 22:51
~