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NOVEDADES

NOVEDADES

[Ema Bug]


Así que esto fue todo. Muy paqueta la cabaña, bastante linda la caminata y muchas gracias por NADA, pero se acabó. La cosa se acabó. En la vida todas las cosas se acaban y lo nuestro no será la excepción. Te lo tenía que decir. Lo siento. No lo siento un carajo. No somos especiales. Ya lo dice la canción; todo concluye al fin, todo termina. Miles de canciones se escribieron y miles de canciones se escribirán. Es así. Así es la vida y hay que aceptarla, nada de andar llorando por ahí. Nada de andar llorando por los rincones. Vos no llorés que yo no voy a llorar. Ahora cuando lleguemos a casa todo comienza de cero. Hay que pensar en lo que se viene, ya lo dice la otra canción. Alguna canción lo debe decir. No es que no te soporte más, pero tenés que entender que ya no te soporto. Son años de ver tu cara todos los santos días y creo que ya estoy podrido. Todo bien con vos pero no te quiero ver más. Por lo menos durante veinte años, el doble de lo que estamos juntos. Estuvimos. Tengo que empezar a pensar en pasado. Estuvimos. Necesito vivir.

—¿Escuchaste, Luchy?

Estuvimos. No creo que entiendas esto pero necesito vivir, ser libre, correr por ahí. Correr, correr, correr. Es ahora o nunca, se me vienen los treinta y cinco y ni quiero pensar en eso, pero voy a estar muerto si sigo así. Como mi viejo. Como tu viejo. Como los boludos de mis amigos. ¿Nadie se da cuenta que nos estamos muriendo? ¿Qué mierda les pasa? Me pongo loco. Alto. Mente fría, en estos momentos hay que tener la mente fría, levantar el mentón, detener los latidos del corazón, endurecer los puños y decir; ¿sabés qué? Se acabó. No veo un carajo. A vos sola se te ocurre volver de noche. Otra excusa más para decir que se terminó. Creo que te ODIO, no me mires con esa carita, ¿qué te pasa? Me hiciste manejar todo el finde. Me hiciste escuchar este disco de mierda todo el puto finde. ¿Calamaro? Odio al puto de CALAMARO. La puta madre. Calma. Me hiciste probar sushi, no lo puedo creer. ¿Qué más querés que haga por vos? ¿Yoga?

—Estoy embarazada.

¿Y esta de dónde salió? ¿Qué dice? ¿Escuché bien?

—Vamos a tener un hijo.

Ya sé, ya entendí, no soy tan tarado. No hace falta que me lo repitas.

—¿Segura?

Si hiciéramos una encuesta llegaríamos a la conclusión de que esta es la primera pregunta que hacen todos los boludos en mi situación. Puede que algunos se larguen a llorar, de tristeza o felicidad, pero la pregunta la HACEN.

—Sí, Luchy, segurísima.

Ahora me dice Luchy. La última vez que me dijo Luchy fue el primer día de noviazgo, hace tanto tiempo que ni siquiera existían las fotos en sepia.

—No te voy a decir algo así si no estoy re contra segura.

—No lo puedo creer.

Es verdad, te dije la verdad: NO LO PUEDO CREER. ¿Por qué me mirás así?

—Yo tampoco lo puede creer, amor. Estoy tan chocha.

¿Chocha? Estás re choncha mas que chocha, parecés embarazada, pero de quince meses.

—Yo tampoco. Es muy loco.

Necesito bajar esta panza ahora que me veo. ¿Qué me pasó? ¿De dónde salió?

—Se te nota en la cara, amor.

¿Qué cara querés que ponga? Es la única que tengo y bien que te gustó aquella vez que te invité a salir por primera vez. PUTA MADRE. Necesito viajar en el tiempo. Ya mismo. Al pasado, por supuesto. ¿Qué boludo iría al futuro?

—¿Y? ¿Qué te parece? Decime algo, Luchy.

¿Qué me parece?

—No sé qué decir.

—Vamos a tener un hijo. Algo te tiene que salir de adentro.

Vamos a tener un hijo. Vamos a tener un hijo. Vamos a tener un HIJO. Lo repite como si hubiéramos ganado el Quini 6. ¿Sabés lo que me parece? Que un tipo con las pelotas bien puestas clavaría los frenos y te diría: vos vas a tener un hijo porque yo me borro. Y conste que tenía pensado irme a la mierda antes de que me digas lo que me dijiste. ¿Un hijo? ¿Estás segura?

—¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Ahora me lo decís? ¿Acá?

—No me animé, Luchy. Organicé todo el finde para contarte la noticia y no me animé, parezco una nena.

—Creo que me voy a desmayar.

—Mi papá también se desmayó cuando mamá le contó que estaba embarazada de mí.

—Pero tu papá no estaba manejando, ¿o sí?

—Creo que no. ¿Qué te pasa? Tenés fea cara.

—Necesito mear.

—Ok, Luchy, hacé lo que tengas que hacer, pero decime algo, por favor.

—Ya te dije: necesito ir al baño.

—¿Y por qué acelerás en vez de frenar? ¿Por qué no hacés pis en la banquina?

—Necesito un inodoro. Tiene que haber una estación de servicio más adelante.

—¿Cómo sabés? Si no anda el GPS. Yo te avisé que…

—¿Es mío?

—Sabés que mi celu no tiene GPS, Luchy. ¿Para qué quiero GPS si nunca me enseñaste a manejar?

—El bebé.

—¿Eh?

Ahora me mira con esa cara de ORTO que dispara balas de mierda como cada vez que toco el tema. Porque claro, yo no puedo tocar el tema del pasado, pero ella sí. Mirá que hoy me levanté distinto. Ojo que hoy soy otro hombre. Como si hubiera tenido una revelación. Como Clark Kent cuando se dio cuenta que era Superman.

—Sos un tarado.

Ya sé que soy un tarado, qué novedad. NO ME DIGAS. Si no fuera tan tarado me hubiera avivado antes de---

—Perdón.

—Sos un tarado hijo de mil puta, nene. Frená que me bajo.

—¿Vos también te estás meando?

—Frená.

—¿Estás loca? Estamos en el medio de la nada.

—No me importa, hago dedo. Pero no quiero seguir viajando con vos. Frená o me tiro del auto.

No estaría mal. Te dejo acá y que te agarre alguno de esos camioneros psicópatas sindicalistas y que te descuartice hasta la muerte. Pero tenés tanta SUERTE que capaz te toca un pelotudo como yo y te pide matrimonio y te deja su Iveco de herencia.

—En la estación de servicio hablamos.

—¿Qué estación de servicio, tarado? ¿Qué estación de servicio? No hay ninguna estación de servicio ni nada.

—¿Cómo sabés?

—Porque se ve todo negro, ¿no ves?

—¿Y aquella luz qué es?

—Una estrella.

—¿Una estrella en medio de la ruta? Andá a cagar.

—Andá a cagar vos, tarado.

—Es lo que te dije que tengo ganas de hacer, pero nunca me escuchás.

—Dijiste que querías hacer pis.

—Te mentí porque no quería resultar grosero, pero tenés razón: necesito ir a cagar un sorete del tamaño de tu egoísmo.

—¿Egoísta? ¿Qué decís? ¿Egoísta yo? ¡Dejé mi tarjeta en rojo para bancar este finde!

—El restó y el cine los pagaste con los cupones de 2x1, no me jodas.

—¿Egoísta yo? ¿Por quedar embarazada?

—Me podrías haber avisado.

—Ah, nene, sabés cómo funciona el sistema reproductor masculino, y calculo que el femenino también. ¿Qué es eso?

—Espero que sea un plato volador que viene a rescatarme.

—No, nene, me parece que---

*

—Hola, pá, ¿me escuchás? Te pierdo…

—Hola. ¿Estás ahí, pá? Hola.

—Bueno, escuchame antes de que se me corte: estoy yendo para allá. Sí. No. Con Leonel. Escuchame, escuchame que encima que no hay señal me quedo sin batería; tuve un problema. No, con Leonel no, con Jony… Hoy, ahora, hace un rato.

—Sí, de nuevo, pero esta vez fue más grave…

—¿Podés dejar de ver el partido y prestarme atención? Desde acá se escucha. ¿Quién juega a esta hora?

—A Jony lo echaron del trabajo… Sí.

—Lo encontraron durmiendo. ¿Qué? Ya sé, pá, ya sé que todo el mundo se duerme en el trabajo, pero Jony se quedó dormido y no bajó la barrera. Imaginate: un tren aplastó a un auto. Salió en los diarios…

—El accidente, pá, no Jony. ¿Podés bajar la tele? ¿Por qué no te ponés los audífonos que bastante caros te salieron?

—Escuchame, pa, que no doy más. Me siento débil… No, no estoy a dieta, peor…

—Si me dejaras hablar…

—No me grites que yo te escucho bien.

—Después de quedarse sin trabajo Jony enloqueció. Sí, más de lo que estaba. Ya sé, pá, ya sé que me advertiste, pero se volvió más loco de lo que puedas imaginar. Sí. Más. Empezó a tomar demasiado, a dormir menos, a culparme de todo. Hasta me echó la culpa a mí por haberse quedado dormido, ¿entendés? Me dijo que por mi culpa, por no mandarle mensajitos al WhatsApp, él se quedó dormido. ¿Podés creer?

—Sí, pá, tengo WhatsApp, pero casi ni lo uso. Y menos a las cinco de la mañana…

—La cosa es que se puso como loco y me pegó. ¿Me escuchás? Que me pegó…

—Sí, de nuevo, pero esta vez fue más lejos. Me encerró en el altillo porque justo esa noche, después de la paliza, me hizo cocinar una pizza y se me quemó. Entonces…

—La pizza, pá…

—Sí, estoy llorando, qué adivino.

—Pá, estuve encerrada en el altillo casi una semana, atada a un tirante, comiendo polenta una vez al día y tomando agua de la canilla. No sé qué le habrá hecho a Leonel, pero lo escuchaba llorar todo el día. Andá a saber si le dio la mamadera…

—¿Qué? ¿Cómo querés que te llamara si estaba atada y sin celular? ¿Me estás prestando atención? Te estoy diciendo que me secuestró en su propia casa.

—Sí, ya estoy bien. Bueno, no tanto, por eso te estoy llamando, pa. Tuve un problemita. ¿Qué?

—Obvio que ya no estoy encerrada sino no te estaría llamando. Ay, pa, ¿qué te pasa? ¿Tomaste la pastilla?

—Pá: la vi a mamá. Fue ella la que me rescató. ¿Qué?

—No estoy delirando, pá. Fue ella la que me quitó las sogas para que saliera de ahí. No sé cómo explicartelo, pero fue así, me tenés que creer. Ya sé que está muerta pero te estoy diciendo que se me apareció y que me ayudó…

—No te pongas mal, ella está bien. Muerta pero bien…

—No, no estoy loca. Bueno, un poco sí, ¿qué te parece? Jony me re cagó a trompadas y me dejó inconsciente; me encerró en el altillo y estuve una semana sin ver la luz ni a mi hijo, ¿cómo te parece que puedo estar? ¿Cómo se supone que tengo que estar? Para colmo acabo de matar a Jony… ¿Qué? No, mamá no me preguntó por vos, o capaz sí. No me acuerdo. Pa, ¿escuchaste lo que te dije?

—No, lo de mamá no, lo de que maté a Jony…

—Sí, yo. ¿Quién sino? ¿Mamá?

—Escuchame: estoy yendo para allá en el auto de Jony. Sí. Escuchame que se me corta… Con una plancha, pa. Le pegué con la plancha en la cara. Fue lo primero que encontré. Era él o yo…

—Me quería pegar y le di con la plancha en la cara. Bueno, no una vez. No, tampoco dos… Como veinte veces. No me retes, pá, que estoy desesperada, seguro que la policía… No, no estaba enchufada, ¿podés escucharme?

—¿Qué? Sí, voy a llamar a la policía, pero antes necesito dejarte a Leonel. No confío en nadie de acá, además en cuanto se enteren los hermanos de Jony son capaces de hacer cualquier cosa. ¿Me podés hacer ese favor? ¿Qué? No te hagás drama por los pañales, yo llevo un bolsito.

—Leonel está bien. Ahora le saco una foto y te la mando, vas a ver qué lindo que está. Esperá.

—¿Te llegó?

*

Ah, bueno. ¿Y a este qué le pasa ahora? ¿Para tanto? Siempre exagerando vos.

—Luchy, ¿estás bien?

¿Te das cuenta lo que acabás de hacer, nene? No solo rompiste el auto que ya es hora de ir cambiando por un modelo familiar, de ser posible un auto inteligente que tenga lo que vos no tenés, sino que estás arruinando el momento más importante de una pareja. Si me decís que es el tercer o cuarto hijo que vamos a tener vaya y pase, pero si te lo tomás así con el primero no me quiero imaginar cuando tengas que levantarte para darle la mamadera.

—¿Estás bien, Luchy?

¿Y si está muerto? Sería el colmo. ¿Qué se hará en estos casos? ¿Se le pondrá el apellido del difunto padre? Sería un horror que el chico llevara el apellido de su padre muerto estúpidamente en un accidente automovilístico antes de conocerlo. Para eso le pongo Boludo de apellido y es casi lo mismo.

—Sí, estoy bien. ¿Qué pasó?

—Chocaste.

—No me digas.

—Sí, ¿no ves? Y mirá cómo quedó el otro auto.

Mirá lo que hiciste, nene. Por Dios. Hace años que venís derrapando mal, no te creas que no me di cuenta, pero esto ya es demasiado. La verdad que me daría miedo dejarte a solas con mi hijo, me la juego que te olvidarías de darle de comer. Como hacés con Piri, nuestra gata. Porque es una gata por más que vos le digas gato vení acá. Es una gata, no tiene huevitos.

—Gracias por preguntar.

—¿Qué dije?

¿Qué dijiste? Qué no dijiste mejor. No, si son todos iguales, parecen cortados con el mismo cuchillo. Mamá tenía razón. Después de unos años de noviazgo te das cuenta que todos fueron cortados por el mismo cuchillo desafilado.

—No me preguntaste cómo estaba yo.

—Apenas despierto lo primero que escucho es tu voz, bla bla bla, así que supongo que estás bien. No hay mucha ciencia en esto.

—Pero me pude haber golpeado, no seas.

—¿Te golpeaste?

—No, porque puse las manos justo así, mirá, y evité el golpe. Pero el bebé.

—¿Qué bebé?

—El nuestro, tarado. Me pude haber golpeado la panza.

—¿Te la golpeaste?

—No.

—¿Y entonces? ¿Por qué te hacés drama por dos cosas que no pasaron? Primero: no te golpeaste. Segundo: lo que tenés en la panza todavía no es un bebé.

Ah, no, lo que faltaba.

—Pero qué ser humano insensible que sos, loco. Estoy en shock.

—Yo voy a entrar en shock si a ese hijo de puta se le ocurre hacerme juicio.

—¿Adónde vas?

—¿Adónde mierda voy a ir? ¿Al Casino? Voy a ver qué onda con ese auto. Te voy avisando que estamos en problemas.

—¿Estamos?

Ya veo que se agarra a trompadas con alguien. Como la otra vez, que ahora que lo pienso fue el mismo día que cumplíamos dos años de novios. Y la otra, cuando íbamos al casamiento de Fer y por tu culpa llegamos para la mitad de la fiesta. No aprendés más. Lo que me faltaba para coronar este finde. Se supone que era para descansar y contarte que vamos a ser papás, ¡papás! y mirá dónde estamos. ¿Qué hace? Voy a tener que ir a ver porque este es capaz de romperle el auto a patadas. Después se quiebra el tobillo y tengo que llevarlo al hospital. Se me hace que esto ya lo viví.

—Uh, Luchy, mirá cómo quedó.

—¿Qué hacés acá? Me asustaste.

—Vine para evitar que te pelearas con alguien. Ay, Dios, mirá cómo tiene la cara.

Ah, no, está deformada. ¿Qué hiciste, Luchy? ¿Le pegaste?

—Tapala, a mí me da impresión.

—¿Qué?

—Que le tapes la cara, nena.

—¿Cómo le voy a tapar la cara? No va a poder respirar.

—¿Respirar? Está muerta.

—¿Muerta?

—Mucho.

—¿Cómo sabés?

—Porque se nota, ¿no ves que no respira?

—Antes dijiste que por acá había una estación de servicio y no había nada. Mirá si te voy a creer. Lo mejor sería pedir una ambulancia.

—Hasta que llegue la ambulancia se va a pudrir toda, porque muerta ya está. Si no me equivoco eso que chorrea ahí es masa encefálica.

—Qué asco. Voy a vomitar.

—¿No estarás embarazada, no?

—¿Ya se me nota?

—¿Y eso? ¿Escuchaste?

—Sí, Luchy, escuché. Parece un gato.

—¿Y vos vas a tener un hijo? ¿Un gato? Eso, eso es un bebé, el llanto de un bebé.

—¿Cómo sabés?

—¿Cómo sabés? ¿Cómo sabés?, es lo único que sabés preguntar. Cuando me decís que me abrigue porque afuera hace frío yo te pregunto ¿cómo sabés?

Ah, bueno, cuánta maldad que tenías adentro, eh.

—Calmate que no soy tu secretaria. Nada más pregunté cómo sabés que se trata de un bebé. Puede ser un bicho raro que hace ese ruido.

—Porque lo estoy viendo, ahí, en el asiento trasero. ¿Ves?

A ver.

—Sí, parece un bebé. ¿Y ahora?

—Y ahora estamos peor que antes.

Dale, largá lo que tenés adentro. Te conozco, nene, más que tu madre. ¿Qué andás pensando?

—Si no me hubieras contado lo del embarazo mientras manejaba no me la hubiera puesto de frente contra este auto de mierda. ¿A quién se le ocurre contar semejante noticia así? A vos sola.

—¿Eso lo pensaste o lo dijiste?

—¿Lo qué?

—Lo dejo pasar, nene. En casa hablamos.

—Hay que matarlo.

¿Y a este qué le pasa? ¿Se le soltó la cadena de repente?

—¿A quién?

—Al bebé, nena.

Ah, bueno, qué cara de loco. ¿Por qué me mira así? Ni que hubiera dicho una mala palabra delante de su mamita.

—¿Estás jodiendo, no?

—Cada segundo que pasa es un segundo menos de libertad que me queda, ¿cómo te hago entender eso?

No, ya sé que no estás jodiendo, si nunca tuviste sentido del humor. Santo Biasatti tiene cara de humorista al lado tuyo, mirá lo que te digo.

—¿Qué te pasa, estás loco? Entiendo que estés en estado de shock como yo, pero…

—No estoy jodiendo. Hay que hacer algo y hay que hacerlo ya. Antes de que pase alguien. Voy a estar en problemas sino, ¿qué parte de voy a estar en problemas no entendés?

—¿Por qué sos tan drástico? Odio cuando te ponés así. No es tan grave. Llamamos a la policía y les contamos cómo fue. Un accidente lo tiene cualquiera. Fue un accidente, ¿o no?

—Obvio.

—Y bueno, un accidente. Como el actor ese que mató a una persona y mirá, sigue actuando. Cosas que pasan. Hay muchos casos. Nadie se muere, bueno, ella, pero nadie se muere por matar a alguien sin querer. Mañana subís una foto de la chica esta, ¿es joven no?, al Face y pedís disculpas y decís que la vida te jugó una mala jugada y hacemos un lindo obituario diciendo que la chica era una buena persona y listo. Si recibís muchos me gusta es porque la gente te entendió y te perdonó.

Siempre tengo que estar salvándole la vida al tarado este, como la otra vez, que dejaron a una prostituta semi inválida con sus amigotes de la oficina y yo tuve que salir a defenderlo. Mirá, no me hagas hablar.

—Hay otra cosa que no sabés.

—¿Qué, nene? ¿Qué?

Ahora resulta que este tipo es una caja de Pandora.

—No te lo cuento porque me vas a retar.

—Ya te pusiste en víctima, no te soporto. Y tampoco soporto a ese bebé, no para de llorar. Hacé algo.

—Tengo el VTV vencido y hace cicno meses que no pago el seguro.

—¿Y eso es grave?

—No. Pero puedo ir a la cárcel por un par de años.

—Me estás asustando.

—Y si voy a la cárcel, bueno, vas a tener que criar a nuestro hijo vos sola.

—Suena horrible, Luchy.

—Ahora que lo pienso, no estaría tan mal. Si me entrego y hago las cosas bien y acepto mis errores puede que me bajen la pena a, no sé, ¿cuatro años? No es nada. Podrías ir a visitarme dos veces por semana. Y podríamos tener sexo una vez por semana, o sea, más de lo que tenemos viviendo juntos. No está tan mal.

¿Ahora este boludo me hace la psicológica inversa?

—No me gusta nada, Luchy. No digas taradeces. Vamos a solucionar el tema como adultos. Creo que tenías razón: hay que matarlo. Es más, podríamos incendiar el auto y fingir que fue un accidente. Ya está. Le ponemos una botella de whisky y listo. Manejaba borracha. ¿Tenés whisky o algo con alcohol?

—Ahora sos vos la que dice taradeces. Matar al bebé no soluciona nada.

—Si vos lo que querías matar.

—Pero me hiciste razonar. ¿De qué sirve matarlo si ni de testigo se lo puede usar? Basta. Llamemos a la policía y se acabó. Me hago cargo de todo.

—Luchy, pensá en esto: si no lo matamos, este bebé cuando sea grande se va a enterar de lo que sucedió con su madre y va a salir a buscar al asesino, o sea, a vos. ¿No ves películas que no sean porno? Si lo dejamos con vida estamos creando un futuro ángel vengador.

—No entiendo un carajo lo que decís. Ya me duele la cabeza. Basta.

—Que si dejás con vida a este chico sin madre, en un futuro, este chico sin madre va a dejar a un chico sin padre, es decir, a mi hijo.

Qué cabeza dura que es este tipo, antes no era así. ¿No andará con otra?

—No vamos a matar a nadie. Hay que resolver las cosas como gente madura.

—Hace dos minutos querías triturar a ese bebé. ¿De qué madurez me hablás?

¿Ahora te hacés el diplomático? Dale, nene, que no tenemos toda la noche. Mañana tenemos que ir a trabajar. Encima no hay ropa planchada.

—Luchy: ni siquiera tenemos que matarlo con nuestras manos. Lo dejamos ahí campo adentro y algún perro se lo comerá. Ni pruebas van a quedar.

—No.

—No seas irresponsable con tu familia. ¿Qué otra solución se te ocurre?

Me está mirando con esa carita de que no se le ocurre nada, de que, como siempre, voy a ser yo la que va a tener que arreglar todo. Sí. Como siempre.

—¿Ves, nene? No tenés ni la más remota idea. Lo único que querés es lavarte las manos, la solución fácil. Ir preso, sí, claro, ¿y yo?

—¿Sabés que ni siquiera podemos escapar? Ni nuestro auto ni este van a arrancar. Están hechos mierda, ¿no los ves?

—No sé, Luchy. Llamá al A.C.A o algo, pero me quiero ir de acá. No pensés en vos solo, eh. Ahora somos tres. Escuchá ese bebé cómo llora; o matalo o dale de comer, pero hacé algo porque no lo aguanto más. ¿Dónde vas?

—A la estación de servicio. Vos esperáme acá.

—Y dale con la estación de servicio, dale con la estación de servicio, qué cabeza dura que sos. No hay ninguna estación de servicio, sacate esa idea de la cabecita. No hay nada, solo vos, yo y tu hijo. ¿Podés venir y hacerte cargo de tu familia?

Este se cree que va a zafar. No, nene, no. ¿Sabés lo que vamos a hacer? Mejor dicho, lo que voy a hacer, porque a vos no se te cae una idea, ahora mismo voy a agarrar mi celu y voy a llamar a la policía. Le voy a decir que dos chorros nos robaron el auto en medio de la ruta y que se fueron a todo lo que da. Que estaban drogados y armados, obvio.

—Luchy: tenés razón. Hay una estación de servicio, pero para allá, por donde vinimos.

—¿Segura?

—Sí, Luchy. A unos 7 km más o menos. Vamos.

—¿Y con el bebé qué hacemos?

—¿Con cuál?

—Con el del auto, nena.

—Nada. Lo dejamos ahí. ¿No te parece que está más seguro en esa butaquita que si lo lleváramos con nosotros por esta ruta desolada y oscura? Mirá si pasa algún pelotudo que no sabe manejar y nos atropella. Dejémoslo ahí, alguien lo va a encontrar. Caminá más despacio, por favor, que estoy embarazada.

—La policía.

—¿Qué?

—La policía lo va a encontrar.

—Obvio, Luchy, la policía.

8 de Julho de 2020 às 01:46 0 Denunciar Insira Seguir história
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Serán Destruidos Somos un proyecto literario denominado 'Serán destruidos' con una característica en común: pertenecemos a la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Y nos gustan los cuentos de humor negro, absurdos y violentos. Si les interesa este género y conocer un poco más nuestro proyecto, los invitamos a que visiten nuestra página.

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