nv_scuderi N.V. Scuderi

Un hombre va al mar buscando superar el dolor de una pérdida, pero para ello terminará pagando un precio


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#amor #mar #soledad #paranormal
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Cambio de turno

Después de muchos meses de duelo y soledad, me animé a salir de mi casa. Aquella ciudad costera continuaba con su rutina diaria, perder a una persona no hacía la diferencia para ella, aunque para mí sí la había. El mundo continuaba girando, la producción continuaba exigiendo. La vida continuaba.

Me crucé con unos pocos amigos a quienes no he visto desde mi encierro voluntario, pues les negué el permiso de irrumpirlo. Conocían mi carácter, así que apenas expresaron unas modestas palabras de apoyo acompañadas de unas palmaditas en la espalda y la exigencia de una promesa mía de reunirnos a beber algo pronto. Pensé que sí, pero al enfrentarme a ellos me di cuenta de que aún no estaba preparado para mi retorno al exterior. Sin embargo, me constaba sus buenas intenciones y, fingiendo una sonrisa aliviada, les prometí la tertulia como en los viejos tiempos antes de mi pérdida.

Necesité un aire con mejor aroma que el del asfalto, del humo de vehículos y de fábricas, y me encaminé hacia la playa al atardecer. Deambulé por un sendero de rocas calientes por el sol de la media mañana, allí vi una estatua famosa en nuestra ciudad por no tener autor ni historia. Sin que nadie se percatara un par de siglos atrás, ella ya estaba allí custodiando. Sus proporciones y su estatura eran perfectas, los pliegues de su indumentaria de una época incluso anterior y los mechones de sus cabellos lacios permanecían suspendidos en el aire. Si no fuera por su rigidez y su cobertura de bronce, casi diría que era un hombre común y corriente que decidió pararse sobre la roca con una extraña pose de estar mirando más allá del mar o de protegerse justamente del viento, pues ambas manos estaban a la altura de su frente.

Me senté a sus pies y contemplé con ella las olas, las cuales me alejaron para siempre de mi amada luego de caer de un barco una noche de furiosa tormenta. No les mentiré, en ese momento también contemplé seriamente la posibilidad de arrojarme y descansar a su lado, pero mis piernas no respondían a la tentativa. Me dije que era un imbécil, que tal vez debía escuchar a mis amistades y seguir con mi joven vida como el resto; yo no era el único viudo en toda la faz de la Tierra. Dejando que corran mis últimas lágrimas, me despedí en silencio de la tumba de mi esposa y me levanté, listo para un nuevo comienzo.

Por simple curiosidad, me volteé hacia la triste y solitaria figura preguntándome si, quien haya sido, también perdió a alguien. Me pareció notar en el perfil de su rostro un sentimiento de pena, pero quizás solamente me hice la idea ante mi situación.

Oí el crujido como el de una roca quebrándose, provenía de sus pupilas y de su cuello que repentinamente se movieron para devolverme una mirada seria y profunda.

Me petrifiqué ante el asombro, tanto que no pude recuperarme y al cabo de unos segundos en los que mi visión se nubló, hasta llegué a observar mi propio cuerpo siendo poseído por la evidente alma de la estatua.

—¡Al fin alguien vino y se volteó! —gritó brincando feliz y de cara a las olas que salpicaban las que fueron hasta entonces mis prendas, mis extremidades y mi rostro.

«¡Espera!», intenté reclamarle, pero mis labios macizos tampoco obedecieron a mi comando. Casi ni podía mirarlo de reojo, ya que la cabeza había vuelto al frente.

—¡Ah, cierto! —Se colocó delante de mí sonriendo ancha y descaradamente—. ¿Puedes creer que fui una estatua durante cien condenados años porque nadie me encaró hasta ahora?

»Era dueño de una posada de mala muerte. Vine aquí a considerar terminar mi vida debido a unas deudas terribles que me acechaban, se me ocurrió mirar con detenimiento los ojos de esta estatua antes de mirar la oscuridad bajo el agua y, ¡bam!, el villano que vivía antes en ella hizo el intercambio. Vi claramente que estabas por osar quitarte la vida como yo. Te comprendo, ¡pero eres un idiota!

En vano luché por replicar que el infeliz era él y tratar de revertir el hechizo. Él se percató.

—Mi antecesor, el espíritu de la estatua original, me compartió antes de marcharse a hacer su vida con mi avejentado cuerpo que no es posible realizar el intercambio con la misma persona —presumió—. No entiendo por qué o cómo solamente así, pero no me importa y no te preocupes, tarde o temprano vendrá alguien más con quien puedas hacerlo, espero que no sean otra larga temporada como la mía. ¡Ja, ja! Como sea, es hora de retirarme y conocer en lo que se convirtió esta ciudad en la que ya nada ni nadie me persigue, ni siquiera con eso pude entretenerme porque la tenía de espaldas. ¡Adiós, amigo, linda plática!

Aullando de rabia e impotencia en mi fuero interno, maldije mi suerte y juré que me vengaría de aquel que huyó corriendo y robándose la vida que había decidido renovar.

De modo que permanecí en su puesto aguardando por otro solitario ingenuo. No supe si se trató de un truco de mi mente que debía entretenerse o de un consuelo del otro mundo, pero lo único bueno fue que percibí un calor abrazándome a un costado, como el de un cuerpo que yo conocía tan bien y que amé tanto, mientras admiramos juntos el mar teñido por los resplandores del sol y de la luna durante largas décadas.

27 de Junho de 2020 às 18:09 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

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