Los zapatos rojos del destino Seguir história

yuly-sc Yuly SC

Khat era una joven que vivía de forma sencilla en casa de su abuela en el pueblo de Farcy, pero la decisión de su madre de mudarse a la ciudad de Kindhal con su nuevo novio, cambia su vida -y su destino- de cabeza. Una aventura más allá de su imaginación le espera, en la ciudad que le enseñará que el destino no es el que solías construír en tu cabeza desde niña; sino una bruja cruel de zapatos rojos.


Suspense/Mistério Para maiores de 18 apenas.

#Juvenil #Suspenso
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El largo camino que espera


Ella no sabía qué esperar de aquella tarde helada y sombría.  Acostada como estaba en su cama de metal dorado -con aquellas pelotas del mismo color en las cuatro esquinas- no parecía tener ganas de sacar la blanquísima naricilla de entre la cubrecama, si bien el hambre de la tarde comenzaba a hacerse cada vez más fuerte, como un canto de tenias que clamaran por subsistencia. Khat sabía que pronto acabaría por salir de su refugio y caminaría vacilante al primer piso, donde buscaría cualquier cosa para apaciguar a los monstruos.


Pasó un rato, luego dos ratos, y luego un rato más largo, hasta que con un movimiento rápido, se vistió con la camisa que tenía encima de la cama. Su gata, Puck, maulló expresando su deseo de quedarse a dormir encima de la cama, mientras se rascó el costado y se acostó de espalda esperando de su dueña una caricia; pero ésta se calzó las zapatillas de lona que usaba como si de una manda* se tratara, y corrió escaleras abajo hacia la cocina de la vieja casa.


La abuela de Khat hacía punto sentada en la vetusta mecedora de madera de peral, y al verla la miró por encima de los lentes, con ceño adusto.

- Si quieres cereal, tendrás que ir a comprarlo al mercado.

- ¡Pero Mau! -se quejó la chica- ¡si tan sólo fui a comprarlo ayer!

- A mí no me digas nada -respondió la anciana- ni tu madre ni Sol han estado aquí el día de hoy, y yo no he comido nada; por tanto, la única que pudo comer eres tú misma...

- ¿Que mamá aún no ha llegado? -Khat se asombró de pronto del cambio de su madre con ese nuevo novio, Hill- a veces me da miedo de que se olvide de nosotras, y tengamos que enviarle una postal por navidad a un domicilio que desconocemos.  Y no entiendo cómo es que se pudo terminar un kilo de avena solo en una sola noche... así es que me voy, ¡adiós abuela!


La joven salió apresurada de la vieja casa con tejas rojizas, no sin antes despedirse de Puck con una seña, mientras la gata la miraba con sus grandes ojos color calipso, reposando sobre el tejado.  El hambre apremiaba, así que corrió por la calle de tierra que conducía a la Avenida Preast, donde se encontraba el mercado.



Al volver del mercado, un par de horas después, el sol ya se escondía entre las montañas del pueblo de Farcy, pero Khat conocía muy bien el camino, y no se amedrentaba con la oscuridad que comenzaba a cubrir las casas, la calle y en general, todo lo que antes había tocado el sol del día.  Había llegado a tiempo, la chimenea despedía el aroma a madera quemada mientras la presencia maternal se encontraba en la cocina cocinando algún guiso de aroma prometedor.  La abuela estaba recostada en el sillón de la sala, mientras una cría de apenas diez años jugaba con unos bloques de madera pintados de colores que trataba de apilar como una columna.


- Bienvenida madre -bromeó la recién llegada- pareciera que fue hace diez años cuando te ví por última vez limpiar la casa, pero es agradable tenerte aquí.

- Mi querida hija -le devolvió la broma la Sra. Guzmán- tan dulce como siempre... por favor pon la mesa, la cena estará servida en un momentín...

- Momentín... chiquitín... -maulló Sol con una sonrisa- mamá tiene una sorpresa que... -justo en ese momento, la madre colocó la cuchara de madera llena de puré de papas ante la boca de la niña, como un recordatorio premiado de guardar silencio.

- ¿Y qué sorpresa será aquella, Solcito? -preguntó con ternura finjida una enfadada Khat, que solía temer de las locuras de su madre desde que tenía memoria -¿acaso debemos sentarnos a comer, y rogar con piernas y brazos cruzados a que nuestra madre nos suelte la noticia?

- Momentín chiquitín... mo-men-tín...!

- Silencio, Soledad -demandó la madre, en un tono autoritario, pero no brusco, mientras sirvió en los platos la cena del día, un pescado de aspecto apetitoso y aroma celestial- vengan a la mesa.


Madre e hijas -sólo la abuela seguía durmiendo en el sofá con el televisor encendido pero sin volumen- se sentaron a la mesa, todas con distintos sentimientos.  La madre comía lento, como saboreando el platillo, la niña comía muy rápido -no estaba acostumbrada a semejantes manjares, desusados para la familia- mientras Khat comía con recelo, sin entender de dónde había salido el pescado, ni el resto de la comida en una casa donde escaseaba todo menos el malhumor de la abuela


- Bueno madre -farbulló la joven, ya demasiado nerviosa como para seguir comiendo- dínos ya cuál es la flamante noticia que tienes para darnos.  Y como creo que tiene que ver con el pescado de la cena, apuesto que tiene que ver con alguien llamado Mike Hill.

- Tienes razón -respondió la madre, en tono suave, pero completamente decidido- tiene mucho que ver en esto que tengo que decirles a ambas, aunque Sol ya conoce la primicia, pero no sabe todo lo que les tengo que decir.


Los dos pares de ojos juveniles se posaron en ella con la esperanza de que el mensaje fuera rápido e indoloro, pero los dedos de la madre se entrelazaron, tomó aliento y suspiró, como si no supiera cómo dar la noticia que debía comunicar a las niñas.  Volvió a inspirar, esta vez de forma sonora, y mirando de hito en hito a su auditorio, susurró una frase que en un instante, pareció dilapidar los planes de Khat como si nunca antes algo así hubiera pasado.


- ¿Me quieres decir por qué nos obligarás a vivir con un extraño desde ahora? -La joven señaló a su madre con el índice- Tú estás loca, ¡y estás intentando que también lo estemos nosotras!

- No has entendido nada, Khatherine -levantó la voz la madre, como si de esa forma su discurso adquiriera un nuevo significado- necesito que arreglen sus cosas, y se preparen, porque mañana nos iremos.

- ¿Puedes explicarme siquiera, por qué nos obligas a irnos contigo? ¿Y por qué la abuela se queda?

- Puedo explicarte lo que quieras -respondió la madre, seriamente- pero necesito tu ayuda, y necesito que entiendas -y aquí la madre cambió de tono por uno más apremiante, que no usaba más que en ocasiones realmente necesarias- que nos iremos a un lugar lejano, en que su vida cambiará, pero es necesario hacerlo, y pronto.

- ¿Se casarán?

- No, él aún sigue casado, aunque su ex esposa vive en el otro extremo del  continente, hace más de veinte años.  Pero viviremos juntos, y él será su padre desde ahora, niñas.

- ¡Al diablo! ¿Me oyes? ¡Ustedes pueden irse a vivir al infierno si gustan! -gritó Khat con los grandes ojos bañados en lágrimas que parecían hervir en sus cuencas- Yo no me sumaré a esta locura, ¡Es una locura mamá, una estupidez... y tú eres una estú...!


Justo a la mitad de la última palabra de la adolescente, la palma de la madre se había encargado de callar a la muchacha.


- Lo harás -ordenó la madre, al momento convencida de que ese sería el trato que debería darle a su hija, mientras no razonara como ella quería- porque yo te lo digo, y porque existe una razón de peso para mudarnos:

Estoy embarazada.




Fin del primer capítulo


Manda: Palabra de origen chileno que significa: Promesa (en el contexto de la iglesia católica) .




1 de Novembro de 2016 às 22:13 1 Denunciar Insira 2
Continua… Novo capítulo Todas as Terças-feiras.

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Saul Rodriguez Saul Rodriguez
MÁS, ESCRIBE MÁS POR FAVOR.
12 de Agosto de 2018 às 03:13
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