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Antes de ir a trabajar, Eleonora se debatirá entre sus fantasías interiores, y lo que le dicta su sentido común, determinado así, su destino.


Conto Todo o público.

#fantasias #sueños
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Antes de empezar..

A Eleonora se le ocurrieron mil y una ideas de como huir de su vida rutinaria. Lo primero que se le vino a la mente, fue destruir los relojes de la casa para librarse de las cadenas tiránica de la civilización que la sometían a vivir cumpliendo horario aquí y allá; ¡RELOJES! Los había de todos los tamaños, en todos los formatos y estaban en todas partes. Los guardianes de la nueva “era”. Los vigilantes del bolsillo de los ricachones y los verdugos de los pobres trabajadores. Ese era el rol de los medidores del tiempo. Recordarles, a todos, que eran esclavos y que sus vidas tenían dueño.

Tiempo. Siempre faltaba para ser feliz y sobraba cuando eras miserable.

Pasaba tantas horas sentada pasando, uno a uno, los millones de productos que los consumidores le traían. Sus ojos enfocados terminaban casi secos, su cuello y su espalda rígidos por las contracturas, y su vejiga hinchada por el ardor de la orina contenida.

Y mientras se le iba la vida trabajando, todas sus esperanzas y sueños se desvanecían.

Deseaba hacer tantas cosas…

Tal vez tendría que animarse a dar un paso definitorio hacia una de las miles de direcciones que le prometían un poco de felicidad.

Seguir sus impulsos y besar con pasión a su amor imposible sería un buen comienzo. Se mojó los labios con la lengua y cerró los ojos para visualizarlo un poco mejor. El pensar en hacerlo de verdad, le daba un toque diferente a aquella fantasía que la hacía soñar en con los ojos abiertos, cada vez que se cruzaba al vecino del frente. Era músico y por su vestimenta parecía ser un bohemio. Sus horarios eran impredecibles, por lo que cada encuentro, que no duraban más que unos pocos segundos, era siempre inesperado. Además, era tan diferente a todos los hombres que conocía de su trabajo. Se destacaba por su aspecto natural y despreocupado y enigmática sonrisa, en resumen, parecía ser uno de los pocos seres que disfrutaban de la vida.

Por otro lado, consideró, no le vendría mal gastar sus ahorros en algún viaje a uno de sus lugares de ensueño como las playas de Brasil o de México, total ¿para qué quería ese auto nuevo que su padre la había aconsejado comprar en una infinidad de cuotas?, o ¿de qué le serviría comprar una casa que la endeudaría hasta su vejez?

Al toparse con su ropero fantaseó con remplazar sus trajes de esclava con vestidos coloridos, esos que había comprado en una feria artesanal pero que nunca se había animado a estrenar; quizá era la gravedad de su naturaleza reprimida la que no la dejara volar. ¿Pero por qué había nacido así? Le hubiera encantado poseer un alma vagabunda que le permitiera armar su bolso y salir con rumbo a cualquier parte. Sería tan fácil si tan solo hiciera dedo y que alguien la llevara directo al cerro catedral, o si despertara sobre la arena ardiente de una playa tropical. Suspiró y acarició el pelaje de su gato blanco. Luego deambuló por el pequeño departamento como una sonámbula con la mente poblada de rostros desconocidos y lugares inexplorados. Si al menos fuera poetiza plasmaría sus añoranzas en papel y tinta o si fuera artista pincelaría sus sueños más atrevidos en tonos rosados.

De pronto, el viento sacudió al llamador de ángeles que tintineó en la puerta exaltándola. La realidad fue asentándose de apoco por dentro y fuera de su cuerpo. Añoró entonces estar gravemente enferma, loca de remate o moribunda, pues de ese modo, pensó, se sentiría más viva. Y como primer paso decidió abrir la ventana para que la noche estrellada la visitara; al instante una bocanada de aire helado le arremolinó sus cabellos oscuros. Por un momento, dejó que aquella impetuosidad aireada la abrazara de mil formas y, al sentirla deslizarse por su espalda, dejó escapar una estrepitosa carcajada. Respiró a más no poder y entonces sintió como si un espíritu antiguo la poseyera; a lo lejos escuchó sonar el tamboril y la flauta que la incitaban a danzar alrededor de la hoguera y mientras se dejaba llevar por esa música rustica, su mente comenzó a olvidar la oficina, el tecleado de las máquina, los bocinazos de los autos, los ascensores y las casas frías de cemento que se asemejaban tanto a quienes las habitaran.

En eso, la alarma del despertador sonó, sobresaltándola. Se acercó para corroborar la hora y luego, arrastrando los pies, se dirigió al baño. Bostezó y se metió a la ducha, que aún estaba fría, pero ni así logró reanimarse. Poco después, casi sin fuerza, comenzó a vestirse. El gris perlado del traje hacia juego con su ánimo apagado.

Afuera, el viento rugiente quiso alzarla en sus alas heladas pero la gravedad de su sentido común se lo impidió. Ella solo podía ver la vereda de gris que combinaba perfectamente con su traje, sus zapatos y sus ojeras

20 de Maio de 2020 às 19:41 1 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

Lihuen Me gusta escribir novelas de misterio, fantas�a y ciencia ficci�n tambi�n me encanta escribir cuentos. Leo todo tipo de g�neros. Me fascinan los cuentos de misterio y terror.

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Gabriel Gutierrez Gabriel Gutierrez
Continúa que poco a poco se llega lejos, sigue escribiendo que recogerás frutos literarios éxitos bye
May 21, 2020, 00:32
~

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