ciamar F. Ciamar

La flauta se partió en mil pedazos cuando el soldado la aplastó.  El niño lo miró con sus grandes ojos llenos de lágrimas, sin atreverse a llevarle la contraria. El soldado lo tomo de la mano bruscamente y comenzó a arrastrarlo camino al castillo. Su madre, sonriente, lo saludo y le deseo buena suerte.  Ella le había comprado la flauta, pero la verdad era que estaba feliz porque el salón de los espejos había revelado que su hijo estaba destinado a ser un héroe en vez de un simple bardo. 

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  17 de Maio de 2019 às 13:14
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