oneidabru Oneida Bru

Miraba todos los juguetes que su padre había hecho con tanto esfuerzo, cogiendo polvo en los estantes de la tienda. Sentía que la rabia lo inundaba. Ya nadie valoraba la artesanía en aquel maldito pueblo. Entonces la puerta se abrió; un pequeño con pantalones cortos y rodillas desolladas de tanto jugar. -¿Tenéis coches teledirigidos? -inquirió sin echarle un vistazo al resto del lugar. De nuevo la rabia se apoderó de él, pero intentó sonreír. -Los tenemos al final del local. Sígueme...

#horror #miedo #terror
  3 de Abril de 2019 às 06:48
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