MA
Microrrelatos Anónimos

Vi a Canela, tumbada sobre la yerba seca, con sus cabellos cubriéndole el rostro. Entonces el viento sopló y con él los graznidos de los cuervos se levantaron allá lejos. Inmediatamente después del último grito, apareció un silencio total. Me senté junto a mi amada Canela, y entonces percibí, que ella guardaba aquel silencio, ausentando incluso su respiración. Decidí romper tan detestable calma, matándola con mi grito de desesperación. Por: Óscar González

#muerte #amor #tristeza
  20 de Dezembro de 2018 às 08:11
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