Moravia está en llamas Seguir blog

pipealvarez70 Andrés Felipe Álvarez Que haría usted se si despierta un día y ve que una hoguera consume todo a su alrededor?. Una catástrofe vista desde diversos ángulos y voces. Esta es una #CrónicaPeriodistica realizada para un trabajo universitario en un barrio marginado de Medellín- Colombia.
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Crónica Periodística. Medellín-Colombia

—Agua, agua, agua.


Era lo único que se escuchaba en ese momento. Andrés se despertó con la mala noticia, su barrio estaba en llamas. Se paró y de inmediato salió a ayudar, avisaba la calamidad de puerta en puerta, advertía que sacaran objetos de las viviendas, que salvaran los niños. De fondo se escuchan llantos y gritos, el calor cada vez es mas fuerte y el desespero es notable. Andrés se devolvió hasta su rancho, le dijo a su mujer Giselle que le tirara unos Zapatos para ir a ayudar mejor, ella le lanzó unos que él consideraba los domingueros, los mas atractivos que tenía, el los devolvió y pidió unos caseros que tenía rotos, irónicamente recuerda, fue lo único que le quedo.


El oasis, en Moravia, se consumía en llamas el pasado mes de agosto de 2017. Con un calor infernal típico de las 9:45 de la mañana, según reportes de el Departamento Administrativo de Gestion de Riesgo de Desastres (Dagrd) siete máquinas de bomberos con 40 bomberos, 3 ambulancias y 15 rescatistas lograron apaciguar el colosal incendio que dejó a mas de 300 familias damnificadas en un lapso de 3 horas.


Estoy parado en la esquina donde comenzó el incendio con mi guía, Andrés Mauricio Rodríguez, un líder comunitario de piel morena, gorra y cabello recogido en cola, lleva puesto un camibuso blanco que le combina con el bafle que lleva colgado, según las versiones que circulan en el barrio hubo un corto circuito que hizo enfurecer la hoguera.


La vida que se llevaba era tranquila en el barrio, pero difícil en el centro. Andrés trabajaba vendiendo dulces en la calle, Su mujer de 20 años, era quien llevaba las niñas a la guardería. Mientras se fuma un cigarrillo, sentado en un murito que quedó de las ruinas de la antigua casa donde hubo el corto circuito, me comenta que la convivencia desde el suceso empeoró.


—El estrés se apoderó de las personas, una amiga mía ya tenía problemas mentales, se estaba volviendo loca— Dice con aires de impotencia.


Y es que no era para menos. Sonia que tiene 17 años, había vivido cosas trágicas en ese lapso, a su hermano de 15 años lo había apuñalado su tío en su propia casa, vivió el incendio del 2007 y el del 2017, y, por si fuera poco, su perrito fue atropellado en la peligrosa calle que queda a unos metros de lo que era su vivienda.


Hace 37 años Moravia era el antiguo basurero de Medellín, en 1977 se decretó botadero municipal, y en 1984, cuando no cabía ni una basura más en la inmensa montaña, la alcaldía le puso fin a ese relleno sanitario, según archivos del medio KienyKe.


Me dirijo a uno de los ranchos que quedaron, allí me espera Noelia Perea, habitante desde el año 97. Para llegar debo montarme al morro, transitar un caminito de piedras empantanadas por la lluvia y que está cercadas con tablas, a todo el frente puedo ver gran parte de la ciudad, el rio Medellín, las vías del metro. Me abrió la puerta un señor de alrededor 70 años. Su casa es estrecha, en casi toda la entrada se encuentra una cama para dos personas, hay ropa colgada, un closet que obstruye el paso, y al fondo una concina antigua, con pipeta, fogones y una olla. Ya estoy sentado con Noelia, luce una balaca rosada en su cabello, es gentil y de acento chocoano. En la mesa que estamos suena una radio con música romántica. También hay un zapato sucio, un libro de Dios y una candela.


—La violencia hace años aquí era pesadísima—Recuerda


Hace años cuando vivía en un edificio cerca de la curva del diablo, donde aparecían hasta 24 muertos, regresaba de trabajar, y notó que no había nadie en las calles, los vecinos solo se asomaban por las ventanas.


—Hágale rápido doña Noelia que acaban de matar a alguien—le advirtió una vecina.


Y distraída mirando lo que decían fue que tropezó con el muerto, que aún estaba caliente. Ese día llegó ensangrentada a su casa.


Noelia ahora vive de “arrimada” en un rancho que no es el suyo, y vive con el temor latente de que esa pesadilla que aún no termina vuelva a suceder. Trabaja en un buen comienzo con niños de 3 y 4 meses. Cuando se enteró del incendio, Noelia estaba trabajando. Su hijo Alexander la llamó al celular.


—Mami, vengase que se están quemando los ranchos.


—Pido permiso y ya salgo para alla—Dice alterada— No lo puedo creer.


Llega y no hay paso por ningún lado, los bomberos tienen tomada la vía, hay policías y demasiada gente tratando de ayudar, ella está pasmada, vienen recuerdos a su cabeza, ante sus ojos ve solo llamaradas agresivas consumiendo todo a su alrededor. Estaba paralizada, muda. Una vecina le ofrece un vaso con agua, y por fin pudo calmar la resequedad de su garganta, se le salen las lágrimas.


La vida bajo un puente.


Andrés y yo estamos sentados en un mueble que esta fuera de un cambuche, abajo del puente, la gente lo saluda, es reconocido porque allí vivió 5 meses, hoy está viviendo en una casa con arriendo temporal, que fue una de las ayudas que brindó la alcaldía.


—Acá recibimos mucha ayuda de los antioqueños, se acercaban y nos daban una taza de chocolate, puedo decir que nunca me acosté con hambre—dice agradecido.


—Que tal difícil es vivir bajo un puente? —le pregunto mientras el olor a rio nos invade.


—Mucho, uno no duerme, siempre estamos a la incertidumbre de qué pasará el día de mañana.


Andrés y 4 personas más, hacían guardia todas las noches hasta las 4 de la mañana para que no se les robaran lo poco que tenían. Cuenta que al principio todo marchaba relativamente normal, pero cuando se empezó a desordenar el cambuche, en el cual vivían 7 personas y solo había una cama, empezaron a ser visitados por los roedores.


—Me tocaba pararme y sacar las ratas, era complicadísimo, aunque fue de mucha ayuda un bulterrier que tuve, era bravita —Dice sonriente.


Al tiempo empezó a enflaquecer, su garganta estaba reseca, todos los días, sacaba de su cambuche un megáfono y empezaba hablarles a los carros que pasaban. “Estamos aquí porque nos tocó, no porque quisimos”, “no se olviden de nosotros” decía a diario.


Viendo desde otra perspectiva el morro del Oasis, se me viene a la cabeza lo que me dijo el presidente de la Acción Comunal de Moravia, Agustín Londoño. Esa es una zona prohibida, está catalogada de alto riesgo, y muchos habitantes no lo quieren entender aún. La montaña es empinada, sus casas son de tablilla. Si no es por un incendio, es por un deslizamiento, pero de que es alto riesgo eso es seguro.


Por el contrario, Noelia no aguantó más de una semana durmiendo en el polvero bajo el puente, no alcanzaron colchonetas para ella entonces le tocaba tirarse al piso, se enfermó y estuvo hospitalizada. los olores que venían desde el patio de su cambuche: el rio Medellín, le propinaron un virus contagioso.


El presidente de la acción comunal me confesó que, en frente de él, el alcalde Federico Gutiérrez había dado la orden de que allí no se volviera a pegar ni una tabla más, si la gente lo hacía se vería obligado a enviar el ESMAD nuevamente como en tiempos pasados, la época de la violencia, hoy hay personas que aun residen bajo el puente de la Madre Laura, a la espera de un hogar definitivo o volver a reconstruir el Oasis. Muchos habitantes se niegan a irse de ese lugar, el que los vio crecer, y en el que me dicen algunos, quieren morir.

25 de Maio de 2018 às 17:08 0 Denunciar Insira 1
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