Fragmentos Eróticos Seguir blog

abda AbdA Recopilación de "fragmentos" de índole erótica. Autoconclusivas, fanfic de las obras que no contienen sexo... quizá sueños, quizá vivencias... historias escuchadas o vistas. Siempre de la forma más bella que pueda generar mi prosa. Bienvenidos al "Mundo de AbdA"
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Las Brujas de Almodóvar

En realidad es un experimento animado por dos buenas amigas.

Si quieres segunda parte, dale a like. XD

Perdonen, mis inicios en Tiktok.





El sol hacía rato que había descendido del cielo y comenzaba a esconderse tras la arboleda que rodeaba la cabaña de las brujas. El atardecer estaba por concluir, pero antes de hacerlo, teñía los alrededores de rojos, naranjas y morados que dotaban al ambiente de un toque mágico, de sueño.

En el interior de la rústica casa, las tres brujas de Almodóvar danzaban alegres, ligeras, alrededor de un crepitante y verde fuego en el centro de la habitación. En él, un caldero inmenso borboteaba, y las brujas echaban en su interior hierbas, aceites o polvos mientras bailaban y cantaban. El vapor que emanaba ascendía cada vez más espeso y se escabullía por el hueco de la chimenea a gran velocidad. Una vez en el exterior, adquiría el color del cielo, mimetizándose con él. Rodeando la cabaña se acumulaba la hojarasca, mezcla de tonos dorados y marrones aunque tras la verja que delimitaba la propiedad, los árboles se alzaban con un verde oscuro, llenos de vida.

Las angelicales notas salían de la casa y parecían recorrer el aire provocando un eco sobrenatural. Los niños del pueblo eran atraídos hacía él silenciosamente guiados no solo por las voces, también por el olor dulzón que emanaba de la poción de las brujas.

Ellas en el interior continuaban bailando y cantando. Escupían en el caldero, vertían su sangre a partir de pequeños cortes que ellas mismas se hacían en las palmas de las manos o en los brazos. Sus risas y sus jadeos se mezclaban con el ambiente pesado, resultado del incienso, las esencias, especias, aceites… y de aquel humo. El fuego rugió con energía iluminando el interior de la cabaña con un color venenoso. El contenido del caldero mermaba por segundos.

Las brujas en su baile se deshacían de las prendas opresoras que vestían las unas a las otras, descubriendo nívea piel hasta quedar desnudas, mezclando en sus cuerpos el sudor y la sangre que se escurría en ellos con manos juguetonas. Los cánticos se tornaban más agudos, ahogados a ratos por los toques viciosos que se daban entre ellas.

Come, little children”.

Venid, niños”.

Venid a nosotras…”

Los últimos rayos de sol se extinguieron pero el terreno de las brujas parecía brillar delicadamente. La hojarasca vibraba, se movía ansiosa, como con vida, llamando a los niños. La luz provenía de ellas; las hojas se iluminaban en sus extremos dejando escapar un fino polvo con cada vibración, y este flotaba creando un manto dorado y muy liviano que no parecía moverse.

La extraña pintura que formaba el conjunto irreal de la casa pareció cobrar vida cuando los niños, a pasos lentos y medidos, fueron adentrándose en el jardín de hojas secas de las brujas. El polvo comenzó a moverse, ascendiendo y envolviendo a los pequeños, que tras dar unos pasos más, se deshicieron y cayeron al suelo convertidos en hojas secas. Una parte de ellos quedaría allí, la física. El alma de los niños dibujaba sus siluetas, blanquecinas y ligeramente translúcidos, se acumulaban frente a la casa flotando como fantasmas. Los gemidos de las brujas llamaban a estas almas. Acudían a ellas a través de la chimenea, llegando al caldero y concentrándose allí. De a poco, este se fue llenando y de él, las brujas se sirvieron y comenzaron a beber.

A cada trago, sus cabellos parecían brillar, su piel relucía sin mancha alguna, sus pechos se erguían imponentes y el flujo de sus sexos se volvía transparente. La juventud se acumulaba en ellas, la belleza envolvía sus cuerpos, la sensualidad brotaba de cada poro…

Cuando el caldero estuvo lleno y las brujas satisfechas, cesaron los cánticos y el fuego. La luminosidad que rodeaba la cabaña se extinguió también. Los niños que no llegaron a pisar la propiedad, cayeron dormidos.

El rastro hasta la casa era más que evidente. Antes de que amaneciera, muchos niños se echaban en falta en el pueblo y alarmados, padres y vecinos salieron en busca de su progenie perdida. Fueron encontrando a algunos niños marcando la extraña ruta, desfallecidos y sin recuerdos de lo ocurrido. Trece infantes fueron encontrados de esta misma manera. Al dar con el decimotercer niño, los adultos quedaron perplejos. Conocían el terreno muy bien, aquel enorme y yermo claro no había estado allí antes. Además, de la tierra no crecía ni una brizna de hierba, sin embargo un vapor verduzco parecía salir de ella. Muchos hombres se santiguaron varias veces ante aquella desoladora y fétida visión. No les cabía duda que aquello había sido obra del diablo.

Mal encaminados no iban, pues aunque no fue él quien robó todas esas almas, sí que fueron sus concubinas, que regresaron a casa con lozanía y los bolsillos llenos de frascos de un excelente elixir revitalizante. Sus bodegas comenzaban a tocar fondo así que era tiempo de recolección. Los mejores ingredientes para las mejores pociones.

Y para el siguiente brebaje, primero tenían que probar la cosecha.

Y qué mejor lugar que la gran ciudad. Cosmopolita y multicultural. Con millones de sabores diferentes por degustar y seleccionar.

Dale la bienvenida a las Brujas de Almodóvar, Madriz.*

Desde lo alto del mirador de Moncloa, las brujas volvían a desplegar sus escobas para continuar su búsqueda desde el luminoso cielo nocturno de la capital.



*Madriz → Madrid, capital de España.

XD (para quienes no lo sepan, podríamos explicar algo así como una deformación del idioma, un "acento", ya que el madrileño tiende, o más bien tendía, a sustituir la "d" por la "z". Na, ahí to chulo él. XD

9 de Maio de 2021 às 23:51 0 Denunciar Insira 0
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Frikadas AbdA

La oscuridad ya hace rato que me rodea, me siento a gusto. Y Friki. Estamos aquí, Kage-sama (mi oscuro editor) y yo corrigiendo y pensando sobre "El esclavo de la Bruja". Sobre su orígenes. Un juego.


Uno de esos juegos generó un añadido a una historia aún no publicada cuyo género poco tiene que ver con la erótica de "EyB", en la que también estamos trabajando.


Rememorando esas madrugadas... aquí les dejo un "Fragmento erótico" que no se publicará junto a la historia original... (¡qué friki eres, tía!) de... llamémosle A.S.


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1


La noche era calmada. El cielo un manto de miles de estrellas. La luna creciente brillaba sobre la ciudad, proyectando chinescas sombras en las que se camuflaban mientras huían para zafarse del perseguidor. Sin más sonido que sus pasos acelerados y sus respiraciones agitadas, avanzaron hasta agotar todos sus alientos y acabar a la orilla del río Sea. Sus orillas estaban plagadas de maleza muy alta, que había crecido en mesura tras aquellos días de revueltas. A cien metros se divisaba el largo puente Orea, que conectaba los sectores centro y sur.

Ambos se miraron jadeando, y asintiendo hicieron un último esfuerzo para llegar bajo su oscura sombra.

“Son...una pareja realmente aterradora...”, conseguía articular Sira mientras se dejaba caer de espaldas sobre la pared interior del puente. “...un poco más…, y casi te arrebatan el farolillo...”.

Se había dejado resbalar hasta quedar sentada en el suelo.

Issei seguía contemplando ambas salidas del agujero del puente, cerciorándose de que habían conseguido despistar a ese par de locos con los que se habían topado mientras cazaban al alma impura que llevaban siguiendo hacía días.

“Esos mal nacidos…, casi arruinan el trabajo de tres días...”, al fin, recobrando aliento, se sentó al lado de Sira.

La cinta de su cuello se había desecho dejando ver la marca maldita de su crimen.

Cada día que pasaba, su aspecto era más terrible. Sira se dio cuenta de aquello, y sin decir nada, volvió a colocarlo hasta ocultar esa horrible mancha. El chico, que seguía aún jadeando, había tornado su mirada a opaca y lacia.

“No te preocupes…, lo voy a conseguir...”, hizo una pausa, “lo vamos a conseguir, Issei...”.

Cada día que pasaba, su cuerpo se descomponía un poco más. Había empezado a utilizar maquillaje para ocultar tu tez muerta, cremas para hidratar su piel reseca…, pero…, cada vez era mucho más complicado de ocultar. Debía llenar aquel maldito cacharro con las almas impuras cuanto antes…, o tendría que plantearse unirse a un circo de Frikis. No pudo evitar esbozar una sonrisa al imaginarse la escena. ¿Cómo la llamarían a ella? ¿La mujer cadáver? ¿El esqueleto viviente?…

Sonreía para sus adentros, o eso pensaba hasta que sintió el contacto del dorso de la mano de Issei en su mejilla.

“Me encanta cuando sonríes…, dijo muy pausadamente él, nunca me he cansado de mirarte...”

Advirtió Sira, que Issei emitía tímidos jadeos entrecortados llegando a sus oídos en una melodía erótica. Sonrojadas estaban las blancas mejillas y entreabiertos sus carnosos labios que se aproximaban como brisa liviana para rozar la mejilla que él andaba acariciando.

Y aunque su corazón ya no latía desde hacía meses, su cuerpo se sacudió con un torrente de adrenalina que no podía ser posible en un cuerpo como el suyo. Y aquello la fascinó aún más, la devolvió ese sentido de la vida que había perdido, la acarició cálidamente, como en tiempos pasados… Tal era su estupor ante la vuelta de aquellas sensaciones…, que cerró los ojos para aspirar profundamente e intentar sentir la humedad que había suspendida en el aire, a la orilla del río negro de aquella noche. Pero el olor que recibía no era el frescor de la maleza húmeda que les rodeaba…, sino el dulce y caliente aliento de Issei que acariciaba su rostro con la punta de la nariz.

“Issei…, balbuceó ella”.

“..no…, no digas nada…, musitó,...no digas nada”.

En realidad, no podía articular palabra. Aquel chico de tez blanquecina y pelo dorado, había llegado a su vida de una manera increíblemente extraña. Rodeado siempre de un aire angelical y misterioso. Su atractiva figura embriagaba sus sentidos al mismo tiempo que sus suspicacias alteraban su raciocinio. Aún a esas alturas de la relación, aún no tenía claro qué demonios era aquel muchacho, que siempre se había dirigido a ella como si se conociesen..., como si la conociese de toda la vida. Y en su interior, una chispa incandescente brillaba a pequeños golpes, como un recuerdo que quiere aflorar, pero que no puede. En esos momentos, mientras sentía el recorrer de sus labios por su cuello, la chispa volvía a prender y quemaba sus entrañas.

No quería pensar en ello, solo quería centrarse en cumplir con el contrato y detener aquel castigo de frialdad y descomposición. Aunque deseaba que aquellos pequeños gestos del chico se repitieran a lo largo de los días… se recomponía pensando en una realidad absoluta. Si no quería quedarse vagando en aquellas condiciones, debía cumplir con el contrato y cazar todas las Almas Impuras que pudiese, para así enmendar el terrible error que había cometido por total ignorancia. Pero, cuando aquel rubio la hablaba o tocaba levemente…, deseaba quedarse vagando por toda la eternidad de aquella manera. A su lado.

Mientras todos éstos pensamientos cruzaban la mente de Sira a toda velocidad, Issei la había tomado el rostro y acariciaba las comisuras de sus labios con los suyos, en procesión hacia el otro lado de su cuello, mientras que con la otra mano, había rodeado su cintura arrastrándola con suavidad hacia sí, inclinándose sobre ella hasta quedar tumbados sobre la hierba.

“Mi bella pelirroja...”murmuraba él entre besos y succiones.

"No dejaré que te pierdas, mi amor. Jamás permitiría que eso pasase… daré mi alma si es necesario…, vas a vivir, vas a sentir…, te voy a proteger, te voy a amar…" Muchas imágenes cruzaban embriagadas y mezcladas por la mente de Issei, los sentimientos se escapaban a través de sus poros y se depositaban sobre la piel de Sira, que él lamía y rescataba. Se sentía borracho de deseo. Su energía se escapaba y envolvía a ambos de manera sutil creando una burbuja incandescente, parecido al brillo de una luciérnaga.

Sira comenzó a sentir como si de nuevo estuviese viva. Sus pezones se pusieron duros al contacto de las manos de Issei y su entrepierna se humedeció con todo el esplendor de un adolescente lujurioso. Ambos emitían gemidos de placer que quedaban amortiguados entre la maleza salvaje del puente. Issei había descendido sobre los pechos de Sira y jugueteaba con su lengua cada rincón de sus turgentes atributos. Ambas manos bailaban entre sus caderas continuando con su descenso hasta la pelvis, que abrió como fruta madura.

“...Issei...Issei...qué...”, ella no podía decir mucho más. Él acalló su voz con besos húmedos de pasión, torbellino de lujuriosas lenguas bailando al ritmo de sus movimientos corporales. Los dedos de él se movían con el compás de un vals de salón alrededor de su monte de venus, haciendo recorrer el cuerpo de ella con eléctricos impulsos que la hacían estremecerse… “Issei... esto, esto no es propio de tí...”, pensaba para sí. Sentía calor, un calor añorado, un calor humano...y una explosión que hizo que ella lo agarrase por vez primera de la chaqueta para estrecharlo aún más sobre ella, acallando el grito que la provocaba mordiendo su yugular.

Aún así, el eco la devolvió sus gritos de forma repetida…, hasta quedar en absoluta calma.

Issei, no había procurado ningún sonido o queja hacia aquella mordida que le dejaría marca sin lugar a duda. Había quedado inmóvil sobre ella.

Cuando Sira pudo conseguir recobrarse de su zozobra y advertir que él no se movía, le zarandeó para poder ver su rosto. Estaba balbuceando palabras ininteligibles, ardiendo como roca volcánica y respirando con dificultad mientras el sudor de su frente caía en un hilillo hacia sus mejillas.

“¡Issei!”, le gritó sacudiéndolo por los hombros. “¡¡Issei!!…, ¿qué te pasa?. ¡Responde!”.

Asustada, tiró de él para tumbarlo boca arriba sobre la hierba. Su respiración era rápida y entrecortada. Ella comenzó a examinarle, hasta encontrar la causa que había provocada su actitud de hacía pocos segundos.

Una marca pequeña, de un color rojizo violáceo palpitaba en la base de su hombro derecho, como si un insecto intentara salir de debajo de su piel.

“¿Qué es esto?”, dijo en voz alta para sí misma. “Parece... una picadura...”

Entonces recordó el enfrentamiento por el alma suicida que habían tenido momentos atrás con aquella pareja de demonios extravagantes.

“¡¡Esa puta!!…, ¡esa maldita zorra venenosa!”

Gritó varias veces a las aguas del río que descendían calmadamente tratando de pensar qué debía hacer a continuación, mientras Issei seguía balbuceando en su delirio de deseo y pasión.

Aquel veneno tenía el poder de exteriorizar los verdaderos deseos, los más profundos del alma de cada persona.


20 de Fevereiro de 2021 às 01:33 0 Denunciar Insira 0
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Relato Erótico 1


Hoy les traigo algo un poquito más extenso, porque de "fragmento" ya tiene poco (aunque bien podría serlo).

Se trata de un "borrador" del inicio de "El esclavo de la Bruja", para quienes lo estén siguiendo no habrán podido evitar traerlo a su memoria.

Para aquellos que no la siguen, si este fragmento les gusta, entonces deben darle una oportunidad a "EyB".


Sea como fuere, aquí queda recopilado junto con otros fragmentos. Disfruten de la lectura y de los sentimientos que desprende.

Saludos





Había esperado durante mucho tiempo la llegada de ese día, de ese encuentro. El deseo y el ansia… nublaban su razón. Su corazón y su sexo palpitaban simultáneamente. Pero cuando por fin podía tocar a su amado, olerlo, degustarlo… No debía hacerlo… porque en esos momentos mantenía una relación amorosa con otra mujer. Al igual que ella en su país, el deseo carnal ha de saciarse. Ella lo había hecho ya con algunos hombres. Nada de compromiso. Sólo sexo. Pero aquel al que amaba, no era así. Y el resultado era natural. Ella sabía que en algún momento encontraría a una mujer que no sólo aplacaría su deseo, sino que lo acompañaría en su vida. Era algo de lo que ya habían hablado… aún así… "Maldita sea...", pensó.

Después de pelear por conseguir unos días de permiso en su trabajo, preparar el viaje y tranquilizar a sus padres sobre lo de viajar tan lejos y sola... no le importaba demasiado que hubiese otra mujer, no le impediría probar a su hombre. Podía sonar egoísta… pero ese chico era suyo desde hacía mucho tiempo. La distancia y ciertas circunstancias fueron las que impidieron que sus deseos pudieran ser consumados.

Alexia, su novia, no era una top model, ni una belleza… al menos para los ojos de la chica. Era pequeñita, delgaducha, oscura de ojos y piel. Cabello largo, lacio y brillantemente negro…

Él no querría serla infiel, por mucho que ambos se desearan ardiente y constantemente desde hacía tiempo… y así lo comprobó, cuando en un momento a solas, lo atrapó entre sus brazos para tomar su rostro y besarlo con intensa dulzura. El chico no se resistió, la agarró por la cintura y la condujo bailando con sus cuerpos y sus labios hasta un rincón. Los argumentos que ella le susurró al oído se tornaron siseos de petición. Si él convencía a su pareja de formar un trío… entonces, no sería infidelidad, ¿verdad?

El muchacho se tambaleaba en las proposiciones que ella le planteaba tan húmedamente. Se acariciaban por debajo de las ropas… por primera vez. De pie, completamente pegados en el baile de sus besos, se deslizaron hasta quedar atrapados contra una pared. Y eso, para dos locos enamorados… era excitante. La tomó entre sus brazos y la alzó agarrando ese trasero que tantas veces había imaginado tomar mientras devoraba la dulce boca de la muchacha. Ella sintió algo duro a sus espaldas y palpando el pomo de una puerta, la abrió sin pensar lo que podría haber al otro lado.

No importaba. La pasión encendida era tan brillante que ambos estaban cegados y no alcanzaban a ver más allá de sus cuerpos. Siguieron bailando en la oscuridad, presos de su lujuria, sin rumbo ni dirección, hasta tropezar con los pies de una cama.

- Te deseo… y si te complace ser compartido, entonces complacido te deseo aún más.

Más y más palabras tentadoras. Nunca le había planteado algo así a su novia. No sabría cuál sería su reacción ante esa petición tan específica. Cuando fueron a recogerla al aeropuerto y su chica la vio… notó cómo sus ojos adquirían un brillo extraño. ¿Celos quizá? La poca parte racional del muchacho luchaba en su mente sobre estas apreciaciones, imaginando a ambas chicas besándose ante sus ojos… mientras su amor platónico se acomodaba entre sus piernas. Allí sentado, en aquella semipenumbra, sintiendo las suaves manos de la chica acariciar su sexo, se percató de que la puerta había quedado abierta.

Del exterior penetraba un rayo de luz que iba directamente hacia los pies de la cama donde ellos comenzaban a perderse. Cualquiera que pasara por delante podría verlos en su acto lujurioso. Y eso le excitaba aún más, el sentimiento de ser descubierto…

- Si tu novia estuviera aquí… – comenzó a decir mientras permaneciendo de rodillas ante él, se desabrochaba la blusa tras hacer lo mismo con su camisa – ¿Qué crees que haría?

Botón tras pregunta, en un ritmo sensual. No había música pero él sentía cada mínimo sonido como una electrizante melodía.

- Quizá… se uniría a nosotros, ¿podría ser? – Otro botón más… dejando al descubierto la blanca piel de sus pechos – Si te ama como yo, no dudaría en darte lo que deseas…

En la puerta, cortada su pequeña silueta, Alexia les miraba. A contraluz, el muchacho no podía ver la expresión de su chica. Habían sido descubiertos… Esa sensación inyectó a su erección una potente carga eléctrica, endureciendo su sexo aún más bajo los toques de su nívea amante. Como notando este sentimiento, la muchacha volvió a hablar un poco más alto.

- Si te ama como yo… – la mulata dio un paso hacia el interior de la habitación. El muchacho se hinchó de placer retenido… la miraba fijamente aproximarse – ...no dudaría en proporcionarte todo el placer a su alcance…

Giró un poco su cuerpo para que la recién llegada viera cómo le masturbaba con una mano y con la otra masajeaba sus pechos…

- ...¿verdad? Sabes que a él le gusta…

Alexia no decía nada, sólo se aproximaba cada vez más a ellos…

- ...tanto es el deseo que no nos importa compartirte… – ambas chicas se miraban mientras el sexo del muchacho no cesaba de palpitar – Sabemos que eso te complace… – extendió su mano hacia el rostro de la visitante acercándola al suyo, obligándola a agacharse ante ella.

- Sí… – murmuró la novia del muchacho.

Ante sus ojos, ambas chicas se besaron dulcemente de rodillas ante su cuerpo excitado. Comenzaron a tocarse por debajo de las ropas hasta sacarlas y arrojarlas a un lado. Emitían gemidos que provocaron que él comenzara a masturbarse mientras observaba la escena lésbica.

- Lo compartiremos esta noche… – susurraba una – Sólo esta noche… – respondió entre gemidos la otra. La pálida y sonrojada chica introdujo sus manos en el húmedo sexo de su ahora compañera, extrayendo gemidos más fuertes.

- Querrás repetir… – intensificaba sus movimientos mientras le miraba a él – Muchas veces… hasta que yo me marche…

Y tras estas palabras, ambas comenzaron a besarse intensamente. Aquellos ruidos húmedos, boca, sexo… mezclados con los gemidos de mujer, sus propios jadeos… la temperatura de la habitación estaba tan caliente como ellos.

Dejó de tocarse para observarlas. Si continuaba masturbándose, perdería el control. Su amante se percató de ello, pues no cesaba de lanzarle miradas fugaces que lo encendían más si cabe. Se levantó, subió a la cama colocándose detrás de él y abrazó su torso mientras le decía a su novia:

- Mira qué apetitoso... Te lo tengo preparado, listo para comer…

Tomó su pene, agitándolo sexualmente hacia ella. Alexia se relamió y comenzó a tomar de aquel manjar que tanto le encantaba, mientras la amante acariciaba su torso y besaba su nuca. El chico se echó hacia atrás en el placer, tomado y acunado por las dos mujeres que más deseaba. Se dejó llevar por ellas largo rato."Te deseo...", le susurraba en el oído. "Yo también quiero lamerte…" Y descendió junto a su mujer. Ambas volvieron a besarse, mirándole. Lamieron su pene erecto al mismo tiempo. El placer era desbordante, acabó por tumbarse por completo doblegado ante ambas muchachas.

Las oyó reírse picaronamente. Subieron a la cama junto a él… pero no le hicieron mucho caso. Se tocaban, se lamían… y él las rondaba, acariciando a una y a otra, observando ambas pieles en hermoso contraste. Su chica, totalmente desinhibida – nunca la había visto así de fogosa – se introdujo bajo las piernas abiertas de su amante para practicarle un copioso y sonoro cunnilingus que la otra chica acompañó con trotes lujuriosos. "Bésame...", la oyó rogarle. Acudió presto a sus rojizos labios, agarrando uno de sus pechos y humedeciendo sus dedos en el sexo de su chica e introduciéndolos uno a uno, sintiendo su fuego interior. Aquella diosa y embrujadora extranjera parecía leer su mente al parar de besarle, incorporar a su compañera y hacer que ocupara ambas manos de la misma manera, tal vez, envidiosa. Ambos diferentes, pero ardientes y húmedos. Su deseo iba a explotar. Las chicas frotaban sus pechos ante el hipnotizado chico. Él también quería tocarlos. Deseó tener más manos. Su amante empujó a la delicada mulata, haciéndola caer de espaldas. Abrió sus piernas, recorriéndolas con ambas manos hasta llegar a su sexo, separó sus húmedos labios y aproximó su boca a aquella jugosa vulva, selva oscura y salvaje, mostrándole sus nalgas también abiertas y chorreantes. Los gemidos que Alexia profería bajo aquellas succiones eran tan excitantes… que tomó sin ningún pudor a su amante a cuatro, mientras observaba cómo su chica se deshacía de placer desde aquella posición privilegiada. Embistiendo el blanco trasero con intensidad a la vez que le propinaba sonoras palmadas. Mordía sus labios, agarraba con ahínco aquella níveas caderas, exclamaba frases obscenas provocando a las muchachas… Era una diversión a la que no deseaba poner fin. No quería correrse todavía… tenía hambre. Las separó.

Y tomó el control de ambas.

Ellas siguieron sus órdenes, complacidas. La escena que protagonizaban subía la temperatura corporal de muchacho. Las chicas se acariciaban y se besaban mientras sus pelvis se balanceaban. Una sobre la boca del chico que se deleitaba del nuevo sabor de su amante; la otra sobre él cabalgando como otras veces, pero más jugosa, más estrecha… más excitada. El orgasmo llegó a Alexia en primer lugar, contrayendo sus músculos y haciéndole sentir su electricidad de tal manera que casi no pudo frenar su eyaculación. Pero la muchacha se dejó caer a un lado extasiada, como derrotada acariciando los pliegues deshechos de la cama. Su amante rió divertida y mientras continuaba moviendo sus caderas marcando las lamidas del muchacho, se agachó para saborear su sexo usado con tanta intensidad que sentía no poder frenar el clímax. Su vulva salía hinchada, pidiendo más caricias… sus bocas succionando con insistencia. Bebía y bebía de aquel salado elixir tremendamente excitante, chorreó sobre su boca al alcanzar ella su punto de mayor excitación y al oírlo su novia, se aproximó a su entrepierna y continuó chupando lo que su amante había dejado descuidado durante su largo orgasmo incorporando su cuerpo en tensión, agarrando su cuello y arañándolo con sus largas uñas, su cara y su boca abierta. Mirando hacia el techo del cuarto con los ojos cerrados, como dejando que una lluvia invisible empapara su rostro. Lanzando al aire su respiración intensificada, su voz entrecortada. Cuando su cuerpo comenzó a relajarse, bajó temblorosa de la boca del chico y se colocó de nuevo a lado Alexia, uniéndose a ella y provocando el estallido sin remedio. ¡¡Dios!!, pensó. ¡¡Qué tremenda sesión!!

En aquella extraña cama descansaron entrelazados los tres, extasiados, derrotados, drogados… Mientras su novia comenzaba a adormilarse… su amante le dio un beso profundo y dulce que degustaron durante minutos. Ella le acariciaba el cabello, jugueteaba con él. Sabía que este gesto era una de las debilidades de su amante. Muchas veces le había dicho que podría pasarse horas enteras enredándolo entre sus dedos. El recuerdo de las conversaciones digitales acudieron a su mente en esos momentos, haciéndole abrir los ojos y comprobar que ella también le miraba.

Conversaron a través de sus miradas encendidas, a través del contacto suave y esponjoso de sus labios irritados, del sutil tacto de sus lenguas húmedas… Se retiraba unos segundos para sonreírle melancólicamente mientras acariciaba su rostro, el perfil de sus labios y nariz. Él esbozaba también una sonrisa cálida y lanzaba pequeños besos a los suaves dedos de la chica cuando quería acariciar las comisuras de sus labios. La llamaba de vuelta y ella acudía para más besos pequeños pero profundos. Los labios parecían adherirse en cada contacto y sólo el toque de sus lenguas los separaban. Las sensaciones producidas en estos juegos amorosos hacían que el muchacho deseara rodearla con ambos brazos, quedando frustrado al no poder hacerlo, ya que tenía su brazo izquierdo inmovilizado por el cuerpo de su novia. La pálida muchacha cesó de besarle para repartir por todo su rostro pequeños roces con sus rojizos labios, cubriéndo cada rincón, descendiendo por su cuello y volviendo a encender sus instintos. Llegó hasta su lóbulo y sintiendo su cálido aliento le murmuró: “Te amo… siempre te amaré, allá donde estés y con quién estés”.

Antes de que el muchacho pudiera responder, ella volvió a sus labios, dándole un beso largo que le robó las palabras y el aliento.

Y así, dejándole con su mujer abrazado, abandonó la cama y comenzó a vestirse sensualmente mientras le miraba fijamente. El corazón del muchacho bombeaba con fuerza, le pedía con sus ojos encendidos que no continuara, que no se fuera. Que regresara de nuevo a la cama. Ella le lanzó un beso y abandonó la habitación cerrando la puerta suavemente, poniendo punto y final a aquel encuentro tan inolvidable.

Hubiese deseado más que nada, salir tras de aquella mujer extranjera y seguirla hasta el fin de esta vida y de las siguientes.

21 de Dezembro de 2020 às 16:42 0 Denunciar Insira 0
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Fragmentos eróticos 1


Habían estado discutiendo. Ésta vez más duro que nunca. Lanzando gestos bruscos y ademanes groseros. Incluso se habían agarrado y arañado.
Y eso lo ponía cachondo.
A cada movimiento colérico los pechos de la mujer temblaban, botaban...y le miraban, erectos.
Su piel empezó a erizarse mientras notaba como la sangre se iba concentrando.
Ahora le estaba dando la espalda, y la observaba, recorría esas pronunciadas caderas, esa cintura delicada... Esos balanceos naturales de su figura. Le provocaba. Queriendo o no, eso no lo sabía.
La abrazó por detrás rodeándola, atrapando con sus manos ambos senos. Apretando ligeramente mientras le susurraba... "Tú lo que necesitas es un castigo..."
Y lo que recibió no fue un grito o un mal gesto. Fue un gemido.
La notó tensarse al contacto, pero se fue relajando a medida que una de sus manos se escurría dentro de su ropa interior...y chapoteaba allí con sus dedos juguetones. "Pero qué es esto... estás muy mojada... ¿Ves? Lo que necesitamos es echar un polvo..." La lamía el cuello y le pellizcaba a la vez aquel pezón turgente... Le faltaban manos. La inclinó sobre la mesa, sin despegarse de ella, dejándola a su merced. Tenía sed. Bebería un poco. Un poco era impensable. A cada pequeño gemido, de la fuente brotaba más de aquel elixir. Y su sed insaciable no le permitía parar, ni cuando ella se contorsionaba para zafarse..."Castígame, vamos", decía ella. "Dame... Ahhhhh, dame duro"
Le dió todo lo que pidió, sobre aquella mesa, sobre el sofá, en la ducha, en la cama... Dejando impregnado el olor a sexo por toda la casa.

18 de Dezembro de 2020 às 20:13 0 Denunciar Insira 1
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