1
2.4mil VISUALIZAÇÕES
AA Compartilhar

Nostalgia


Estaba, contra su voluntad, varado en su casa. Para un hombre activo, dinámico como él la situación resultaba incómoda.


Pero una dolencia inesperada le había obligado a replegar velas. Unas semanas de clínica y el final de la convalecencia en casa, un chalet elegante con muros altos, protegido de las miradas de los vecinos.


I ser the boys of summer in their ruin, escribió Thomas, el galés. El tiempo había pasado para todos. a cabeza ideas, proyectos. Pero volvía a la casilla de salida. Primero tenía que recuperarse. Sólo más tarde podría ponerse en marcha y pisar el acelerador.


Los hombres de acción no son muy dados a sentimientos como la nostalgia. Pero estaba varado. Y tenía tiempo para pensar.


Recordó un poema de Dylan Thomas que le obligaron a analizar cuando era estudiante en un estirado internado: I see the boys of summer in their ruin.


Tenía 54 años. Vividos deprisa, con intensidad. Abrió los libros de fotos de sus años escolares y de juventud. Allí estaban los boys and girls of summer, radiantes. En su plenitud.


Todas las chicas le resultaban atractivas, interesantes de alguna manera. Con los varones la sensación era de pura competencia, salvo con el puñado de amigos y los más golfos y vividores, que era con los que más congeniaba.


I ser the boys of summer in their ruin, escribió Thomas, el galés. El tiempo había pasado para todos. Now, in their ruin. Ajados, forjados y gastados por el tiempo, que había hecho su trabajo.


Nuestro hombre admiraba al más delicado y platónico de esos muchachos, probablemente por ser tan opuesto a él. Tenía algo que él no poseería jamás: calidez, un aura de humanidad y un carisma sosegado que le hacían diferente. Se hizo profesor de literatura y murió apenas rebasados los cuarenta. Había un puente invisible entre los dos hombres. El asceta también apreciaba al hombre de acción.


Las chicas habían sido doctoras, madres, personajes sociales. No se enamoró de ninguna de ellas. Pero inevitablemente cortejó a las que le resultaban más atractivas.


Cerró los libros de fotos. No sentía pena alguna por su cabello plateado: era el precio del paso del tiempo.


Se concedió una penúltima licencia para el sentimentalismo: Era un tipo diferente, con talento el alcohólico Dylan Thomas. Y rememoró alguna de las palabras del poema.


Volvió a las cábalas, a los proyectos, a los ensayos de acción. Pronto volvería a su ser. Y dejaría el sentimentalismo, la ética y la estética a los hombres y mujeres que escriben cuartillas, aunque sean digitales, en las largas noches de invierno.

21 de Julho de 2021 às 21:52 0 Denunciar Insira 0
~

Leyes del Mercado

El mundo es, y ha sido siempre una representación, un gran teatro.


Difícil es discernir entre lo que es real, sentido, y aquello que es impostado: Truco, ardid, recurso para salir del paso o avanzar en el logro de objetivos.


Marx consideraba que las relaciones económicas explicaban todo el tejido y el comportamiento social.


Aunque el materialismo histórico, llevado a fortiori resulta angustioso y es estrecho, insuficiente, porque reduce al individuo a una sola dimensión y le priva de metafísica y de alma, el filósofo alemán caminaba en dirección correcta.


Siglo XXI, pragmático y antiheroico. Vivimos según el dogma de las leyes del mercado.

Y el marketing es una de las técnicas esenciales de una economía de mercado.


Vendemos productos, vendemos productos. Pero también vendemos una mercancía que somos nosotros mismos.


Creamos una marca. Nosotros mismos somos el producto .El marketing personal explica las sonrisas permanentes, los gestos estudiados, el cálculo de nuestras acciones y movimientos.


Woody Allen ha retratado de manera perfecta en sus arribistas y en sus personajes urbanos, amorales, orientados a resultados esta pauta de comportamiento. Ha sabido darle el punto de humor ácido para hacerla digerible. Pero lo cierto es que sus personajes de ficción son muy reales.



Sin embargo hay pulsiones que siempre permanecen, que subyacen. Así es que en la intimidad, los que siguen conservando autenticidad siguen sonando con el Amor y soñando con la Gloria.

19 de Julho de 2021 às 21:27 0 Denunciar Insira 0
~

Cosmogonía


Las cosmogonías, las teorías para explicar el origen del mundo y su orden natural, con frecuencia incomprensible, fueron creadas para satisfacer la necesidad de los humanos de explicar en términos lógicos todo lo que ocurría a su alrededor, para dar una explicación, un por qué a la secuencia de acontecimientos que llamamos vida, existencia.


La misma función ejercen los mitos y en gran medida las religiones.


Está necesidad de encontrar un por qué a un devenir y unos fenómenos con frecuencia caóticos es lo que han cubierto las cosmogonías, que son por lo tanto en gran medida placebos psicológicos, pues todos sabemos o intuimos que no todo puede explicarse según un logos, según una racionalidad pura, exacta, invariable.




Sobre todo en las mentes más creativas, sensuales y especulativas, la necesidad está ahora en otro lado.


Nos atrae lo irracional, lo mágico, lo onírico. Hay belleza en lo que llamamos el Misterio de la Vida, en los brotes de felicidad, de armonía, de simple alegría que parecen surgir porque sí, como un arcoiris o la sonrisa espontánea de un niño.


Esta atracción por el lado mágico se manifiesta de manera especial en la vida adulta, cuando todo parece calibrado, medido y precisamente ese orden, constantemente ajustado, termina por limitar nuestro margen de maniobra, nuestras opciones vitales.

A veces puede entristecernos, incluso deprimirnos, el exceso de sensatez, el tomar siempre la decisión "correcta", bien pensada, calculada. La vida pierde una pizca de su sal. Quedamos varados, encerrados en jaulas con barrotes de oro.



Está atracción hacia lo irracional, lo telúrico, lo mágico es en resumen una derivada de nuestra necesidad de soñar y de escapar de los excesos de la razón fría.

12 de Julho de 2021 às 21:29 0 Denunciar Insira 0
~

España y Portugal, la Iberia no realizada.


España y Portugal están situadas en el extremo suroeste de Europa. Más allá de los Pirineos, Iberia, la península que ambas comparten es un cuerpo de tierra rodeado de mar que da la sensación de que en cualquier momento podría escindirse del continente, tal vez por un accidente geológico, tal vez por la inercia de estos dos viejos estados, que pertenecen a la esfera europea, pero no forman parte del núcleo central de la misma.


Situadas en una esquina, alejadas física y espiritualmente de los centros de pensamiento del continente durante largos períodos de tiempo, tentadas por el mar y la cercanía de África de fluir en una dirección distinta a la del continente, ambas han desarrollado un ethos mestizo en su devenir histórico, en la formación de su alma. Esto es quizás aún más patente en Portugal.


Cualquiera que haya pisado y disfrutado de la amable tierra lusa habrá percibido su toque africano, la negritud de sus antiguas colonias trasplantada alli, los aromas de Cabo Verde, de Angola, de Mozambique, cada uno con su punto de fusión criolla. Está también el toque mestizo, de raíz también africana de Brasil. Y los ecos orientales de las posesiones de ultramar en la India, en Macao. País pequeño, país de alma naval, país de variados matizes y sabores Portugal.


España, más severa, más dominante en su época de mayor esplendor registra hoy, tras un proceso de fuerte inmigración la influencia de los pueblos de América que una vez dominó.


Sin llegar a la complejidad política, religiosa, de civilización de la Península Balcánica, Iberia, como suma e integración de los diferentes pueblos que la habitan es una tarea política jamás realizada.


Portugal ha forjado su ser nacional en gran medida en el hecho de no ser castellana primero, española después. Un país entre España y el mar, escribió uno de sus poetas.


España, forjada arduamente tras la unión de cinco reinos, dos de ellos, el nazarí musulmán de Granada y la mayor parte de Navarra por la fuerza de las armas, lleva dos siglos de tensión territorial y corre un riesgo cierto de desintegrarse como unidad política.


El Iberismo, la idea de espacio compartido, ha quedado como un sueño romántico residual, minoritario. Pertenece, más que a ninguna otra esfera, al mundo de la cultura y los intelectuales.


Ambos países han permanecido demasiado tiempo ignorándose, dándose la espalda.


Portugal ha defendido durante siglos su orgullosa diferencia, en el temor de ser engullida por su vecino más grande, que más numeroso.


Mientras tanto, en pleno siglo XXI, España asume a duras penas su pluralidad cultural y nacional, con un constante flujo de transferencia de poder desde el centro a la periferia desde el acceso a la democracia en 1978.


Hay una frontera política hacia el oeste. Pero yo jamás me he sentido en el extranjero cuando he pisado las calles de Lisboa. Si no existe un Iberismo como realidad política, sí existe en el ámbito de la cultura, de la civilización, de la forma de entender la vida.



5 de Julho de 2021 às 20:49 0 Denunciar Insira 0
~
Leia mais Página inicial 1 2 3 4 5 6