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Fiebre del Oro


Los extremos se tocan. El mercado libre, salvaje, lleva a Marx. Y también a la desazón y el nihilismo.


Es un hecho. Regresamos a Dickens. Y regresaremos a la visión más idealizada y a la vez naturalista de Víctor Hugo y sus Miserables, a sus masas depauperadas y hambrientas pasadas por el rodillo de la explotación y la injusticia. Hay una paradoja en la fiebre del oro, en el ánimo de lucro que asola el planeta. Cuanta más gente se obsesiona por el dinero y la posición social mayor es el número de parias. Y esto es así porque en el hábitat económico mercantil, el que gana lo hace de forma neta, sin pensar en nada ni nadie más. Busquen algo que de sentido a su vida, algo que lleve un poco de calor a su corazón, algo que alimente el sentimiento. De lo contrario serán materia fungible y explotable, materia para compra-venta con un margen en la transacción. Materia y nada más.

23 de Maio de 2021 às 21:05 0 Denunciar Insira 0
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Nihilismo


En 1974 el director de cine alemán Werner Herzog presentó su visión de la historia de Kaspar Hauser, un niño que apareció en la ciudad alemana de Núremberg en 1828 después de haber pasado los primeros años de su vida atado, reducido a una condición de cautiverio absoluto, sin saber apenas hablar y con una carta con su nombre por toda presentación. Alguien, de manera anónima, enviaba a la sociedad al muchacho pidiendo que se hicieran cargo de él.


Herzog, que es un hombre de un gran talento y un pensamiento provocador tituló la película " Cada uno para sí y Dios contra todos".


Presenta a Hauser y a la sociedad a la que es enviado de una manera naturalista. Divide en dos la narración. Por un lado está el estudio fascinado de Hauser, un novicio en un mundo cuyas reglas desconoce por completo. A veces parece obtuso, idiota. En otras ocasiones es brillante. Tiene una mente inquisitiva , científica. Explora el mundo según su propia perspectiva, única, absorto. Por otro lado está la descripción del medio social.


Herzog, que es un rebelde, un explorador de límites y que suele presentar en sus películas personajes que no encajan, que desafinan en el mundo, bien por ególatras, por su desmesura, por su ambición titánica y desastrosa, bien por su carácter diferente, por su inadaptación, lanza su dardo, genialmente, con ese " Cada uno para sí y Dios contra todos".


Existe una historia de la civilización, de las civilizaciones, en la que el objetivo era y es humanizar, dar cohesión al conjunto de la sociedad y liberarla, aunque sea de manera parcial de la crueldad que emana de nuestra condición de especie animal y de la natural desigualdad que existe entre los seres humanos. Unos son más fuertes y hábiles. Otros, más débiles y dependientes. Ignoro si afirmar esto es políticamente correcto. Pero en toda su crudeza, y para mal, entiendo que es así.


Cuando vivimos en épocas regresivas como la actual, cuando se tolera, de facto, sin rubor, la explotación económica y social de unos sobre otros en el lado de los perdedores, de los sometidos la deriva hacia el Nihilismo va de suyo. Es una consecuencia lógica.


Sí. Sin ley, sin mecanismos de corrección que nivelen el terreno y que impidan o al menos limiten que unos avasallen a otros es la ley del más fuerte. Es cada uno para sí y Dios contra todos. Gracias, Herzog.

22 de Maio de 2021 às 21:56 0 Denunciar Insira 0
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El Hombre Masa y la era digital


El siglo XX, con sus eseconómicas de producción, la urbanización masiva a costa de la despoblación de los núcleos rurales y la estandarización de medios de comunicación con alcance casi monopolístico a las poblaciones a las que iban dirigidos, en muchos casos cuidadosamente organizados y supervisados en estructuras nacionales es el siglo del Hombre Masa.


Este fenómeno fue magistralmente descrito por los filósofos José Ortega y Gasset y Elías Canetti. El Hombre Masa trabaja en extensas y complejas cadenas de producción que producen a gran escala, vive en centros que concentran la inversión y las oportunidades, participa en eventos diseñados para Masas de la que es un átomo. Es la gran manifestación o convocatoria política, es el espectáculo deportivo en el que se congregan miles, decenas de miles de personas. Es una fracción gregaria, forzosamente obediente cuando se declara la gran movilización, la llamada general a la Guerra, de la que se abusa hasta que regiones enteras del planeta quedan reducidas a cenizas por una tecnología militar cada vez más eficaz y destructiva.


El Hombre Masa es también producto de fenómenos que tienen que ver con el mundo de las ideas, del espíritu. La pérdida paulatina de peso de la religión, la descristianización gradual que se produce en Occidente va a crear un vacío. Las ideas políticas, las ideologías, sustituyen en gran medida éste vínculo colectivo. De hecho, estás ideologías adquieren un carácter mesiánico, es religión de otra manera. El nacionalismo exacerbado, las alternativas de construcción de una nueva sociedad se convierten en ideas de culto que precisan de un ejército humano, de una gran base popular para ser ejecutadas, llevadas a la práctica. Lo mismo ocurre con los eventos deportivos, con las tendencias sociales, con las grandes batallas culturales, la lucha por los derechos, la pugna entre tradición y progreso.


Del Hombre, de la Mujer Masa, se espera precisamente eso: Que sea Masa. Qué no piense o actúe de forma autónoma, que siga la consigna, que contribuya a crear un volumen mayor que la idea o proyecto con el que rivaliza.


Aunque en nuestro tiempo parezca que impera un pensamiento único, una sola idea, la del consumo irracional y una carrera demente por el lucro, en realidad, por debajo hay una mayor dispersión. Hay una clara tendencia a la fragmentación, a la entropía.


El primer factor en este proceso, como casi siempre, es económico. La era postindustrial ha destruido la mayor parte de los grandes centros de trabajo. Las empresas con nóminas de miles, centenares de trabajadores tienden a reducirse. Hay menos masa, menos opción a la acción colectiva, sindicada. Trabajamos y luchamos en ámbitos más reducidos. Estamos más aislados, y por lo tanto expuestos al riesgo de una mayor explotación. Es evidente el sentimiento de que cada uno lucha por lo suyo, con más competencia, con menos solidaridad y valores colectivos.


Pero hay otro elemento decisivo en esta progresiva fragmentación. La era digital ha roto los monopolios en la formación y creación de la opinión. Las audiencias, los grupos a los que se intenta influir, dirigir, manipular se dividen, se dispersan. Cada cual va construyendo un universo propio en las inabarcables galaxias digitales.


Hay más diversidad. Los grandes bloques van dando paso a minorías que van exigiendo su voz y su espacio. Esto también tiene su reflejo en el espacio político, con electorado cada vez más fragmentados. Y en una época definida por un individualismo extremo, quien tenga personalidad, ideas y un mundo propio tiene la oportunidad de crearse y reinventarse constantemente.

30 de Abril de 2021 às 20:45 0 Denunciar Insira 0
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Budismo


Gran parte de nuestras frustraciones, de nuestra desazón, nacen del deseo no satisfecho, del objetivo no cumplido.


El Budismo, que puede ser categorizado como una religión, como una filosofía pero también desde luego como un arsenal de recursos para las dolencias del alma, un núcleo de sabiduría sanadora para nuestra psique contiene recursos maravillosos para terapias que aborden este tipo de soma, de dolor. Ofrece calma frente a la posibilidad de la escisión, la fragmentación del Yo, la tendencia a la deriva, a caer en un movimiento circular de tribulación, duda y derrota.


Aunque el Budismo es un árbol con muchas ramas, para lo que hoy nos ocupa es una filosofía de la aceptación.


La imagen del Buda relajado, con los ojos cerrados, en paz nirvánica es la de alguien que ha superado la contingencia y variabilidad de un mundo externo cuyas palancas no controla. Asumiendo que no domina el universo, que no controla, que no puede controlar, encuentra su punto de Paz en su interior, en una gestión de las propias emociones que le da serenidad frente al Kaos (utilizamos la "K" griega clásica) de lo que que es ajeno a su fuero interno y no es por lo tanto su dominio.


Esta Filosofía de la aceptación no es sumisión, claudicación ante la derrota o la frustración. Es la construcción de una armadura interna para superar y gestionar la adversidad, es dulzura frente a dureza, es serenidad frente a desazón e intemperie. Para volver a rearmarse, para volver a intentarlo de nuevo, sin descomponerte, con resiliencia.

19 de Abril de 2021 às 20:42 0 Denunciar Insira 0
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