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La Última Cruzada

Durante la época de Alexandra, poco después que se desintegró el imperio de Amazonio y se formó la liga helénica, ella llamó a los elfos para una última cruzada, contando con la ayuda directa de su madre y el dragón Aneterion. La orden del dragón negro unificó a los pueblos del bosque azul y la tercera cruzada del bosque fue lanzada junto a la liga Helénica. La coalición de helenos y elfos llegó a tener un enorme ejército con más de 500,000 hombres y mujeres, que logró llegar hasta las mismísimas puertas del infierno y enfrentar a Geos. Pero al final ni sus grandes números, ni el poder de la diosa sirvieron para acabar con el mal definitivamente. Diez años duró el asedio de Dragobhad, hasta que Geos y sus dragones lograron romper las líneas helénicas que mantenían el centro, luego que los elfos del sol traicionaran sus juramentos y atacaran a sus aliados. Cuando Helene vio que las líneas aliadas se rompían y los dragones arrasaban a las tropas de su pueblo como una guadaña al trigo, olvidó su misión de acabar con Geos. La diosa y Aneterion decidieron enfrentar a los dragones para salvar a su gente. Aneterion era mucho más grande y poderoso que la mayoría de los dragones jóvenes que habían sobrevivido a la guerra de los dragones. Él se enfocó en matar a la mayoría de los dragones que estaban en tierra o a poca altura, permitiendo que las tropas escaparan. Helene se enfocó en atraer a los más grandes, que lanzaban bolas de fuego desde las alturas. Ella, con un descomunal esfuerzo, logró neutralizar a los dragones. Usó sus rayos y su incomparable velocidad de vuelo para guiar como un perro pastor a los dragones justo donde los quería. Los llevó hacia el valle que se alza al sur de Dragobhad y dejó caer sobre ellos todo el poder del cielo en forma de una rápida tormenta de nieve y granizo. Los puso a dormir para después convertir toda la montaña en un enorme glaciar. Por varias semanas no hubo nubes en todo el continente y no hubo lluvias por meses. Fue como si ella provocara una era glaciar en tan solo un día. Pero todo ese despliegue de poder la dejó sumamente agotada y Geos no desaprovechó la oportunidad para sacarla del juego. Él permitió que la cruzada se retirara, pero capturó a Helene y la encerró en una cámara secreta, donde la puso a dormir, o al menos eso se piensa. Aneterion sufrió incontables heridas y aunque no murió, le tomaría muchísimos años recuperarse, o tal vez nunca lo haría. Él se fue lejos, a un lugar que ya nadie conoce, se acostó y se convirtió en piedra para descansar. Los dragones tenían la habilidad de hibernar largos periodos convirtiendo su piel en una especie de roca metálica muy dura, como si fuera un capullo. Se dice que mientras están así, también siguen creciendo y fortaleciéndose, pero con el tiempo cada vez se vuelve más difícil que despierten y corren el riesgo de volverse parte de la tierra. Según las leyendas, el monte del Dragón que se encuentra en Dacia es en efecto la tumba de cientos de dragones que durmieron para nunca despertar y que el preciado metal dratinio es realmente la piel y los huesos endurecidos de estos. Luego de la batalla del sol traicionero, los reinos aliados nunca volvieron a tener una fuerza activa tan grande, ni se volvieron a atrever a enfrentar a Geos directamente. Para Geos también fue dura esa época, pues perdió la mayoría de sus dragones más poderosos, y él tampoco fue capaz de levantar ejércitos infinitos como hizo antes de enfrentar a los helenos y a Alexandra.

La última cruzada marcó una pausa en la actividad belicosa a gran escala en la guerra de los dioses, la que realmente no ha terminado. Gracias a ella se logró una larga paz que dura hasta el inicio de los eventos narrados en la historia de las princesas gemelas.

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