mr_riz_rhymer Riz Rhymer

Una historia que todo el mundo conoce, vista desde otro ángulo, contada por un sobreviviente de los berrinches de Little Boy y de los gritos de Fat Man.


Histoire courte Tout public.

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Histoire courte
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Nagasaki e Hiroshima

Domingo 5, 1945. Hiroshima, Japón.


La verdad no tenía mucho que hacer. Era un simple domingo de preparación en el ejercito. Hiroshima era un lugar relativamente calmado, excepto cuando pasábamos nosotros los soldados para recargar combustible y proseguir nuestro camino o cuando volvíamos a casa. No esperaba que pasara nada extraño ese día, pero pasó: vi una lagartija por primera vez.


Si, ya sé. ¿Con treinta y siete años y nunca había visto un animalejo de esos? Bueno, es que en Japón casi no hay de esos, y mucho menos en la zona de Hiroshima. Como todo buen explorador y curioso, rogué al fotógrafo de guerra que le tomase una fotografía rápida. Él, muy amable, lo hizo. Inmediatamente después de que el flash de la cámara se disparara, un oficial nos llamó para que fuésemos a su ubicación. Mi compañero y yo corrimos hacia él y nos plantamos, saludando firmes ante el oficial.

–Hiro Tamadashi –pronunció el oficial.

–si señor –respondí yo

–se le requiere en Nagasaki inmediatamente.

–si señor.


Me dolía dejar mi ciudad, pues ahí vivían mi esposa y mi hija. Partiría al día siguiente a mediodía. Me dieron permiso de abandonar mi puesto hasta la hora de partir para despedirme debidamente de mi familia. Llegué hasta mi casa, abrí la puerta y encontré a mis dos personas favoritas sentadas a la mesa, a punto de cenar. La niña, al verme, se abalanzó sobre mis piernas y me abrazó. La abracé de regreso y luego procedí a saludar a mi esposa.


Tras la reunión, nos sentamos los tres a la mesa y comimos felizmente. Tras esa maravillosa cena, procedimos a irnos a dormir. Fue una noche estupenda. No sentí ninguna clase de nervios ni presentimientos de algún ataque o algo por el estilo. Estaba limpio.


Desperté a la mañana siguiente. Eran las seis con veinticinco de la mañana, el sol aún no salía del todo. Hacía un poco de frío. Me arreglé completamente para marcharme hacia la base militar de Hiroshima. Tomé mis armas, mis cosas y me fui, dejando atrás a mi familia, quien me despedía desde el portal de la casa.


Al llegar a la base a las siete en punto, recibimos la orden de empezar los simulacros de ataque aéreo. Todos tomaron sus puestos correspondientes. Yo corrí y me monté en una unidad de la batería de cañones antiaéreos. Estuvimos manejando bien la práctica, hasta que algo inesperado pasó:


Un ataque aéreo real.


Todos, confundidos, comenzaron a paralizarse. Todos excepto dos: mi amigo fotógrafo de guerra, Ishida Kurono, y yo. Ambos corrimos de regreso a nuestros puestos, donde él cargaba la ronda del cañón y yo disparaba. Dos aviones se podían ver desde la tierra. Era un número muy bajo de aeronaves, pero algo debía significar. Tal vez se trataba de un bombardeo con gases o algo por el estilo, para así acabar con toda la población militar de la ciudad.


Con la ayuda de Ishida, derribé uno de los dos aviones, pero aún quedaba uno. En ese preciso instante en el que mi amigo cargaba otra ronda para el cañón, pude ver como las compuertas de la parte inferior del avión se abrían. No pensé demás sobre eso. Corrí hacia el hangar, el cual estaba literalmente al lado nuestro, monté en un avión, lo encendí y salí del hangar, elevándolo en los aires. Estaba dispuesto a derribar ese avión costase lo que costase. Fue entonces cuando lo vi. De la compuerta abierta del aeronave frente a mí cayó un solo objeto: un ovoide de metal con unas aletas cuadradas en la cola. Era una bomba.


¿Cuál sería el poder de aquella bomba si solamente se lanzó una hacia la ciudad? Estuve a punto de encender la radio para advertir a los demás en la base, pero ya era muy tarde: a las ocho con quince minutos de la mañana, la primera bomba atómica había arrasado ya con toda la ciudad de Hiroshima.


No tuve tiempo para llorar por la pérdida de mi familia. Eso lo haría una vez en tierra. Por ese momento, solamente tenía un objetivo en mente: derribar ese avión y llegar a Nagasaki. Intenté derribarlo, e hice lo que pude. Vacié toda la carga de balas que mi avión tenía, pero no conseguí mi cometido. Antes de darme por vencido, el piloto del avión enemigo bajó levemente la velocidad, permitiéndome así leer las palabras que bajo la cabina había:


U.S.A.

ENOLA GAY

82


Fueron ellos. ¡Fueron los americanos! Esta fue su manera de vengarse tras el error que representó el ataque a Pearl Harbor por parte de Japón. Tras dejarme ver sus insignias de aviación, el piloto dio la vuelta y se alejó del lugar, mientras la explosión en forma de hongo sobrevolaba mi posición, más alto de lo que un avión de aquel entonces podría haber volado.

Sin más que posiblemente hacer, fijé curso hacia Nagasaki, donde me reuniría con mi nuevo pelotón. Al llegar, no pude aterrizar el avión correctamente debido a daños por el combate entre el ENOLA GAY y mi aeronave, así que, sin más remedio, me estrellé en la pista de aterrizaje, frente a cientos de soldados que esperaban para saber si era un avión pilotado por un enemigo o un aliado.


Tras bajar del avión en llamas, malherido y cansado, me llevaron a la enfermería, donde pasé los siguientes tres días, hasta que los americanos decidieron que no había sido suficiente con Hiroshima y decidieron seguir con Nagasaki. ¿Que cómo los vi si el cielo estaba totalmente nublado? Bueno, había un hueco en el cielo, libre de nubes, por el cual pude divisar un avión sobrevolar la ciudad. Inmediatamente salí corriendo hacia el hangar para tomar un avión e intentar nuevamente derribar al bombardero.


Ya estaba yo cerca, aproximándome cada vez más al objetivo desde abajo. Comencé a disparar las ametralladoras del avión cuando… cuando vi una esfera de metal con aletas cuadradas caer por el hueco en el cielo. No… no podía creerlo… había fallado… de nuevo. En esos momentos, lo único que podía hacer era intentar derribar al bombardero, para que así los americanos se llevasen ese amargo sabor de boca de no haber obtenido una victoria total. Tal y como ocurrió el Hiroshima, perseguí al avión bombardero por los cielos. Este se emparejó conmigo para dejarme ver su identificación de aeronave y dio la vuelta:


U.S.A.

BOCKSCAR

77


El enojo provocado por ver a un bombardero americano nuevamente sobre Japón me hizo querer dar la vuelta tras de ese avión y derribarlo a como diese lugar, pero hubo algo que hizo mi ira apaciguarse: pude notar que no estaba solo aquel bombardero. Junto a él venían dos más.


U.S.A.

BIG STINK

90


Junto con el icónico, el reconocido, el desgraciado ENOLA GAY. Yo no era tonto en ese entonces. Sabía que un avión caza estándar japonés nunca podría ganarle a tres bombarderos acorazados estadounidenses, así que desistí en mi ataque. Lo único que me quedó por hacer fue volver a tierra y… volver a tierra y… y lamentar el no haberme quedado dormido en casa tres días antes.

8 Mai 2020 16:18:03 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Riz Rhymer Poeta, escritor, una pizca de filósofo y gran amante de una buena historia. Si, suena muy ñoño, pero es cierto, y me apasiona la literatura, así como me gusta que a la gente le guste lo que escribo.

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Luca Domina Luca Domina
Muy bueno! Saludos!
May 08, 2020, 16:25
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