artsnt Arturo SNT (ArtSNT)

(Capítulo 8 editado) La sociedad de un futuro cercano tiene un nuevo problema. Las personas son capaces de desbloquear un nuevo potencial, adoptando similitudes a algún animal en una mano o incluso todo el cuerpo, y ganando habilidades sobrehumanas. Sin embargo, tal manifestación suele surgir durante una crisis emocional o psicológica. En respuesta a los estragos que causan estas personas, el gobierno inaugura la organización SevenKay, quienes usando individuos que dominan su potencial, controlan a aquellos que hayan enloquecido. Sigue de cerca a Hikaru Niimura, un joven de preparatoria que esta apunto de envolverse en algo más grande de lo que cree.


Science fiction Déconseillé aux moins de 13 ans. © Copyright 2020 by Arturo SNT(ArtSNT)

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CAPITULO 1: Un paseo por Kokosei.

—En otras noticias, las investigaciones profesionales acerca de los popularmente llamados "Anima" han sido regularizadas, debido a medidas extremas e inmorales que múltiples laboratorios han tomado sobre los sujetos...

—*Clac**Munch*

—...Se les incita a los ciudadanos a tener cuidado...

—*Clac**Munch**Munch*

—...En caso de algún avistamiento el gobierno tiene un departamento ya asignado para la propia respuesta y contención...

—*Clac**Munch**Munch**Clac**Munch**Munch**Clac**Munch*

—¡Satoru! —Exclamé.

—*Clac**Munch* Dime Hikaru *Munch*.

Mientras intentaba expresarle mi descontento a Satoru tan solo con mi mirada el sujeto pareció captar mi mensaje, pues detuvo su mano antes de que se adentrara en la caja de pokys, para seguidamente centrar su atención en mi.

—¿Quieres pokys?

Acepté su amable gesto algo decepcionado de su gran despiste. Seguimos así nuestro camino, casi sin querer despegar los ojos de aquellas televisiones en el aparador de una tienda.

—¿Que opinas tu...?

—Es algo misterioso, ciertamente.

—Si, en cierta manera me deja intranquilo...

—Nuestro gobierno ya esta haciendo algo al respecto —Afirmó Satoru mientras guardaba su caja de pokys, empujándola elegantemente con dos dedos hacia el interior de su mochila.

—Es difícil saber si en verdad estas preocupado o no, con esa expresión tan plana que tienes, sabes...

—Yo creo que complementa mi aire de elegancia.

Así es. Elegancia. Esa es la característica que más resalta de Satoru Matsumoto. Hijo de un importante accionista internacional, mientras que su madre es una refinada mujer japonesa bastante tradicional. Jamás he conocido a alguien con más clase que este sujeto, quien hace ver su afición por los pokys como algo de la alta alcurnia ante toda la escuela. De peinado liso, una especie de tazón con una ligera espiral y, según las chicas, un "sensual" toque de rebeldía, que básicamente se refiere a que no se suele aplacar un par de mechones para darle un poco de estilo al peinado. Alguien a quien muchos suelen mirar hacia arriba, y en mi caso literalmente.Pues mientras yo mido un metro setenta, él mide un metro ochenta.

—No lleves angustia en tu pecho amigo, tu tampoco careces de elegancia —Dijo mientras apoyaba su brazo en mis hombros para llamar mi atención.

Satoru estaba apuntando hacia al frente usando un poky que no tengo idea de donde sacó, más precisamente a uno de los arbustos en la entrada.

—¡Eek!

—Buenos días compañera.

Digamos que en la entrada de la escuela había un escondite perfecto para los mirones. Si la miras de frente, ves dos paredes con rejas deslizantes tras ellas para cerrar el paso al dar inicio las clases. Sin embargo de cada lado se colocaron arbustos altos recortados para parecer rectángulos, y justo entre las hojas y ramas del arbusto izquierdo se encontraba esta chica.

—¿Me has de permitir una pregunta?

—¡A-ah...! ¡S-si!

—¿A quien de nosotros dos estabas espiando?

—¡B-bueno...! ¡E-esto es para ti Satoru-senpai*!

—¡Ugh...! —Exclamó Satoru, que había recibido la carta de una bofetada bien dada.

Aunque en parte decepcionante por no haber sido yo el afortunado, mayormente era una escena hilarante. Una chica corriendo en la lejanía y mi amigo con una carta de amor pegada al rostro por semejante golpe que al parecer le selló al vació la carta en la mejilla. Vaya mañana, o más bien mañanas, ya que era un evento semanal casi obligatorio ver a las chicas declararndosele a mi amigo.

—Ummm... Tienes algo en... —Dije, señalando su mejilla.

—Lo sé *Clac**munch**munch*—Respondió Satoru mientras mordía el poky de antes.

—¿De nuevo Satoru? Bueno, les aconsejo apresurarse a clase —Dijo una voz femenina que pasó a nuestro lado a la vez que se despedía con un gesto, y a quien pude identificar como la presidenta del consejo estudiantil, Hatsu.

—¿Y esa bolsa, presidenta Hatsu?

—Ah... ¿Esto? —Dijo mientras dirigió su mirada a la bolsa que sostenía en su mano derecha, llena de lo que parecían ser latas de atún y cartones de leche —. Los voy a llevar al área de reciclaje de la escuela, no tuve oportunidad de hacerlo en casa.

—Era de esperarse de usted... Quizá yo también deba hacer algo con todo el cartón de mis cajas de pokys —Dijo Satoru en tono de auto-reproche.

—Bien, si no necesitan nada, me retiro —Dijo mientras se ajustaba el listón del cabello y se despedía una vez más.

Ayudé a Satoru a levantarse y nos encaminamos al salón, sin embargo sin haber pasado ni tres minutos en la lejanía el sonido de la bolsa de latas golpear el suelo llamó nuestra atención, y vi que en la puerta de la escuela, donde uno suele cambiarse de zapatos, dos chicas se acercaron demasiado a la presidenta y hablaban con ella. Satoru y yo, en unanimidad no hablada, nos acercamos por simple sospecha, para estar seguros.

—¿Y que te parece? —Dijo una de ellas en un tono algo grosero.

—¿Gusta de nuestro apoyo, presidenta? — Irrumpió Satoru.

—No, ah... solo me preguntaban por el festival cultural —Respondió Hatsu algo insegura.

—Oye... Jin, las clases van a comenzar, mejor vámonos... —Replicó sumisamente la otra.

—Tch... Bien — Contestó quien parecía ser la líder de entre ellas dos.

Ambas chicas se alejaron, y se perdieron entre los demás alumnos que iban a sus salones. Satoru decidió acompañar a la presidenta para dejar la bolsa en los botes de reciclaje y me pidió que me adelantara al salón. No hay duda de por qué él es tan popular con las chicas, siempre suele dar gestos de amabilidad como ese, y comúnmente se llegan a malentender por los demás. Al paso de pocos minutos Satoru llegó justo antes que el profesor, a pesar de su parada extra. Y una vez dada la campana para el inicio de la primera clase, nos dispusimos a comenzar un día mas de estudios. La primera clase me parecía una eternidad, el profesor era de esos que actúan como si tuvieran dos bocas y una oreja, pero la hora esperada llegó, aquella clase que te deja ir al gimnasio sin estar en algún club deportivo. La clase en la que puedes contemplar sin culpa a las chicas, pues los ejercicios se hacen primero hombres y luego mujeres, dejando descansar a un grupo mientras el otro hace los ejercicios. Hice mis ejercicios con prisa debido a la ansiedad del panorama que pronto estaría disponible, y una vez terminado el turno de los varones, Satoru y yo nos dispusimos a sentarnos en una de las esquinas del gimnasio.

—¿Listo para contemplar el catálogo, Hikaru?

—Así es, Satoru, ¿y tu? —Pregunté con voz elegante y de manera retorica.

—Aún buscando algo sin... superficialidad entre sus cualidades — Respondió Satoru junto a un suspiro.

—Suerte...

El juego de ese día parecía algo rudo, habían dividido en dos equipos al grupo de las mujeres, y una de ellas estaba jugando con muchas energías, incluso demasiadas para un simple juego amistoso.

—¡Guh...! — Gimió Hatsu al recibir un balonazo tan duro que resonó en todo el gimnasio, logrando que casi todos posaran la vista sobre la herida Hatsu.

El quejido llamó la atención de todos, incluso la del profesor de educación física, quien declaró su primera falta a la chica que había lanzado el balón.

—¡Jin!¡Primera falta! Una mas de esas y estarás sentada el resto de la clase —Dijo el profesor ejerciendo su autoridad.

El juego continuó, ahora percibiéndose una atmósfera de incomodidad. El profesor dio la señal con su silbato y se lanzó el balón de nuevo.

—¡Hmf...! —Dijo la presidenta Hatsu entretanto que caía de sentón luego de un balonazo bien centrado a la cara.

El juego se vio interrumpido por un silbatazo, junto con el profesor haciéndole una seña a Jin para que se retirara del juego. Seguidamente, el profesor se acerco a atender a Hatsu junto a una amiga de la misma que observaba desde las gradas.

—¿Todo en orden Hatsu? —Preguntó el profesor mientras se hincaba cerca de Hatsu.

—Heh...

—¿H-Hatsu? —Preguntó su amiga extrañada por la inusual respuesta.

—Si, todo esta en orden —Dijo con rabia mientras se limpiaba la sangre de la nariz con la palma de la mano—. Todo esta en maldito orden...

—¿Puedes ayudarla a ir a la enfermería? —Dijo el profesor dirigiéndose a la amiga de Hatsu que acepto sin dudarlo.

—Vamos, Hatsu...

—Heh... Da igual a donde vaya, Hiriko.

—¿Que?

—¡Da igual! —Gritó Hatsu con una voz llena de ira a la vez que golpeó la mano que Hiriko le extendía para que se levantara.

—¡Auch! H-Hatsu, tenemos que hacer algo... estas sangrando mucho por la nariz y...

—¿Hacer... algo? Si... quizá... quizá deba hacer algo...

—S-si, démonos prisa —Dijo Hiriko tomandola de la mano una vez más para levantarla, sin embargo, quedándose congelada, los ojos Hiriko estaban fijos en la mano de Hatsu.

—Tu mano...

—Ah... Oooh... —Expresó Hatsu como con placer.

Repentinamente ella soltó la mano de Hatsu con temor a la vez que retrocedía lentamente.

—Sabes Hiriko... Me contuve mucho tiempo...

—¿H-Hatsu...?

—Pero ahora que lo dejo fluir... Se siente tan... tan bien... — Alegaba ella poniéndose de pie por si sola, importándole poco el chorro de sangre que caía de su nariz.

—Hatsu... por favor... no... —Rogó Hiriko que se cubría la boca con la mano en señal de espanto y estando al borde de las lagrimas.

Al instante, Satoru sacó su celular y fugazmente presionó dos botones que desplegaron una pantalla que decía "Por favor espere". Dirigí de nuevo mi mirada con Hatsu, pero había algo diferente en ella, no solo era el aura macabro que desprendían sus expresiones, sino su postura ahora encorvada y su piel que lenta y siniestramente adquiria un tono naranja-rojizo, a la vez que expedía respiros intermitentes junto a una voz que sonaba cada vez mas ronca y quebradiza, a tal punto que sonaban como gruñidos.

—Todos mantengan la calma —Exclamó el profesor a voz temblorosa mientras hacia señas para que los demás estudiantes salieran discretamente por las puertas del gimnasio.

—¿E-esas son...?—Intentó decir el profesor.

—G-garras —Terminó Hiriko con voz temblorosa.

Hatsu cubría su rostro con las manos, ahora con un notable aumento de bellos rojizos a lo largo de sus brazos y manos, incluso de su cuello y rostro, todo acompañado de unas largas garras en lugar de uñas en los dedos de sus manos.

—Heh... ¡Hahahahaha! Si... ¡Si! ¡Jin! — Gritó Hatsu casi gruñendo cual bestia dirigiéndose a Jin, que se encontraba sentada en las gradas y congelada por el tremendo pánico — Si corres haré las heridas más profundas de lo que le gustaría a los paramedicos...

—S-señorita... la ayuda viene en camino, no... no lo haga peor de lo que ya es... — Imploró el profesor casi llorando de miedo.

—¿Ayuda...?¿Peor...? —Replicó Hatsu apartando lentamente sus manos del rostro, permitiendo verle los ojos, otrora castaños, ahora reemplazados por unas intimidantes pupilas de un amarillo brillante que parecían poder clavarse en el alma de sus victimas —Que gracioso... Justamente acudí con usted y varios otros... para pedir ayuda y evitar que las cosas... empeoraran...

—H-Hatsu... Y-yo... —Suplicó el profesor temblando en el suelo con temor.

—Hiriko... No quiero que veas esto... vete — Dijo Hatsu, volteando a ver a su amiga y dándole una psicótica sonrisa con un desfile de colmillos que protuberaban de su boca.

Su amiga, con horror y lagrimas en el rostro, chilló con espantó, provocando el pánico en todos y corrió desesperadamente fuera del lugar junto a los demás alumnos que huían despavoridos, aplastándose y estrujándose los unos a los otros, desesperados por salir. La ya alterada figura humana de Hatsu comenzó a perturbarse aún más, invadiendole espasmos repentinos acompañados por un demoníaco tronar que parecía venir de sus articulaciones moviéndose dentro de ella, todo adornado de su gritos de dolor. Mientras todos los demás huían dejando a su suerte a Jin y al profesor, le dirigí una mirada a Satoru, quien entendió de inmediato. Debíamos intentar ayudarlos a escapar. La inhumana silueta de Hatsu comenzó a perderse entre un montón de masa que parecía emerger de su cuerpo recorriendolo, extendiendolo y moldeando a una figura terriblemente distorsionada. Una pobremente formada cabeza que aparentaba ser la de un lobo sostenida en un cuello flacucho y tembloroso, los mismos brillantes ojos amarillos que ahora parecían estar a punto de resbalarse de sus cuencas, todo junto a una columna vertebral casi expuesta al aire, cubierta por piel rojiza que más bien parecía una envoltura sellada al vacío que marcaba claramente el contorno de cada uno de sus huesos. Y habiendo ganado al menos medio metro de altura, Hatsu, ignorando al profesor, avanzaba lentamente a cuatro patas hacia la asustada y casi colapsada Jin, y al ver la oportunidad el profesor salió despavorido del lugar. Hatsu, siguió acercándose haciendo uso de unas extremidades que parecían un punto intermedio entre humano y animal, unas delgadas, otras más gruesas, y además de que sin saber mucho de anatomía, es evidente que una pierna o brazo no tiene mas de tres coyunturas, cosa que no aplicaba en ella.

—Hm... Hehehehe...

—¡A-Alejate! —Gritó Jin desesperadamente mientras corría torpemente por las gradas casi tropezándose en cada escalón.

—Oooh... Jin... ¿Por que no hablamos...?

Sin pensarlo tomé uno de los balones que habían quedado en el suelo y se lo lancé a Hatsu, el cual se hundió entre sus costillas y cayó el piso.

—Grrr...

—¡Hikaru vámonos! —Exclamó Satoru mientras halaba de mi hombro.

Mi acción, aunque muy imprudente, le permitió a Jin alcanzar la puerta de emergencia del gimnasio y salir.

—¿Te le unes entonces...? — Dijo al ver a Jin saliendo por la puerta.

Esa voz, ahora increíblemente ronca, tronante y profunda, me retumbaba en los oídos dejándome inmóvil cual conejo asustado, a tal punto que Satoru decidió empujarme con fuerza para que instintivamente comenzara a correr hacia la salida principal, por donde ya se podían escuchar sirenas y autos arribando al lugar, y que presumí eran de la policía. Hatsu se lanzó contra mi de un salto, pero Satoru se tiró al suelo llevándome con él y anticipando el movimiento. Ella cayó de manera torpe, dejando sus uñas clavadas al suelo de madera. Nos levantamos de inmediato entretanto que Hatsu luchaba por incorporarse debido a sus articulaciones mal acoyuntadas así como sus también intentaba liberar sus uñas, o garras, de entre la madera. Logramos alcanzar la salida, donde nos recibieron unidades policíacas armadas hasta los dientes y con barricadas ya puestas en el patio de terracería que había entre el edificio de la escuela y el gimnasio, el cual era suficientemente grande para albergar tres patrullas de policía, las barricadas y un camión negro del tamaño de un autobús publico. Los policías se apresuraban para despejar la zona, y se luchaban para evacuar a todos los alumnos que estaban corriendo por ahí, o incluso parados en medio de la conmoción y sin saber que hacer.

—¡Despejen la zona!¡Dense prisa! ¡Todos los maestros, apóyennos para evacuar a los alumnos!—Gritó quien parecía ser el líder del escuadrón policial.

Y entre los empujones del gentío, yo y Satoru nos separamos, siendo llevados a distintos lados de la escuela. Todos los alumnos fuimos repartidos entre los múltiples edificios, sus secciones y plantas. Y una vez nos llevaron dentro de la escuela, todos se amontonaron en las ventanas del edificio, y en mi caso conseguí una vista perfecta de la escena, pudiendo visualizar la gran puerta principal del gimnasio abierta de par en par y a los policías apuntando al interior.

—¡Mantengan sus posiciones!¡Limítense a apoyar al escuadrón de asalto!

Esa frase significaba una cosa, que todo ese montón de policías armados no eran más que el apoyo. Aquellas palabras generaron tal suposición tanto en mi como en todos los demás alumnos, que ya se comenzaban a escuchar los murmullos y cuestionamientos al respecto de tal asunto.

—¿Entonces ellos no van a hacer nada?

—¡N-no seas tonto! ¡Tienen que hacerlo!

—¿Quienes crees que sean esos del equipo de asalto, más policías?

—¡Miren! ¡El camión se esta abriendo!

El camión negro de antes se abrió deslizando una de sus puertas y revelando una tenue iluminación verde y blanca de su interior, de entre la cual surgieron dos siluetas, dos personas entraban a escena, que iban vestidas completamente de negro, trajes que aparentaban ser de una tela brillante, ambos daban un aire de motociclistas mezclados con agentes secretos y usaban una especie de casco de motociclista, que mas bien era algo así como un cristal polarizado de una pieza. Ambas siluetas femeninas, parecían hacer los ajustes finales a los cierres de sus botas así como a al velcro de sus guantes. A mayor inspección noté que el traje una de ellas tenía lineas color caqui que recorrían las costuras que unían sus prendas como a manera de adorno, e igualmente la otra contaba con unas de color purpura oscuro. Al terminar de preparase se miraron la una a la otra y asintieron, caminaron entre los policías posicionados y se colocaron al frente de la barricada. En ese momento noté que las dos contaban con un mismo símbolo en la espalda de sus trajes que solo difería en sus respectivos colores, una especie de rombo con un ovalo vertical en su centro que iba de punta a punta en la primer figura. Ambas adoptaron posturas de pelea. La mujer de caqui flexionó las rodillas, teniendo bien apoyados los pies y con los puños al frente cual boxeador. Su compañera se colocó detrás de ella, igualmente preparándose para pelear, también flexionando sus rodillas algo más cerca del suelo y colocando los brazos cual artista marcial.

—Arne, Desplegada —Afirmó la silueta purpura.

La silueta color caqui dio un ligero vistazo hacia atrás, como habiendo escuchado el aviso de su compañera.

—Anis, Desplegada. Unidades confirmadas. Iniciando asalto —Dijo la silueta caqui.

—¡Todas las unidades!¡Prepárense! —Gritó el comandante en respuesta a la confirmación de Anis.

Al unisono con la orden del comandante comenzaron a sonar raspones desde dentro del gimnasio, como si unas garras se aferrasen al suelo para propinar un buen impulso. Y justo así fue, Hatsu logró un salto por la ventana que estaba justo arriba de la puerta, atravesándola, siendo acompañada de montones de cristales rotos y un aullido bestial en toda su expresión. Anis al instante reafirmó los pies para recibirla conectandole un buen derechazo, que la detuvo en su caída durante unos instantes y haciendo que Hatsu perdiera todo el impulso que llevaba, para luego usar una de sus piernas como eje y con la otra asestar una patada entre sus flacuchas costillas antes que se recuperara de la caída, y así poder someterla en el suelo con ambos brazos. Sin embargo Hatsu retorciéndose se liberó de una patada, haciendo volar a Anis quien chocó contra dos policías que formaban parte de la barricada, derribandolos como un par de pinos de bolos.

—¡Miren! ¡Que salto!

Uno de los alumnos redirigió las pupilas de todos hacia Arne que había esquivado a Anis dando un salto de gran altura, permitiéndole maniobrar en el aire y lanzar un fino arañazo en la espalda de Hatsu para luego aterrizar con pericia detrás de ella.

—¡Ghaaaaaaah!

Hatsu se volvió contra Arne y comenzó a perseguirla y embestirla sin cesar, intentando prensarla entre sus colmillos. Arne en cambio respondía con toda calma, moviéndose a través de los golpes de aquella bestia con gran elegancia como si se tratara de una pieza de baile hecha de memoria. Luego de unos minutos ambas acabaron frente a frente justo donde habían comenzado, Hatsu con el gimnasio a sus espaldas y Arne con los policías detrás de ella. Mientras Hatsu gruñía Arne se disponía atentamente para esquivarla.

—¡Graaaaah!¡Ghaaa...!

Hatsu comenzó a tambalear, y comenzó a emitir aullidos de dolor, quedando débil e impotente en el suelo.

—¡Jin!¡¿Jin, me escuchas?!¡Haré que me dejes en paz! ¡Yo...!¡Aaaah!

Su ultimó quejido fue causado por una especie de dardo que fue disparado desde una pistola de mano empuñada por Anis, quién se encontraba ya de pie y justo detrás de Arne. Al instante, los mismos horrendos sonidos que Hatsu emitió al transformarse volvieron nuevamente, una danza de articulaciones y estirones de carne la envolvieron mientras que aquel ser bestial volvía a moldearse en la Hatsu que conocíamos. Los policías cubrieron rápidamente a Hatsu evitando exponer su desnudes en forma humana, dejando a muchos pervertidos decepcionados. Una unidad para-medica la puso en una camilla y procedió a llevársela en una especie de ambulancia con el símbolo de detrás de las chaquetas de Anis y Arne, pero sobre él el típico símbolo de la serpiente envuelta en un bastón. Todo lo que estaba pasando delante de mis ojos era demasiado que procesar en una sola mañana, los primeros avisos de la situación solo eran personas que presentaban mutaciones en alguna mano o la cara y que habían atacado a uno o dos ciudadanos. La policía tuvo que asesinar a esos primeros individuos en la escena debido a la falta de un medio de contención apropiado, y ahora, luego de un plazo de al menos seis meses en que se detonaron los casos más violentos, el gobierno acaba de estrenar lo que supongo es el "método" del que se ha estado hablando en las noticias. Los policías abrieron paso a dos personas que llegaron a la escena luego que se llevaron a Hatsu. Una mujer y un hombre. Ambos con toda la pinta de científicos o investigadores, aunque eso quizá solo por la bata blanca que llevaban y la vestimenta formal de trabajo bajo la misma. Él parecía un hombre joven cualquiera, de complexión delgada y una postura algo encorvada, cabello rubio corto y desordenado, con un semblante relajado, unas marcadas ojeras y una sonrisa de par en par que te daba la duda de si estabas viendo a alguien demasiado entusiasta o a un potencial psicópata. El caballero se dirigió a la escena junto con quienes parecían sus ayudantes. Ella, una mujer de postura recta y silueta esbelta, y un semblante férreo que no carecía de elegancia y belleza. Y su mirada, aunque oculta por unos lentes parcialmente oscuros, emitía autoridad. Lo mas llamativo de aquella mujer, era en su peinado, que era una tranza que desembocaba en una cebolla en su nuca. Ahora, lo extraño no era el peinado sino lo que estaba en el peinado, el accesorio que estaba supuesto a complementarlo, que era una especie de broche demasiado grande a mi parecer, con orejas y cara de gato caricaturesco. Tal mujer, mientras su compañero se ocupaba de la escena, fue rápidamente con Anis y Arne, quienes estaban ya entrando de regreso en el camión negro de antes. Todos estaban atónitos. Y así fue que me hice la misma pregunta que todos.

—¿Q-que demonios esta pasando?



PALABRAS RARAS

Senpai: una palabra japonesa, utilizada para referirse a una persona de mayor rango o nivel, como por ejemplo en un trabajo la persona que lleve mas años en él o que este en un cargo mas alto que nosotros sera nuestro senpai, en este caso un grado escolar arriba.


5 Mai 2020 22:08:48 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Nataly Calderón Nataly Calderón
Interesante historia.
August 11, 2020, 15:18
Francisco Rivera Francisco Rivera
Bestias de la narrativa sobrenatural japonesa en el presente de vida de estudiantes que cruzan su etapa educativa. Los términos empleados, acaso, incluirlos entre paréntesis para dar sentido de continuidad en la narración, que todo lector no familiarizado con el género, agradecería.
May 22, 2020, 13:32

  • Arturo SNT (ArtSNT) Arturo SNT (ArtSNT)
    Oh, ya veo a que te refieres. De hecho no los pensé en relación a los clásicos seres de leyendas o antiguos relatos, pero viéndolo de esa perspectiva si parecen serlo. ¡Gracias por el consejo! May 22, 2020, 20:02
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