sonatinaparth Sonatina Parth

Saraí sabe que algo va a salir mal en la noche de halloween... Sólo que no sabe cómo, dónde, o incluso por qué.


Histoire courte Déconseillé aux moins de 13 ans. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#romance #halloween #bruja #magia #amor #miedo #traición #vampiro #deseo #venganza #temor #cinismo #burla #samhain
Histoire courte
0
1.0k VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

El Temor de la bruja

Saraí se despertó agitada.

Nada venía a ella de lo que había vislumbrado en su inconsciencia.

¿Por qué no podía recordar el sueño?

No podía estar a ciegas justo ese día.

De hecho, las cartas le habían advertido primero. Esa noche, la noche de Samhain corría un gran peligro.

Fatídica y dramática, tal cual era, no podía dejar de pensar que la muerte clavaría la sucia guadaña en su carne, sin derecho a pataleo.

Inspiró y exhaló.

No sabía qué hacer, la suerte era una mierda macabra parecida a la infravalorada franquicia de películas "Destino Final", un chiste. Un solo error en su elección de libre albedrío y ¡puf! Adiós Saraí.

Había solo dos opciones, quedarse donde estaba o marcharse y no sabía cuál de las dos era la que le otorgaría el premio gordo de seguir viviendo.

Se arrimó hasta el final de la cama de hierro del hotelucho y siendo lo bajita que era balanceó sus piernas; adelante y atrás.

Pensando, con cierto pesar.

Entonces algo vino a su mente.

Había sangre.

Apostaba que era su sangre... y unos dedos largos y pálidos acariciando el relieve de su tatuaje de bruja iniciada, ese que ahora picaba bajo su clavícula derecha.

Recordaba plenamente la caricia, una extraña sensación delicada, sobre el grabado de su espíritu familiar: el leopardo de las nieves.

Se estremeció, temiendo estar romantizando su inminente muerte.

¿Qué? No, eso no. Debía estar confundiendo ese vital sueño premonitorio con una perturbadora fantasía sexual que ni siquiera sabía que tenía.

¡Ups! Bueno...

Así que sangre, no un conocimiento de mucha ayuda, ya que no podía deducir si sería mortal o no. Además, en cualquier lugar y con cualquier cosa podían hacerla sangrar, un cuchillo, un arma de fuego, un fragmento de vidrio, su cabeza siendo estrellada contra una acera, la encimera de la cocina o el lavamanos.

No, el lavamanos no, el lugar en el que se alojaba en el Vieux Carré (Barrio Francés) era tan cutre que sospechaba que este caería con el más leve empujón.

Caminó hacia algunas de sus cosas desperdigadas por la sucia alfombra y sacó de su cofre ceremonial su athame, la daga había sido creada para dirigir la energía mística que está dentro del cuerpo de una bruja hacia el exterior, no para herir.

Sin embargo, funcionaría para defenderse o intentarlo al menos.

Sin encender las luces caminó hasta la ventana y observó el movimiento en la calle, tan natural e imperturbable ante el peligro que corría. Pero, debía aceptar con recelo que el bullicio de la celebración de halloween era agradable y le guiñaba diciéndole que si salía ahí podría escapar.

Sin embargo, pensar en salir le revolvía el estómago.

Así que se sentó en la cama, desenfundó el athame, cruzó las piernas y esperó.

Estaba adormilándose, pero un movimiento en la ventana captó su atención.

Pestañeó incrédula al enfocar la figura frente a ella, un gato negro.

¿En serio? Si era la muerte, tenía un sentido del humor increíble y amaba los clichés. El animal caminó hasta el centro de la habitación y se sentó ahí mirándola con sus inquietantes ojos verdes relucientes, como luciérnagas.

Era... tan familiar.

— Tock, Tock — Dijo una voz ronca, que parecía venir de todas partes, haciéndola saltar.

Oculto, en alguna sombra de la habitación, alguien estaba observándola.

Saraí Apretó la mano sobre el arma y mordió la cara interna de su labio inferior, respirando calmadamente, a pesar de su acelerado corazón.

— Vine a pedir una consulta ¿Fumas el tabaco, bruja? — Ronroneó la voz, definitivamente masculina.

— Una lástima que no, es malo para los pulmones ¿La querías antes o después de desangrarme? — Preguntó Saraí, haciendo acopio de fuerzas para no empezar a gritar como en una escena de Scary Movie, era así de histérica cuándo se asustaba.

— Que desconfiada ¿Has hecho algo por lo que ser cazada, bujita? — Inquirió el extraño, había burla en su tono.

— No que yo sepa, podría asegurar que no... — Negó tensa — Pero, no creo que eso te importe — Agregó con amargura, lista para convertirse en un pequeño tornado asesino desgarra pelotas.

Sintió una brisa soplando en su contra y de pronto estaba aplastada, con la espalda en el colchón.

Atacó ciegamente, haciendo sisear a quien la sostenía.

Sangre fría salpicó su camisa y parte de su cuello.

Tal vez, después de todo, no era su sangre la que había visto.

— Saraí, mi adorada ¿Cuándo te volviste tan sanguinaria? — Se quejó su agresor y en la oscuridad Saraí vio destellar unos colmillos.

¡Que la jodieran!

Era un vampiro.... ¡Y sabía su jo-di-do nombre!

La distracción le salió cara porque el ser colmilludo logró someterla por completo, quedando fuera del rango de su athame.

— El consejo ha contratado a este humilde sicario en cuestión para "ajusticiarte", porque has sido una ovejita descarriada, se te condena debido a tu implicación en imperdonables rituales vudú — Declaró con voz formal.

— Eso no es cierto, no lo es — Contradijo ofendida, no le iba la magia negra — Incluso soy cristiana ¡Por el amor de Jesús, María y José! — Expresó elocuentemente, era muy obvio que estaba desesperada.

— Y muy devota, por cierto — Reconoció el vampiro.

— ¡Ya te dije que...! ¿Qué? — Balbuceó confundida.

— Por eso vine a salvarte Saraí, por tus buenos servicios al señor — Se burló — ¿No me reconoces pequeño demonio? — Sonsacó el asesino, acariciando íntimamente su tatuaje, justo como lo había visto en su sueño.

Volvió a estremecerse.

Pero la voz resonó en sus recuerdos y ese toque se tornó tan familiar.

— ¿Mermaid? — Soltó incrédula.

El vampiro, que en realidad se llamaba Ariel —como la Sirenita—, posó un beso sobre los elegantes trazos de tinta y la liberó.

Saraí saltó de la cama, corrió a encender las luces y lo miró con ojos agrandados y dilatados, algo desquiciada.

—Eres... un vampiro — Dijo sorprendida — No estás muerto, bueno sí. pero... — Balbuceó con voz quebradiza.

— Que observadora querida, debería llamarte "Miss Obvia" — Bromeó Ariel.

— Creí que estabas muerto — Susurró a riesgo de ser repetitiva, por temor a que todo fuera una fantasía.

— Sobreviví — Dijo Ariel — Y... me aseguré de vengarme de los que me acusaron y condenaron injustamente. Justo como lo harás tú — Aseguró con una sonrisa de medio lado que aceleró su corazón, como siempre lo había hecho.

— Pero, el consejo... — Empezó a formular Saraí.

— Es corrupto, organiza tu mente Saraí. Si eres un estorbo para alguien o intentas saber más de lo que ellos creen que deberías, te usan como chivo expiatorio, para mandarle mensajes a los verdaderos brujos oscuros. A los verdaderos intocables — Le dejó saber.

— Mierda — Chasqueó enfurecida, quería sacarles los ojos a los malditos. Habían decidido abandonarla luego de que ella insistiera en averiguar los supuestos nexos de Ariel con la magia vudú.

— Sí, puedo imaginar lo que tienes en mente, mi peligrosa medusa. Pero ya habrá tiempo para eso ¿Qué tal si primero celebramos este reencuentro? — Propuso, mirándola con deseo.

— Estás... tú estás herido — Recordó ella, acercándose para evaluar el daño.

Pero, en cuanto levantó la camisa de Ariel, se dio cuenta de que no había nada más que dos delgadas líneas rosadas en la piel de su pecho.

— No tienes que usar esas artimañas para desnudarme — Le provocó él, aguantando la risa.

Saraí lo miró con ojos entrecerrados, mejillas enrojecidas, y saltó sobre él, empezó a morderlo con ferocidad.

— Morfeo nos observa — Le avisó Ariel, refiriéndose a su gato.

Morfeo había desaparecido una noche después de la supuesta ejecución de Ariel y aunque había pasado un par de años... Saraí nunca había dejado de sentirse culpable por no encontrarlo y cuidar de él.

— Es un pervertido voyerista — Se carcajeó ella, volviendo la atención a los labios ajenos.

— No son tan diferentes... Tú eres toda una pequeña cosita esponjosa y seductora — Le dijo, acariciando su abundante, despeinado y blanquecino cabello rizado — Te diré cómo vamos a hacer esto, Morfeo va a irse y luego vamos a encargarnos de nuestras necesidades básicas — Comentó.

— ¿Comer, beber y...? — Saraí empezó a burlarse.

— No lo digas, vaya Saraí ¡Dame un respiro, listilla! No, es sexo, sexo, sexo. Eh.. déjame ver... alimentación. Sí, ahí si estabas en lo cierto y como postre: venganza — Zanjó Ariel, rozando sus colmillos por la delicada clavícula de su leopardo de las nieves.

5 Mai 2020 19:59:34 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
0
La fin

A propos de l’auteur

Sonatina Parth Una soñadora incrédula que caza y devora utopías para no morir de realidad

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~