N
Nicola Marchese


En un callejón un hombre fue asesinado. Su hija arrodillada ante el cadáver ve una sonrisa. Un color carmesí. Justo después, otro disparo. El otro hombre se abre un agujero en la cabeza. La lluvia mancha el vestido de la chica. Pero crecerá, en un mundo sucio, donde la lluvia es incesante. Y buscará respuestas.


Science fiction Interdit aux moins de 18 ans.

#virtual-reality #cyberpunk #381
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Prólogo

La habitación era muy oscura, no necesitaba luz para ver la imagen que el proyector mostraba en la pared. Además, prefería que nadie viera nada a través de la ventana. La policía llevaba buscándola ya un tiempo. No podía dejar que la capturaran, si lo hacían la matarían, y no podía morir. Aún no. Debía encontrarle a él. A ese capullo asqueroso al que la policía temía demasiado como para enfrentarse a él. Era demasiado fuerte, demasiado inteligente, siempre se les escapaba. Tenía muchos seguidores. Tantos como para crear una red que dominaba toda la ciudad, no se le podía ocultar nada, siempre tenía algún informador o corrupto que le comunicara cualquier cosa que quisieras ocultar. Nunca nadie había escapado con vida después de verlo. No había testigos. Nadie. Menos yo. Yo soy la única a la que ése hombre dejó vivir. No como mi padre. Las imágenes de la cámara de seguridad se repetían una y otra vez en la pared. Un hombre levantaba la mano lentamente, apuntando a mi padre con un arma. Mi padre pedía piedad, que entregaría el dinero, el proyecto estaba dando sus frutos, si esperaba un par de semanas más despegaría. Ni una palabra. Detrás de él había una chica, de unos dieciséis años. Llevaba un vestido blanco y una mochila de color negro, acababa de despedirse de sus amigas en la puerta del colegio. Nunca pudo haberse imaginado que ese mismo día también tendría que despedirse de su padre. Ella lo presenció todo. Un sonido ensordecedor la dejó paralizada. La sangre salpicó el vestido de la pequeña. La cara le quedó moteada de rojo. Miraba a la nada. Los ojos abiertos como platos y un pitido en los oídos. El hombre no se movió mientras el cadáver yacía en el suelo, vaciándose de sangre. Formó un charco. Mojó los zapatos de le chica. Le salían lágrimas de los ojos marcando su paso por sus mejillas al limpiarlas de parte de la sangre que había llegado hasta allí. No estaba triste. No tenía miedo. No sentía odio. Estaba vacía.

El asesino se giró hacia la cámara. Inclinó su cabeza hacia un lado, como confuso. Su ojo brillaba en la oscuridad de su capucha. Rojo, como la sangre que acababa de derramar. Entonces sonrió. Una sonrisa sangrienta. Le mostró la sonrisa a la chica, que ahora yacía arrodillada ante su padre. La apuntó a ella. Pasó un buen rato. Hasta que entonces cambió de objetivo. Se apuntó a la cabeza y apretó el gatillo. Sus sesos se esparcieron por las paredes del callejón. El cuerpo cayó sin vida sobre el asfalto formando un río de sangre hasta el desagüe más cercano. La lluvia seguía cayendo.

Las imágenes de la cámara seguían por una hora más. Pero nada sucedía. Entonces se perdía la grabación. Era todo lo que había podido conseguir. Miku se subió a la mesa, volcando la taza de café que había dejado allí. Me apresuré a limpiarlo, no quería que se estropease ningún papel con apuntes. Eran muy importantes, cualquier dato que consiguiera sobre ese hombre era importante. Era un hombre que consiguió escapar a la muerte. Así que yo tenía que ser más rápida que la muerte.

El animal parecía orgulloso de su labor. Había veces que lo mataría. Pero era tan achuchable… Aunque eso no le salvó de una buena bronca. El gato me había acompañado desde hacía ya mucho tiempo. Fue el primero y el único en acudir hacia la niña arrodillada ante el cadáver de su padre. Pero las cámaras no mostraban su encuentro. Cada vez se hacía más difícil encontrar información. El corcho de la pared estaba repleto de papeles e hilos que los unían entre ellos. No cabía nada más. Pero tampoco había nada más que añadir. Me había convertido en una criminal con tal de buscar todos los datos posibles. Se me acusaba de delitos como robo, extorsión y asesinato entre una lista de muchos otros. Pero hasta ahora me había demostrado suficientemente escurridiza como para escapar de la policía durante años. No tenían mi nombre, por lo que me pusieron un apodo un apodo. No era oficial, pero la gente lo utilizaba para hablar de mí, no había nada mejor que usar. Era la inquisidora. No sabía exactamente porqué. A lo mejor se debía a la gran cantidad de preguntas que les hacía a mis víctimas. Pero había algo que me alegraba mucho de esa situación, le habían puesto un precio a mi cabeza. Tenía una recompensa de un millón de dólares. Me alegraba que hubiera alguien dispuesto a pagar tanto por mí.

Necesitaba descansar, llevaba toda la noche revisando esas imágenes. Las acababa de robar del departamento de policía de la ciudad. Sabía que no lo echarían a faltar. La cinta se encontraba en la sala donde guardaban pruebas de casos archivados. Era de las pocas cosas que aún no se habían digitalizado, supongo que para evitar tráfico de información. Pero eso solo lo hizo más fácil de robar. Bajó los pies de la mesa y se levantó de su silla. Necesitaba más café. Pero una buena cabezada también hubiera venido bien. Me asomé a la ventana. Seguía siendo de noche y la lluvia aún caía, mojando las ventanas. Era enero, así que esa lluvia seguiría cayendo hasta al menos junio. Tampoco volvería a ver la luz del sol antes del verano. La contaminación provocaba una noche casi eterna. El cielo se disipaba solo ocasionalmente. Pero a mí me parecía bien así. Las tiendas se veían obligadas a encender sus neones y eso le daba a la ciudad un aire de indiferencia, lo cual me venía muy bien para seguir con mis crímenes. Lo único que no era la única. Las mafias y los traficantes de drogas también aprovechaban de la situación, pero al fin y al cabo sólo quedábamos ellos, la policía y yo.

Era una época del año bastante difícil para la mayoría de la gente. La falta de luz no ayudaba, así que la mayoría se encerraban en la Red y no salían más que para comer. La red era un sistema donde cualquiera podía meterse y ser quien quisiera. ¿Querías ser un emperador romano? ¡No hay problema! ¿Qué prefieres una prostituta? ¡No hace falta ni decirlo! Muchos se metían allí dentro incluso para cambiarse de género. Solían ser hombres. Al no ser capaces de conseguir a alguien en la vida real se creaban su propio disfrute. No era algo de lo que presumir, pero la red daba un anonimato que muchos aprovechaban para hacer lo que fuera. Pero a mí no me gustaba ese rollo. El tacto de la lluvia era todo lo que necesitaba, además, sabía que ese hombre seguía allí fuera. No tenía tiempo que perder en un lugar virtual, sus acciones no tendrían importancia allí dentro.

Cogí mi mochila y me dirigí a la puerta principal. Salí al pasillo del edificio y desde allí me dirigí hacia las escaleras. Todo estaba igual de sucio que siempre, no había nadie que lo limpiase. Llevaba puesta una camiseta blanca con una chaqueta color verde oscuro encima. También unos pantalones cortos y debajo unas medias, más que medias eran calcetines. Unas botas de montaña me protegían del agua de las calles. Pero lo que más me gustaba era mi bufanda, color rojo, muy chillón, la usaba para cubrirme la boca del frío. También ayudaba a que no me reconociera nadie por las calles. No creía que hubiera nadie que pudiera hacerlo, pero nunca se sabe. El pelo largo y castaño me caía por la espalda, me gustaba dejarlo al natural. Abrí la puerta para salir a la calle. Me quedé mirando mi mano derecha. Estaba hecha de titanio, se movía perfectamente. Era ágil, fuerte y además era fácil de reparar. Hacía ya mucho que me había acostumbrado a ella, en un principio no me gustó la idea, pero siempre era mejor que un muñón donde antes había un brazo.

4 Mai 2020 12:58:37 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Ral IHanni Ral IHanni
Salut.! Ces`t Genial..!! Pinta muy bien la trama.
May 08, 2020, 20:31
~

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