u15880543691588054369 Agustín Jatuff

Un joven y soberbio hombre de negocios viaja de regreso desde la ciudad de La Falda hacia el aeropuerto de córdoba donde tomará un avión hacia su hogar en un Country del Tigre. Es una noche de otoño y el viaje debería ser corto, pero éste durará más de lo previsto...


Histoire courte Déconseillé aux moins de 13 ans.

#cuento #295 #378 #cuento-corto
Histoire courte
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Pastizal

El tipo calzaba un traje de esos grises plateados, era de piel trigueña de cama solar, pelo con gel, pulsera de oro y esos relojes que son sacados de las propagandas. Era de noche ya y salía de una fiesta, esas de gentes importantes, de gente de empresa.

Un tipo de la capital, de la capital federal. Odiaba el interior y encima había tenido que ir a esa fiesta de la empresa en la ciudad de la Falda, en un hotel importante esos modernos… no esos de las colonias de vacaciones. Lo único que le faltaba, era tener que ir a esos hoteles de los sindicatos.


Se fué temprano, puteando por lo bajo mientras saludaba con cortesía por lo alto. Estaba cansado, pero no quería quedarse ni un minuto más con esos negros de mierda de los que se iba a olvidar el nombre en no más de una hora. Encima la flaca esa que se le había insinuado le daba náuseas. Así y todo saludó cortésmente, les dijo que eran el mejor equipo y salió. No quería perderse el vuelo que había sacado para esa misma noche. “Aeropuerto Ambrosio Taravella. Córdoba > Aeroparque. Capital Federal” rezaba el billete. Tenía unas tres horas, tiempo de sobra para llegar al aeropuerto y luego una hora más para embarcar. No le costaba nada imaginarse dentro del avión, ese ya era parte de su mundo.


El hecho es que se subió al bmw que había alquilado, puso el gps y se dispuso al cruzar la sierra, eso no debía tomarle más de treinta o cuarenta minutos, y luego treinta minutos más hasta el aeropuerto, según el aparato. El Camino del cuadrado estaba oscuro, pero el paisaje nocturno con las luces de la ciudad vistas desde arriba era agradable. Se sentía ya fuera de toda esa mierda, puso la radio para no sentirse tan solo en aquel paisaje que se le tornaba perturbador para el que era un bicho urbano.

En la radio sonaba un cover de la canción “Creep” de Radiohead, pero cantada por una tal Haley Reinhart. Era una versión mucho más oscura que la original, aunque él no tenía ni idea. En algunos momentos se distorsionaba la señal de la radio un par de segundos, dando paso al ruido del dial mezclado con lo que a él le pareció como gruñidos inentendibles casi chillidos de algún animal yuxtapuestos con un tango cantado al parecer por una mujer pero eso era en fracciones de segundos. No le prestó atención porque en ese ruido de distorsión siempre se escuchan ese tipo de sonidos o interferencias de otras radios, aunque igualmente sumaba intranquilidad junto a la sensación de soledad en aquella ruta en la que no se había cruzado ni un auto hasta ese momento, aunque también era cierto que el otoño estaba llegando casi a su fin y esos lugares suelen ser rutas muy turísticas en verano. El pensamiento del turismo le trajo otra vez a la mente esas enormes colonias de vacaciones asquerosas llenas de gente con sus reposeras portátiles plegables y comprando regionales de onix. Entonces no pudo evitar imaginar estar nuevamente en el avión y luego en Capital, luego en su barrio privado en el Tigre y por último sólo frente a su televisor tomando su bebida en un ancho vaso labrado con dos cubos de hielo. Al día siguiente iría a su oficina en puerto madero, almorzaría allí y seguramente a la noche saldría ya vería con quién a algún boliche. Ese pensamiento lo reconfortó, ese era su mundo.


Cuando prestó atención a la radio ya estaba sonando otro tema, I put a spell on You con la voz inconfundible de Screamin´ Jay Hawkins. Aunque claro, él no sabía ni jota de todo eso ni de música, ni le importaba tampoco.

Las luces de los faros alumbraban en algunas curvas, los extensos pastizales y cortaderas que peinaba el viento en las laderas de las sierras. Llegando a la parte más alta de aquellas montañas, en una de las curvas le pareció ver de reojo, a su costado izquierdo, algo oscuro que se movió entre el pastizal como huyendo ladera arriba de la montaña, pensó en algún animal asustado por las luces y el ruido del auto. Lo extraño fue que vio el movimiento (o le pareció verlo) en ese límite en que la luz de los faros dejan de alumbrar hacia los costados. En el espejo retrovisor había pura oscuridad junto al vislumbre rojo de los faros traseros. Al volver los ojos al frente tuvo que volantear y clavar los frenos quedando de costado a aproximadamente a un paso del cartel anaranjado con luces y con letras bien grandes que decía DESVÍO.


Los faros quedaron alumbrando los pastos enloquecidos del costado derecho de la ruta, y unos metros más allá el desnivel de la ladera hacia abajo. A un costado del cartel se abría un camino de tierra recién hecho. Le pareció muy extraño ya que no se acordaba que eso hubiese estado cuando pasó más temprano hacia la ciudad de la Falda. Apagó la música y se quedó un momento pensando y calmando los nervios del volantazo. El zumbido silencioso del auto era lo único que se escuchaba, aunque adivinaba el otro zumbido afuera al ver la agitación de los pastizales.

Puteó para sus adentros por aquel contratiempo, luego golpeó el volante, puso primera y avanzó despacio. Se calmó porque tanía tiempo de sobra, hasta se tomaría un café carísimo en el aeropuerto hasta el momento de embarcar. Seguramente debía ser un par de cuadras de desvío. Avanzó despacio, pero al parecer no era la distancia que el sospechaba, pisó el acelerador mirando el camino mientras se agachaba manoteando varias veces el iphone en un cubículo delante de la palanca de cambio.

- La reconcha de la lora.

Esto sirvió para que puteara algunas palabras más y en mayor volumen al ver que la señal del aparato era nula. Miró el gps, aquel camino obviamente no figuraba en la base de datos. Se detuvo unos segundos para mirar el gps, la ruta figuraba a su izquierda, pero aquel camino lo había llevado hacia abajo.

Estaba avanzando lentamente mirando el gps, lo puso en vista satelital, obviamente tampoco existía aquel camino ya que seguramente lo habían hecho por el desvío.

Percibió un movimiento nuevamente de reojo, era el mismo movimiento que había hecho que se distrajera más atrás, esta vez eso oscuro le daba la impresión como si se hubiese perdido entre el pastizal ladera abajo, o eso le pareció, también podría haber sido el movimiento brusco de alguna cortadera con el viento.

Se asustó , aceleró pero en ese momento se dió cuenta que el camino se había enangostado porque las cortaderas casi tocaban el auto en los costados. El viento agitaba los penachos haciendo que éstos parezcan muñecos locos agitando sus cabezas.

Estaba seguro que se había salido en algún punto del desvío, ya que no se veían más los trapos naranjas que habían atado para marcar el trayecto del desvío.

Se expasperó y se enojó con él mismo por distraerse

- Que pelotudo !!! Provincia del ortooo!!!

Aunque debe haber sido muy sutil la equivocación, de lo contrario se hubiese dado cuenta.

- Mierda, Mierdaaa!!

La repentina y fuerte interferencia en la radio lo sobresaltó, otra vez los gruñidos que duraban apenas milésimas de segundo, junto a la voz finita de la misma cantante.

La radio en general lo tranquilizaba, ya que le generaba y llenaba el silencio, pero aquello de ninguna manera le provocaba tranquilidad, la apagó.

Puso reversa y al girar para mirar hacia atrás vió, ( y esta vez si lo vió) a unos 20 mts, en ese límite entre el dislumbre de las luces de reversa y la oscuridad, que alguien o algo se cruzó. Esta vez hubiese dicho que era una persona, más o menos por la fisonomía, aunque no lo podría asegurar. Se quedó ahí… inmóvil un momento tratando de ver nuevamente en la oscuridad.


Aceleró un poco asustado retrocediendo hasta que encontró un mínimo margen para dar vuelta, giró el auto y aceleró volviendo sobre sus pasos. Miró nuevamente el gps para darse cuenta que se había alejado perpendicularmente de la ruta, aunque a él le hubiese parecido que iba casi en paralelo, se ahbía alejado bastante.

Nunca encontró ni el lugar donde se había equivocado ni la ruta desde donde se había desviado. A pesar de que el GPS mostraba que estaba a unos 100 mts de la ruta, al mismo tiempo estaba a unos 60 mts más abajo, sin poder acceder. Podía ver, cada tanto las luces de algún auto que pasaba por allá arriba, trató de seguir el trayecto pero desaparecían enseguida, como si estuviese en una curva o algo así. Trató de pensar, de recorrer mentalmente el trayecto que había hecho unos minutos atrás, volvió nuevamente sobre el camino recorrido, pero cada vez se alejaba más, o se encontraba con una curva que le parecía no haber pasado… no solamente nunca encontró el ensanche de ese camino, sino que le parecía que cada vez se enangostaba y que siempre bajaba cada vez más, los faros de algún otro auto que pasaba estaban cada vez más lejos hacia arriba.

Le latían los costados de la cabeza y sentía una especia de vértigo, vertigo a la soledad, a la inmensidad, a la naturaleza, a la inmensa oscuridad. Lo que terminó por desesperarlo fue que al mirar su celular, ya habían pasado 40 min desde aquel desvío.

Si bien todavía estaba a tiempo, el solo hecho de imaginar que perdería el avión sin poder salir de ahí fue demasiado. En general la naturaleza por sí misma le daba vértigo, en aquellas circunstancias era casi aterrador.

Cerró los ojos, respiró hondo y se dijo sí mismo que tenía que calmarse. Apretó el botón de apagado del motor, y se quedó en silencio un momento. Pensó en tratar de salir y volver hacia la Falda y tomar la otra ruta por Carlos Paz, luego descartó esa idea porque ni soñar que iba a perder más tiempo y menos que iba a perder su avión.

- No puede ser… debe ser más fácil de lo que pienso..

Un golpe amortiguado en la ventana derecha hizo que soltara un grito prolongado sin entender nada. Su corazón estaba acelerado y jadeaba igual que esos animales asustados que están a punto de ser carneados. Enseguida se cercioró que las puertas estuviesen aseguradas, arrancó y encendió los faros, puso reversa y retrocedió unos metros. Pudo ver un bulto marrón no muy grande al costado del camino a la altura donde estaba el auto anteriormente.

Apagó el auto, esta vez sin apagar los faros, tomó valor y bajó, fue hasta el baúl y tomó la llave larga, la que sirve para sacar las tuercas de las ruedas, se acercó unos metros.. pudo ver que se trataba de un ave más o menos grande. Al parecer había chocado contra el auto.

El viento no dejaba escuchar mucho, pero hubo un ruido fuera de lugar que lo alarmó y divisó que algo de color oscuro se movió en la oscuridad, otra vez a unos 20 mts. Ahí tomó conciencia de que se había alejado del auto, salió corriendo con el corazón en la garganta, resbalando, casi cayendo llegó y se metió dentro, buscó en el bolsillo y no encontró el dispositivo de arranque.

- Fuck Fuck Fuck!

Cuando levantó la cabeza vió que el llavero brillaba en el camino de tierra, se bajó sin pensarlo fue corriendo, levantó el llavero y cuando estaba por llegar nuevamente al auto giró hacia donde estaba el ave tirada. Alcanzó a ver que el bulto de plumas estaba terminando de ser arrastrado e introducido dentro del pastizal.

Aterrado por la escena, cerró la puerta aseguró todo y aceleró haciendo que patinaran las ruedas, la cabeza le daba vueltas, las lágrimas casi saltaban de sus ojos.. o su boca?

Se enfureció porque siempre pensó que él no era así, un cobarde, un maricón. El gel del pelo ya era historia. Trató de sobreponerse como pudo. Miró para todos lados ya sin ver luces de ningún auto.

Frenó en una intersección de caminos angostos, Los faros iluminaban dos árboles grandes con un par de pequeños que formaban una especie de miniatura de bosque justo en el vértice de la intersección, miró el gps... la función de trayectorias le mostraba que ya había pasado antes por ahí, se había alejado más. Aunque quisiera dirigirse en dirección a la ruta, esos caminos de mierda no lo dejaban y lo llevaban siempre hacia abajo.

En la inmensidad del paisaje solamente se veían un par de faros, unos metros iluminados de pastizal y en ese límite entre luz y oscuridad el conjunto de árboles, la luz de la pantalla le iluminaba el rostro, levantó la vista y le parecíó estar soñando.. junto al mareo que le provocó aquello, alcanzó a divisar como a una mujer mayor o una vieja (eso dedujo él) que terminaba de meterse entre árboles. Algo vestido de oscuro y hasta le pareció ver un rodete blanquecino. Quizás de día hubiese sido eso y nada más, una señora o lo que carajos hubiese sido aquella persona, no era un animal, no era un árbol, había sido alguien.

Aceleró sin importar cuál camino tomara, ya a esa altura era cuestión de suerte, miraba el gps y de repente vió que comenzó a subir y orientarse hacia la ruta . Eso no lo tranquilizó ni un poco, comenzó como a ver otra vez esporádicamente luz de algún auto que pasaba. Le calculaba que estaba a unos 100mts. Al recorrer la mitad de esa distancia y estando en paralelo a la ruta pero muchos metros por debajo, llegó al final del camino, el pastizal y las cortaderas se cerraban frente a él.

Fue demasiado, bajó del auto y mientras trepaba entre espinas pensó en hacer dedo, en que lo lleven a algún lado, al ruido de la ciudad o algo. Había transcurrido un momento tratando de trepar aquella ladera cuando pensó en el auto y sus cosas, en el saco, y en cómo iba a justificar a la empresa que le había alquilado el coche.

Se quedó sentado unos segundo, entonces vió a lo lejos pero bastante más abajo, una tenue luz de lo que él interpretaba o parecía ser una ventana. Se tocó las rodillas rotas del pantalón carísimo que calzaba, comenzó a bajar lentamente hacia el auto, se acordó del ave arrastrada, y en esa señora, o se lo había imaginado?

- Putisima madre!

Corrió ladera abajo hasta donde estaba el auto.

- Ya debería estar en el aeropuerto, ya debería estar en el avión!!

Se lo repetía casi como un rezo.

Se frenó en seco apoyándose en la ventanilla. Estuvo un momento ahí, tratando de fijar la vista por encima del techo. Bastante más abajo en la quebrada, se dejó entrever nuevamente una tenue y pequeña luz entre las ramas agitadas de unos árboles lejanos . Fijó la vista porque no sabía si realmente había visto eso hasta que nuevamente se vió un tímido punto de luz.


Otra vez la visión de la señora o eso que vió atrás, le dió un escalofrío en el estómago y le hizo caer en la cuenta de que todavía seguía fuera del auto, entró rápidamente.

Había dejado la herramienta para cambiar las ruedas en el asiento del acompañante a la que se aferró con todas sus fuerzas. Pensó un momento con los labios y los ojos apretados. No quería alejarse más de la ruta pero casi que no tenía alternativa, si no quería seguir dando vueltas toda la noche por aquella quebrada que se hacía cada vez más profunda. Especuló si la persona entre los árboles que creyó ver (o que vió?) tendría que ver con aquella casita, pero estaba demasiado distante para estar relacionadas y menos a esa hora. ¿Qué hora era? revisó el celular, ya había pasado dos horas perdido. Por fin se animó a pensar en esa palabra, “perdido”. Arrancó el auto , todavía estaba a tiempo. Quizás la persona que vive en la casa por se anime a acompañarlo hasta la salida. Se aferró a la idea de aquella ventana lejana que vió.



Al descender más hacia la profundidad de esa quebrada, el paisaje, o por lo menos lo que llegaba a ver, se volvía más cerrado, árboles más altos con líquenes que se mecían con el viento como esos cabellos gastados y finos de algunos ancianos que había visto en la plaza. El camino estaba más arenoso, húmedo y liso. Hasta que llegó a un vado solitario donde el camino cruzaba un arroyo bajo. Era la parte más oscura y cerrada de esa montaña. Según él.. se había orientado con respecto a la ruta para llegar a la luz que había visto. Pensó en todo lo de atrás y se dijo que estaba loco por haber ido hasta ese lugar, y casi se desmaya solamente con la idea de que podría ver algo de todo eso en ese vado siniestro.

- Que se vaya todo a la reputisima madre que lo remil parió, duermo en el auto cerca de la ruta.

Un jadeo parecido a congoja salió de su garganta.

- Concha de la lora, que mierda estoy haciendo acá…

Ya debería estar en el avión, Ya debería estar en el avión…

Cruzó el arroyo rápidamente para girar y volver.


Justo cuando hizo el giro, volvió a ver entre las ramas pero ya a unos 50 mts, la luz mortecina de lo que parecía ser la ventana. El corazón le latió más rápido.

Apoyó la frente contra el volante cerrando los ojos angustiado.

Respiró hondo, avanzó no menos de un metro y volvió a frenar, frente suyo y a un costado entre los juncos del vado había una carcaza de auto.. no alcanzó a darse cuenta que auto sería ya que estaba totalmente oxidado y lleno de yuyos en su interior, apoyada a un lado una moto en las mismas condiciones, ésta por la forma parecía ser esas tipo enduro, pero no podría definir bien eso. Lo que le llamó más la atención fueron los yuyos en el interior del auto, que se movían de una forma caprichosa, y no de la forma en que el viento movía a los demás, se quedó inmóvil sin respirar… hasta que horrorizado vió que algo se movía dentro del auto, solamente para dejar ver una parte de la espalda, como si eso estuviese agachado y no quisiera dejarse ver… permaneció paralizado con los ojos y la boca abierta entre las manos, como si quisiera gritar pero sin querer hacerlo para no ser escuchado. De pronto eso comenzó a asomarse por un costado, su mente había entrado como en un trance o vértigo nunca antes experimentado, bloqueando cualquier pensamiento racional.

El cerdo salió del auto oxidado, y se quedó mirando los faros que lo alumbraban, los ojos les brillaban como brasas, terminó de cruzar el angosto camino yendo hacia al vado y se perdió en la oscuridad.


No supo si se había desmayado, pero tardó un minuto en salir de ese trance, había detenido el motor del auto y bajó la ventanilla para tomar aire. Todo el entorno era irreal. Hasta la música… La música… la música le llegó tenue, apenas audible entre el viento. Prendió la radio y puso el sintonizador automático hasta que se clavó en el dial. Sonaba la misma música, eso lo tranquilizó. Apagó la radio, envalentonado y un poco avergonzado por el falso terror de unos instante atrás, bajó y decidió dejar el auto en ese lugar para no llamar la atención. Comenzó a caminar alumbrandose con el celular, prefería ir ver todo antes de llamar.

Era una casa de material, se podía adivinar en la oscuridad que era blanca, con esas galerías pequeñas con arcos, la luz apenas recortaba un rectángulo naranja apagado.

Creyó ver movimiento dentro, se acercó, golpeó las manos de lejos pero nadie salió.

- Buenas!! [ la puta madre ]

Se acercó un poco más y escuchó la radio [con algo de interferencia] que sonaba una música que a él le pareció que podía ser tango.


Subió los dos escalones que se introducían en la galería, alumbró con el celular para mirar un poco y se dió cuenta que el piso de mosaicos rotos, tenía una mugre más que importante… había huesos como de caracú desparramados por todos lados, pero no vió ni salió ningún perro, lo que le pareció extraño ya que era la deducción natural de aquel desparramo. Alumbró un poco más arriba, el techo de cañizo estaba semi derrumbado, un sillón sofá podrido y lleno de polvo con más huesos.

La puerta estaba semi abierta, mostrando un angosto rectángulo tenue de la luz titilante del interior, daba la impresión de ser una vela o fuego. A través de la puerta entornada pudo ver la radio con no menos mugre que el mueble desvencijado y descascarado donde estaba apoyada y rodeada de latas de conservas y ollas sucias. Alumbró la puerta, era apenas una madera vieja y desgastada y por la mugre que había en el piso parecía que no había sido movida en mucho tiempo [quizás tenía alguna otra entrada]. Al costado de la puerta había algo parecido a una pequeña gruta con el vidrio roto, dentro de ésta se podía adivinar, entre la mugre y las telarañas, alguna imagen religiosa que lo único que se le veía era sus ojos sufrientes mirando hacia arriba. Encima de la pequeña gruta se leía una inscripción:

“No tiren perlas a los cerdos. Mateo 7:6” o algo así...

Sintió un escalofrío en la nuca.

Golpeó tímidamente pero nadie contestó.

Antes de golpear nuevamente apagó la luz del celular, y siguió un par de metros más por la galería hasta una pequeña ventana con una persiana colgando y la otra en el piso con igual cantidad de mugre como la cantidad de tiempo que estaba ahí tirada. Dedujo que podría ser de una habitación. Tomando una distancia considerable se asomó, su interior estaba a oscuras, apenas podía verse la luz en semi penumbras que recorta la puerta interior de aquello que parecía ser una pieza. Esa misma luz dejaba ver que en el interior de las ventanas colgaba un trapo semi transparente que en alguna época deben haber sido cortinas. Estaba por volverse hacia la puerta cuando una sombra pasó por el marco de la puerta desde esa pieza hacia donde se veía la luz de la otra estancia. Casi da un grito, callado únicamente por un sentimiento de auto conservación. Pensó enseguida que sería la persona dueña de casa que ésta se dió cuenta que había alguien afuera.


Rápidamente se dirigió a la puerta Golpeó despacio. Nada. En ese momento se dió cuenta que la radio ya no estaba más encima del mueble. Ahora sonaba un poco más lejana. El tango “Fruta amarga” interpretado por libertad Lamarque sonaba en medio del ruido de interferencia. Pero para él era música deprimente y nada más.


¡Corazón!

En aquella noche larga

Maduró la fruta amarga

De esta enorme soledad.


Golpeó nuevamente y al no recibir respuesta se animó a meter la cabeza por la puerta entornada. Ya no pensaba en otra cosa que seguir adelante, que poder salir de toda esa mierda, ya había perdido la noción del tiempo y la ubicación, ni siquiera pensaba en otra cosa que el próximo paso que tenía que dar para pedir ayuda.

La luz mortecina venía de un foco que apenas alumbraba y que hacía como una interferencia, éste estaba conectado a una batería vieja de auto. Encima de una mesa con igual cantidad de basura pudo observar tarros, una tv rota y un casco de lleno de polvo y telarañas. Vió que en la pared del frente que se abría otra puerta con una escalera que conducía a algo que debía ser un sótano. La música del tango venía ahora de allá abajo con mayor volúmen y se veía como un débil resplandor.

- Hola!! … ¿ Me escucha?! [Sordo de mierda]


¡Corazón!

¿En las nubes de qué cielo

La tristeza de tu vuelo

Sin consuelo vagará?


Empujó la puerta un poco más y se metió. En la pared detrás de la puerta había un cuadro con una foto en blanco y negro de una señora con un rodete y cara ruda.

En dos pasos llegó a la puerta donde se abría el hueco de esa escalera que bajaba a la penumbra. Un olor asqueroso a podrido subió y lo obligó a hacer arcadas. Llamó nuevamente desde arriba. La radio estaba muy alta. Bajó unos escalones, para asomarse hacia el habitáculo donde se abría ese lugar y llamó nuevamente. Las escaleras eran de cemento, igual que lo que le hacía de baranda, pero todo derruido y roto. La vela con la radio estaban apoyadas sobre en un antepecho o hendidura en la pared del descanso de la escalera. La vela dejaba ver algunos escalones hacia arriba y dejaba ver el final abajo de la escalera, la cual le faltaban los tres últimos escalones destruidos y con huesos de caracú. Mas allá se extendía la oscuridad.


Bien lo sé...

¡Aquel frío alucinante

De un instante, me cegó!

Fue en un viento de locura,

Sin ternura, sin perdón.

Fue en el grito enronquecido

De un amor enloquecido

De dolor.


Ya no pensaba, no sabía porqué estaba ahí ni qué quería, ni que buscaba, quería que aquel campesino de mierda le conteste. Bajó hasta donde estaba la vela con la radio.

- Holáa!! Disculpeee!! Hola!! [Carajo]

Algo se movió en aquela boca oscura que la vela no podía alumbrar. Se cagó todo, trastabilló y pisó en el escalón malo cayendo por el desnivel de los escalones faltantes, sintió el olor del barro pegajoso y la mierda a dos centímetros de sus narices. Tanteó para buscar el celular que había soltado en la caída, lo encontró pero ya no encendía.

Giró para tratar de subir los el salto que formaba los escalones faltantes. Entonces se sobresaltó y giró por otro movimiento al fondo de aquel sótano que al parecer era más amplio de lo que él hubiese imaginado. El olor era insoportable.

- Hola!! Ayudeme por favor!!!


Lo envolvió la oscuridad que lo hizo gritar más fuerte, la vela se había apagado y el volumen de la radio estaba más alto. Apenas logró ver en el recorte del marco de la puerta superior, la silueta de lo que le pareció una señora que cerraba la puerta dejándolo en completa oscuridad. Un cerrojo sonó como un punto final.

La congoja y los sollozos de estar en un mal sueño y no poder despertar se adueñaron de su mente haiendo que sus movimientos fuesen los de un autómata, sin pensar tratando de subir aquel desnivel resbaladizo que adivinaba en la completa oscuridad.

La voz aguda de la mujer que seguía cantando aquél tango…


¡Ya no estás...!

Y el recuerdo es un espejo

que refleja desde lejos tu

tristeza y mi maldad.

¡Ya no estás...!

Y tu ausencia que se alarga

tiene gusto a fruta amarga,

a castigo y soledad.


Volvió a escuchar otro ruido en el fondo de la oscuridad, pero esta vez acompañado de un gruñido, pasos que venían de diferentes lugares, varios gruñidos (o chillidos?), lo que le hacía suponer que eran más de uno. Estaba paralizado de miedo y gritó con todas sus fuerzas. Los gruñidos estaban alrededor suyo y sonaban por debajo de su cintura, eran muchos. El dolor en su pierna derecha lo hizo caer, se tocó y sintió la tibieza líquida, y una herida profunda... luego en su brazo...sus dedos, en el talón, después otra y otra más.


¡Corazón!

Una nube puso un velo

sobre el cielo de los dos.

Y una nube solamente

de repente me perdió!

¡Una nube sin sentido,

sin clemencia, sin olvido, sin perdón...


Afuera el viento seguía agitando los penachos ya maduros de las cortaderas y a la multitud de cabellos que forma el extenso e interminable pastizal.


FIN


2 Mai 2020 19:03:38 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Agustín Jatuff Me gusta contar historias, éstas pueden ser un drama, a veces de miedo, o a veces simplemente un guión.

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