paul87 Paul Larios

La vida de Ignacio ha sido una bendición para Cecilia, pero para algunos, él no es más que una piedra en su camino y no se detendrán hasta que haya desaparecido de esta tierra.


Thriller/Mystère Déconseillé aux moins de 13 ans. © Todos los Derechos Reservados

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Prólogo

La lluvia finalmente se había detenido con los primeros rayos de luz cuando el sol comenzó su viaje eterno al levantarse por el cielo. La tormenta de las noches anteriores había sido una de las más fuertes de toda la temporada de lluvias cuyos truenos eran tan estruendosos que minimizaban otros sonidos producidos por animales o humanos. Para Cecilia Ochoa Carrera, esta noche de junio también estuvo llena de acontecimientos, ya que dio a luz a su primer hijo: Ignacio.

Aunque este es el comienzo de nuestra historia, la vida de Cecilia ha sido dura y llena de obstáculos. Nació en el barrio de Mexicaltzingo, que se encuentra en las afueras de la Villa de Guadalajara y que ahora se ha convertido en una ciudad importante para la corona de España. A la edad de ocho años, fue abandonada frente a la catedral de la ciudad por sus padres que ya no podían permitirse alimentarla. Sus llantos atrajeron la atención de una familia aristocrática que la tomó bajo su ala. La vistieron y la alimentaron y los criados de la casa la capacitaron desde el principio para lavar la ropa y hacer las tareas domésticas.

En los primeros días de estar en ese lugar, lloraba mucho por sus padres y se sentía sola. Los sirvientes le recordaron que había tenido suerte de haber sido rescatada por la familia para la que trabajan, ya que la ciudad es implacable y dura. La Guadalajara de 1754 es un excelente lugar para vivir para la aristocracia española ya que le iba bien en las industrias de ganado, henequén, tequila y maíz que crecen abundantemente en el valle de Atemajac. Sin embargo, muchos mestizos, indígenas y mulatos no disfrutan de tales privilegios que la ciudad ofrece y tienen que valerse por sí mismos en las afueras de la ciudad para obtener alimentos y mantenerse vivos. Esto era algo que Mercedes siempre le recordaba a la pequeña Cecilia con la cual se encariñó y por lo cual solicitó a los dueños que le permitieran criarla. Mercedes le enseñó a Cecilia cómo elegir las mejores verduras del mercado, cómo lavar, secar y doblar la ropa de los dueños, e incluso cómo disfrutar de su vida mientras vivían en esa casa. Motivada por la amistad y el cuidado de Mercedes, Cecilia realizó sus deberes diligentemente y llegó a ser amada por la familia que la había cuidado.

Este cuidado fue de corta duración, ya que a la familia adoptiva se le ordenó regresar a España, ya que se había asignado a una nueva regencia para administrar esta área de Nueva España. Cecilia acababa de cumplir trece años cuando se supo esta noticia entre los trabajadores de la casa y cuando Mercedes se lo mencionó, estaba triste porque no podía ir con ellos ya que no había nacido en España ni era de pura sangre española. Esto también la entristeció porque se había encariñado con la familia y ahora estaba siendo rechazada por segunda vez. Mercedes sabiendo esto, le ofreció a Cecilia que la acompañara a su pueblo natal de Chapala, donde podía quedarse con sus padres mientras encontraba trabajo en una de las muchas haciendas que estaban alrededor del lago. Esta fue una gran oportunidad para Cecilia, ya que abandonar esta ciudad sería saludable ya que hay demasiados vicios y las mujeres que no pueden encontrar un buen trabajo en un hogar terminan trabajando en las calles como prostitutas o mendigas.

Ella aceptó la oferta de Mercedes y unos meses después salieron de la casa hacia el pueblo de Chapala. A su llegada, Cecilia se enamoró automáticamente del lugar. El clima era más fresco, había más vegetación con árboles cuyos troncos eran tan anchos que se necesitaban tres personas para abrazarlos. La vida también parecía estar más relajada ya que la gente caminaba tranquilamente por las calles haciendo sus pendientes y ocupándose de sus propios asuntos. Mercedes llevó a Cecilia a las orillas del lago y Cecilia estaba asombrada de ver el inmenso cuerpo de agua. Desde las orillas podía ver garzas erguidas en parches de nenúfares esperando a que apareciera su presa, botes usando sus redes para pescar y en el horizonte altas montañas que le presentaban la distancia del lago a las otras orillas.

Mercedes continuó su recorrido por el pueblo y antes del atardecer, se fueron a la casa de sus padres que estaba en las afueras del pueblo. Fueron recibidos con alegría y fueron alimentados con las más deliciosas tortillas de maíz, frijoles hervidos y pescado asado. La comida era mucho más superior que la que les daban sus empleadores anteriores. Esa noche, Cecilia sintió que finalmente había encontrado a la familia que tanto había deseado y se quedó dormida sabiendo que estaba completa.

Los días siguientes, Mercedes y Cecilia buscaban trabajo en las numerosas haciendas de la zona. No tuvieron suerte hasta que dos hombres se les acercaron mientras comían mangos en la plaza principal del pueblo. Se les ofreció trabajo, pero en diferentes haciendas. Mercedes debía ser enviada de regreso a Guadalajara y Cecilia fue asignada a la Hacienda de Las Golondrinas. Debían partir a estos lugares respectivos al día siguiente, así que tuvieron que darse prisa y preparar las cosas. Regresaron a la casa de los padres de Mercedes para preparar las pocas pertenencias que tenían y esa noche fue agridulce para Cecilia porque nuevamente tuvo que separarse de una familia. Tenían una comida increíble que la madre de Mercedes había preparado para su partida: tamales de maíz rellenos de acelgas hervidas y atole de maíz blanco. Comieron hasta saciar su hambre y la pasaron de maravilla.

Cuando se separaron, Mercedes le recordó a Cecilia que, si necesitaba algo, podía contactar a sus padres para que la ayudaran, y ella asintió. Se dieron un abrazo muy fuerte, porque su conexión era profunda y la sensación era muy intensa que ambas lloraron y esas lágrimas bajaron por sus mejillas. Cecilia finalmente la soltó y esperó hasta que Mercedes se subio en el carrito de madera que la llevaría de regreso a Guadalajara. Ahora, era hora de que Cecilia comenzara su nuevo viaje y se dirigiera hacia el este desde la plaza principal del pueblo, ya que la mayoría de las haciendas estaban situadas en las afueras. Para ella sería un desafío encontrar el lugar, ya que todos los ranchos pusieron el nombre de sus haciendas, pero como no sabía leer, se le informó que buscara un símbolo de la hacienda, que son dos golondrinas volando juntas. Es la única hacienda con ese símbolo, por lo que no podría perderse.

Mientras caminaba por el camino de tierra de las haciendas, finalmente llegó a la puerta del lugar y encima, en hierro forjado, tenía el nombre: Hacienda de Las Golondrinas con el símbolo de las aves volando juntas. Golpeó la puerta con una piedra y un hombre mayor le abrió, le informó de su negocio y la llevaron directamente al patio. Desde allí tuvo una vista increíble de todo el lugar. Habia un establo de caballos a su derecha y es un gran edificio que parece albergar doce caballos o más. A su izquierda, podía ver los interminables campos de maíz que habían brotado y estaban a medio camino de su proceso de crecimiento. Frente a ellos estaba la capilla de la hacienda y justo en el medio de la plaza una enorme fuente de piedra tallada. Mientras seguía al anciano, frente a ella se encontraba la casa principal de la hacienda y esto era obvio debido a su aspecto, ya que estaba bien cuidado y estaba rodeado de pequeños setos y flores de diferentes colores.

Fue llevada al dueño de la hacienda, quien le asignó el papel de trabajar en la cocina, lavar la ropa y cuidar a su hijo y todo bajo la supervisión de Olga Gómez Medina, quien era la titular de la llave y tenía una personalidad tosca.

Al principio, Cecilia sabía que no podía confiar en Olga con sus sentimientos para nada, ya que ella le informaría a los patrones de inmediato y si no les gustaba algo que les dijo, le permitirán castigar a la persona que cometió tal incidente. Así que a Cecilia le interesaba mantenerse alejada del mal genio de Olga si quería quedarse allí.

El patron y la familia eran conocidos como criollos bajo el sistema de castas que los españoles habían establecido. Esto significaba que eran descendientes directos de los exploradores españoles y las tierras que poseen se han transmitido de los primeros colonos que tomaron esta tierra de las tribus nativas que solían vivir en ellos. En las cercanías de Chapala, se les conocía como la Familia Velázquez. Su familia ha estado trabajando en estas tierras durante cien años o, como cuenta la familia, cuatro generaciones de Velázquez. Sus principales ganancias provienen de sus campos de maíz y henequén y la cría de caballos para las familias aristócratas de Guadalajara y los pueblos de los alrededores. Cecilia y el resto de los trabajadores que viven y trabajan en la hacienda se refieren a ellos como los Velazqueños.

Los principales jefes de familia son Don José Luis Velázquez Escrivá y Doña María Julia Montemayor de Velázquez. Prefieren llamarse Don o Doña para mostrar respeto por su nombre y el legado de su familia en lugar de ser llamados dueños, lo que les parece más opresivo. Don José y Doña María han creado una familia de cinco hijos y todos ellos nacieron en la hacienda. Sus hijos mayores viven actualmente en Guadalajara promocionando los productos de la familia y los otros dos estudian música y pintura en la gran ciudad de México. Su hijo menor, Esteban, vive en el rancho y tiene la misma edad que Cecilia, que es su cuidadora personal. Desde que nació, don José Luis había decidido que Esteban sería el heredero de la hacienda. Doña María no se sentía cómoda con esa idea y quería que su hijo fuera culto y se convirtiera en un gran artista, pero Esteban nunca se interesó en esas cosas y tuvo mas interes con las actividades de la hacienda. Esto llevó a su madre a bajar su posición y aceptar la decisión de su esposo.

Cuando Cecilia llegó a la hacienda, Esteban estaba complacido de tener a alguien de su edad con quien jugar y que le entendería mejor su punto de vista. A la familia le gustó el trabajo que Cecilia realizaba y se encariñó con ella y la trató como a otra hija de los Velázquez. Le enseñaron a leer, escribir y matemáticas, algo que Cecilia aprendió rápidamente, ya que necesitaba contar cuántas monedas estaba ganando en la hacienda.

Los años pasaron y estos diferenciaron y ampliaron los roles que Esteban y Cecilia tenían a medida que sus responsabilidades aumentaban en función de la sociedad en la que pertenecian. A la edad de veinticuatro años, Esteban tenía un acuerdo para casarse con la hija del ex alcalde del pueblo de Chapala, Georgina. Esto se hizo a propósito para establecer las raíces para que la familia continúe su legado de obras y títulos grandiosos y extienda sus brazos aún más en la influencia sobre el pueblo.

Su boda se realizó rápidamente ya que el padre de Esteban se había enfermado y su último deseo era verlo casarse con esta mujer. Entonces, en marzo, se celebró la boda, y a la edad de veinticuatro años, Esteban finalmente se convirtió en el dueño de Hacienda de Las Golondrinas. Unas semanas más tarde, Don José Luis falleció y su esposa se vio tan afectada por la muerte de su esposo que decidió mudarse con sus hijos a Guadalajara dejando a Esteban y su esposa Georgina como los únicos dueños de la hacienda.

Su vida es normal pero no tranquila, ya que Esteban enfatiza que Georgina no ha podido tener hijos en los últimos dos años. Esto preocupa a Esteban porque si se vuelve demasiado vieja no podra tener un heredero y esto terminaria con el legado de la familia. Pasaron unos meses y como un milagro, Doña Georgina ha sido bendecida con el nacimiento de su primer hijo, que es una niña encantadora y la llama Ramona. En 1770, nace un niño y lo nombran José Luis, en honor al padre de Esteban. Ese mismo año, en una mañana lluviosa de junio, en las habitaciones de los trabajadores de servicio, Cecilia da a luz a Ignacio lo ciual cambia su destino y el de todos los demás.

13 Mai 2020 20:13:45 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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A propos de l’auteur

Paul Larios Just living life and writing about it. | Solo viviendo la vida y escribiendo sobre ella. | Einfach leben und darüber schreiben.

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