edwuin-zapata1586235611 Edwuin Zapata

Ian ha intentado suicidarse, pero la electricidad que le recorrió el cuerpo únicamente rompió una barrera invisible que le ha permitido ser consciente de Ellos, es decir, de los verdaderos causantes de lo que él considera una miserable vida y ahora busca escapar de esa deprimente realidad.


Thriller/Mystère Déconseillé aux moins de 13 ans.

#cuarta-pared #historia-corta #drama #psicológico #asesinato #reflexivo #suicidio
Histoire courte
8
3.8k VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

COLAPSO

Tengo que admitir una cosa: ella y su incapacidad de saber el verdadero significado de la vida son factores que me dan tanta lástima que casi raya en la ternura, pero a pesar de esta carente visión de la realidad, sigue ahí, de pie, con el cabello dorado recogido y jugando con un bolígrafo entre sus blancos y suaves dedos, mirándome mientras estoy esposado a una cama de hospital, pensando ingenuamente que sus estudios en psiquiatría son suficientes para sincronizarse conmigo y descubrir lo que está mal en mi cabeza.

―Llevas cuarenta minutos sin decir palabras, Ian ―me dijo después de mi largo silencio ante su pregunta acusatoria.

Era obvio que yo lo había hecho. Bastaba con escuchar a todos los testigos presenciales que me vieron parado frente a mi hogar mientras lo veía consumirse en llamas. No había sido cuidadoso en lo que hice porque no necesitaba serlo. No duraría mucho con vida después de iniciar mi Ritual de Salvación, del que la capacitada doctora no podía deducir nada a través de sus teorías terrenales sesgadas a conflictos psicológicos originados en una amalgama de aspectos políticos, religiosos, sociales, culturales y familiares.

―Usted y todo el país ya saben la respuesta, doctora. Por algo estoy esposado a esta cama, en esta habitación, en la parte alta del edificio y vigilado por policías…

Era desesperante ver cómo movía su fino bolígrafo plateado sobre su cuadernillo de notas cada vez que yo hacía una expresión o decía algo.

―Ian, tal vez pienses que estoy aquí como tu enemiga, pero quiero que comprendas que no es así. Estoy aquí para ayudarte y salvarte de morir en la silla eléctrica. ―Sonaba muy convincente.

―¿Cómo pretende ayudarme, doctora? ―pregunté, interesado por saber la forma en la que había sido programada por su Dios.

―Seré honesta contigo, Ian; la forma en la que mataste a tu propia familia nos dice que algo anda muy mal en tu cabeza, y eso es bueno en tu caso… Esa "locura" te sacará de prisión y te salvará de la silla eléctrica o de la inyección letal. Esa "locura" te llevará a un lugar más cómodo…

―¿Un manicomio? ―la idea no era de mi agrado.

Sanatorio, Ian, un sanatorio sería un lugar perfecto en el que podrías vivir hasta que la demencia que sufres…

―Le tengo malas noticias, doctora Margo: nada está mal en mi cabeza. El problema es usted…, y las personas y la visión limitada que tienen sobre la vida, así como la idea de que sus actos son predeterminados por alguien más… Es lo que USTED y MUCHOS otros llaman Dios y Destino, conceptos que han adoptado para sentirse mejor con toda la mierda que pasa en la cotidianidad: pérdida de seres queridos, embargos, violencia, rupturas amorosas, abortos, suicidios, abusos, pobreza, miseria, enfermedad…

―¿De qué hablas, Ian? ―Sus párpados se cerraron con fuerza para ocultar el terror que le provocaba escuchar todo lo que le decía, o tal vez lo hizo para ocultar esa pequeña llama de ignorancia que podría iniciar un incendio forestal en su mente. La doctora y su preparación académica no podían entender lo que pretendía decirle, y yo comprendía eso, pues ella no había viesto lo que yo vi cuando intenté quitarme la vida al introducir un tenedor a la toma de corriente.

―Sabe perfectamente de qué hablo, doctora. Usted ha escuchado frases como "Dios no te cierra una puerta sin abrirte una ventana", "Dios no te falló, sólo tiene preparado algo mejor" o "El destino quería que pasara", incluso puedo apostar que en malos momentos, por lo menos, ha pensado en estas frases, o en la idea principal que representan. Pura basura emocional para ayudarnos a sobrellevar la mierda que nos es lanzada día con día.

―No sé qué tiene que ver eso que dices con el hecho de que hayas asesinado a tu madre y hermana, Ian.

En efecto, para alguien normal como ella o como tú, querido lector, encerrar a mi madre y hermana en una habitación y prender fuego a la casa un día después de mi cumpleaños número dieciocho era algo que no tenía ningún sentido lógico y ninguna ciencia podría aceptar la razón que me llevó a hacerlo.

―Es buena en su profesión, doctora, no sea ridícula. Apuesto a que usted tiene un par de teorías bajo la manga ―y estaba ansioso por escucharlas para percibir la forma en la que la cuarta pared luchaba por mantenerse cohesionada y alzada en todo su esplendor.

―Vienes de una familia pobre, ¿cierto? ―Asentí―. Querías sacar a tu madre y hermana de esa pobreza, Ian, además llevabas horas sin tomar las medicinas que te prescribí… Eso te llevó a asesinarlas…

La miré y le sonreí. La cuarta pared se resistía a caer.

* * *

Aquel sábado el reloj marcó las dos de la tarde, la hora más insignificante del día, y mi madre me abrazó mientras le pedía a mi hermana que encendiera la enorme vela con forma de número 18 puesta en el centro del jugoso pastel de tres leches que llevaba esperando en el refrigerador desde las nueve de la mañana.

Oficialmente estaba cumpliendo mi mayoría de edad.

Soplé y apagué la vela sólo para que mi madre sonriera, pues yo detestaba ese tipo de celebraciones ya que una tercera parte del mísero sueldo que la miserable empresa le pagaba a mi desesperada madre se iba en un santiamén. Yo lo sabía y mi madre sabía que yo lo sabía, pero aun así quería sorprendernos con regalos y detalles. Pensaba que éramos como ella. Pensaba que al vernos sonreír entre nosotros olvidaríamos tanta desdicha que nos rodeaba aunque fuese por un momento.

Mi hermana disfrutó el pastel como cualquier niña. Era su postre favorito, pero sólo lo disfrutaba de manera segura dos veces al año: en su cumpleaños y en el mío.

Sentía pena por nosotros. No me malinterpreten, las amaba, pero éramos miserables. Aun con mi empleo de medio turno no podíamos salir de ese agujero, cosa que hacía llorar a mi madre por las noches hasta que se quedaba dormida y se perdía en…, espero, sueños más gratos.

Ver su cara hinchada por la mañana y escuchar a mi pequeña hermana preguntar "¿Qué tienes, mami?" mientras se acercaba a ella para darle un abrazo y que mi madre respondiera "Nada, bonita. Es la alergia" era frustrante y despedazador.

Al diablo la miseria. Ese sábado había tomado una decisión.

Vimos películas todo el día para evitar conversar. Nunca fui abierto con nadie. Me gustaba estar en el centro de un laberinto construido por mí para estar a solas con mi mente. La doctora Margo llegó a decir que yo me sentía cómodo y a salvo cuando no hablaba, lo cual me hacía pensar que desperdiciábamos el dinero en ella porque me decía lo que yo ya sabía. Lo único bueno del asunto es que desde ese momento mi madre respetó mis silencios con la condición de que tomara mis medicinas.

Al llegar la media noche llevé a mi dormida hermana hasta la habitación que compartía con mi madre debido al reducido espacio de la casa; después de cubrir a mi hermanita con unas cobijas perforadas por el desgaste, regresé a la diminuta sala para despedirme de esa mujer a la que amaba. Ella se despidió de mí con un fuerte abrazo y me preguntó si había disfrutado de mi día especial. Conteniendo las lágrimas le di un abrazo muy fuerte sabiendo que sería el último.

Pasé dos horas sentado en mi cama viendo mi celular enchufado al tomacorriente. La luz que despedía mi teléfono era la única luz artificial encendida, todo lo demás era iluminado por los hermosos rayos blancos de la luna que entraban por mi ventana.

Tenía miedo de lo que estaba por hacer. Mi corazón me gritaba que no lo hiciera porque era la esperanza de mi madre y hermana, pero el cerebro me decía que era su perdición.

Como siempre, ganó la razón.

Respiré hondo, me puse de pie, saqué un tenedor del bolsillo izquierdo de mi pantalón, quité el cargador del enchufe y clavé el cubierto en él.

Un terrible hormigueo me recorrió todo el cuerpo, los órganos..., sentía la electricidad en cada célula de mi ser y vibré a una velocidad increíble mientras la corriente eléctrica escapaba a través de mi piel, haciéndola estallar, pero no grité. Quería morir en silencio para no alertar a mi madre, quien hubiera evitado su salvación al impedir mi sacrificio.

En ese momento de dolor, lo vi todo y comprendí la razón de nuestra existencia, la cual, créanme, es más deprimente de lo que se imaginan.

Hubo un cortocircuito. Lo sé porque dejé de sentir la corriente en mi cuerpo; después de eso caí de rodillas y quedé inconsciente.

Abrí los ojos y el sol comenzaba a elevarse, haciendo llegar algunos tenues rayos opacos hasta mi dormitorio. El reloj de pared marcaba las seis de la mañana. Los pájaros cantaban y el aire fresco entraba por mi ventana. Era una hermosa mañana de domingo.

Me puse de pie frente a mi espejo y noté que mi cara había sido lacerada seriamente por la electricidad. Tenía las mejillas y el labio inferior reventado, pero eso no me dolía ni pesaba. No era nada comparado con lo que veía a través de ese espejo: la realidad, y ahora que lo comprendía no permitiría que eso siguiera así.

Hice añicos ese maldito espejo con un puñetazo.

Salí de mi habitación y atranqué la puerta de la habitación de mi madre, después me dirigí al botiquín del baño, miré su espejo y lo despedacé; tomé el frasco de alcohol y lo vacié sobre nuestro sofá roto, cerré las ventanas de la casa, abrí las llaves de gas de nuestra pequeña y vieja estufa, regresé a mi habitación para recoger un par de cosas y por último dejé caer un cerillo sobre el sofá.

Las llamas resultaron ser una obra de arte. Eran hermosas, y más aun porque representaban consciencia y libertad. Puede que piensen que sólo era un maniaco dando inicio a un incendio para asesinar a su familia, pero de lo que estoy seguro es que quieren saber lo que me impulsó a hacer eso. Lo sé porque puedo verlos.

Ese día caminé sin parar. Hacía calor, pero aun así tenía puesta mi sudadera con gorro. Necesitaba ocultarme de lo que ahora podía ver, sin embargo resultó ser más difícil de lo que pensé. No sólo veía cosas a través de los espejos. El cielo, ese vasto espacio con pocas nubes era una tortura. Los espejos no se comparaban en NADA con el maldito cielo en el que muchas veces me había perdido con pensamientos. Ahora lo entendía. Necesitaba mantenerme ocupado... Proteger mis pensamientos. Aislarlos.

Me puse mis audífonos y subí a un autobús.

* * *

―¿Espejos y cielo, Ian? ―la mujer tenía un rostro que expresaba interés en lo que le había platicado, un interés que provenía del miedo y del asco.

―No sólo espejos y cielo, doctora; ventanas, cristales, charcos de agua… Era una verdadera tortura caminar y ver que era observado por infinidad de personas. ―En ese momento comprendió la razón por la cual las persianas y la puerta del baño (en el que había un espejo) estaban cerradas.

―¿Usaste audífonos para mantener privados tus pensamientos? ―no dejaba de tomar notas.

―Y la capucha de mi sudadera para mantener mis expresiones a salvo de ellos, doctora ―agregué.

―"Ellos", "proteger", "ocultarme"… Ian, presiento que tienes un severo problema de…

―No, doctora, no soy ningún caso de paranoia ―aunque comprendía que tratara de catalogarme como uno, después de todo ¡VEÍA cosas que NADIE más podía ver!

―Entonces ¿por qué lo hiciste? ―preguntó descartando por completo su teoría inicial―. Si no fue para salvarlos de la miseria, ¿por qué fue? ¿De quiénes querías salvarlas?

―¿De verdad no los puede ver, doctora? ―Lo sé, llevaba viéndolos relativamente poco tiempo, pero ya me había acostumbrado a ellos y me era difícil digerir la idea de que nadie más podía hacerlo, una sensación equivalente a que alguien dijera que no tiene una cuenta de Facebook en la actualidad. No nacimos con él, pero nos absorbió rápidamente y se convirtió en parte de nuestras vidas.

―N-no… ―Noté que desvió su mirada al techo, luego a las ventanas cubiertas y por último a la puerta del baño―. Pero puedes hablarme de ellos.

―ELLOS son la razón por la cual estamos aquí, doctora. Nuestra vida no tiene ningún significado especial. Somos entes desechables y maleables que viven un guión preestablecido.

―¿Preestablecido por ese Dios que mencionabas? ¿Ese "guión" es nuestro destino?

―Así es, doctora, pero no es nada místico. Hay algo más oscuro que se oculta detrás de ello.

―¿Quieres decir que nuestros actos están predeterminados por ese guión escrito por ese Dios? ―Asentí―. ¿Eso te molesta?

―¿A usted no?

―Yo… ―hizo una pausa para organizar sus ideas y continuó―. Yo creo que nuestros actos se deben únicamente a nosotros, Ian. Nadie nos controla, nadie nos dice qué hacer, nadie nos observa y nadie nos juzga…

―Oh, claro que no, nadie nos juzga, doctora Margo, sólo se entretienen… ―Sentía lástima por esa idea preprogramada por su Dios: "Somos dueños de nuestros actos".

―No comprendo. ¿De quiénes hablas? ―había sobreestimado el personaje de la doctora al pensar que su nivel académico y profesional la pondrían al nivel de mi consciencia.

―Está pasando en estos momentos, doctora. Usted hace preguntas que no corresponden a una profesional de su nivel… ¿Por qué? ―El silencio se hizo presente y percibí que ella sabía que, por algún extraño motivo, yo hablaba con cierta cordura y razón―. ¿Por qué quiso venir a ayudarme? Usted no es abogada y sabe que nadie le pagará por hacerlo…

―Eres mi paciente, Ian, desde hace años. Tenía que hacer algo para ayudarte, es mi ética profesional…

―¡Miente! Usted fue enviada aquí y es incapaz de verlo. Algo dentro de usted la trajo aquí por una razón. Llámelo impulso, corazonada, o como quiera. Realmente no importa. Es lo mismo a fin de cuentas.

―¿Y cuál es esa razón?

―Hacerme hablar para explicarle a Ellos todo lo que ha pasado. Exponer mi perspectiva de manera simple y comprensible…

―Si sabías que eso era lo que pasaba, ¿por qué hablaste? ―se agachó, sacó una botella de agua de su bolso y regresó la atención a mí.

―Porque quise hacerlo. Esta historia significa más que sólo un perfil psicológico para usted… De hecho esta historia significa más de lo que usted se podría imaginar… Esta historia será mi legado para todos ustedes, doctora, incluso para Ellos. Es por eso que consideré justo contextualizarlos.

―A mí me confundes cada vez más, Ian…

―¿Usted cree que toda la mierda en su vida se debe a malas decisiones? ¿Usted cree que su Dios se preocupa por usted y que con cada reto o prueba que le presenta pretende volverla un ser humano más fuerte? ¿Cree que hay alguien ahí arriba cuidándola mientras usted sobrevive aquí abajo?

Me incorporé y las esposas no opusieron resistencia. Mi dedo pulgar izquierdo dislocado se encargó de eso.

―Ian, recuéstate o tendré que…

La tomé por la garganta y le impedí hablar.

―No, doctora, ustedes viven en fantasías y nada más… Fuimos sumidos en toda esta orgía de desgracia por ese Dios que escribe nuestro destino, el cual resulta ser más atractivo para Ellos mientras más desdicha e infelicidad contenga. Les gusta observarnos y pretender que nos comprenden… Les gusta escapar de su realidad y entrar en la nuestra por diversión. No somos nada, doctora… Sólo somos personajes…

―Ian… ¿Q-qué pretendes hacer? ―se esforzó por preguntar.

―Hacerle un favor, doctora. Sacarla de aquí…

Clavé rápidamente su bonito bolígrafo metálico en su pecho y ella soltó un terrible grito que alertó al policía de afuera, un impedimento literario que me detendría si no actuaba rápido.

―¿Doctora Margo? ―preguntó el policía al tratar de abrir la puerta.

Ella miró la salida y se arrepintió de haberle puesto seguro mientras exhalaba sus últimas palabras.

―¿I-Ian? N-no lo ha-hagas… ―Me dijo al verme abriendo las persianas.

―Lo siento, doctora.

Las ventanas quedaron al descubierto y los pude ver con claridad. Sus rostros expresaban curiosidad por saber qué pasaría a continuación. Les sonreí y abrí la ventana. El edificio era enorme.

La puerta fue derribada y el obeso policía me apuntó con su arma al ver a la doctora Margo en el suelo, con un bolígrafo clavado en el corazón.

―¡No te muevas!

Di un brinco y quedé parado sobre el borde de la ventana.

―¿O qué? ―me puse de pie y extendí mis brazos como si abriera unas alas―. ¿Me disparas? ―después de retarlo salté al precipicio y disfruté de la fuerte brisa de aire frío que golpeó mi rostro. Una sensación de libertad que cesó después del impacto.

Todo quedó a oscuras y en silencio.

* * *

Tengo veintitrés años y en mi mente está presente aquel saltó que di, así como sueños y recuerdos muy claros de una vida pasada en la que morí a los dieciocho años, una vida muy distinta a la actual. Han sido visiones y sueños tan reales que me hacen pensar seriamente sobre mi existencia y lo que significa. Han sido más de quince años reflexionándolo y armando las piezas del rompecabezas fragmentado en esos sueños y visiones, pero ahora lo comprendo y es por eso que escribo… Prometí dejar un legado y eso es lo que intento hacer con esta pequeña historia.

He dejado de ser un personaje y tú has dejado de ser sólo un lector. Estamos en la misma sintonía, lo sabes, y yo sé que lo sabes porque soy consciente de que me estás leyendo justo ahora. La cuarta pared ha caído y ahora comprendo el significado de la misma existencia: Nuestro Dios no es más que el autor de nuestras vidas, quien lucra con nuestro sufrimiento, con sus personajes, y todo esto para satisfacer las necesidades de lectores morbosos como tú. Ahora te pregunto, ¿Quién o qué te asegura que tú no eres un personaje más con el único propósito de entretener? ¿Quién te asegura que la vida que llevas es tuya y sólo tuya?

Mira al cielo, en los espejos, en las ventanas y haz un esfuerzo por descubrir si hay mirones entretenidos, tal vez te lleves una gran sorpresa.

2 Mai 2020 01:32:11 4 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
4
La fin

A propos de l’auteur

Commentez quelque chose

Publier!
Menyaldis Quenalu Menyaldis Quenalu
¡Qué brutal! No me esperaba leer algo así con implicaciones a dios que lleven a romper la cuarta pared. Llegando al final en ese punto donde está uno como lector a la expectativa de lo que ocurrirá luego. Excelente.
May 10, 2020, 04:27

  • Edwuin Zapata Edwuin Zapata
    Hacemos lo que podemos. Es una satisfacción para mí saber que te gustó la historia. May 11, 2020, 02:47
Jorge F. Carrero Jorge F. Carrero
Maravilloso. Logró conmoverme la.escena de la muerte de la madre y la hija. Tienes una gran capacidad para crear sensaciones a través de las palabras. Felicitaciones.
May 05, 2020, 20:54

  • Edwuin Zapata Edwuin Zapata
    Muchas gracias por tu comentario. No sabes los ánimos que me dan seguir escribiendo por ánimos así. Me da gusto saber que hayas disfrutado del relato. Un saludo, hermano. May 07, 2020, 19:41
~

Histoires en lien