daikiaki Daiki Aki

Yuuri quiso rehacer su vida con un nuevo amor luego de que años atrás, el que fue su novio en la adolescencia cayera en coma tras un accidente. No contaba con que Víctor despertaría e iría en su búsqueda, logrando reavivar en él esos sentimientos que parecían dormidos. *Los personajes no me pertenecen. *La historia es completamente mía. Recuerden que pueden unirse al grupo de Facebook "Daiki no sekai" <3


Fanfiction Anime/Manga Interdit aux moins de 18 ans.

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Víctor despertó sintiendo que había tenido un largo sueño, la voz de alguien familiar lo hizo entrar en conciencia, pero aún no podía abrir los ojos— es bueno poder verte, aunque sea una última vez —podía notar la voz cargada de tristeza, que si bien le sonaba a alguien conocido, no podía ser él, porque esa persona tenía voz de adulto y su Yuuri solo era un adolescente.

—Cariño, gracias por venir —la voz quebrada de su madre lo hacía desesperarse por querer hablar, pero algo se lo impedía— sé que es difícil, pero creo que es lo mejor para él.

—Lo entiendo, señora Nikiforov —el chico junto a él apretó su mano tras decir aquello, luego pudo sentir como unos labios se posaban sobre su frente dejando un cálido beso en ella— adiós, Vitya —fue lo último que dijo para luego alejarse y dejarlo frío, sin poder sentir el calor que la mano del otro le había estado brindando quizás por cuanto tiempo.

Después de eso solo fue silencio, no entendía que sucedía, pero necesitaba abrir los ojos y ver qué era lo que ocurría porque estaba seguro que algo pasaba, aunque no pudiera entenderlo del todo. Se esforzó una y otra vez, rogando a sus parpados que se levantaran, algo junto a él comenzó a sonar de manera molesta, parecía una alarma de algo y fue entonces cuando escuchó a varias personas entrar en la habitación, diciendo cosas que no entendía.

Alguien se acercó a él y le abrió los ojos, apuntándolo con una linterna, encandilándolo. Se quejó, un sonido gutural salió de su garganta en vez de las palabras que quería decir, pero solo aquello bastó para que las personas alrededor se sorprendieran— ¡Despertó! —gritó el hombre frente a él que poco a poco lograba verse más nítido. Intentó levantar su mano, pero solo pudo mover un par de dedos, se sentía débil, no sabía que ocurría, quería a su mamá. Pudo sentir como un par de lágrimas salían de sus ojos, estaba asustado.

—Tranquilo —la voz de una mujer se hizo presente y la misma le acarició el cabello en un intento de calmarlo— todo va a estar bien ahora, lo estás haciendo bien. Llamaremos a tu madre ¿Sí?

Le costaba entender lo que la mujer quería decirle, era como si hablaran idiomas distintos, pero pudo reconocer la palabra “madre” y eso lo tranquilizó. Las personas con batas blancas frente a él iban de un lado a otro, pero aquella mujer se quedó junto a él cuidándolo maternalmente hasta que su madre apareció por fin.

La mujer lloraba y agradecía a los doctores y al cielo una y otra vez, reemplazó a la enfermera que estaba junto a su hijo y fue ella quien se quedó acariciando su cabeza— todo va estar bien, todo va estar bien —le repetía mientras sus lagrimas seguían cayendo— ¿Qué va a pasar ahora, doctor? —preguntó sin apartar la mirada de su hijo, como si al hacerlo todo esto se esfumaría.

—Va a necesitar rehabilitación, cinco años en coma es mucho, aunque al ser joven tiene más probabilidades de salir relativamente bien de esto —su madre asintió y desde ahí la conversación se alargó sobre cosas que él no entendía. Por lo menos ahora se sentía seguro, estaba en los brazos de la mujer que le dio la vida y que siempre lo protegería.

Víctor había sufrido un accidente automovilístico a sus dieciséis, quedando en coma por cinco años, dejando de saber del mundo, sin sentir como el tiempo pasaba y el mundo cambiaba al igual que su cuerpo mientras su mente se mantenía encapsulada en su adolescencia. Su vida como la recordaba ya no era la misma, las personas que conocía habían cambiado, habían crecido y hecho sus vidas mientras él estaba estancado.

Recordó sus días de escuela que para él eran como si hubiesen sido ayer, era inteligente, con buenas calificaciones, con una familia que lo amaba y un novio que lo valoraba por quién era y no solo por lo que le mostraba al mundo. Ahora solo tenía a su madre, al parecer su padre se había divorciado de ella después de un par de años del accidente, porque él no estaba de acuerdo con esperar a que despertara y que su mujer se desviviera por un hijo que él ya daba por muerto; Yuuri, su novio, había hecho su vida tras seguir estudiando y no lo culpaba, le hubiese dolido que aquel chico tímido se quedara esperándolo. La vida continuaba.

Con el pasar de los días, Víctor pudo irse incorporando poco a poco, siendo visitado constantemente por médicos diferentes, cada uno por algo distinto. Su madre estaba ahí todo lo que el trabajo le permitía, después de todo, gracias a este podía sustentar todo lo que su hijo necesitaba, si lo había hecho por años bajo la incertidumbre de no saber sí despertaría, ahora con mayor razón. Su único hijo había despertado, estaba sano y con buenas observaciones de todos quienes venían a revisarlo, dándole esperanza sobre la recuperación de este.

—Lo siento, cariño —le había dicho un día al platinado quien la mayor parte del tiempo solo se dedicaba a observar y escuchar, después de todo el lenguaje era parte de lo que debía ir recuperando poco a poco con terapias y ayuda— el día en que abriste los ojos yo había… le dije al doctor que quería que te desconectaran —habló la mujer con la voz temblorosa, sin poder mirarlo a los ojos y las lágrimas amenazando con escapar de sus ojos azules idénticos a los de Víctor— no quiero que pienses que ya no te quería, solo… solo no podía seguir costeando el hospital, era demasiado difícil tener toda la carga y ahora me arrepiento —comenzó a llorar de a poco, dejando que las gotas se deslizaran por sus mejillas sin detenerlas— me arrepiento porque si lo hubiese hecho, no estarías aquí.

Víctor lo entendía, después de todo no había sido un corto tiempo. Su progenitora tenía sobre si misma todo lo que conllevaba mantener a un hijo internado, los gastos y la carga emocional eran demasiados y estaba sola. No la culpaba, de hecho, le estaba completamente agradecido por darle la oportunidad de seguir con vida, gracias a ella estaba aquí junto a ella y tenía otra oportunidad para vivir. Estiró de manera temblorosa una de sus manos y la puso sobre la pierna derecha de su madre, dándole a entender que estaba bien, que nada importaba ahora que lo peor ya había pasado; queriendo transmitirle que sería fuerte, que saldría adelante y que su esfuerzo no sería en vano.


⋆⊷⊶⋆

Víctor había tenido un proceso de recuperación bastante arduo, gracias a su motivación y al apoyo de su madre logró obtener el alta para irse a casa en unos meses, aunque debía seguir asistiendo constantemente al médico y seguir con su rehabilitación para poder en un futuro, llevar una vida normal nuevamente. El platinado quería poder valerse por sí mismo más que nada, necesitaba dejar de ser una carga para su madre y transformarse en ayuda, después de todo bastante ya había hecho ella por él.

—No te sobre esfuerces, Vitya —le decía ella— tiempo al tiempo, cuando sea el momento podrás hacer todo lo que quieras, pero por ahora no hagas más de lo que puedas. Debes recuperarte.

La mujer estaba preocupada, sabía que el progreso de su hijo avanzaba a pasos agigantados, pero era porque él estaba haciendo más de lo que le indicaban— tranquila, mamá. El doctor dice que estoy bien, que voy por buen camino —respondía para calmarla, no era su intención darle más problemas.

Mientras el tiempo transcurría, Víctor más pensaba y recordaba. Todo a su alrededor se veía tan distinto, las calles que habían sido remodeladas, la tienda de la esquina que ya no existía y ahora era un café, los vecinos de en frente ya no vivían ahí y la niña de al lado a la que siempre le obsequiaba dulces ya era una adolescente.

De vez en cuando caminaba hacia la que había sido su escuela, encontrándola diferente ya que se veía con mas protecciones para que los escolares no escaparan, el color de las murallas también había cambiado y obviamente sus alumnos, aunque no los viera lo sabía. El estar frente a ese lugar le recordaba sus días con Yuuri, su primer beso, el tomarse de las manos para caminar hacia casa, su nariz fría en el invierno y su cuerpo tembloroso cuando lo abrazaba repentinamente. Yuuri había sido alguien muy importante en su vida y ya no estaba, no lo culpaba, su madre le había contado que el chico de cabellos negros había ido a visitarlo a diario durante el primer año, leyéndole constantemente, hablándole sobre la escuela y lo mucho que lo extrañaba ahí, llorando a su lado por la preocupación de que no volviera a abrir los ojos nunca más; El segundo año no pudo ir tan seguido debido a los exámenes de ingreso a la universidad, Yuuri tenía que seguir con su vida, no podía dejar de lado su futuro por alguien que no se sabía si sobreviviría o no; luego de eso la madre de Víctor le había dicho que era mejor si no iba más, ella habló con Yuuri diciéndole que necesitaba seguir con su vida en vez de aferrarse a una persona con la que tal vez no tendría un futuro, tuvo que hablarle con frialdad para ello ya que ella adoraba al muchacho casi tanto como a su hijo y solo quería su felicidad. Fue así como el de chico de lentes decidió no seguir con aquello que le hacía daño y rehacer su vida aprovechando que se cambiaría de ciudad por sus estudios.

Víctor supo que el día en que lo desconectarían Yuuri había ido a visitarlo, a decirle un último adiós. Su madre no se lo había dicho, pero él lo había oído y sentido, sabía que no era un sueño ni parte de su imaginación, ya que gracias a él abrió los ojos. Había sentido desesperación al no querer que se fuera, que lo abandonara tan repentinamente, de seguro su cuerpo reacciono al escuchar nuevamente su voz después de tanto tiempo.

El platinado volvió a emprender su caminata, pensando en cómo hubiesen sido las cosas si jamás hubiera ocurrido aquel accidente ¿Aun estarían juntos? No lo sabía y tal vez nunca lo sabría, porque Yuuri ya no estaba ahí y no tenía idea de como contactarlo.

— ¡Yuri! —la voz familiar lo hizo voltear, como si la presencia de la otra persona lo llamará y entonces lo vio. Estaba más alto, aunque sus lentes eran prácticamente los mismos que usaba en la escuela— ¡Espérame!

—Eres muy lento, me aburro —respondió otro chico muy cerca de él, era rubio, con el cabello largo y más alto que Yuuri, tenía una sonrisa burlona en el rostro y estiraba su mano hacia el azabache.

Víctor quiso gritar el nombre de aquel que aún lo traía enamorado, aun después de tantos años, pero se detuvo cuando vio que Yuuri tomaba la mano del rubio para después besarlo en los labios.

—Que pesado —le decía fingiendo enojo mientras el otro reía.


Continuará…

14 Avril 2020 02:16:44 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Maria Acosta Maria Acosta
ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
April 16, 2020, 04:35

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