fer-gonzalez1585958575 Fer González

Historia corta que refleja la realidad de la autora durante su infancia en La Rioja, Argentina.


Récits de vie Tout public.

#realismo #latinoamerica #cuarentena
Histoire courte
0
5.2k VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

Cuento 1

Es la hora de la siesta, a esa hora hace mucho calor. Cuando es verano en La Rioja y es la hora de la siesta, se derriten las suelas de los zapatos del colegio. Por eso, suelo colocarlos separados dentro del cajón de madera, para que no se peguen uno a otro.

Mi abuela está en la cocina. La mujer se quedó a cargo de mi hermano menor y mío, mientras mis padres y mi hermano mayor viajaron a Córdoba, para tratar el cáncer de mi padre. Decían que en Córdoba tenía más posibilidades de vivir, un tiempo más. Eso decían.

Los hámsters son fácil de criar, tuve una pareja y se multiplicaron rápidamente. A veces regalo las crías, otras veces me las quedo, según los ojitos con los que me miran. Ahora tengo 30 en cajas de vidrio unidas con silicona transparente rellenas con virutas de madera de la carpintería. El carpintero es muy amable.

La abuela no sabía que no debía tocarlos, mientras la hembra estuviera dando de mamar, pero claro cómo lo iba a saber. Con buena voluntad dio algo de lechuga a la mamá hámster para que no se quedara sin leche y alimentara sanos y gorditos a sus hijos. Mi abuela empezó a gritar mi nombre, cada vez más alto y al borde del desmayo. Cuando llegué, no pude hacer nada, la madre hámster había devorado a sus crías, no pude salvar ni siquiera a la última, ya estaba sin cabeza.

No era la primera vez, y sabía que no debía intervenir, la mamá hámster parece que sabe lo que hace, aunque en realidad no lo sé. Sólo me quedo mirando, con impotencia y desesperación. La abuela se siente culpable, le dije que ya para qué, que tomemos mate.

Ese día nos quedamos sin bebés hámsters, y eso que había separado antes de parir a la madre, le había creado un sitio aislado, privado y confortable para que pariese tranquila y el macho no la mordiese, porque eso también solía suceder.

Tiré los restos de bebés hámsters en la basura, sin antes desearles buena suerte a sus almas, me persigné y le pedí a Dios que las recibiera con un abrazo, que aquí no era su momento, me comprometí a que si volvía a enviarlos a través de otro embarazo de la misma hembra hámster, la aislaría de mi abuela.

4 Avril 2020 13:43:50 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
3
La fin

A propos de l’auteur

Commentez quelque chose

Publier!
Ivan Ramirez Ivan Ramirez
Buen trabajo.
April 25, 2020, 20:00
~