khatzel Sildra

Desde pequeño, la vida de Ethan quedó destrozada debido a la prematura muerte de sus padres. Obligado a sobrevivir en las calles, encontró cobijo al encontrarse con cierto anciano que lo ayudó a superar sus problemas. Y luego de un mal día, pensó en acabar con todo. No soportaba la idea de regresar a la vida criminal. Es así como comienza la historia de un ladrón del bajo mundo, quien fue transportado a un mundo desconocido. En donde corregirá los errores de su pasado.


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#258 #fantasía #acción #aventura #reencarnación #magia
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Capítulo 1 | Muerte y Reencarnación.

Un día como hoy, a las 5:15 AM, salgo de mi humilde caravana con destino a mi trabajo en el puerto. Vestido con una camisa manchada de tierra y unos jeans igual de sucios. El viento frío y amargo de esta apagada ciudad sopla mi cara y mi cabello largo baila al ritmo de esta brisa.


Mientras voy caminando, empecé a recordar el pasado, ni siquiera sé por qué lo hice. Quizás porque ya estoy completamente cansado de esta vida… soy joven, pero he pasado por tantas cosas… desde mi niñez.


Veamos… soy un pobre diablo sin oficio ni beneficio. Lamentablemente, mis padres murieron cuando yo tenía cinco años, mi papá fue asesinado por un delincuente, mientras que a mi madre murió a causa de una enfermedad. En estos momentos no recuerdo bien el rostro de ninguno de los dos, pero en mis memorias vive los momentos felices que pasé con ellos, y puedo decir tranquilamente que tenía una bonita familia.


Aunque me haya durado poco.


Desde ese entonces fui enviado a un orfanato, en donde luego de unos años me terminaron echando junto a otros niños debido a que no tenían los fondos ni recursos suficientes para mantener a varios chiquillos en este lugar. En estos momentos pienso que hacer eso no fue una buena idea para solucionar los problemas del orfanato, pero esos tipejos decidieron dejar a varias criaturas a su suerte.


Ni siquiera se molestaron en buscarnos otro sitio en el cual quedarnos, aunque bueno, no se le puede pedir mucho a la gente asquerosa de esta ciudad.

Después de eso, me ganaba la vida robando y asaltando pequeñas tiendas, en donde tuve la mala suerte de casi pisar la cárcel, pero por fortuna, no fue así.


Actualmente vivo en una vieja y oxidada caravana en la feria abandonada de la ciudad, y el poco dinero que gano me lo gasto en mujeres y alcohol. Vaya, la vida que todo hombre quisiera… ¿No es así?


El dinero lo obtengo trabajando en el puerto de la ciudad como cargador, abandoné la vida de robos desde hace varios años, principalmente porque me cansé de estropearles la vida a las personas. No me convertí en un ladrón porque quisiese, lo hacía para sobrevivir.


Me pregunto si mi destino mejorará… desde hace varias semanas he estado completamente decaído, no es la primera vez que recuerdo mi pasado. Y el hacerlo me genera un sentimiento de impotencia… rabia… y hartazgo.


Tanto que ya he pensado en terminar con todo esto e irme por el camino fácil… pero supongo que todavía tengo algo que hacer en este mundo antes de desaparecer para siempre.


Luego de un par de horas de caminata, al fin llegué al puerto. El olor del pescado y marisco inunda el ambiente nada más entrar, lo cual es repugnante, ya que está mezclado con el sudor de los obreros y bueno, demás cosas que no quisiera mencionar.


Todas las personas que trabajan aquí viven en la miseria más increíblemente baja, hay tipos en condiciones similares o peores que yo. Día a día, rompiéndose la espalda por ganar unos pocos centavos, y muchos de ellos lo gastan en sustancias, haciendo aún más infelices sus vidas.


Yo no he cruzado esa línea, aun viviendo en las calles, en donde un niño como lo era yo hace unos años, hubiera sido una presa fácil para meterse en ese mundo, decidí no hacerlo porque observaba las consecuencias de meterse con algo así.


—Muévanse, inútiles. Hoy llegará un barco muy cargado y debemos despejar el almacén tanto como podamos.


Ese es Louis, la mano derecha del jefe, es un imbécil que solo se sienta a dar órdenes y a leer revistas de Playboy. No hay mucho que decir sobre él, salvo que nos trata como gusanos y nos explota tanto como pueda.


—Oye, Ethan. ¿Crees que puedas ayudarme con esto? —Una voz rasposa me llama a lo lejos.


—Claro, Rob. Ahora voy.


El viejo Roberto, o como lo conocemos todos aquí; Rob.


Rob lleva 40 años trabajando aquí y conoce a todos en el puerto. Es un dulce anciano que me ha ayudado en varios momentos duros en mi vida. De hecho, él fue uno de los responsables de cambiar el rumbo de mi vida, ayudándome a salir del mundo criminal y darme trabajo en este sitio, siendo el intermediario para que el jefe me dé la oportunidad para laborar aquí.


—Dime, ¿qué necesitas?


— ¿Puedes ayudar a Martin a subir esas cajas de allá? — Habló Rob, señalando un camión de carga. —Ese camión sale hoy en la tarde.


—Claro, enseguida voy.


Caminé hacia el sitio que me habían señalado para ayudar a Martin. Mientras me dirigía hacia allá, pude observar desde lejos cómo el pobre chico luchaba intentando levantar una gran caja. Su rostro estaba completamente rojo por el esfuerzo que estaba haciendo.


—Oye, Martin. ¿Puedes con eso? —Saludé al pequeño, dándole un ligero toque en la espalda.


—N-no te preocupes. Estoy bien. ¿Acaso te mandó el viejo Rob? —Pregunta él, intentando levantar nuevamente la caja.


Martin, un delgado niño pequeño de quince años, su familia es algo pobre, por lo que a veces él trabaja aquí junto a su padre para ganar un poco de dinero extra. A pesar de su edad, es muy colaborador y servicial, todos los días se esfuerza para llevar el pan a su mesa. Aunque siento pena por él, teniendo que trabajar en un lugar de mala muerte como este, cuando debería disfrutar de su juventud junto a otros niños.


—Así es. Vio que necesitabas ayuda y me llamó. Sabes que él ya no puede con este tipo de trabajos.


Los trabajos de los puertos están divididos por grupos, Roberto trabaja en el de carpintería, aunque ya está viejo y desgastado, aún sirve como guía para aquellos nuevos obreros que recién están empezando.


Y uno de esos grupos es el de ayudante de almacén, en donde estoy yo. Me encargo de cargar y descargar camiones y barcos que vienen desde otro continente.


— ¿Cómo se encuentra tu padre? ¿Está bien?


—Un poco… pero se nos está acabando el dinero. —Contesta Martin de forma cabizbaja. —Le pedí a Hugo que me diera trabajo extra para ganar más plata y así ayudar a mi papá con las medicinas.


Hugo, el jefe de este lugar. Otro pobre diablo, el cual se la pasa sentado en su oficina sin hacer absolutamente nada, el único trabajo que realiza es el de rascarse las pelotas y el mandar a Louis a darnos órdenes.


— ¿En serio fuiste a pedirle eso? —Fruncí el ceño. — ¿Acaso no va a darte una compensación por el accidente que tuvo tu padre?


El padre de Martin tuvo un accidente, el hombre se rompió la mano derecha al caerle una caja pesada de un carguero. Pensándolo objetivamente, la culpa no fue de Hugo, fue un imprevisto, al fin y al cabo. Pero ese maldito nos ha dado muchos problemas y hasta se rumora que ha asesinado a algunos trabajadores por no obedecer sus órdenes. Con su historial, él no merece un buen trato que digamos, además, él mandó al padre de Martin a desembarcar las cargas del barco, absolutamente solo.


—Ese tonto me dijo que no. Dijo que la culpa de todo esto la tiene mi padre por no tener cuidado, y que, si seguía insistiendo, nos iba a despedir a ambos. Además, está molesto porque mi papá ha faltado al trabajo. —Él patea la caja con la punta de su desgastado zapato. — ¿¡Acaso no se da cuenta de qué necesita descansar!? ¡Él lo trata como un animal! Menudo cabrón.


—Oye, oye. Cálmate. —Le coloco mi mano encima de su hombro. —El idiota de Louis nos puede escuchar y estaremos en problemas. Además, te he dicho varias veces que no debes de hablar así.


—Perdón... —Susurró.


—Es verdad que Hugo es un cabrón y que nos trata como animales, pero no podemos hacer nada al respecto.


—Lo sé. Pero al menos quisiera que no fuera tan déspota. —Unas pequeñas lágrimas salían de los ojos de Martin. Quería llorar del enojo que sentía. —Estoy cansado de vivir así.


Suspiré frente a esas palabras, sé cómo se siente, ya que estoy igual que él, o peor. Pero realmente no hay nada que se pueda hacer… esta es la vida que nos tocó vivir, al fin y al cabo, nadie puede elegir su camino.


Yo también estoy completamente harto… quisiera terminar con todo esto y descansar de una buena vez.


Incluso… he pensado que sería mucho mejor dormir y no despertarme nunca jamás… De todas formas, mi vida no mejorará. Y, además, tampoco tengo nada que perder.


Aunque dejaría al viejo Rob y a Martin solos… Quizás es por eso que aún no he hecho algo tan estúpido.


—Mira, Hugo no cambiará en lo absoluto. Lo único que puedes hacer es seguir estudiando, eres el mejor de tu clase, ¿no? Entonces continúa así, podrás salir de esto si te esfuerzas todos los días, aún eres joven y tienes muchas oportunidades por delante. —Me acuclillé delante de Martin. —No te rindas. —Acaricié su cabello con suavidad.


Sus ojos lagrimearon ligeramente, pero él se contuvo.


—Vamos, no llores.


—N-no estoy llorando. ¡Los hombres no lloran!


— Claro, campeón— Me reí y llevé mi mano a su hombro. —Los hombres como tú no lloran, ven, límpiate la cara y continuemos con el trabajo.


Me pregunto qué rumbo habrá tomado mi vida si mis padres no hubieran muerto, ¿quizás ahora estaría estudiando una carrera en alguna universidad? ¿Posiblemente haya conocido a una bonita mujer con la que me casaría en un futuro?


Será mejor que deje de soñar despierto. Quiero empezar este día para que acabe lo más rápido posible para así irme y dormir en mi casa.


Luego de hablar, Martin y yo comenzamos el pesado y tedioso trabajo de mover las cajas al camión, eran poco más de diez cajas. Y todas tenían la mitad de mi tamaño de alto, lo peor es que no pude ver a nadie más intentando subir la mercancía. ¿En serio piensan que un niño podría con todo este trabajo? Vaya imbéciles.


Al puerto llegan todo tipo de cosas, aunque nuestro enfoque principal son los productos marítimos. He visto que incluso llegan productos tecnológicos como electrodomésticos, hasta partes de vehículos. Esto pasa en la madrugada, por supuesto.


Lo sé porque me ha tocado verlo, tomé el turno nocturno de uno de los empleados por unas monedas extra y ahí fue que descubrí todo eso.


Obviamente, esas cosas son robadas, ¿si no de dónde conseguirían esos objetos?

He creído en algo y es que este basurero está a flote gracias a nuestro trabajo, si no fuera por nosotros, el puerto se iría a la quiebra. Quizás hacer un tipo de huelga ayude a mejorar las condiciones en la que trabajamos, pero es ridículo intentar algo así. A Hugo no le importaría despedir a todas las personas del puerto, ya que hay muchos otros que quisieran trabajar en este lugar, aunque sean por pocas monedas. Es mejor a mendigar por las calles, supongo.


Sin mencionar que no todos serían tan idiotas para ocasionar una huelga, hay personas que necesitan trabajar para poder comer y no harían tal tontería si saben de antemano que no serviría de nada.


Mientras ayudaba a Martin a mover las cajas, le pregunté sobre sus planes en el futuro. Tenía curiosidad, saber el cómo se vería de aquí a unos diez años, tal vez.


—Oye, Martin.


­— ¿Sí?


— ¿Qué quieres ser de grande?


—Doctor. —Contestó sin titubear.


— ¿Doctor? —Pregunté interesado. — ¿Por qué quieres ser doctor?


—Me gustaría salvar vidas, —Ambos colocamos la primera caja en el baúl del camión, aunque yo hacía la mayor parte del trabajo. —Me gustaría ayudar a las personas necesitadas y que también admirasen mi esfuerzo.


—Oh, eso es genial.


— ¿Y tú?


— ¿Eh? —Algo sorprendido, Miré a Martin.

— ¿Tú qué quieres ser?


— ¿Qué quiero ser? —No creo que alguien como yo pueda anhelar algo como lo que desea el niño.


Digo, mi vida ya está acabada y no pienso que eso pueda cambiar. Dudo que se me presente una oportunidad para culminar mis estudios, o que algún cazatalentos se dé cuenta de mi belleza física y que quiera contratarme para trabajar como un supermodelo. O que me encuentre un billete ganador de lotería debajo de una piedra.


Es broma.


Pero estoy seguro de que no tengo por qué planear mi vida a futuro, sería un desperdicio. Me basta con imaginar lo que pude haber sido. Aunque me sienta lastimado en el proceso…


Verme trabajando como doctor, abogado, o cualquier otro empelo, es algo que me es imposible realizar hoy en día. Y la verdad, nunca me imaginé usando un elegante traje, ni estando encerrado en una bonita oficina. Me da un poco de repelús de tan solo imaginarlo.


— ¿Ethan?


Yo seguía absorto en mis pensamientos. Martin trataba de despertarme.


— ¡Oye! —Martin me dio un ligero golpe en la espalda. —No te duermas, estamos trabajando.


­— ¿Eh? Claro, claro. Trabajo…


—Parecías estar en las nubes. —El joven chico soltó una pequeña risa simpática y burlona a la vez. — ¿Acaso estabas reflexionando en la pregunta que te hice?


— Un poco la verdad. Pero actualmente no tengo un futuro prometedor.


— ¿Por qué lo dices? —Martin arquea una ceja.


­—Soy huérfano y de pequeño no fui a la escuela. No tengo nada que ofrecer al mundo.


—No veo que eso sea un problema.


— ¿Eh?


—En mi escuela he escuchado de personas que han triunfado en la vida sin tener estudios o familia. Si ellos pudieron ser alguien, entonces, creo que tú también puedes. —Sonrió él.


Su comentario me dejó pensando… ¿Alguien como yo merece ser alguien? Digo, la verdad me hubiera gustado tener sueños y metas como otros. Pero no merezco algo así, no con el daño que les hice a varias personas. Aunque nunca fui un asesino, el robarle las pertenencias a alguien que muy seguramente estaba igual de necesitado que yo, era algo lamentable. Pero en ese tipo de vida, solo te tienes a ti.


Es una lástima que Martin tenga este tipo de vida, cuántos niños habrá en su misma situación. Luchando día tras día, para ayudar a sus familias. Y no únicamente eso, seguramente habrá muchos trabajando de forma obligada por sus padres, quitándoles su infancia y manchando su vida por el resto de su existencia.


Los jefes tratan a trabajadores como nosotros, como perros, esclavos a los que pueden explotar y reemplazar sin problemas. Ese tipo de personas me dan asco, si tuviera el poder, eliminaría a esas alimañas de este mundo. Muchos de ellos no merecen estar donde están. Llegaron a la cima haciéndoles daño a personas inocentes.


—Oye, tonto. Deja de holgazanear.


Estando perdido en mis pensamientos, alguien me golpea desde atrás.

— ¡Ay! —Di un pequeño quejido.


Volteé y vi el desagradable rostro de Louis, inmediatamente tomé una buena postura para no tener problemas con este idiota.


—Perdona… no volverá a pasar. —Dije, rascándome la cabeza.


Al parecer estaba supervisando la zona, y me vio parado sin hacer nada. Vaya tonto, ¿No tiene nada mejor que hacer? Como trabajar, ¿Por ejemplo?


—Ethan no estaba holgazaneando. — Martin se metió en medio, estaba apoyándome. —Él me estaba ayudando.


— ¿Oh, en serio? Caminaba por aquí cuando vi a este parado sin hacer nada, ¿y dices que te estaba ayudando?—Louis refutó.


—Solo estaba descansando un poco. Ya iba a continuar. —Martin tartamudeó un poco.


— ¡No les pagamos para descansar! ¡Cállate de una puta vez, mocoso de mierda!


Louis estaba a punto de golpear a Martin, pero lo detuve sosteniendo su brazo.


—Oye, ya dije que me disculpaba. ¿Bien?—Miré molesto a Louis. —No tienes que golpear a un niño que no tiene la culpa de nada.


— ¡Cállate! Solo eres un inútil sin remedio. ¡No me toques!


Notaba un olor raro cuando Louis hablaba, apestaba a alcohol.


Louis soltó mi agarre y apretó su puño para golpearme.


Su golpe alcanzó mi rostro y yo caí al piso.


—Oye, ¡déjalo en paz!—Martin intentó hacerlo retroceder jalándolo de la ropa. —Ya te dije que él me estaba ayudando, ¿eres sordo?


— ¿¡Qué!?—Louis alzó la voz. — ¿¡Cómo me llamaste, mocoso!?


Louis dejó de mirarme y fijó su atención hacia Martin. Apretaba su mano para atacar al pequeño. Me puse de pie rápidamente y, cansado del escándalo que Louis estaba haciendo, lo golpeé en la cara. Él se tumbó al suelo.


— ¿¡Eres idiota!?—Fruncí el ceño. Lo miraba con un profundo odio. — ¿¡Cómo te atreves a querer golpear a Martin!?


— ¿Qué está pasando?


— ¿Y esos gritos?


El personal del puerto escuchó el escándalo que estábamos haciendo Louis y yo. Entre esas personas estaba Rob, vino inmediatamente al escuchar mis gritos.


Yo seguía eufórico por la estúpida actitud de Louis, me abalancé sobre él. Lo seguí golpeando una y otra vez en la cara. Él logró empujarme y me tiró al piso, aprovechó para tirarse encima de mí y golpearme.


Yo intenté cubrirme de sus ataques, tapando mi cara con las manos. Los golpes de Louis eran algo imprecisos debido a la influencia del alcohol.


— ¡¡Qué mierda pasa!!


Hugo escuchó el escándalo que se estaba armando en el almacén y gritó desde la barandilla del segundo piso.


— ¡Ustedes, imbéciles! ¡Sepárense! —Ordenó él desde lo alto.


Hugo bajó las escaleras apresuradamente, Louis y yo nos apartamos antes de que el jefe llegara.


—A ver, ¿Qué mierda pasó?—Pregunta Hugo con el ceño fruncido.


—No lo sé. Solo escuché unos gritos y vine para ver qué pasaba. —Dijo un tercero.


—Yo igual, cuando llegué, ellos dos ya estaban peleando.


Unos trabajadores contestaron sus preguntas, pero él no parecía muy contento con la respuesta.


—Oye, Hugo. Este idiota se me abalanzó y comenzó a golpearme de la nada.


— ¿Es eso cierto? —El jefe me miró con enfado.


— ¡Claro que no! Él comenzó la pelea. —Contradije las falsas acusaciones de Louis. —Él me golpeó y después quiso golpear a Martin.


Está claro que Louis mentía, pero lo que me da rabia es que Hugo le crea. No me sorprende, al fin y al cabo, ambos se lamen el trasero.


Imbéciles.


—Escucha, Hugo… estaba patrullando la zona cuando vi a este papanatas perdiendo el tiempo. Solo le di unas palabras de aliento… si es que entiendes. —Louis guiñó el ojo.


— ¡Mentiroso!—Una voz aguda se escuchó entre la multitud, era Martin. —Tú golpeaste a Ethan sin ningún motivo.


—Martin, no te metas. No es asunto tuyo. —intenté callarlo, no quería que se metiera en problemas.


Está claro que parte de la culpa la tengo yo por estar parado como idiota, estaba perdido en mis ideas. No quiero meter al chico en esto, ya tiene bastantes problemas.


—Hugo… si me permites. —Rob intervino. Intentó tranquilizar la situación. —Ellos dos tuvieron la culpa de todo. Está claro que Ethan hizo mal en dejar el trabajo por un tiempo, pero Louis también provocó a Ethan.


— ¡Cierra la boca! Tú defiendes mucho a ese idiota. Además, tú no estabas cerca cuando pasó todo. —Louis se acercó al jefe. —Dime, Hugo. ¿En serio le creerás a este anciano?


Hugo suspiró y reflexionó por unos momentos.


—Muchacho… no es la primera vez que nos causas problemas.


—Pero–


— ¡Cállate! —Gruñó él. — ¡Tienes un espantoso historial de peleas dentro de mi negocio!


Bueno… no es la primera vez que me he metido en una pelea. Pero fue por tratar de defenderme, no todos aquí son tan amables como lo es Rob o Martin. Muchos de aquí tratan de menospreciar a otros solo por el hecho de querer hacerlo.


No soporto que me humillen, y tampoco soporto que me recuerden mi pasado con burlas.


—Y solo eres un simple delincuente. —Hugo se cruzó de brazos. —Los tipos como tú solo traen problemas. —Dijo, y me miró con odio y repugnancia.


—Hugo, por favor. Perdona al muchacho. —Roberto se puso en medio de nosotros, expandiendo ligeramente sus brazos. —Esto no se repetirá, te doy mi palabra.


Hubo varios abucheos por parte de los demás trabajadores, se escuchaban risas y comentarios desagradables hacia mí y mis amigos. Pero soporté las ganas de responderles, Rob estaba haciendo todo lo posible para que todo se calmase, no podía meter la pata ante esta situación.


Estoy seguro de que también los meteré en problemas si vuelvo a hacer algo malo dentro del puerto. Será mejor que los ignore.


—Ya lo he perdonado muchas veces. —Suspiró. —Además, él golpeó a mi mano derecha y eso no puedo dejarlo pasar. —Hugo peló los dientes en una sonrisa desagradable.


Estaba en problemas, grandes problemas. Me importa una mierda si yo solo salgo afectado, pero me sentiría mal si Rob o Martin también salen mal parados por culpa mía. Tenía que intentar apaciguar las cosas.


—Escucha, Hugo. Fue culpa mía, lo siento. —Incliné levemente mi cabeza. —Esta será la última vez, ¿de acuerdo? Así que olvídalo.


—Ya me cansé de tus estúpidas disculpas, muchacho.


—Hugo, despide a estos inútiles. ¿Quieres? —Comentó Louis.


Mis ojos se ensancharon. Por mi culpa, dos personas iban a perder su empleo. Y no eran simples personas. Eran Rob Martin. Ellos son como mi familia.


— ¡Escucha! Ellos no tienen nada que ver con esto. —Intenté convencerlo nuevamente. —Louis solo hacía su trabajo. Yo lo golpeé, ¿sí?


—Ethan, no te culpes. —Martin se interpuso. —Toda la culpa la tiene este idiota.


—Martin, guarda silencio. —Le ordené en voz baja.


—Oye, mocoso. ¿Cómo te atreves a llamarme idiota? Recuerda que estás aquí por Hugo.


¡Cállate de una maldita vez, imbécil! —Maldije en mis pensamientos.


Él solo está empeorando las cosas, si sigue hablando, entonces la situación empeorará más y más. Y Hugo no se ve con la paciencia de perdonarme esta vez, tengo que hacer algo que no involucre a Rob y a Martin.


—Escuchen, ya me cansé de ustedes. Están despedidos. —Hugo se marchó después, pero antes, mencionó otra cosa. ­—Ah, oye mocoso. Dile a tu padre que tampoco se moleste en venir. Él también está despedido. No necesito a holgazanes en mi puerto.


— ¿Eh?—Martin se quedó perplejo. — ¿Despedido?


No… no, no, no. Esto es una mierda.


Hice que los despidieran a los tres, no… es mucho peor. También despidieron al padre de Martin, y todo por culpa de este malnacido…


Tan solo quisiera…


— ¡Ethan, tranquilízate! ¡No hagas más tonterías! —Intenté correr hacia él, pero una persona detrás de mí me detuvo.


— ¡¡No me importa! ¡¡Mataré a ese bastardo!!


Intenté soltarme del agarre de Rob, estaba perdido en la ira.


—Ethan, no lo hagas. Mi padre y yo estaremos bien. —Martin intentaba detenerme, colocándose frente mío.


—Oh. No solo tienes el descaro de interrumpir el trabajo, sino que también me amenazas.


Yo apretaba los dientes y los puños. Intenté calmarme por petición de Rob y Martin, pero con las mierdas que soltaba Hugo, me era imposible. Mi corazón latía de rabia, quería ponerle las manos encima.


No quería que mi familia saliera afectada por mis malas decisiones, tuve que pensar en algo para que solamente yo fuera el afectado.


— ¡Escucha, Hugo!—intenté persuadirlo. —No los despidas, ¿de acuerdo? Es mi culpa. Tomaré toda la responsabilidad. ¿Por qué mejor no lo hablamos en tu oficina? —Suspiré con fuerza.


Hugo sonrió, él sabía perfectamente a lo que me refería. Por lo que no se negó ante la petición que hice.


— ¡Ja! Me gusta tu actitud, está bien. Si así lo quieres. Louis, trae a unos amigos para hablar con Ethan en mi oficina. —Hugo gritó al aire. —Todos ustedes, esto no es un espectáculo. ¡Vuelvan al trabajo! —Él observó al hombre de avanzada edad. — Oye, anciano. También regresa a tus labores. Y niño, no te pago para que pierdas el tiempo, regresa a tu posición.


—Hugo, creo que también el padre de Martin puede regresar, ya que él no ha hecho nada.


—No me importa, ahora apresúrate y sube. —Indicó.


Hugo subió a su oficina con Louis detrás de él.


—Ethan… —Martin me miró con preocupación.


—Vamos, no te preocupes. Sigue con tu trabajo, ¿bien?


—Muchacho.


—Perdón, Rob. Regresaré enseguida.


Seguí los pasos del jefe y de su lacayo y, cada vez que me acercaba, mi corazón latía con más y más fuerza. Estaba claro que no iba a salir ileso si me metía en ese pequeño cuarto, pero si con eso puedo hacer que ellos dos conserven sus trabajos, entonces no importa.


Una vez dentro, Hugo se encontraba sentado delante de su escritorio y Louis estaba al lado de él, mirándome con enojo.


—Bien, muchacho. Sí que tienes agallas.


—Demasiadas. —Louis agregó. —Te gusta causar problemas, ¿no?


—Oye, Louis. Trae a unos colegas para hablar con Ethan, ¿te parece? —Hugo se rio entre dientes.


— ¿Estás seguro?—Preguntó preocupado. —Estarás solo con este tipo.


—No te preocupes, no me hará nada. Ahora vete.


­—Ahora voy.


Louis salió de la oficina, dejándonos solos a Hugo y a mí. Quizás esta es una buena oportunidad para darle una lección, pero, ya tengo suficientes problemas encima, golpear a este idiota solo los empeoraría.


—Bien, ahora que estamos solos. ­—Hugo comenzó a pasear por su oficina, hasta que se detuvo frente a la ventana. — ¿Por qué haces todo esto? Yo te di empleo, ya no tienes que comer basura gracias a mí.


—Quizás ahora no coma basura, pero estoy trabajando con una. Además, no fue gracias a ti, Rob me ayudó, no tú.


—En serio eres tan temerario. —Él se ríe. —Aún en la situación en la que te encuentras, sigues provocándome. ¿Acaso no tienes miedo?


—Te recuerdo que solo accedí a esto para que dejaras en paz a Rob y a Martin.


—No te preocupes, ellos conservarán su empleo. Soy un hombre de palabra, ¿sabes?


—Eso espero. —Vamos, termina con esto de una vez. No soporto ver tu cara.


—Te preocupas por ellos, ¿Por qué?


—Ellos son importantes, eso es obvio.


—Ah, qué bonito. —Hugo aplaudió de forma sarcástica. —Eso es bueno, muy bueno. Siempre he dicho que la familia es lo más valioso. —Él continuó paseando dentro de este pequeño cuarto.


Intercambiamos palabras por unos momentos más, hasta que Louis interrumpió, llegando con cinco sujetos de aspecto rudo y con muy mala vibra. Eran secuaces del jefe.


Lo peor es que uno de ellos porta una llave inglesa… Esto me está preocupando.


Genial, esto no puede ser peor.


—De acuerdo. —Hugo volvió a tomar asiento. —Denle una lección a este cabrón. Tiene que aprender a respetar. —Él chasqueó los dedos.


En un instante, un tipo me sujetó de los brazos mientras que otro me tapaba la boca con un trapo. Luego de eso sentí un fuerte golpe en el abdomen, era el sujeto que usaba la llave inglesa.


Caí al suelo, mi estómago quemaba.


Volvieron a sujetar mis extremidades, tres de ellos me comenzaron a golpear indefinidamente con patadas en todo el cuerpo.


Mis costillas crujían y mi cara rebotaba en el suelo como una pelota, sentía como mis rodillas estaban a punto de romperse.


Sentí ira e impotencia, tan solo pude contener mis lágrimas. Al menos no le daría el placer de escuchar mi sufrimiento.


Fueron varios minutos de intenso dolor, ya no sentía mis brazos ni mis piernas. Estaba a punto de quedarme inconsciente.


—Bien, ¡alto! —Hugo ordenó, alzando su mano. —Es suficiente.


Me encontraba tirado en el piso, encima de un pequeño charco de sangre. Mi cabeza daba vueltas.


—Póngalo de pie.


Me sujetaron y me levantaron, yo solo quería seguir en el suelo. No soportaba el dolor como para ponerme de pie. Al menos ellos tipejos me apoyaban en sus brazos.


Hugo sonrió. —Quedaste hecho una mierda. Esto te pasa por problemático. —Hugo caminó hacia la puerta trasera de su oficina. —Ahora, ¡sáquenlo de aquí y limpien este desastre!


— ¡Sí, señor!


Ellos me arrastraron al exterior sin que yo pudiera hacer nada, me dejaron en el portón del puerto. Tirado como basura.


Se retiraron luego de dejarme en la vereda de la calle.


Pasaron varios minutos en donde me quejé y lloré en silencio.


Apretaba mis dientes con todas mis fuerzas para no dejar que nadie escuchara mis gritos de dolor.


Las personas caminaban sin siquiera observar al sujeto que se encontraba herido en el piso, simplemente me ignoraban, como un animal.


No… incluso un animal herido e indefenso en la calle tendría mejor trato que yo.


No sé cuánto tiempo pasó, pero, luego de un buen rato, pude ponerme de pie con mucha dificultad.


Empecé a andar.


No tengo dinero en mis bolsillos, por lo que solo me toca volver a mi casa para descansar.


Fueron varias horas, pero al fin había llegado.


Varias horas caminando, tambaleándome en el camino y cayendo una que otra vez. Me curé las heridas con el botiquín que tenía.


Me puse unas vendas en el pecho y en los brazos a como pude. Me desinfecté las heridas abiertas con alcohol y me tomé algunas pastillas. Cuando acabé, me eché a dormir.


Desperté al día siguiente, aún adolorido.


Comí lo que pude y salí de mi casa con el poco dinero que tengo.


Caminé por las calles, con la esperanza de buscar algún trabajo, pero no me aceptaron en ninguno. Estuve todo el día, yendo de puesto en puesto, de local en local. Pero siempre eran las mismas respuestas.


No podía más con el dolor, así que busqué un lugar en el cual sentarme y descansar. Tampoco había comido en todo el día, por lo que también me moría de hambre.


Allí me encontraba, sentado y con un aspecto terrible, hambriento y desesperado.


Empecé a sentir frío en mi piel, creo que escuché que se iba acercando la temporada de invierno. Incluso ahora tendré que lidiar con el frío de afuera.

Esto es una mierda… estoy harto.


Me quedé pocos minutos, observando cómo la gente pasaba frente a mí, con sus abrigos elegantes y sus irritables sonrisas de felicidad. Felicidad ganada muy seguramente con el sufrimiento de otras personas.


Esto me daba mucho asco, tan solo quería desaparecer. Dejar de lado todo.

Ni siquiera sé por qué lo sigo intentando… no vale la pena.


—Hola… —Saludé en voz baja mientras me sentaba en un pequeño banco de madera.


—Oh, Ethan. ¿Cómo te va? —Me saluda un hombre de mediana edad. — ¿Qué pasó con esas heridas? ¿Te volviste a meter en problemas?


Ahora estoy visitando una pequeña taberna en uno de los barrios cercanos del lugar en donde vivo, digamos que soy un cliente frecuente.


Cuando tenía unas monedas, venía aquí para tomar un par de cervezas.


—No es nada, no te preocupes. —Susurré.


Me mantuve en silencio por un par de minutos, no había comido y moría de hambre. Pero también tenía frío, así que necesitaba algo para calentar el cuerpo.

Sin embargo, un par de cervezas no será suficiente…


Lucas me observaba con detenimiento, luego se alejó de la barra en busca de una botella.


—Ten. —Dijo y dejó un pequeño vaso sobre la madera. —Es whisky.


—No… no tengo dinero. —Me negué, moviendo mi cabeza.


—Cortesía. Acéptalo. —Él me acercó el vaso.


Bueno, si era por cortesía, entonces supongo que está bien.


— ¿Vas a decirme qué pasó?


—Nada importante. —Llevé el vaso a mi boca. Dándole un ligero sorbo al whisky. —Me metí en una pelea. Nada más.


—Claro, eso lo puedo notar. Esos moretones no se hacen solos. —Dijo, y se cruzó de brazos.


—Déjame en paz, no estoy de humor para regaños. —Desvié la mirada.


—Eres un buen cliente, y como jefe de este lugar. Creo que tengo el derecho de preocuparme por ellos, ¿no?


—Me despidieron, ¿bien?


— ¿Te despidieron?— Lucas preguntó preocupado. — ¿Por qué?


—Me metí en problemas con el jefe. Eso es todo.


— ¿Y esos moretones?


—Así es.


Tan solo de recordarlo… hace que me enferme.


Me siento del asco, me duele el cuerpo. Siento ganas de desmayarme y mis tripas se comen las unas a las otras, quiero acabar con esto.


— ¿Y te despidió después de que te golpeara? Menudo cabrón. —Gruñó él.


—Déjalo. —Seguía llevando el vaso a mi boca. Dando ligeros sorbos. —Ya pasó.


— ¿Y qué piensas hacer?


Vaya pregunta, me hace ahora, ¿qué debo hacer? Quizás regresar a mi antigua vida de la calle, aunque eso no me generaría ninguna comodidad.


Abandoné ese estilo de vida por eso mismo, ¿ahora debo volver a él? No, estoy seguro de que hay más opciones, pero, ¿cómo las encuentro?


No tengo estudios, y con este aspecto de vagabundo, dudo que me quieran contratar en algún lado, aunque sea de barrendero.


Podría probar con ser obrero de alguna obra en construcción, pero, no quiero volver a la misma rutina de siempre…


Un cliente abrió la puerta, a lo cual Lucas se apresuró a atenderlo. Dejándome a solas.


Yo seguía pensando mientras veía el vaso de whisky. Me reflejaba en él. Me observaba a mí mismo, reflexionando sobre todas las cosas que me sucedieron y si tenía alguna oportunidad en este mundo.


El lugar se sentía vacío, a pesar de que de fondo se escuchaban los murmullos de Lucas y de la otra persona. Estaba solo, encerrado en mi mente, viendo como las malas decisiones de la vida me llevaron donde estoy ahora.


No tengo nada que hacer… no tengo más oportunidades.


Simplemente, no tengo salida alguna, estoy perdido.


Quizás ya sea momento de poner en plan lo que he estado pensando hace tiempo.


Luego de varios minutos de haberlo pensado. Llevé a mi boca el último sorbo de whisky y me despedí de Lucas.


—Gracias por la bebida. Me retiro.


—Claro. Cuídate.


Caminé sin rumbo por varios minutos, decidiendo si debería hacerlo o no.

O quizás tan solo tenía miedo y trataba de engañarme a mí mismo para no cometer tal acto, pero mientras más lo reflexionaba, más hundido me sentía. ¿Qué debo hacer? Era la pregunta que repetía en mi cabeza como disco rayado.


Intenté imaginar varias soluciones, pero ninguna me convencía.


La balanza que decidiría mi destino se estaba inclinando hacia una única cosa; terminar con todo.


Es la forma más fácil, muchas personas lo hacen al tener muchos problemas que no pueden enfrentar. Y todos ellos lo solucionan con hacer una sola cosa; acabar con su vida.


Mientras caminaba, escuchaba las bocinas de los autos y los murmullos de las personas a mí alrededor. Las calles estaban iluminadas por los alumbrados de los postes y los letreros de los negocios.


Me reflejaba en los ventanales de los distintos locales que estaban cerca de mí. Veía en mí a un perdedor y un fracasado. ¿Otra persona habría tomado una decisión diferente? Lo más seguro es que sí. No huiría de sus problemas como estoy haciendo yo. Esa persona los enfrentaría sin lugar a dudas.


Cerca de aquí, a unas cuadras. Se encontraba el puente que conectaba con la parte sur de la ciudad, puente donde transitaba tanto autos como personas, y que era muy conocido por ser testigos de múltiples anécdotas de personas que perdieron la vida a base de su propia decisión.


Vaya, era casi como una señal. Estaba caminando sin rumbo y me encuentro con el camino final de mi vida, que irónico.


Subí los escalones y seguí el camino de concreto, hasta la mitad del puente.

Ya era algo tarde, por lo que no había muchas personas caminando por aquí.

Lo siento…


Había una mescolanza en mi cabeza, todos los recuerdos que he tenido se arremolinaron en mi mente como un enorme huracán.


Lo siento, Rob, Martin. Estoy cansado de esto, tan solo espero que mi decisión no los afecte…


Apoyé mis brazos en el borde del puente para ver la ciudad por última vez.

El horizonte era adornado con múltiples luces, que se difuminaban a cada segundo, luego supe el porqué. Estaba llorando, al parecer, no pude soportarlo más.


Como sea, ya era hora.


Pero antes, metí mis manos en los bolsillos y saqué las últimas monedas que tenía. No sé por qué lo hice, pero las arrojé al río mientras deseaba algo en mi mente.


Ojalá mi destino hubiera cambiado…


Observé como las monedas se perdían en el oscuro abismo, luego de eso, me subí yo al borde del puente.


—Vamos… deja de temblar. —Me susurraba. —No te dudes ahora. ¡Vamos!


Salté del puente con una determinación titubeante y mientras caía, mi vida pasaba a través de mis ojos. Tal vez es así es como sienten las personas que mueren. Ver toda tu vida reproducida como un clip de video, debe de ser genial para aquellos que disfrutaron sus días sin problemas o preocupaciones.


Antes de que mi cuerpo se ahogase en el agua. Una voz vino a mi mente, aunque era débil y algo distorsionado, entendía lo que quiso decirme. Solo era una palabra. La última palabra que escucharía antes de abandonar ese mundo.


“Cobarde”


Era mi propia voz, mi conciencia. Me dijo lo que realmente era.


No supe nada más después de eso, tan solo me sentía extrañamente ligero y una paz recorrió mi cuerpo.


Una paz que nunca había sentido antes. Quizás el hacer esto no fue una mala idea después de todo.

23 Mars 2020 06:01:49 5 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Nicole Arredondo Nicole Arredondo
Muy interesante!!!!!! amaría que te pasaras por mi historia y me dieras algunos consejos.
October 06, 2022, 00:44
Yeyo  Poche Yeyo Poche
Muy interesante la historia pero muy largo el capítulo. Solo para leer este capitulo me tome casi media hora. Si pudiera darle una miradita a la mía estaría agradecido, aun los primeros capítulos están sin editar.☺☺☺
April 25, 2020, 17:49
Beatriz Magali Ruiz de Santiago Malpica Beatriz Magali Ruiz de Santiago Malpica
Comenzó bastante interesante, me costo trabajo encontrar una historia que me agradará pero esta es de las primeras que leo y que me encanto seguiré leyendo.
March 28, 2020, 04:01

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