playbooksmad Emilia

Me llamo Martin Cansino, considero los retratos de personas bellas lo más artístico que puede haber en el mundo del arte, quería que alguien me pintase de esa forma. Nunca debí desearlo tanto, ahora me arrepiento de habérselo pedido estando amarrado. Soy bien honesta. La historia no es profunda. NO TIENE ROMANCE. Los personajes son algo planos, y son bien superficiales y pendejos, solo advierto, porque se cuando hago algo mal peroooo, me divertí mucho haciéndola. Amo esta historia porque es mía, así si quieren léanla y disfrútenla.


Drame Déconseillé aux moins de 13 ans.

#lgtb #drama
Histoire courte
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Píntame.

Había mucho ruido… muchas personas en un pequeño espacio que no opacaban a esa fealdad entre la multitud. Era tan horrible, todos veían sumisión, todos le veían una presencia patética que no compartía con su mirada negra en mí. Yo sé cuando alguien es tan podrido como yo, y sabía que no importaba lo que hiciese, que él siempre iba a volver para que lo volviese hacer.

Siempre me ha gustado la belleza de las personas. Siempre me ha atraído la idea de ser retratado como uno de ellos. Veía en ellos una gran belleza sin complicaciones. No había necesidad de retoques, no había necesidad de pulir, no había necesidad de ser más perfecto de lo que ya era. Yo quería ser eso, quería ser perfecto, quería ser la mitad de bueno que ellos.

Corría como loco por todas las calles de Spilbyl repleta de gente comprando comida rápida en sus carritos, con sus cafés ardientes saliendo vapor por el orificio, con bufandas, guantes, gorros, un desfile de colores de paraguas, gente hablando por celular, taxis por cada esquina, quioscos independientes con grandes diarios de exhibición que ya casi nadie compra, el olor a cigarro, restaurantes donde salía olor a sopa caliente, y panaderías con pan recién horneado, este era mi calle, y esta era la calle donde tenía que cruzar la avenida Hoolwad 87 para entrar al edificio y subir al ascensor de carga y entrar a una gran habitación con cinco personas, Alicia quien guiaba a la modelo Carla ya toda pintada y modelando, Antonia ordenando el espacio, Claudio hablando por celular mientras miraba la enorme ventana empañada, y ese tipo, Arturo mirando la cámara fotográfica, y solo recibí la agresiva mirada de Alicia que se abalanzó contra mí con su redondo y moreno rostro con su coleta crespa moviéndose para todos lados y bajando un poco su bufanda verde para gritarme:

-¡Llegas tarde otra vez, Martin!

-Lo siento, Alicia…

-Estas afuera del grupo.

La loca esa se fue dándome la espalda cuando era mi turno de dar mi explicación.

-¿Por qué?...

Odio seguir a personas, no estoy para eso, no estoy para rogar a nadie, y aun así lo hice. Sabía que la presencia grupal era de vitalidad para seguir en la sociedad y en la universidad si seguía con ellos.

-No es la primera vez que llegas tarde, aparte aun no entregas tu parte del informe de fotografía y arte que te tocaba, y pasado mañana es la presentación artística…

-Lo siento…

Lo siento por tener más actividades importantes como un trabajo que hacer aparte de ir a museos como si la vida fuera depender de ello.

-Deja de decir lo siento,-Se dio la vuelta dándome la cara.-no estás en la básica donde tu mami resuelve todo. Aquí no hay mami, solo hay gente adulta que quiere pasar el ramo. Así que vete.

-Pero no puedo trabajar solo, es mucho trabajo, aparte tengo que tener cámara, un modelo, y no tengo nada eso, ustedes si, por favor, por favor, no me hagas esto, jamás les he fallado, solo que ahora tengo un trabajo de medio tiempo que…

-Ya, ya, ya. Entrega el informe hoy, y si no lo haces, estas fuera del equipo. Ahora a sujeta las luces, ve por más lentes, rollos, y el soporte de la cámara.

-Solo para eso sirves. Aparte de feo eres sirviente, que conveniente.

Salía esa voz gruesa proveniente de esa boca fina rosada como un dulce, en ese esbelto cuerpo marcado que a veces deseo, y con más ganas repudio.

-Ya cállate Arturo.

Detesto a ese tipo. No soporto su soberbia, su arrogancia, su parada de; ‘’yo se mas que ustedes porque yo pinto grandes obras que ya han sido vendidas y soy un gran fotógrafo’’. La mierda, eso es lo que es, una persona de mierda. Y yo tonto trabajo para el ahora. Estudio Arte en general, y uno de los ramos entraba este segundo año era fotografía lo cual era optativo, y yo imbécil, creí que era fácil, cosa que no fue así. Me arrepentí de inmediato y cuando quise cambiar ya era tarde, así que me aguante y me volví prácticamente el ayudante. No me interesaba sacar fotos, solo saber de arte y hacer arte, pero como la fotografía también esta considera como tal, quise incluirme, pero me di cuenta de algo, si no eres bonito, no serás fotografiado. Y nadie me puede venir que la belleza es subjetiva, eso es mierda, durante toda mi vida me han dicho que soy feo, y ahora con esto me lo clavaron en mi mente. Todo cuando un día los chicos querían elegir a un modelo entre nosotros, ¿Qué paso? Que todos querían elegir al otro, menos a mí, nadie me ofreció, incluso yo alce la mano y ni me miraron, me dio tanta rabia eso que les grite para que me pusieran atención, y Arturo se rio diciéndome que visualmente no era atractivo, y sí, es cierto, soy bajito, mido 1, 48, pálido como un panda y como panda tenia enormes ojeras, manos pequeñas y algo toscas, no tengo trasero porque toda esa masa esta en mi estómago, en mis caderas, y en mi espalda, tengo una papada que tapa todo el intento de cuello, tengo dos líneas de expresiones a cada lado de mi boca que me hacen ver viejo, nariz larga algo chueca luego de que un compañero me golpeara sin querer en la básica, dientes chuecos porque me da un enorme miedo los dentistas, boca pequeña, cejas medianas y casi son una que no opacan a mis ojos color caca, cabello graso que casi siempre se me cae, barbilla extrañamente marcada al cerrar mi boca, es como una pelotita toda arrugada en el centro, y un feo ‘’lunar’’, porque así se ve, que está al frente de mi cuello, y es un punto negro donde me sale pelo, si, es asqueroso y siempre me lo saco, pero siempre me sale, y tengo mi pie derecho con el dedo gordo doblado más a la derecha, se ve deforme pero también me da miedo ir al médico y que me digan que tengo que operarme o algo así de los pies, así que no soy atractivo en realidad, y muchos dirán que tengo baja autoestima, pero eso es lo primero que no tengo, me amo, si, lo hago, y me da lo mismo lo que los demás digan, pero me molesto que no me hayan considerado ni para posar por atrás, nada, o sea, si soy feo, pero no espanto a nadie, creo. Son artistas, tendrían que ser capaces de tomar lo más horrible y convertirlo en arte. Por eso admiro a los bellos, son tan simples.

-Ya deja de pensar tanto y empieza a lavar los platos.

-Si chef.

Trabajaba en las noches como copero, también, de vez en cuando me pedían que picara algo, o revolviera o vigilara algo en la cocina. Me gusta cocinar pero siento tanta presión al verlos tan apresurados, gritándose, criticándose y estresándose que me aflijo yo solo, por suerte no hago eso, ni soy garzón, ya que oigo por parte de los chicos sobre como algunas personas son bien jodidas y bien mierda a pesar de que son atendidos, en verdad, socializar con personas es complejo, y más si ellos se creen más por el simple hecho de que uno está a su disposición, como con Arturo. Ese tipo, en verdad me pone los nervios de punta con sus miradas sobre el hombro, y sus risas burlonas cuando muestro mis intentos de fotografía. Solo me hace querer golpearlo en sus testículos.

-Hola Atticus.

Salude a mi pequeño ratón de alcantarilla que rescate hace un año cuando lo vi entre la vida y la muerte justo en estas fechas junio en invierno, se veía tan asqueroso, pero cuando lo asearon y lo curaron, se veía tan tierno acurrucándose en mi mano, que no pude evitar quedármelo.

-Tengo que terminar el informe antes de las una o Alicia me mata, así que no te poder leer hoy en la noche, y quizás mañana tampoco podremos ver otra temporada del documental de cortometraje, lo siento.

Como si una rata me entendiera, no importa, es mi único amigo y con él podía desahogarme las veces que yo quisiera y no me mandaría a callar. Esta rata, me hacía recordar a alguien que conoci en la básica, apenas me acordaba su nombre, pero si su sobrenombre; el niño rata le decían, yo lo defendía de vez en cuando, pero me canse cuando me di cuenta que le gustaba que lo molestasen, ya que hable con los chicos para que lo dejaran en paz, y el mismo provoco que lo molestaran desnudándose y mostrando su desnutrido cuerpo, fue la burla del año, estaba enfermo el tipo, por suerte se fue y nunca más lo volvimos a ver, aunque tengo que admitirlo, me gustaba defenderlo, no por él, sino por el sentimiento de poder que tenia de alguna forma extraña sobre él, me tenía cierta devoción, casi como si fuera du Dios, se sentía bien. Esta rata me recordaba a él. Pase el resto de la noche haciendo el informe y antes de la una de la mañana se lo envié y ella me mando un; ‘’por fin’’. Creo que ella era la única que tenía como contacto de la universidad, no podía considerarla como amiga, pero era buena compañera a comparación de los otros hijos de puta.

Pasamos todo el día de ayer terminando la presentación, donde obviamente quien lideraba era Arturo con su gran sabiduría, y al otro día por fin presentamos. Claramente quien más se destaco fue Arturo, y eso tengo que admitirlo, con su gran elocuencia, y su gran porte, daba cierta seriedad en el asunto. Y también había que admitir que gracias a Arturo sacamos una buena calificación.

-Oye, ¿puedes dejar esto a Arturo? Es suyo.

Ya era casi la tarde y habíamos terminado la última clase del día cuando Alicia salió de otra sala para entregarme un pendrive negro.

-¿Y porque no tú?

-No seas pendejo, ve.

Sé que aún me faltaba madurar, aun me faltaba por ser más serio y tener más experiencia en muchos ámbitos, pero es que ese tipo me altera por completo, hay algo en él, que no me agrada en absoluto, me dan ganas de golpearlo, y he de admitir que de besarlo, es guapo el tipo. Alto, casi musculo, cabello negro, ojos azules, piel sedosa como la leche de una vaca, labios finos, nariz alargada y recta, cejas gruesas y negras, y una voz gruesa que congela mi corazón, pero su personalidad de mierda es que opaca todo, porque sé que es una persona de mierda, conozco a los tipos que tienen cierta maldad en su mirada, es como mirarme a mí.

-Hola…

Estaba dichosamente rodeado de chicos y chicas cuando apenas me vieron y escucharon las risas pararon.

-No me hables, tienes un tufo asqueroso.

Algunos se rieron, otros seguían serios y algunas chicas se tapaban la nariz burlándose de mí.

-No mientas. Tómalo.

-Y lávate las manos, te vi algo café ahí. Ay, que asqueroso eres, en verdad. Ya lárgate.

La humillación que me hacía pasar solo me generaba rabia, he impotencia por no responder como se debía. Me sentía tan humillado, y no era la primera vez que lo hacía. Desde que entre el año pasado, todos juntos, a estudiar arte, él se encargado de acaparar todo, y a la vez dejarme de lado porque cree que soy insignificante, y desgraciadamente yo lo dejo. No tengo el carácter como para hacerle el frente y más por hecho de que no me gusta afrontar los problemas, y Arturo lo es.

-Buenas noches.

Me despedí de los chicos del trabajo de la cocina para irme a mi casa y descansar un poco este viernes donde seguramente todos deben de estar en un departamento pasando el rato, y yo aquí aislado como tonto que buscaba mi pendrevi que tenía otro trabajo pero individual con el informe ahí. Me dio ataque de pánico, deje todo patas arriba para encontrarlo, si lo perdía, perdía mi vida entera en ella, pero luego recordé que lo deje puesto en el computador de la biblioteca y fui tranquilo sabiendo que la universidad está abierto las veinticuatro horas para aquellos que quieran estudiar. Llegue y algo en mi corazón hizo latir fuertemente, y mi mente no dejaba la biblioteca como dirección. Llegue, vi mi pendrevi y escuche unos ruidos en uno de los estantes más arrinconados y oscuros donde están los libros de historia y ciencia sociales. Me acerque, algo me tiraba hacia ahí y lo que vi me dejo paralizado. Ver a Arturo ser besado en el cuello por el profesor de historia, todo gordo, sudoroso, con espinilla hasta en la nuca, con su barba que parece virutilla, fue impresionante, verlo con él, ser manoseado, ser baboseado, jamás pensé que fuera tan puto, tan repugnante, y ahora lo tenía en la palma de mi mano, podía hacer lo que quisiera. Saque mi celular y comencé a grabarlos y le saco como dos fotos, tenía un plan con eso. Le haría la vida imposible a ese maldito egocéntrico. Nunca estuve tan triste y tan amargado al ver esto, y eso era lo que no entendía, mi amargura, ¿amargura de qué? Nada me ataba a ese tipo, si bien me atraía físicamente no significaba que lo amaba… mi corazón ardía al solo pensar en eso, pero solo son tonteras del quinto trago que tenía en la mano para quitarme la imagen asquerosa y planear bien las cosas que tenía que hacer ahora de adelante con Arturo.

Espere con ansias que fuera el otro día. Nublado, con las hojas sucias y húmedas pegadas al suelo, era un día tan frio como yo quien estaba claro con lo que iba hacer, y no me arrepentiría, porque era el o yo, y ya no quería ser más su burla.

-AGH, ya empezó a oler mal, ¿Qué será? La peste de la fealdad, no vaya ser contagiosa.

Algunos se rieron chicos que lo rodeaban con sus cafés y cigarro en mano en la entrada de la universidad, ellos creen que yo lo tomo como broma, y algunos que si se fijan en mi rostro notan que no me agrada en absoluto sus chistes de mal gusto, pero todo eso acabaría ahora.

-Quiero hablar contigo ahora.

-¿Para qué?

-Te lo diré en privado, por favor.

El solo suspiro, apagando su cigarro y siguiéndome hacia una sala vacía donde saque mi celular y se lo mostré para ver esa deliciosa cara bonita desfigurarse.

-¿Quién…?

-Yo los vi. Y ahora harás todo lo que yo te diga.

-¿Cómo? ¿Quieres extorsionarme? Que patético.

-¿Ah sí? O sea, ¿no te interesa si le diga a la esposa del profesor que tú eres su amante?

-No la conoces.

-Si la conozco.-Gracias a quien sea que la conozco, jamás he tenida tanta suerte junta.-Se llama María Antonia, va siempre al supermercado donde voy y me habla de su esposo y su hija, fácilmente puedo dejarle una foto sin querer en su carrito de compra he irme.

-Eres un bastardo.

-Ay, que dolor,-Agarre mi pecho fuertemente cuando fingía que me dolía sus palabras cuando en realidad solo me daban placer y alegría al sentir su miedo entre líneas.-es el insulto más grande que me han hecho, ahora harás todo lo que yo te diga.

-¿Qué quieres?

-Muchas cosas, pero empezaremos suave.

-¿De qué hablas?

-Quiero que me digas que en soy hermoso, que el motivo del porque me dices así es por envidia cuando estemos en una fiesta donde tú me invitaras.

-Eres muy infantil.

-Descuida, vendrán cosas peores. Este es el inicio…

Y vaya que lo fue. Durante semanas enteras lo hostigue. Al principio era cosas básicas, infantiles, de que me dijera hermoso, lindo, que dijera que en verdad me tenía envidia, que tenía envidia de mi trabajo, los chicos reaccionaban sorprendidos cuando oían eso, y yo gozaba al ver lo esforzado que estaba para complacerme, y con el tiempo, vino lo más complejo para él. Pedirle que se aguantara que yo lo humillara.

-¿Te habías dado cuenta que caminas medio chueco? Aparte de tener patas de gallos tienes pies de pescado.

Eso era lo más suave que le dije, luego vino lo físico, empujarlo un poco, pedirle que dejara de bañarse y cepillarse los dientes en una cafetería. Nadie pensaría que estos dos chicos comunes estuviesen hablando de una extorsión.

-¿Por qué me pides eso? Es asqueroso…

-Y tú lo eres. Solo saco tu verdadera personalidad de mierda hacia afuera. No me hagas mostrar el video a toda la universidad y a la esposa de tu amante.

-Ya cállate. ¿Por cuánto tiempo?

-¿Qué cosa?

-Idiota, el baño.

-Por un mes.

-No.

-No será difícil. Y nada de echarse perfume, empiezas desde hoy, y si es preferible, anda con la misma ropa interior. Me lo tendrás que mostrar todo los días en el baño de que andas con el mismo.

-Eres asqueroso.

-Y me encanta.

Me encanta verlo sufrir. Me encanta ver la mierda que es florecer hacia afuera. Me encantaba que una mirada me invitase al baño para desnudarse desde abajo mostrándome el mismo calzoncillo blanco, y quería verlo más sucio, así que le pedí que se orinara con los calzoncillos puestos, fue el mejor viernes de mi vida al verlo llorar y suplicar que parase, pero no quería parar, quería verlo destruido toda esa belleza, corromperse por mí, quería ver toda su hermosura opacarse por mí, que yo fuese el creador de esta horrendo arte, me fascinaba exigirle y que me obedeciera, me fascinaba que me hiciera caso cuando le dije que ya no se juntara con sus amigos a no ser que este yo, y solo me faltaba lo último.

-Quiero me pintes hermoso. Píntame con la cara más hermosa.

-¿La tuya? Por favor.-Ambos estábamos de nuevo en la cafetería luego de refugiarnos de una llovizna con ligera brisa tibia.- Me tienes arto, me tienes cansado. Todas las noches recibo tus llamados insultándome, todos los días me empujas, dices lo horrible que hago mis artes y no puedo debatirte, me obligas a no bañarme y me humillas ante mis amigos.

-Ahora son mis amigos…

-Claro que no. Te tienen lastima, solo eso. Ya… ha pasado dos meses, quiero… por favor para.

-Lo hare.

-¿Enserio?

Para mí, ese gesto de sorpresa no fue de alegría, no fue de gusto, lo sentí decepcionado que me desistiera de mi obsesión de humillarlo, con solo ver ese gesto me comprobó que para él también le gustaba que lo tratase así aunque fuera un poco. Supe en ese instante que él estaba igual de podrido de que yo, solo que yo lo quiero ser parte de él, no me interesa lo más mínimo. Me es más satisfactorio verlo desde lejos sufriendo por mí.

-Sí, si me haces esa pintura. La exijo, exijo que me retrates toda mi belleza.

-¿Qué belleza? Eres básico y lo peor, eres feo, tu nariz enorme, tu cara de huevo, tus dientes chuecos, y esa barbilla marcada que parece…

-Oye, oye, oye, oye, yo soy quien humilla, cállate. Y me harás la pintura para la exhibición de artes a fin de año.

-Eso no, mi pintura para esa exhibición tiene que ser mía, tiene que ser algo que me nace hacer, algo hermoso que retratar, tu no.

-Y por eso lo harás. No es tan difícil. Así que te daré esta foto mía para que puedas retratarme mejor. Es mi mejor ángulo, creo. Ahora… solo esperare eso y te dejare tranquilo. Y espero verte hoy en la fiesta de Alicia. Adiós.

-¡Déjame en paz, por favor!

Claro que no. Entraste a mi vida jodiendo y te iras pudriendo por ello. Nunca he sido malo directamente con alguien, pero lo pase mal por culpa suya el primer año, y ahora que tenía la oportunidad para devolverle la moneda sin esperar a que llegase el espejismo karma, el Karma solo llega cuando la persona afectada hace algo al respecto, solo que no sabía que me llegaría a mí también sin prevenirlo.

-Chicos, antes de entregar mi pintura al profesor, quisiera su opinión.

Estábamos todos en la sala de arte, con nuestros cuadros cuando lo escuche y lo vi ponerse al centro con su lienzo dado vuelta.

-¿De nosotros? Yo pensé que a ti no te importaba la opinión de otros.

El tipejo con cabello de espantapájaros tenía razón. Y supe que algo malo iba a pasar. Esa mirad azulina que me hacía falsa me penetraba mi alma desde lejos, acelerando el miedo.

- Ah, no, solo quiero lo vean y me digan si se parece o no.

Dio vuelta el cuadro, era efectivamente de mí, horrible, parecía un payaso deforme en la cima de algo que parecía una iglesia con alas rotas cayéndome al fuego.

-¿Qué es eso?

Me pregunte acercándome imbécilmente con todos atrás que miraban la pintura para luego mirarme y quedarse así.

-Es la pintura que tú me obligaste a pintar. Es idéntica a ti.

-¿Cómo te atreves hacerlo…?

-Mira quién habla. –Me interrumpió abruptamente. Ya sabía lo que venía, el victimismo puro.-Ya me harte. Me harte de que extorciones.

-¿Tu? ¿Por qué?

Alicia era la única seria que miraba a Arturo a comparación de pena y lástima que le daban los demás.

-Yo lo diré.-AGH, que curso, va empezar con el monologo-Ahora el profesor de historia se separó de su mujer,-Mierda, maldito cerdo caliente.-y puedo estar libremente con el sin miedo. Pues resulta que yo era su amante, lo admito, pero él se enteró y comenzó amenazarme con mostrarle el video que nos grabó a la ex esposa de Pablo y mostrárselo a ustedes. Me obligo alejarme de ustedes, me obligo no bañarme y hacer cosas horrendas contra mi dignidad, y ahora no tengo miedo, y este retrato, es lo que representa tu linda cara. ¿Y? ¿Te gusta?

Era un retrato de una persona putrefacta, como si la carne le saliera de a poco, su granos en todo el cuerpo, encorvado con un corazón en la mano, mirando con lastima y malicia, todo estaba retratado ahí, ese era yo para él, un ser asqueroso que rogaba amor y lastima, patético era el de estar victimizándose con ese diálogo de: ‘’abusaron de mí, no tengo pruebas, me miren mi rostro llena de pena y rabia’’.

-Creo que te pasaste un poco. No había necesidad para tanto…

No sabía que paso por la cabeza Alicia para defenderme, quizás unas neuronas no conectaron bien.

-Me obligo a no bañarme, me amenazaba con arruinarme.

-Pero…

-Eres asqueroso.

-¿Qué asqueroso? Es un enfermo. O sea ¿Qué onda contigo?

-Si, en verdad te pasaste. Yo pensaba que eras buena onda, pero ahora con esto… te caíste fuerte, aparte eres repugnante. Aléjate de nosotros.

-Eres bien pendejo. Eso de andar amenazando, obligando al otro hacer cosas que no quiere, es que algo mal anda en tu cabeza.

-Aparte de feo por fuera, también eres bien feo por dentro. Estas podrido.

Todos me miraban como aquella pintura, Alicia quería hablar pero cada vez que abría la boca alguien con más voz hablaba, ella me miraba como queriendo hablar conmigo pero mis lágrimas empapadas me inundaban en la vergüenza.

No pude afrontar el problema. Jamás he sido bueno respecto a eso. Siento miedo de que me señalen con el dedo y me digan todo lo malo que he hecho, todo lo malo que soy, todo lo malo que es mi existencia, de lo mal que actué, y lo peor es que cuando lo hacía, no me arrepentía. No me arrepentí hacerle eso, no me arrepentí humillarlo en su momento, en su momento no, y ahora no hago más que agarrarme la cabeza por estúpido, preguntándome que hare mañana para hacer frente y pedirle disculpas. Sé que lo que hice esta todo mal, sé que no fue correcto hacerlo de esa forma, y ahora me da tanta vergüenza pedirle perdón a ese bastardo que me humillo frente a los demás, como lo odio.

Fue mi odio que me llevo a un bar lejos de la universidad. Tragando y tragando como fuera agua ese licor amargo. Pasaba por mi garganta ese sabor amargo, atravesando el nudo que no se desenredaba para nada, aumentando de hecho las ganas de ahorcarme, las ganas de llorar por rabia. Debí verlo venir, debí prevenir que algo así pasaría, solo que no pensé que me duraría tan poco el placer. No quería irme a ese miserable departamento, no quería ver a mi rata cagando o rompiendo algo, quería sentirme más miserable, quería sentirme la basura máxima entre los diamantes, y solo se me ocurrió ir al museo de Arte Salvatore donde expondríamos nuestras pinturas a fin de año. Las puertas seguían abiertas, las luces tenues me guiaban a esas pinturas que aun a las tres de la mañana eran contempladas por cualquier ciudadano que le naciese ver algo maravillo y que jamás cambiaria. Me senté frente de la pintura ‘’Loreto’’ del pintor Sergio Serrano, era una pintura de una mujer completamente azul, triste con ojos amarillos llorosos, con la daga en su frente y el corazón en su boca, como esas mujeres del circo que se amarran para ver si le llega el cuchillo o no directo a la manzana que sería el corazón en este caso, se dice que la historia tras esto fue lo que hizo que se exponerla y tuviera excito, y claro, si la historia se trata de que mato a su mujer por el simple hecho de ser alguien ‘’tonta’’ y decir cursilerías que agoto al pintor, y tras pintarla se matarse luego, no antes de escribir de lo arrepentido que estaba por haberla asesinado ya que a las horas empezó extrañar su palabreo, romántico ¿no?

-¿Qué te pasa? Hace rato que te vengo viendo y no paras de hablar solo y moverte de adelante y hacia atrás. Pareces loco.

Un tipo con olor a mente se sento a mi lado. Vestía elegante, con suéter negro con cuello, un abrigo plomo, pantalones crema que son anchos de arriba y apretados de abajo, con un reloj al parecer carísimo, tenía todo ese atractivo en su ropa y en su físico cuando mire su perfil, nariz alargada, cara de diamante, barba bien cortada y rojiza como su ondulado cabello corto, cejas pobladas bien definidas y anaranjadas, a excepción de sus pestañas casi transparente que dejaba cualquier paso a esos ojos verdosos, que se unían a esa nariz alargada y boca fina, casi invisible entre ese barba, manos grandes y dedos delgados, que se movían entre ellas cruzándolas y jugueteando como si estuviera aburrido, pues claro, por eso se acercó, debo ser un simple entretención de la noche en su aburrida vida a las tres y media de la mañana.

-Vete.

-Solo quería saber porque un chico está en un museo a las tres de la mañana llorando como magdalena.

-¿Y a ti qué?

Que imbécil este tipo. No podía nada más que seguir bebiendo de la cerveza ya que no quería largarme por culpa de él.

-Me da curiosidad.

Que fastidio de hombre.

-Pues calmare tu ansiosa curiosidad, desconocido de mierda. Resulta que fui una mierda de persona con otra persona de mierda, ¿y a quien defendieron? A esa persona. Viene molestándome, hostigándome desde un año y nunca me defendieron, pero yo hago más o menos lo mismo y me atacan.

-¿Mas o menos lo mismo?

-Fui malo. Si lo acepto. Pero se lo merecía.

-¿Enserio? Porque si fuera así, ellos te hubiesen apoyado.

-Es porque ellos están hipnotizado por su belleza y su dulce falsedad. Aparte de ser cruel conmigo frente de ellos porque creen que yo lo tomaba en broma.

-Entonces todo esto, es tu culpa.

-¿No me escuchaste?

Lo mire fijamente y cuanto me molesto ver esa sonrisita de lado, engreído de porquería.

-Parece que tu no. Me estás diciendo que fuiste más mierda que la persona que fue solo mierda contigo, que se burló de ti frente de aquellos que no te defendieron porque ellos creyeron que lo considerabas como bromas, porque tú, al parecer no decías nada.

-Yo…

-Si hubieses dejado en claro desde el principio que no te gustaba sus bromas, si te hubieses alejado de él o de ellos, todo esto no sería necesario, y antes no hubiese sido necesario porque tú lo causaste.

-¿Y qué me pintara de esa forma tan horrible también?

-¿Es pintor?

-Estudiamos arte en la Universidad San Millan. Pero se ve de lejos que todos admiran su trabajo, y este recién es el segundo año, y… le pedí que me dibujara hermoso, que me dibujara con la cara más bonita y ya pues, el resultado fue todo lo contrario.

-Era lógico. ¿No piensas bien las cosas?

-Al parecer no. Fui muy…

-Pendejo.

Tal cual diría Alicia.

-Lo sé. Me siento tan mal, tan basura. Pero a la vez me siento atacado, ¿Por qué a nadie le pareció injusto lo que él me hacia el año pasado y conmigo todos me atacan?

-Vuelvo a insistir, fuiste peor y seguramente ellos no te consideran como amigo.

-Es injusto.

-La vida está contra tuyo, todo el mundo está mal, menos tú.-Odio cuando usan el sarcasmo contra mi.-Parece que no has madurado lo suficiente para ingresar a una universidad donde ese pensamiento es lo más básico que puedes tener.

-Solo quería… que me retrataran hermoso.

El efecto del alcohol era que hablaba por mi estos momentos, ya nada me importaba, no me importaba que un completo desconocido me oyera hablar tan humillantemente.

-Pero no lo eres.

-Gracias por notarlo.-Grite al mismo tiempo que aplaudía y desperdicie casi la mitad de la cerveza salpicándola como foca.- Solo… quería verme bien en una pintura, y al paso humillarlo a él. ¿Qué tan difícil es retratarme hermoso? ¿Enserio la belleza es subjetiva? Porque parece que no es así.

-Yo considero todo lo que se expresa tal y como es como belleza.

-¿Eres pintor?

-Sí.

-¿Has retratado a muchas personas hermosas?

-Todas aquellas que muestran su máximo esplendor, que muestran ese lado que nadie ve, yo lo retrato. También he retratado la cara más bonita, si eso es lo que tanto quieres ver. Una simple puntura superficial.

-¿Crees que es superficial lo que yo pido?

-Sí, lo es, y mucho. Solo son pinturas de personas atractivas físicamente, pero de por si no tienen esa chispa, esa cosa que atrapa, esa cosa que atrae al espectador y se emboba por horas al ver su simple rostro.

-¿Tienes pinturas así?

-¿Quieres verlas?

-Quiero que me pintes así.

-Sígueme entonces.

Yo atontado lo seguí. Estaba ebrio, no sé cuánto tome, solo sé que si lo seguía, vería lo que me dañaría, ver aquellas bellezas retratadas sin haber recibido alguna queja del artista. Sin haberlo mirado en menos. Disfrutando dibujando cada trazo que daba sobre el lienzo.

Cuando llegamos a un departamento enorme comparado con el mío. Entrando tenía la cocina a mano derecha, bien amplia, con isla y todo, un arco donde estaba como el especie de sala con sillones donde había dos arcos mas donde se podía ver claramente la mesa enorme, el balcón y algunos muebles como de casa donde se pone las llaves, jarrones para poner las flores, y al lado izquierdo había una puerta donde había una habitación enorme llena de pinturas con un ventanal alargado donde podía ver toda la ciudad iluminada. Este especio me había dejado anonadado de tanta arte que había esparcido, en hojas, lienzos, en una pared, era una gran diversidad de arte, paisajes, acuarelas, retratos, todo en un solo espacio. Era tanto el arte que me tenía mareado viéndolos y dando vuelta en ese espacio que caí al suelo mirando el cielo todo pintado un paisaje amarillo, era el parque de Gongendo en Satte, Saitama, en Japón. Había ido ahí una vez por el paisaje. Nunca pude pintarlo bien, a excepción de este tipo. El campo amarillo con los arboles de cerezos por atrás, parecían tener movimiento, envolviéndome en un suave vaivén con ligero olor a pintura penetrando mi nariz, adormeciendo cada sentido lógico que ya no había en mí.

-AG, que dolor…

Tenía todo mi cuerpo tenso. Me dolía la espalda. Mi mandíbula tensa. Tenía mis mejillas mordida por dentro. Estaba todo doblado durmiendo y saliva en todo el suelo.

-Ay, no…

No sabía dónde estaba. Creí por un momento que me había acostado con un desconocido y me di cuenta que estaba en el suelo solo, repleto de pinturas alrededor, y me acorde del tipo del museo.

-Mierda.

Me tenía que ir. Fui estúpido, pendejo como bien diría Alicia al pedirle a un pintor desconocido que me mostrara las pinturas de las personas más hermosas, para sentirme inferior y luego que tratara de pintarme. Soy masoquista emocional a un nivel Dios, enserio, y ahora tenía que irme para no sentirme más patético y raro de lo que ya me sentía.

No me importa no saber la identidad del desconocido pintor, no me era de interés. Solo fue un lapso de anhelo de que algo me sorprendiera y me mostrara esa belleza que no había en mí y que luego me pintara como ellas. Y supe que no hay belleza en mi cuando veía cada día a mis compañeros aislándome, pase los últimos días del mes de julio pensando en que hacer. Pero nada pasaba. Hacia mí, mis compañeros, solo había neblina helada de desaire entre nosotros. Un desaire que dañaba cada vez mi ego, mi amor propio, alimentando la vergüenza y la rabia que sentía, la vergüenza de haber sido descubierto, la vergüenza de haber sido humillado, principalmente por él, por la menos que menos quería ser humillado otra vez, y lo fui de la peor manera, y rabia porque nadie me defendió, porque nadie considero que él fue cruel antes y después conmigo, rabia porque no funciono mi plan, ese tonto profesor de historia no debió divorciarse, lo que le esperaba, seguro que el otro solo lo está utilizando, puedo ver la mierda de persona que es, porque soy similar a él, para lograr lo que quiero puedo llegar a humillar a alguien, eso me hizo demostrarme y ver quien soy. Nunca pensé que fuera capaz de hacerlo, menos disfrutarlo al tal grado de excitarme verlo humillado, ver su rojiza cara llorosa, suplicándome que parase de humillarlo, era una gloria que una persona podrida como yo podía sentir, y me di cuenta que al ser así podía ver lo malo que era el, por eso era el único que se daba cuenta de su falsedad, de su manipulaciones cuando una vez dijo que un ex compañero lo había acosado, y yo me di cuenta que ese tipo no parecía un acosador sino más bien un chico enamorado que no pudo complacer un capricho que nunca supe de que era, pero se veía a lejos que el tipo en realidad lo quería, que en realidad no era malo, no se veía ninguna maldad en el cuándo miraba a Arturo, pero él se encargó de que todos lo vieran así en un abrir y cerrar de ojos, y logre verlo porque yo era igual que él, ahora lo sé, solo los podridos podrían entender el enredos de mentiras para conseguir lo que el otro quería, dañar, así de simple. Quizás siempre fui así, manipulaba a mi padre cuando me hacía sentir mal con mis notas, teníamos una relación algo toxica, siempre le echaba la culpa de todo y le hacía sentir culpable para que luego me diera lo que yo quisiera, era su único hijo dentro del matrimonio, al morir, no fui a verlo, no me intereso, total no me dejaría nada luego de enterarme de que fuera del matrimonio tenía otros dos hijos más que también los consentía, más que yo, porque dejo la casa entera a su nombre, dejo a mi madre a la calle y yo tuve que conseguir una casa en un pueblo amigable, ahora ella se mantiene vendiendo abrigos de lana, pero tampoco era bueno con ella, la trataba mal ya que no era muy inteligente en ciertas cosas, era mediocre y se quedó estancada en un cierto tiempo, no tenía más futuros, mas pensamientos amplios, tenía la mente cuadrada en ciertos aspectos, era imposible dialogar con ellas de otras porque simplemente ella no entendía, y yo me burlaba, también era alguien más o menos solitario, siempre supe que la amistad solo debilita pero fortalece ante la sociedad, así que tuve algunos ‘’amigos’’ que jamás fueron mis amigos y no me importo. Así que pensándola bien, no era tan bueno, y no me importa.

Paso el tiempo, un mes y ya no tenía ganas de pintar. Arturo se encargó de eso. Esparció el rumor de que todo lo que le hice, a veces lo veía en un rincón rodeado de tres o dos personas preguntándole que le pasaba, porque estaba más pálido de lo normal, y él les explicaba, también me di cuenta que muchos profesores me tenían un especie de mala después de lo ocurrido, los chicos una vez me hicieron una broma poniendo cosas puntiagudas en mi silla, y el profesor solo se rio, ponían pinturas de mala calidad en mis recipientes, me daban los peores pinceles, me dejaban de lado cuando hacían grupos y ninguno me dejaba entrar y tenía que hacerlo solo, y cuando me presentaba nadie me escuchaba, empezaban hablar o me ignoraban, solo Alicia me miraba, creo que le daba lastima, no debería, ella era buena, y todos unos idiotas que ya no soportaba, no soportaba el ambiente, no tenía ganas de estudiar más arte, ya no quería pintar. Llegaba a mi casa con mi rata Atticus y solo dormía y dormía, me despertaba aburrido, miraba las hojas, el lienzo, que tenía en mi pequeño departamento y no me motivaba pintar nada sobre ellos, estaba vacío, y no podía resistir la rabia que me ganaba cada vez más. Faltaba unos meses más para presentar el proyecto, que consistía en presentar un cuadro en el museo que nos prestó su espacio para hacerlo, irían familiares y algunos alumnos fuera de la carrera, y al final el profesor daría la nota a la mejor presentación, la mejor exposición artística, y la mejor obra, pero yo no tenía nada, nadie me motivaba, nadie me daba ánimos como el asqueroso de Arturo que ahora todos querían, todos lo rodeaban y todos aceptaban la relación que tenía con el profesor de historia que siempre me restregaba la cara. A veces me imaginaba que era yo quien besaba esos labios para luego morderlos y llenarlo de sangre para dejarlo adolorido, quien era yo quien lo demacraba para no dejarlo mover al otro día, yo sentía pasión por su cuerpo, pero era mi odio, mi orgullo primero.

Al final, me retire. Era obvio, les di el gusto de irme y siendo honesto no me importaba, menos cuando hice lo que hice. Antes de irme, hice algo, espere a que unos compañeros fueran al mismo lugar que siempre van para tener relaciones sexuales a la misma hora que era una sala donde estaban unos tipos de tecnología, y los grabe, luego espere en una esquina a que dos personas se encontraran y se besaran, conseguí una página que vi hace tiempo sin querer, y contacte con alguien que investigue, y cuando ya era el día de una presentación pequeña, mostré ambos videos, ya que esos compañeros tenían novios que también eran mis compañeros, y los otros dos eran el profesor que estaba casado con un tipo y otro compañero, y ese video se lo mande a su esposo que por suerte también trabaja en la universidad siendo profesor de música, y la pagina era un página de acompañantes que todos saben que compañía no tiene de nada de una compañera, y la persona era una persona que logre hallar al investigar a un compañero por internet que resulto ser acusado de abuso sexual, y le pedí a su víctima que le dijera unas palabras, fue una dicha ver el caos ahí, aunque haya sido con algunos pocos, y no estuviese Arturo porque justo tenía una reunión importante con una empresa que necesitaba un fotógrafo como el, no importaba, lo que importaba era ver la cara de desconcierto de todos, lamentablemente investigue a todos pero estaban limpios, fue aburrido en ese sentido, pero no eran relevantes, solo quería verlos sufrir algunos pocos que me molestaron, y aquellos que no me defendieron, siempre sirve tener información sucia guardada sin que los demás no sepan, uno nunca sabe cuándo podría ser útil. Así que en fin, deje la universidad como una porquería como dijeron todos ellos que también lo eran y lamentablemente no lo aceptaban, eso ya no era mi problema.

-Ten tu café con leche.

-Gracias mamá.

Estaba en el pueblo Oliviere, en un buen vecindario en la casa hogareña de mi madre quien después de servirme fue a coser otros abrigos en el sillón gastado de cuero rojo.

-Adivina quien vino.

-Dime.

Unte el pan en el café cuando la mire con su entrecejo arrugado en su redondo rostro en forma de corazón su cabello ondulado canoso y tomado dándole forma como de una cebolla.

-Que simpático.

-Antes era más. ¿Quién vino?

-Tus hermanitos.

Lo que me faltaba, los imbéciles apareciendo en mi vida, no quiero nada más que provenga de mi padre que no sea algo de dinero.

-¿Y a que vinieron?

-Es que creyeron que esta casa les pertenecía, como cuando apenas murió tu papá nos mudamos acá, creyeron que esta casa también era suya.

-Que idiotas. ¿Qué les dijiste?

-Solo les dije que no volvieran, pero…

Arrugo más su rostro todo arrugado. Con su boca gruesa y pequeña casi haciendo un puchero de niña chica a punto de llorar porque le iban a quitar la casa.

-¿Qué paso? Sin rodeo, sabes que no me gusta.

-Dicen que pueden comprarla. A mí me falta todavía para que esta casa sea mía pero ellos dijeron que me la podían comprar de una.

-Imposible. ¿Con que plata?

-Parece que ahorraron algo de la herencia de tu papá.

-Que herencia, seguramente no se aguantaron de vender la casa y ahora que no tienen donde caerse muerto quieren esta. No sé por qué se la dio a ellos, siendo tú su esposa.

-Él los quería. Creo que le tenía lástima porque nunca tuvieron una figura paterna como tú.

-Que estúpido, esa casa era tuya si o si, pero bueno. Tu solo di que no a esos tipos.

-¿Pero qué quieres que haga? Me voy a demorar en comprarla, y ellos me dicen que me darán dinero para irme y ellos la compraran. Es mejor así porque si la compran y simplemente me echan seria tonta.

-Yo veré que haremos pero tú solo diles que no si vienen de nuevo. Diles que yo tengo el dinero y me encargare de todo.

-Está bien. Hablando de dinero, no tengo para comprar esta semana. No me alcanza el dinero, tendré que ver algo de mi ahorro que tengo, pero no creo que sea mucho.

Esa voz de lastimera, su mueca de desconforme, y su poca gana de seguir cociendo con esas manos llena de lunares, solo significaba limosna.

-¿Y el dinero que le di hace dos semanas? ¿Ya las gasto?

-Es que no me alcanza…

-Vives sola, ¿Cómo no te va alcanzar?

Como me enoja que sea así. No es que gaste el dinero en tonterías, es que se lo guarda para ella, gasta un poco, me pide más, y cuando le paguen, ella tendrá el doble de dinero y yo no.

-No seas así con tu vieja. Anda, dame algo, si solo un poco.

-Un poco. Mamá, renuncie a mi trabajo, no me queda más dinero.

Saque de mi billetera algunos billetes para dejárselo en la pequeña mesa de cristal baja donde tenía esa bola de lana anaranjada con rojo.

-¿Y porque renunciaste? Pudiste pedir la hora completa y hubieses ganado más.

-Porque quería irme de la ciudad. Quería alejarme, pero parece que tendré que alejarme de usted también.

Me tome el café caliente mientras la miraba con ese rostro de indignada que a veces me da risas a excepción de hoy. No estaba de ánimo para aguantar a una vieja toda desordenada con su ropa y su casa que solo le importa tener más dinero solo por si acaso que nunca llega.

-No digas eso, ¿Por qué dice eso?

-Porque no me queda más dinero. Tiene que esperarme y busco algo de empleo por aquí.

-Yo conozco a alguien, tú también lo haces.

-¿Quién?

-Tu amigo… este…Mariano…

-Ah sí, ¿Mariano Escobar?

-Ese.

-Ya, ¿y? ¿Él también vive aquí ahora?

-Su papá es dueño de un bar, hace años, solo que como sus papás son separados, una vivía en el pueblo donde vivíamos antes y su papá vive aquí de años, y ahora él está aquí, podías pedirle algo.

-Ya, de ahí veo.

Suspire cansado de lo mismo, siempre es así pero no podía evitar quererla de todos modos, es mi madre, quien me enseño que en el trabajo y en el estudio no hay amistades, que no confié rápido en nadie, y no me entregue cuerpo y alma al primer imbécil que me acercase con esas intenciones. Cuando mis padres supieron que era gay fue cuando le estaba haciendo un oral a un compañero que se estaba ‘’descubriendo’’ así mismo, mi madre solo se calló y se fue, y mi padre lo supo por ella en la tarde, lo curioso fue que nadie dijo nada, fue un tema que jamás se tocó, solo que desde ese día mi madre me dijo que no fuera tan imbécil para entregarme a cualquiera, solo que lo dijo muy tarde porque me entregue a otro compañero de otro curso una noche en una fiesta, fue rápido, dolió un poco metérselo y fue incomodo cuando él quiso hacerlo conmigo, parecíamos robots, éramos muy patéticos, pero no fue nada especial por lo menos. Tuve parejas vacías, aquellas que solo es sexo, se resuelve las discusiones con sexo y yo siempre me pasaba de rudo, y me dejaban por eso, nadie aguantaba mi maldad contra su cuerpo, decían que estaba enfermo y que quizás tratase con el sadomasoquismo, y no, no era eso, no era cuestión de dominar a alguien, no era cuestión de tener sexo rudo, era cuestión de humillar, de verlo caer poco a poco por mis manos, por mis palabras, era cuestión de dominación emocional, verlo caer cada día emocional y sicológicamente por mí, y eso era una dicha para mí, pero ellos no lo entendían.

-¿Martin?

-Alicia. ¿Qué quieres?

Estaba en el supermercado con la tibia tarde de diciembre que ya estaba repleta de cosas navideñas y para año nuevo a cada esquina.

-Que amigable. Solo… quería decirte que vinieras al museo donde está la exhibición, tienes que ver algo.

-No quiero ver sus pinturas.

-No es una de nuestras pinturas. Tienes que venir.

Me colgó dejándome intrigado, solo que no sabía si era un plan de Arturo para humillarme de nuevo frente a más personas. Tenía que tener cuidado con eso, si iba, seguramente me metería a la boca del lobo, y luego pensaba en que Alicia no parece de ese tipo, no parecer ser aquellas que planean cosas con maldad, no sé, tenía que ver de lejos, solo de lejos.

Solo fui un poco abrigado y mi bufanda roja tapando la mitad de mi rostro, no quería que nadie me reconociera, menos Arturo. Cuando llegue, estaba repleto de personas, era el día de la presentación, todos estaban vestidos elegante para la noche, a pesar de los paraguas para un posible lluvia, se veían bien, vi algunos de mis compañeros, vi al profesor que estaba como más delgado, que idiota, nadie le mando tener un amante en la misma universidad en la que trabaja su esposo, y vi a Alicia que parecía buscar a alguien, quizás a mí, o quizás Arturo para planear algo malo contra mí, no estaba seguro, tenía que resguardarme de todo, así que pasee solo mirando los cuadros, algunos eran insípidos, otros eran llamativos a propósitos, otros elegantemente sutiles, otros muy sutiles, algunos limpios, otros sucios, cada uno tenía su marca y se veía de lejos. Mientras más me adentraba, mas veía que algunas personas rodeaban un solo cuadro, pensé inmediato que quizás era de Arturo y preferí alejarme hasta que vi bien de que trataba. Era un retrato de una persona, blanco, negro, color piel, azul grisáceo, un mar de tristeza era lo que retrataba la pintura, yo, llorando en el suelo, mirando hacia un lado, con mis brazos extendidos, como rendido a la vida donde el suelo solo era un cielo llena de nubes.

-Por eso quería que vinieras.

-Mierda.

Me sobresalte cuando apenas oí la voz gruesa de Alicia que solo me miro con ojos enormes.

-Lo siento. Eres tú.-Cambia de tema rápidamente al mirar la pintura donde dirigí toda mi atención.-Todos te reconocieron. Te ves…

-Horrible. Me veo depresivo.

-Te ves hermoso.

-¿Qué?

Mire su perfilado rostro moreno, parecía asombrada, hipnotizada como un insecto por la luz de una habitación.

-¿No lo notas? Es la tristeza donde sale tu belleza. Te vez melancólico, deseoso de algo, quieres algo, pero no sabes que es. Pareces vacío esperando por ese algo, hay tanto que expresar en ese rostro tuyo, que quería preguntarte en que pensabas.

-En nada. Yo no pose para eso.

-¿No?

-No. O sea… me quede dormido en su departamento. El de un pintor, jamás pensé que me pintaría y que el museo lo dejase.

-Pues claro que sí, es Andrés Ramírez. Es un gran pintor, uno de los mejores. Retrata a personas demacradas, a personas en su peor estado emocional de una forma artística y bella, y esta no es la excepción.

-No sabía de su existencia. ¿Cómo es posible?

-Es que casi nunca se presenta. Es algo ermitaño, y también porque se había desaparecido un tiempo, casi un año creo, y ahora apareció con esta pintura. Así que pensé que lo conocías, que te acostaste con él.

-¿Cómo sabes que soy gay?

-No lo sé. Solo sé que el si lo es.

-¿Y porque?

-Conozco a muchos pintores, y entre ellos hay rumores de que este pintor lo es. Y no había necesidad de preguntar ya que todas sus pinturas son de hombres. Y dicen que esos hombres eran sus parejas después de destruirlos.

-¿Destruirlos?

-Dicen que el los destruye emocional y sicológicamente. Y que algunos tienen que ir al sicólogo.

Me reí un poco de que creyese esos chismes de viejas locas. Nadie puede caer a ese grado.

-¿A ese grado? No creo.

-No sé. Solo te digo que tengas cuidado con ese tipo si es que quiere algo más contigo. Ya te lo advertí.

-¿Por qué? ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me ayudas?

-Sé que eres un pendejo. Que eres una mierda por lo que le hiciste a Arturo y confirmarlo con tu silencio y tu huida, pero también sé que Arturo abuso de eso para hacerte casi lo mismo, así que los dos son unas porquerías. Pero también sé que tu llevas aguantándolo un año antes que el a ti.

-Así que solo es eso, lastima.

-Sí. Que tengas una buena noche.

-Adiós.

No sabía si confía en ella o no. No la conocía bien, no sabía si me lo decía para no tener una oportunidad con él. Con un gran pintor, que me deseaba, sería interesante ser su especie de musa. Quería probarlo, quería estar al lado de un gran pintor, absorber sus conocimientos, absorber su energía, sería una gran oportunidad, si tenía que acostarme con él, no habría problema, es placer, no puedo negarme a ella. Así que lo busque en todo el museo, ella me había dicho de que era ermitaño pero lo malo era que no me acordaba donde era su departamento, solo tenía la opción de buscarlo así y no me quedaba de otra, y si no estaba, pues no me importaba, estaba conforme de que me hayan retratado de una manera bella donde los demás lo veían de esa forma, a pesar de que para mí solo era una pintura común donde me veía triste, si para ellos es belleza, entonces me sentiré satisfecho con el deseo de verme así.

-¿Me buscas?

Su voz suave apareció tras de una pared con una pintura de un paisaje de un campo floreado, el solo pareció ser ese diablo que cuentan en esos lares con su vestimenta toda negra y ese rostro alargado.

-Sí. ¿Cómo…?

-Eres tú en la pintura. Es lógico que quieras buscar el porqué.

-Y lo tienes, supongo.

-Tengo muchas razones.

-Y yo tengo una noche entera para oírte.

Fuimos a su departamento. Ese fue el principio de nuestra relación meramente sexual. En la cama era como una masa que me envolvía y solo le importaba enterrar su pene dentro de mí. Lo hacía bien, muy bien, llegaba a partes que ninguno de los anteriores llego y yo trataba de hacerle lo mismo a él, pero me venía con la excusa de que era virgen de ese lado, y no sé qué mierda. Jamás oía sus intereses o sus opiniones para el mismo. Solo me interesaba verlo pintar, me interesaba ver su rostro perfilado y filado como un diamante en bruto, y lo era. El simplemente se levantaba una mañana y pintaba lo que estuviera a la vista, a mi rata, a unas macetas, una mesa, y a mí, cada noche después de tener sexo. Fue una cosa muy rápida. Deje a mi madre sola de nuevo a excepción de navidad y año nuevo, y él me inspiro en las vacaciones cada vez que pintaba, y luego me miraba y decía que le fascinaría verme pintar a mí, que quería verme con mis pinturas, quería ver de que era capaz y yo con gusto volví a estudiar a otra universidad, no era tonto para volver a donde estuve para que me bajaran los ánimos de nuevo. Ahora tenía a alguien con mucha experiencia a mi lado que podía ayudarme, a inspirarme de a poco. Él me apoya en todo.

-Trata de buscarle la luz, las figuras donde hay sombras, búscalas y podrás hacerlo más redondo, un poco más realista con algo de tu toque, claro.

Me estaba yendo bien al principio, era algo lento pero de a poco aprendía de él, aprendía que el pintaba desde adentro hacia afuera, que los bordes los pintaba más oscuros los fondos, que las líneas que hacia eran suaves con finesa extrema, definidas y limpias, me enseño a que mis personajes tuvieran expresión de asombro, temor, y que un ambiente pudiese transmitir algún sentimiento más que alegría. Cada vez que aprendía algo nuevo de él, lo besaba, lo consentía, le daba todo de mí en la cama como agradecimiento por ser mi maestro, por demostrarme que hay diversas bellezas, eso sí, jamás lo ame. Éramos incompatibles en personalidad. Lo veía como débil emocionalmente, cuando le hacía una criticaba pequeña, de un gusto subjetivo parecía desanimarse y dejaba de pintar, me miraba seriamente y luego la pintura para ver si era tan así, a veces lograba ver que luego las rayaba y las dejaba a un lado, también notaba que era alguien fácil de manipular cuando una vez estábamos en una cafetería y alguien conocido suyo lo invito a una reunión, parecía algo importante y yo quería estar ahí, entre gente conocida, entre gente experimentada y el no, era estúpido pero él me decía que eran reuniones superficiales, de gente vanidosa, vanidosa o no, eran personas importantes, serian de utilidad en algún momento pensaba yo, y decidí persuadirlo. Le dije que le cumpliría cualquier deseo sexual que tuviese, que tenía ganas de complacerlo, el solo me miro, me pregunto si hablaba enserio, le dije que sí, el simplemente se lanzó encima mío, me golpeo en mi rostro, dándome vuelta la cara, un pito saliendo de mi oído y su pene dentro de mí, sin preparación, sin condón, él ya estaba ahí, me excito, no sé cómo, pero el leía mi cuerpo, sabía lo que quería y él quería lo mismo.

-Quiero verte llorar, suplicar, quiero verte caer en la demencia por mí, quiero que supliques que no te deje, que a pesar del dolor te siga haciendo daño porque es lo que necesitas para sentir que estas vivo, que sufras pero lo disfrutas.

-Ya lo estoy haciendo. AAAAHH.

Entraba y salía sin piedad, fue una noche adolorida de complacencia absoluta, y sin darse cuenta ya estábamos en esa reunión luego de decirle sobre mi ‘’anhelo’’ de estar rodeado de personas más experimentadas en el área artística, fue fácil, y supe en ese instante que él no era cualquier hombre, y en esa noche que Alicia al parecer tenía razón.

-Supe que estudias en la universidad Alucuaz.

Era una mujer alta, algo regordeta pero se veía que sabía de muchas cosas, hablaba de cosas sociales, como el arte podía afectar en las personas, las mentes de aquellos artistas que uno creería que fueron felices, parecía saber de cada cosa de cada contingencia.

-Si…

-Fue la única que pudo aceptarla.-Impactantemente me interrumpió de la nada, lo mire para que se callara pero simplemente prefirió hacer caso omiso de mi gesto.- Aparte todos sabemos que esa universidad es la última opción. Se le tiene que dar el crédito que por lo menos está estudiando.

-Es cierto, es el esfuerzo lo que cuenta. Lástima que sea en esa universidad…

Esa noche fue eterna. Me critico todo. La universidad, mis profesores, el ambiente, y los insignificantes trabajos que tenía que hacer a comparación de otras de universidades. No entendía su objetivo hasta recordar que él quería verme destruido, quizás Alicia tenía razón y a él le gustaba ver a sus parejas en un estado deplorable, solo que yo no lo dejaría.

-¿A dónde vas?

Apenas llegamos de la reunión tome mis cosas, que eran pocas y encerré a Atticus a la jaula que tenia comida.

-Llevo seis meses contigo, pero jamás me habías hecho esto. Me humillaste, y no me quedare esperando a que lo hagas de nuevo. Me iré a la casa de mi mamá, así que déjame un rato.

Pase de largo y fui directo a la puerta cuando escuche su fastidiosa voz.

-No seas dramático.

-No lo soy. Solo te daré el espacio para que pienses bien antes de hacérmelo de nuevo.

-¿Te llevaras a Atticus?

-Claro, es mi rata.

Me lo lleve a donde mi madre que no me pregunto, solo me conto que no tenía casi nada para comer, lo difícil que es ahorrar y le di una buena cantidad de dinero para que se quedara callada, el dinero era de Andrés que me daba para almorzar en la universidad pero su comida era asquerosa y la junte por si acaso quería alejarme algún día, no pensé que fuera tan pronto. Quería despejar mi mente esa noche. No soportaba a mi madre que al parecer no quedo conforme con el dinero, no soportaba el hecho de que Andrés me llamase como quince veces y me enviase mensajes diciéndome que era inmaduro por irme así, no soportaba a ninguno de los dos. Solo me quedaba irme a tomar unos tragos para fingir que mi vida es sencilla y feliz, llena de amor y con mucho lujo. El bar ‘’Marinero’’ era uno medio tosco, habían de todo tipo de hombres y mujeres, todos tomando, algunos discutiendo, y otros casi teniendo sexo en un rincón, y mujeres siendo acosadas, esto si era un bar de pueblo

-¿Martin? Hola, soy Mariano, Mariano Escobar.

Ahí estaba Mariano. Cara redondo, dientes de conejo, tosco y grueso como un oso, lleno de vello, tenía un pene mediano que chupe una vez que estuvimos ebrios en una fiesta, no fue la gran cosa que el tanto presumía. Al final quedamos como ‘’amigos, no tanto ya que no confió tanto en el como para decirle sobre mis problemas amorosos, solo lo básico y ya está.

-Hola, ¿Cómo estás? ¿Este es el bar de tu papá?

-Estoy bien, y si, ¿Cómo supiste?

-Mi mamá me conto.

-Cierto, una vez vino aquí a vender uno de sus abrigos y bufandas. Son bonitas.

-Sí, ¿y qué haces?

-Nada interesante, pero… hice una aplicación que me está costando la vida.

-¿Por qué?

-Me hice amigo de gente mala hace unos meses.-Como siempre se hizo amigos malos, nunca es su culpa por sus malos actos, siempre son otros.-Y ellos me exigieron que hiciera una aplicación, ya que se enteraron de que había hecho uno hace años atrás sobre juegos, entonces me pidieron que hiciera uno a su favor. Cree una aplicación donde se desinstalaban todas las cámaras y las alarmas, o sea que el dueño no podrá ver nada y ni enterarse si le roban.

Sí que es idiota.

-¿Por qué hiciste eso?

-Porque quería complacerlos. Siempre fui así.-Es verdad, siempre fue de esos que hacían las cosas más estúpidas para encajar en un grupo, solo que él no encajaba en ninguno porque nadie podía encajar en su grupo de imbéciles sin personalidad.- Pero ahora hay personas demandándome por haberlo creado, ya que gracias a mí, muchas personas les han robado, que idiota fui, ni dinero recibí a cambio.

-Sí que eres imbécil.

Tomamos y nos reímos de nuestras desgracias hasta el amanecer e irnos juntos ebrios hasta nuestras casas.

-Ya llegaste, ahí tienes algo de tomar, ya me voy.

Apenas entre a la casa a las siete de la mañana ella salió con su bolsa floreada llena de ropa en plástico y dándome un ligero golpecito en mi hombro izquierdo.

-¿Solo pan con mantequilla? ¿Qué hiciste con el resto del dinero?

-Lo utilice en la casa, y compre más lana. Ahora toma el desayuno.

No quería. No quería seguir viviendo con ella, no tenia de que hablar, no teníamos nada en común, y gastaba el dinero en sus cosas y no en mí, no como Andrés. Tenía que volver, tenía que hacerlo por mí, tenía que volver y terminar la carrera, y cuando la terminase, si duramos, terminaría con él, solo es un proceso de aprendizaje que lleva de la mano el sexo, no creo que sea tan complejo.

-Sabía que volverías.

El engreído ese me abrió la puerta con su playera blanca toda pesada por las pinturas y su barba bien cortada.

-¿A si? ¿Qué te hizo creer eso?

Pase de largo para no ver su cara de satisfacción engreído. No lo soportaba cuando se ponía en ese plan de; ‘’se todo y por eso soy el mejor’’, una peste.

-Tu cara cuando hicimos el amor las otras noches lo decía; haría lo que fuera por este hombre.

-No exageres.

Casi grite cuando oí esa estupidez tan cursi y cutre para sacar a Atticus ya todo almorzado y mareado de ir para halla y acá todo el tiempo.

-No dejes tus cosas.

Que no piense con su porquería, no tengo ánimos de darle un sexo oral y que luego me ahorque.

-¿Por qué? ¿Te harás el orgulloso y no querrás volver conmigo?

Lo mire mientras cruzaba mis brazos y mordía mi labio esperando que no fuera por esta tontera.

-No, si quiero hacerlo. Pero compre una casa, más amplia, donde estaremos estables, quiero demostrarte que contigo voy enserio.

-Ya veo. Entonces vámonos a esa casa.

De verdad me importaba una mierda esa casa. Solo quería dormir y saber que aún lo tenía para mí. Cuando nos instalamos, en una casa más o menos pequeña, con tres habitaciones, con toque hogareño y una gran sala para nosotros dos para pintar tranquilamente, el muy raro me dio una regla.

-Jamás entres a la puerta de al fondo. Ahí tengo las pinturas que expondré en un museo y quiero que sea sorpresa también para ti.

-¿Cuándo será eso?

-Pronto. Tú solo espera. Y no te atrevas a entrar. Tengo cámaras en toda esa sala.

Uy, que misterio, me parece más cómico que serio la petición.

-Lo hare. ¿Quieres tener sexo?

-Me encanta tu sutileza.

Solo quiero algo, porque en verdad no tengo ganas de nada.

-Lo sé. Oye… tenía pensado… que hace tiempo que no me pintas y lo publicas.

-¿Quieres que te pinte de nuevo para exponerlo?

-Sí. Quiero verme en todas partes.

-Entonces tendré que complacerte.

Sonreí de lado al ver que de nuevo lo tenía todo en mis brazos y entre mis muslos cuya carne se juntaba transpirada a su cuerpo con su pene escavando dentro de mí. Parecía querer devorarme por completo, cosa que hizo con el tiempo.

-Sigues siendo estúpido al utilizar ese tipo de pinceles. Parece que vas en decadencia con los meses. Pero como decía mi padre, lo bueno nunca dura.

Suspire cansado de oírlo dos semanas después de vivir con él.

-No puedes utilizar esa técnica, no te funcionara.

-¿Por qué no?

-No puedes. Aun te falta para dominarla.

Me hartaba, ya casi eran un mes.

-Así no se hace. ¿Te doy un consejo? Mejor no lo hagas.

De a poco quería matarlo.

-Les presento a mi pareja. Solo les advierto que no le pregunten mucho sobre su arte, apenas sabe como expresarse.

Me menospreciaba frente a los demás.

-No sabes hacerlo, te lo vengo explicando hace tiempo, ¿Qué no entiendes?

Y me menospreciaba desde adentro de nuestra casa. Me tenía harto. No sabía que le pasaba, solo lo necesitaba porque no tenía donde ir, y también porque el sabia más que yo, sabia asesorarme bien, lo ha hecho de buena manera los últimos siete meses desde que volvimos. Resulta que ya era diciembre y tenía que hacer la exposición que no hice el año pasado en esta universidad. Así que tenía que aguantarlo un poco a pesar de lo agotado que me tenía, solo que él no sabía que todo lo que decía, en vez de tirarme abajo me tiraba hacia arriba, creyendo que en verdad solo era envidia y tenía miedo de que surgiera por mí mismo.

-¿Qué te parece esta? Ya la termine, ya hice mi ensayo y todo, tengo todo listo, ahora dime, que te parece.

Había cambiado la pintura y el estilo cuando hace unos meses atrás no paraba de criticarme de una pintura que me tenía más o menos satisfecho, ya que tenía algo mío, eran colores cálidos bien fuertes, con el rostro suyo mesclado con las hojas del otoño que era mi estación favorita y difuminado como el invierno frio que él me transmitía, pero para él fue horrible, no le pareció lo suficientemente buena como para presentarlo al profesor.

-No tienes que preguntármelo a mí, ¿Qué te parece a ti?

-Que está bien.

-¿Solo bien?

-Sí, pero dime tu opinión.

-Si tu estas satisfecho con la pintura, es porque está bien, mi opinión no cuenta si es a ti quien te complace la obra. Tienes que hacer tus pinturas para ti, no para todos y para complacer. El artistita es artista cuando sabe que su arte es suficiente y perfecta para él o ella, si lo es para ti, entonces está bien.

-Gracias.

No me sirvió mucho. Lo entendí, sabia a lo que se refería, me había pasado ya con algunas pinturas pero sabía que no era lo suficientemente buenas. Solo que cuando hice esta no dijo nada en el proceso.

-Está bien, está bien. Está bien, esta buena.

Eso quería oír. Su asesoramiento me ayudado durante mucho tiempo, solo quería uno más hasta el último día. Ya cuando lo estuviese dominado mi arte, poder volar solo y no lo necesitare más. Solo faltaba poco, expondría esta pintura y quizás alguien la compre, y mi nombre recorrería en boca en boca y así podría independizarme artísticamente de él, y a el también.

-¿Qué es esto?

Cuando fue el día en que llevaríamos el trabajo el profesor me dijo que esperara hasta el final de clase, pensé que me daría un consejo o algo parecido, pero con su expresión de horror al mirar mi creación, me dio a entender lo que podía venir.

-Mi pintura. Esta es la que expondré en el museo…

-Es horrorosa. Esta sucia. Los trozos están toscos. No siento nada al verlo, solo me genera rabia al no poder entenderlo y aburrimiento de lo insípido que esta. ¿Por qué no pediste un buen asesoramiento?

-Pero…

-Yo te vi pintando otra cosa en clases, ¿Qué paso?

-Yo… pensé que esta era mejor.

-Es horrible. La que estabas pintando en esa clase, de hace un mes creo, estaba espectacular, los colores bien combinados, limpia y casi elegante con rojo, naranjo, azul y blanco, el blanco, lo tenías dominado bien y pulcramente, tenía tu marca, aquí solo veo desorden y un caos sin sentido, ¿tiene explicación esto?

-Permiso.

Tome el cuadro sin responder. Claro que lo había, y ese maldito me la daría.

-¡Oye, recuerda que la exposición es para el veintinueve, no pierdas el tiempo, ese mismo día puedes pasar o no el año!

No quería hablarle más mientras me alejaba. Sabia de quien era la culpa, de ese cerdo, y mía por haberme dejado influenciar. ¿Cómo es que no lo vi? Él quería perjudicarme, era obvio, me deje llevar, me deje confiar por su debilidad en el sexo, debilidad o no, sigue siendo una competencia.

-¡Andrés, ven aquí!

El maldito no estaba. Solo vino corriendo mi rata que pase de largo y me acerque a esa puerta tan secreta que tenía, ya han pasado meses y sigue sin exponer sus dichosas pinturas.

-Serie horrible si algo malo les pasase.

Tenía claro lo que quería hacer y no temía nada. Abrí la aplicación que hizo Mariano que aún seguía intacto y lo ocupe para saber si era cierto. Ya que resulto, vi las cámaras y en verdad ya no funcionaban y era mi momento de hacerlo, ya que la aplicación solo funcionaba veinte minutos, era mucho tiempo, no me demoraría. Entre empujando brutalmente la puerta y cuando por fin entre mi voz ya no existía. No podía creer que era real, era una broma de mal gusto que me dejo sabor amargo en mi corazón y en mi ego. Todas las pinturas, cada una de ellas, colgadas en una habitación por extraña razón con iluminación azul oscuro, tenía el rostro de Arturo, borrosas, casi difuminadas, era el, estaba seguro, tenía la misma nariz, solo que la forma de los ojos eran distintas, pero era el, cuando era más joven al parecer, cuando estudio conmigo en la universidad, estaba repleto de Arturo la sala y no había ningún retrato de mí, tenía tanta rabia que no me di el tiempo de ‘’contemplarlas’’.

-¿Qué mierda es esto?

Mire alrededor y había muchos pinceles, temperas y una caja de madera pequeña abierta con papeles parecidos a cartas, las tome y cada una me dio más asco que la otra.

Querido Arturo:

Espero que habernos separado tras el internado no signifique perder contacto. Con más razón tenemos que unirnos. Sin ti, este mundo no gira, este mundo es gris, por favor, responde esta carta, que sin ti, no puedo vivir.

Querido Andrés:

Dramático como siempre. Te responderé cuando quiera. No te exasperes. Y no mueras, me eres útil para calmar mi aburrimiento.

Querido Arturo:

Supe lo que paso con tu anterior pareja. Lo lamento mucho cariño mío, ¿quieres que te vaya a ver? Con gusto lo haría. Con gusto iría verte mi musa. Sabes que haría lo que fuera por ti.

Querido Andrés:

Claro que sí. Ven a verme y compláceme todos mis placeres. Estoy vacío y frio, caliéntame como siempre lo haces.

Querido Arturo:

¿Cómo has estado? Llevo tiempo sin recibir una carta tuya. Te he enviado treinta cartas y ninguna has respondido, ¿todo esto es por eso? Esa cosa no importa, nuestro amor es más fuerte. Espero tu respuesta algún día. Quiero verte con tantas ganas.

Querido Andrés:

No te atrevas a describirlo de ese modo. No estás a ese nivel, nunca llegaras a estar en ese nivel en mi corazón, no lo insultos porque yo te insultare más. Y si tanto quieres verme, ven a la misma tienda de café, Marloon Coffee. Te esperare ahí, tengo que hablarte sobre algo serio.

La carta fue escrita hoy.

-¿Quién se escribe cartas hoy en día? Que patéticos. Malditos patéticos de mierda. ¡Malditos!

Lo odiaba. Los odiaba. Ambos tenían una relación y yo imbécil caí en su juego. De seguro Arturo planeo todo esto, y yo no iba caer más en su sucio mundo. Fui al lugar donde irían y era una especie de casino alejado de la ciudad, casi aislado con un enorme estacionamiento. Fui en taxi con maletas y con Atticus en la jaula, no pensaba quedarme a esperar sus respuestas, ni a esperar a nadie. Entre al local y los vi tomándose un café muy concentrado hablando, estaba tan tapado a pesar del calor de la noche que ellos no me miraron, aproveche eso y me senté atrás de Arturo, de espalda con espalda agradeciendo que Atticus estuviera durmiendo y no metiese ruido.

-Ya déjalo.

Esa voz. Como extrañaba y odio esa voz.

-No puedo. Él te hizo daño. Otra vez. No lo soporto. Quiero hacerle daño, quiero humillarlo como lo hizo contigo.

-Ya ha pasado casi un año haciéndolo, ya es suficiente. Ya déjalo. Total, ya no estoy con ese profesor, así que no valía la pena luchar tanto por él.

-¿Ya te aburriste? ¿Qué le paso?

-Nada interesante. Fue el más aburrido juguete que he tenido. Algo patético eso sí. Pero volviendo a lo de Martin…

-Ya, ya, ya. De ahí veo.

-Nade ahí veo. O lo dejas o te dejo, decídete.

Ese tono. Veo que ante Andrés él se muestra tal cual es, una porquería.

-No me hagas esto. No es justo.

-Tampoco para mí. Ya basta con esa porquería. Ya déjalo.

-Está bien. Hoy fue a presentar su pintura a su profesor. Seguramente debe estar enojado por haberle elogiado una pintura horrible y ahora debe de darse cuenta. Ahí terminare con él. ¿Feliz?

-Claro que sí. Siempre me has sido fiel, pero yo nunca te pedí esto.

-No importa. Con solo verte sufrir me es suficiente para hacer daño a cualquiera.

-¿Cómo a ese chico del internado?

-Sí, se lo merecía.

-Pobrecito. ¿Seguirá vivo?

¿Cómo puede preguntar eso riéndose?

-¿Con esa cara quemada? No creo. Pero eso le paso por creerse que te podía utilizar.

-Exacto, él se lo creyó. Pero no era así, aun así le hiciste daño.

-Es que él quería hacértelo a propósito. Eso es inaceptable.

-Ya, ya, relájate. Siempre te vuelves insoportable con tu sentimentalismo. Mejor vamos a la casa de la colina y tengamos algo de sexo, estoy aburrido.

-Vamos ahora.

-Siempre ansioso.

No podía creerlo. Estaba horrorizado. Son unos putos enfermos de mierda, son peor que yo, ¿cara quemada? ¿Hasta ese nivel? Yo no podría llegar a eso… con Arturo fue una excepción, el me llevaba a otro nivel, creo que le hace lo mismo a Andrés y yo no iba ser parte de eso.

No lo pensé dos veces y me fui sin decir nada. Tome las cosas del taxi y entre de nuevo a la casa de mi madre que me miraba rara.

-¿Qué pasa? Vas y vuelves. ¿Él te hace daño?

Solo estaba preocupada cuando se acercó acariciando mi cara.

-No, mamá, solo terminamos.

-Pero si te hace algo…

-Te lo diré. No te preocupes. Quiero descansar.

-Está bien.

Suspire cansado de todo esto. Tenía que terminar la pintura, la otra la bote en una esquina y comencé hacer esa pintura de que me hablo el profesor. El problema estaba en que esa pintura no me era de tanta importancia, más aun teniendo a ese bastardo en la pintura, pero ya nada me importaba. Sentí que me arrebataron lo más importante de mi vida, mi esencia, mi porque de vivir. Yo amaba el arte, yo amaba esos pintores sentados y pintando, amaba ver las pinturas, las acuarelas, los pinceles, los lienzos, muros, hojas llena de dibujos, lleno de arte, lleno de pasión, y deje que me lo arrebataran dos personas insignificantes que con seguridad que tendrían inestabilidad mental, y yo me involucre en ese hoyo profundo. Me faltaba poco para el veintinueve de diciembre, ese mismo día entregarían las notas y la nota final, la más importante, y tenía que terminarlo sí o sí.

-¡Martin, ven! ¡Mira lo que te trajeron!

-¡Estoy ocupado!

-¡Pero es una linda pintura! ¡Estás en ella!

-¿Qué?

Baje de inmediato las escaleras a ver de que hablaba y había papeles en la entrada con mi madre tratando de agarrar bien el inmenso cuadro con mi retrato perfilado mirando hacia un lado, todo color cálido, muy distinto al primero que él me hizo en el museo.

-Está lindo, ¿no crees? ¿Dónde lo colgamos?

-Ah, en mi pieza. Dámela.

-Está bien.

Creo que mi madre no se dio cuenta de los detalles que perturbaría a cualquiera. Pues resulta que en el lugar donde estaba era en la sala cuando estaba tomando once con mamá, era la misma ropa, las mismas tazas, mesa, la luz de la cocina, y la pequeña figura de espalda de mi madre que me estaba sirviendo un pan tostado, eso fue ayer. El loco este me estaba observando, y yo no me daba cuenta. Si era capaz de quemarle la cara a una persona solo porque creyó utilizar Arturo, no podía imaginarme lo que me podía hacer por el daño que si le hice a Arturo, el daño que podía hacerle mi mamá, tenía que hacer algo, tenía que haber una explicación.

-¿Alicia?

-¿Martin? Tanto tiempo, ¿Por qué llamas?

Pues porque sé que ella sabe cosas de él que yo no. Ella me advirtió y yo no le hice caso.

-Creo que Andrés me sigue.

-¿Qué?

-No sé que hacer. No sé si es mi imaginación, si exagero o no, para poder demandarlo por acoso.

Relate mientras miraba el inmenso cuadro tapado por lo incomodo que me ponía en un rincón de mi habitación todo oscuro y Atticus cagando en ella.

-¿Por qué dices que te acosa?

-Porque me dio un cuadro de mí en mi casa, eso fue ayer cuando estaba tomando once.

-Ya veo. Te dije que el tipo estaba mal. Incluso hable con una de sus socias hace meses que pintaron un cuadro enorme en Japón y dijo que había escuchado que su ultimo novio, antes de ti, lo dejo en un hospital siquiátrico.

-Tengo que verlo.

-¿Para qué?

-Quiero saber hasta dónde es capaz de llegar, y porque, por favor…

-Está bien. Le pediré la dirección.

-Gracias.

-No hay de qué.

Tenía que saber hasta donde era capaz de llegar conmigo, si me hubiese hecho tanto daño para llevarme al hospital siquiátrico como a ese pobre tipo.

-Este es el lugar. Puede que no nos dejen verlo.

Ambos estábamos frente a un gran edificio en un bosque. Era tan desolado el lugar en que se rodeaba ese hospital siquiátrico.

-Hay que intentarlo. Vamos.

-Es que… me dan asco los enfermos. Son… repugnantes, mi tío era un retrasado y siempre babeaba, era asqueroso.

-Vaya, tenemos algo en común. Pero te aguantas, no pienso entrar solo.

Tome su brazo y la empuje al pobre lugar que al parecer no venían a revisarlo por oxidado que estaba algunas partes del hospital. Había muchos enfermos caminado, algunos se golpeaban, otros corrían, otros simplemente se quedaban en un solo lugar.

-¿En qué puedo ayudarlos?

Y frente a un pasillo con un arco de árboles apareció una flaca mujer con rostro de poco amigable que contradecía su tono suave. Parecía un palo con aura negra con esos ojos afilados que nada de simpatía transmitía.

-Venimos a ver…

Mire a Alicia que parecía querer huir ya que yo no sabía el nombre del chico a que venimos a ver.

-A Dante Donelli.

-Ah, qué bueno. Hace tiempo que no vienen a verlo, ¿son familiares?

-Amigos.

Respondí de inmediato.

-Que bien. Vengan.

Nos guio hasta un jardín completamente seco con solo una persona sentada en la banca. Vestido de rojo y mirando a la nada. Era extremadamente delgado. Se le veía los huesos de su pómulo, nariz pequeña y casi calvo en la punta de su cabeza. Moreno, casi gris, con boca seca y una cosa blanca a cada esquina de su boca.

-Solo les digo que no habla. Pero puede oírlos. Dante, vinieron a verte unos amigos. Los dejo.

Asentimos. Me sentí desanimado al saber que no podía hablar, ¿de que serviría?

-Hola. Me llamo Alicia, él es Martin, y venimos a verte para saber algo de Andrés Ramírez.

El tipo ni se movió cuando escucho su nombre. Fue como si susurráramos a su lado, ya que parecía no oírnos

-No creo que funcione…

-Quizás. Bueno… nos vamos… un gusto en conocerte.

-Apenas estuvimos diez segundos… espera…-Pensándola bien, Andrés conocía a sus víctimas a través de Arturo, quizás él fue uno de sus intentos de novio de Arturo y eso a Andrés no le agrado, tenía que probar.-déjame ver algo… ¿conoces a Arturo Fernández?

El chico parpadeo lentamente, me miro de reojo con su boca entreabierta como si hubiese dicho algún hechizo.

-¿Arturo?

-Sí, ¿Lo conoces?

-Sí, sí, sí, sí, sí, ¿Pregunto por mí? ¿Aún me ama?-El muy loco me agarro de los hombros con una brutalidad que no vi en sus huesudas manos, empujándome más hacia atrás.-Yo… lo amaba, pero ese tipo intervino, quiso seducirme, pero mi amor era más grande. Tienes que decirle que lo amo, que yo nunca quise tener sexo con él, el me violo…

-¿Qué dice?

Alicia en vez de ayudarme a alejar a este tipo que parecía que en cualquier momento se le saldrían los ojos, se quedaba atrás de mi mirando pegada a mi espalda.

-Calma, calma…

No podía hacer nada más que tomar sus manos sudorosas y cero carnes para alejármelo ya que no aguantaba su tufo a excremento.

-¡Tienes que decirle que lo amo, que vuelva…!

-¡¿Doctora?! ¡Ayuda!

Vinieron corriendo dos tipos y la doctora apenas oyó mi grito al no poder sacármelo de encima, y se lo llevaron adentro. El tipo se había vuelto loco.

-AGh, que asco, parecía que los ojos se les iban a salir.

-No te quejes, a ti no te escupió en tu cara. Ya vámonos.

-¿Y porque preguntaste por Arturo? ¿Qué onda?

-Nada. De ahí te explico. Tengo que demandar a Andrés por acoso.

-Pero solo te envió esa pintura…

-Sí, pero jamás ha ido a mi casa. Y la pinto tal cual, conmigo ahí, ahí estaba sentado. El me observo, y yo no me di cuenta. Quizás saco una foto y de ahí lo pinto. No importa, ya se de lo que es capaz.

-No entiendo…

-De ahí te digo.

-Ay, ya. Que pendejo te pones.

No podía decirle sobre Arturo, me sentía más humillado que antes. Siendo honesto, tenía más miedo que rabia. Fue capaz de quemar a alguien y violar también, ¿de qué sería capaz conmigo si sabe lo que le hice a Arturo? No quiero que me toque, no quiero que toque a mi mamá quien seguía cociendo luego de vender cuatro bufandas, y dos frazadas. Esa noche le pedí que nos quedáramos juntos viendo televisión, se extrañó pero se dejó y se quedó dormida a las horas. A pesar de todo la amaba, ella me crio a su manera, me enseño a no confiar rápido, a no enamorarme rápido, me enseño el arte sin querer. Ella me había llevado a una feria a comprar lana y ensaladas, cuando en un rincón había una mujer pintando el paisaje de la ordinaria feria, llena de gente sudando, gritando, empujándose, hediondos, robándose, ella lo pinto como si fuera lo más hermoso del mundo con colores fuertes y llamativos, no pude entender como pudo ser capaz de ser algo así con simples pinturas que estaban en frasquitos de plásticos, ella, con sus dedos y esas pinturas había creado arte y yo quería hacer eso, y gracias a mi madre que me di cuenta existía la pintura, que existía la capacidad de retratar lo más feo a lo más hermoso, a lo más hermoso, a lo más feo, retratar lo que uno quisiera pintar, expresar todo lo que hay adentro en un simple cuadro, llenar la vida colores, yo quería eso, pero quería que me retrataran lo que yo no era, hermoso, quería que retrataran esta fealdad como ella lo hizo con la feria, quería que sacaran esa belleza que no tengo a flote, quería ser yo eso con otras personas, otros paisajes, y ahora no sentía nada más que miedo.

A la mañana siguiente fui a comprar algo para el almuerzo mientras mi mamá ordenaba el comedor, estaba pensando en la lasaña que haría con la compra que hice, llena de carne molida, salsa, queso rallado…

-Mira quien vino. No me dijiste que era tan simpático.

Él estaba ahí sonriendo, tomando un té con mi mamá que le servía mas pan, ¿Qué mierda le pasa?

-¿Qué quieres?

Deje las bolsas y me le acerque cuando él se levantaba y mi madre no paraba de sonreír como si hubiese recibido al mismísimo Jesús, solo que este en realidad era el mismísimo lucifer.

-Hola. Quería hablar contigo…

-Qué bueno, porque yo también. Vamos afuera. Mamá deja eso, él ya se va.

-Pero…

No deje que terminara y me lo lleve afuera de la casa al lado de su auto que tontamente no vi.

-Terminamos…

-Martin…

-Escúchame, Andrés. Se todo. Sé que quemaste a alguien en un internado, sé que violaste a un chico, o te alejas de mí, o te denuncio.

-¿Quién te conto?

Eso quería ver. Ese rostro tan sereno, tan engreído, todo deformado y grotesco por mí. Ese era el, un tipo todo corrompido por su obsesión por Arturo. Sus ojos barrieron ese brillo, se achicaron, su boca se tensó, fue como ver otro rostro, fue como ver a un camaleón mostrando su verdadero color.

-Eso es asunto mío. Pero ahora responde, ¿entendiste? Te alejas…

-¿Hay alguien más…?

-No te importa si tengo o no, no te quiero en mi vida, ni cerca de mi madre, aléjate, te lo advertí.

Era corto y preciso, no quería alargar más el asunto. Lo tenía en la palma de mi mano, si se atrevía hacerme algo o mi madre, sabía perfectamente que hacer.

-Necesito un maldito trago.

Deje todo en la casa mi madre para que cocinara mientras iba a comprar de nuevo un trago, ya que en la casa a ella no le gusta tener.

-Hola, ¿Qué tal?

Ahí estaba Mariano. Con su playera negra, sus tatuajes de dragones ahora a la vista, con su panza y su boca pequeña, quería tener algo de sexo también, pero primero necesitaba un trago.

-Bien, más o menos. Quiero un trago fuerte.

-Entonces elije este. –Me señalo un ron con café oscuro con tapa verde metálico.-Mi papá compra ese siempre para sus clientes, es el más fuerte.

-Entonces este será.

-¿Qué paso?

-Nada, solo quiero tomar.

-¿Quieres tomar en el bar?

-No tengo mucho dinero…

-Yo invito. Hace tiempo que no hablo con un viejo compañero.

Le llame a mi madre y le conté que me había encontrado con Mariano y ella no se enojó, solo dijo que no llegara tarde ni ebrio. Lo último casi lo cumplí, tomamos hablamos, nos burlamos de algunas cosas que hicimos en esos años escolares que el tiempo paso volando con cada trago, y cada manoseo que le hice, quería algo sexo, pero me acordaba de Andrés y su acoso y todo esa calentura se bajaba de inmediato. La pase bien, más aun cuando Mariano me hablo sobre un puesto disponible en el bar como barman en las noches, sería bueno tener un trabajo en las vacaciones y le pregunte si podía hacer la prueba mañana y el solo dijo que me tenía que presentar y ya estaba contratado.

-Mamá, iré a ver a Mariano por el trabajo.

Ya era otro día, mejor dicho, otra noche cuando me estaba poniendo el cortaviento ya que no hacia ni frio, ni calor.

-¿Sera a esta hora?

-Sí, es horario nocturno.

-Oh, está bien, cuídate por favor.

-Está bien, es cerca. Adiós.

La pintura seguía sin terminar y mi miedo disminuía al no saber absolutamente nada de Andrés ni de Arturo, podía ser mi vida de nuevo aquí, podía pasar el año de la carrera y trabajar en las vacaciones aquí, sería lo ideal, alejarme de la ciudad, estar más cerca de mi mamá y poder sentir alguna inspiración aunque sea diminuta.

-Hola, soy Martin, vine porque Mariano me ofreció un trabajo.

Le hable a una chica algo joven pecosa, morena y cabello lacio que me miro con grandes ojos verdes gatunos.

-Ah, lo siento, ¿tú eras su compañero de colegio?

-Sí.

-Lo siento. Ayer lo asaltaron y ahora está en el hospital.

-¿Tan grave fue?

-Sí, lo molieron a golpes, lo raro fue que no le robaron nada. Para mí que fue ajuste de cuentas, pero no puedo decir nada del hijo del dueño o me echan.

-Cierto. ¿En qué hospital esta?

-En la de Alfredo Monte Real.

-Gracias.

-Pero no recibe visitas a esta hora.

-Ya veo. Bueno, solo iré a ver.

Tenía que hablar con él sí o sí. No podía ser tanta coincidencia, si es así, estoy en problemas, mi madre está en problemas. Llegue al hospital, y como es público la sala donde estaban los enfermos o heridos estaba vacía de enfermeras, solo los pacientes, algunos durmiendo, otros despierto mirando a la nada. Entre ellos estaba Mariano. Estaba todo golpeado, la cara hinchada, y las muñecas vendadas.

-¿Mariano?

-¡Ah, vete, vete…!

Como pudo me grito y trataba de alejarse de mí en su camilla.

-Espera, espera. ¿Qué te he hecho?

-¡Enfermera, enfermera, sáquelo de aquí!

-Oye…

-Aléjate. Ese tipo me matara si ve contigo.

-¿Andrés? lo siento mucho…

-Aléjate, por favor.

-¿Pero qué te dijo?

-QUE ME ALEJARA DE TI, VETE…

-¡¿Qué hace?! ¡Salga!

Entre dos enfermeras me echaron del lugar con olor a orina. Tenía que ver a mamá, tenía que ver que ella estaba bien.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué entras así?

Abrí de golpe la puerta y la vi a ella tomándose algo en la mesa que casi boto apenas me vio.

-Nada. No abres la puerta a nadie.

-¿Qué pasa?

-Nada, solo no lo hagas.

Estuve a punto de subir por completo la escalera cuando ella me empezó a decir algo que me enrabio demasiado.

-Está bien, pero antes, Andrés vino y se llevo a tu rata esa para el veterinario, dijo que estaba algo enferma…

-¿Por qué dejaste que hiciera eso?

-Bueno, es tu pareja, pensé que…

Fui corriendo a la ciudad en taxi sin si quiera escucharla. No podía ir a la policía a decir que se robó mi rata, tenía que acabar con esto. Al llegar, le dije al taxista que no se fuera porque solo iría a buscar a mi mascota. Cuando abrí la reja y llegue hasta la puerta mis fuerzas se cayeron hacia abajo al ver Atticus con sus riñones y corazón afuera, se veía tan asquerosa, pero no me importo tomarlo entre mis manos, las ganas de llorar solo fluyeron al imaginarme lo que tuvo que luchar y lo que sufrió. Ese enfermo de mierda me lo pagaría. Lo deje hacia un lado y al solo entrar oí gritos, y cosas romperse.

-¡Ya deja eso, lo hice por ti!

-¡No me importa! ¡Mataste su rata, imbécil!

-¡Pero el té hizo sufrir…!

-¡¿Me viste quejarme, acaso?!

-¡Pero Arturo…! Martin.

Los dos. Ahí estaban, gritándose y Arturo lazándole cosas que paro al verme entrar.

-Tu. Enfermo, hijo de puta de mierda.-No me importaba Arturo, pase de largo a su lado y me enfoque en mirar fijamente aquellos ojos gélidos, filosos, totalmente distinto cuando los vi por primera vez.- Mataste a mi rata. Quiero que sepas que te voy a denunciar, por acoso, por haberle golpeado a un conocido mío, solo por estar cerca de mí y por lo que le hiciste Atticus, juro que me lo pagaras. Y solo te diré que quiero que te alejes de mi vida. No quiero que me sigas, no quiero que me hables, que me miras, que respires cerca de mí, ¡ALEJATE DE MI!

Le di el golpe de su vida contra su rostro. Me fascino verlo caer, el sonido de mis nudillos contra su boca y ver su sangre caer. Fue una delicia, si no hubiese sido por…

-¿Por qué? ¿Por qué quieres que me aleje de ti?

Apenas me di la vuelta Arturo se lanzó sobre mi tomándome por la chaqueta y lo empuje apenas vi sus ojos azules, se veían tan falsos, así de cerca podría decir que en realidad eran de contacto.

-¿Qué? Sale, maldito enfermo.

-Pero Martin… no puedes pedirme que me aleje de ti, por favor, yo te amo…

-¿De qué mierda hablas? Le hablaba a Andrés, vete. Hueles asqueroso…

Y era verdad. Parecía no haberse lavado bien los dientes. Tenía algo café en ellos, y su cabello parecía haberse mojado en aceite.

-Es que no me he bañado desde que te fuiste de mi casa.

-Están enfermos los dos, enserio…

Retrocedí sin entender que pasaba. Veía a Andrés en el suelo, mirándome fijamente, pensé por un momento que se lanzaría contra mío para devorarme, y Arturo cada vez me acorralaba más contra la pared.

-¿Por qué?

Y el loco pregunta porque.

-Esta no es tu casa, ¿o ahora me van a decir que están casado y esta casa es de sus bienes?

-Yo jamás me casaría con alguien que no fuera tú.

-Me estas asustando, muévete…

Quise empujar a Arturo, pero tenía más fuerza que yo cuando me empujo de nuevo contra la pared.

-No puedo, ya no puedo más. Cada vez veo que te alejas, y te alejas de mi vida, siento que se me va la vida, siento que ya no tengo razón para seguir respirando si no te veo.

-¿Puedes alejar a tu puto amante de mí? –Pregunte a Andrés que se levantó al mismo tiempo que limpiaba su boca, parecía otro tipo al levantarse y mirarme así, como si quisiera matarme.-Porque si, sé que son parejas de hace tiempo.

-¿Cómo?

Que tufo más asqueroso tenía Arturo, no sabía cómo sacármelo de encima.

-Cuando el profesor me dijo que la pintura era horrible, me enoje, llegue y quise hablar contigo, y como no te vi, quise romper esas valiosas pinturas que guardabas secretamente, pero me encontré con la porquería de que esas pinturas eran de Arturo, todos eran sobre Arturo, y leí sus cartas, ahí supe que fuiste a un internado. Luego fui al lugar de su encuentro y los escuche, también supe que quemaste a alguien, y fui a ver a Dante Donelly, y también supe que lo violaste. Eres un maldito enfermo de mierda, y yo me encargare que te pudras y que toda tu reputación se vaya a la mierda.

-¿Enserio crees que me importa eso? Solo a alguien superficial como tu podría interesarte algo así…

-No le hablas así…

-Pero Arturo…

-Cállate…

-No me callare.-Andrés ya se había acercado lo suficiente como para distraer a Arturo y alejarme de ellos dos un poco, acercándome a la puerta.- No más, déjame contarle todo, ya estoy harto de mentiras, todo por este insignificante tipo. Esta cosa…

-No es insignificante, no es como tú.

Ambos parecían estar enfocado en quien hablaba más fuerte, en quien decía lo más hiriente y los incoherente para mi gusto.

-Aun no lo ves, pero yo soy más que él. Y te lo demostrare, contándole todo y cuando veamos su reacción, tendrás tu respuesta.

-¿Qué cosa? Eres tan dramático…

Le dije sin pensar bien las cosas. Debí haberme quedado callado y haberme ido sin que se dieran cuenta, pero yo y mi bocota que buscaba respuesta no se aguantó las ganas de preguntar.

-Cállate. Pues te contare todo. Resulta que esas pinturas no son de Arturo, son sobre ti, y esta casa es de Arturo, por eso hay cámaras, porque él te vigila.

-¿Las pinturas son sobre mí? No es cierto, yo vi…

-No viste bien.

Él se fue a ese pasillo dejándome solo con Arturo que parecía un animal mirando a su presa, esto era ridículo, ¿Qué clase de circo estaba?

-Aquí están. Mira bien.

Tome un cuadro de tres que trajo el, y resulto que si tenía razón. Era yo, pero con una mescla de Arturo.

-Somos Arturo y yo.

-No, solo tú.

-¿Eres ciego o qué?-Lo mire no creyendo que no se diera cuenta de lo obvio de la pintura, mirándola de nuevo por lo extraña que se veía.-Somos Arturo y yo, estamos combinados, la nariz, los pómulos, ojos, cabello, estamos ahí, los dos. Que repulsivo. Como no lo bien antes…

-¿Ves?-Esa voz, se volvió suave al mirar la pintura que tenía en mis manos y la cual la deje de lado al verlo.- Él es especial, él lo ve, él puede vernos a los dos. En cambio tú eres tan básico que apenas observas los detalles.

-Bueno, eso no es el caso. La verdad es que la primera pintura que viste en el museo sobre ti, no la hice yo, lo hizo Arturo, él fue, él fue quien te pinto la segunda pintura cuando fue a ver si estabas en la casa de tu madre, también fue quien golpeo a ese amigo tuyo, también es… el creador de todas mis pinturas, él es quien se acostaba con los hombres de las pinturas, y yo las publicaba para no mancharle su imagen a futuro, no quería que las personas esparcieran malos rumores sobre él.

-¿Y eso qué? ¿En que influye en mí?

-¿Acaso no te importa que no te haya pintado yo?

Claro que no. Suena loco, pero todo eso me genera cierta risa de lo ridículo que era la situación, y placer y dicha saber que aun estando lejos de Arturo, aún seguía teniendo algún efecto en él.

-Al contrario, me gusta, eso significa que el si cumplió con su trabajo cuando le pedí que me pintara de forma bella, bonito, lo cumplió, o sea que debió sentirse algo humillado pintar a alguien tan feo como yo y transformarlo a ese ser hermoso de la pintura.

-¿Enserio? ¿No te espanta? ¿No te sorprende? ¿No te da asco?

-No. No conozco bien Arturo, pero de lo poco que se, sé que es capaz de hacer cualquier mierda como lo es el, solo no sé porque violaste al chico.

-Porque ese tipo creyó que lo tenía bajo su palma de la mano, y nadie puede utilizar a Arturo, como tu…

-¿Cómo yo? Yo solo le di un poco de su medicina, aparte no parecía disgustarle.

-Claro que si…

-Claro que no. Lo veía en su cara,-Lo mire, seguía teniendo la misma cara de miedo y sumisión que tuvo cuando le exigía ver sus calzoncillos cada día.-le gustaba cuando le exigía que se orinara en sus calzoncillos. Es un enfermo, igual que tú.

-Estas mal de…

-No me vengas con eso. Ustedes lo están, yo no viole a nadie, yo no queme a nadie, yo no golpee a nadie, yo no mate a la mascota de nadie, ustedes sí. Me largo.

-No, Andrés ve por él.

-¿Qué?

También me pregunte lo mismo que Andrés cuando vi que lo manda a atraparme.

-Hazlo.

-Están enfermos.

Me asuste cuando Andrés se vio dispuesto a ir tras mí que salí corriendo hacia el taxista que se asustó y boto su celular cuando entre de golpe y le dije que fuera a la estación de policía. Me lamente no haberme traído a Atticus pero sabía que el taxista no me dejaría. Estaba sorprendido. Jamás pensé que Arturo estuviera obsesionado conmigo, y tampoco lograba entender su relación toxica con Andrés, todo este enredo solo me generaba mareo, quería desahogarme con alguien, quería gritarlo a los cuatro vientos.

-Alicia, hola.

-Hola, ¿Qué pasa?

-Iré a la estación de policía. Resulta que Andrés está loco y tiene una relación con Arturo.

-¿Arturo? ¿El Arturo?

-Sí, y resulta quien está obsesionado conmigo es Arturo, no Andrés.

-¿Qué? ¿Qué me estas contando? Que enredo, pero bueno, algo intuía sobre ese Arturo.

-¿De qué hablas? ¿Qué intuiste?

-Es que cuando te fuiste, se volvió loco, se aisló, empezó a tratar a todos mal, dejo al profesor en la ruina, y no me refiero económicamente, ahora puedes ver al profesor de historia por ahí en la calle y no te darás cuenta.

-¿Tanto así?

-Sí, fue horrible cuando lo vi en esa esquina y saber que fue por Arturo. Entre la cordura que tenía me conto que Arturo lo humillaba todo el tiempo, lo ponía en situaciones difíciles y humillantes, y luego se fue, y con el tiempo Arturo se alejó de todos, como si nada, y hace unos meses atrás supe por unos compañeros que Arturo ya no estudiaba y que lo habían visto en una casa en una colina en el bosque de un pueblito llamado Arrendele cuando fueron acampar, justo cuando tú te fuiste. Él siempre me pareció raro, al igual que tú.

-Yo no soy raro.

-No, por supuesto que no. Hacerle daño sicológicamente a otra persona no es nada raro.

-Está bien. Te dejo, voy a la estación de policía y…

El impacto fue inmediato. Todo mi costado derecho sintió el dolor, el vidrio rompiéndose contra mi rostro, el quejido del taxista, los gritos de Alicia en el celular en mi mano, todo fue tan repentino, todo tan brusco. Me sacaron de ahí de un ala, con todo el dolor, me dolía las costillas, sentía una parte de mi cara adormecida de dolor, empapado en sangre, mi cadera dolía, mis manos tenia cristales incrustados, pero eso no le impedía sea quien sea de llevarme a un auto, y desaparecer en mi mente.

-Mueve, rápido, ya se está despertando. Te dije que apenas llegáramos teníamos que hacerlo todo.

-Pero…

-Ya. Has dicho mucho y arruinado bastante, ahora has todo lo que yo diga.

-Sí.

-Aaahh.

Me dolía el rostro, mi mandíbula, sentía aire dentro de mi cabeza, la sangre recorría como un pequeño rio a mi costado derecho, me dolía la cadera, me sentía algo doblado en esa zona, los huesos me pesaban y no podía hacer nada por eso.

-Ya despertaste. Abre los ojos, amor.

¿Amor? Enfermo de mierda. No entendía nada. No entendía de porque estaba elevado, porque mis manos estaban arriba amarradas en la muñecas y colgando con mis pies en punta. No podía respirar bien, sentía que me faltaba el aire con mi brazo derecho adolorido, y mis costillas destruidas.

-Ya despertó.

-¿Y qué quiere que haga ahora?

Vi a Andrés preguntándole todo sumiso a un Arturo que apenas lo miro.

-Vete. Ya no te necesito.

-¿Te veo mañana…?

-NO. Entiende, no te necesito, ¿te lo deletreo, imbécil?

-¿Por qué?

-Porque ya lo tengo conmigo. Por fin supere mi miedo, y lo tengo frente de mí, viéndome, y totalmente mío.

-Pero… nuestra relación…

El pobre parecía querer llorar, me miraba a mí, miraba a Arturo que fue a buscar algo en unos de los cajones de los tantos muebles que me rodeaba para seguir hablando mientras me daba espalda.

-Jamás hubo relación, y lo sabes. Sabes que siempre fuiste mi juguete preferido, pero ya no te quiero, ya no me eres necesario, vete.

-No, yo sé que algún día tú me…

-¡AY, QUE FASTIDIOSO ERES!

PAM. La bala salió, dándole en la cabeza, solo que seguía vivo. Le dio justo en un costado y Andrés se iba hacia atrás como sorprendido de lo que Arturo hizo sin si quiera mirarlo. No le importaba en absoluto a ese hombre que se agarraba la cabeza con enormes ojos, boca grande como pez, era el rostro del horror que se fue arrastrándose hacia atrás, parecía no entender nada, parecía estar aturdido.

-Sigue… vivo…

Hable como pude al ver que Arturo ni si quiera lo miro después de dejar la pistola en el mueble y girar hacia a mi sonriéndome.

-Morirá en cualquier momento. No importa, ahora te tengo.

-Bájame… no puedo…

-Oh, sí, sí.

Me bajo un poco aun sin desamarrarme, permitiéndome tocar el suelo y respirar algo, lento pero podía hacerlo con algo de regularidad, dándome el paso para observar el lugar. Era una sala enorme de arte, estaba como en un banquillo enorme de madera, había papeles, pinturas, envases de pinturas, pinceles, el suelo estaba pintado como al azar, era un caos todo el lugar, con mesas de madera repleta de vasos con pinceles, todo estaba asqueroso por las pinturas, era un lugar espacioso y frio, mis muñecas amarradas estaba colgadas por la cuerda que se enredaba en la madera de arriba, sin aliviar mi dolor en las manos con vidrios que sobresalían y se iluminaban por la luna, y al lado mío derecho, un espejo enorme alargado sobre un mueble, podía verme en trozos en los espacio no roto del espejo, solo podía ver mi sangre, mi ojo hinchado y mi moretón que aparecía de apoco en mi cadera.

-¿Qué… quieres de mí?

-Todo. Te amo.

-Yo… ¿Por qué? No he hecho nada para que lo hicieras…

-No te acuerdas, y lo entiendo… pero… es mejor así, aun me da miedo de que no me ames por no ser bello natural.

-¿Natural?

-Yo no era hermoso cuando era más pequeño. Cuando íbamos a la escuela me decían ratón asqueroso,-Oh, no puede ser, se empezó a sacar los lentes de contacto, esos ojos negros, esos ojos opacos.-y lo era, y a ti te fascinaba cuidarme, pero te aburriste, y tuve que buscar que me molestaran así que me desnude.-Se sacó la camisa blanca, los pantalones, los calcetines, los calzoncillos, tenía cicatrices en sus rodillas, en sus muslos, eran cortes.- Mis padres supieron y me llevaron a un hospital siquiátrico, pero no quise aportar a nada, a cambio de querer cambiar les pedí que me operaran, los dientes, la nariz, las orejas, comencé hacer más ejercicio para tener más forma, me quitaron todos los dientes para tener unos normales y rectos, también me puse lentes de contacto de color azul, y luego me enviaron a un internado de hombres porque creyeron que esa escuela era muy insignificante, no sabes cuánto los odie por haberme alejado de ti y haberme perdido tus últimos años escolares a tu lado. Ahí conoci a Andrés,-Dijo todo despectivo, casi dándole asco de recordarlo.-era igual de sumiso como todos lo que me rodeaban, profesores, alumnos, había unos auxiliares repugnantes que también quería algo conmigo. Yo les decía que era virgen, y que esperaba el indicado, que tenía miedo, con eso nadie me toco, todos me respetaron, porque la verdad era que solo tu podías tocarme, solo tu podías tomarme, solo tu podías poseerme. Pero estaba aburrido, ninguno llegaba tus talones, así que empecé a juguetear con sus emociones, sus mentes hasta volverlos mis esclavos, pero Andrés era tan… metiche, creía que tenía que salvarme, que era un puto descontrolado que no tenía amor propio, el imbécil apenas sabía que mis ojos no eran azules.

Su risa tétrica me llevo a los años escolares cuando lo defendía y se reía de esa forma por los nervios. Era tan falso, sabía que le gustaba que lo molestasen, pero a mí me gustaba sentirme heroico defendiéndolo, ambos estábamos, ambos necesitábamos al otro de alguna forma extraña, y aun pasando los años, podíamos estar separados.

-Pero… yo no hice nada para ilusionarte, yo…

-Si lo hiciste. Resulta que… a mí me gustaba que me humillaran para que tú me protegieras, y una noche me invitaron a una fiesta del curso, solo para reírse de mi por como caminaba, por mi físico, y estabas ahí, todo ebrio, me miraste y me llevaste a una habitación, me humillaste más que ellos, me gritaste, y luego te masturbaste encima de mí, me sentí violado, y me encanto, por ti, solo por ti, me tocaste, me deseabas, me deseabas hacerme daño, ahí supe que estábamos destinados. A mí me gustaba que me humillaran, y a ti humillar, te gustaba el poder, te gustaba sentirte mejor que otros y a mí que tú me tomaras, podemos ser la pareja perfecta. Pero… luego te veía en clases de arte, viendo artistas pintando a gente hermosa, los mirabas como si fueran Dioses, veías la belleza superficial como el máximo arte, y yo tenía que ser tu musa para llegar aunque sea un ángel.

-Maldito enfermo…

-Y te encontré. En la universidad… y me dio miedo. Yo no era hermoso por naturaleza, me hice muchas operaciones para ser este chico, y sentía que si sabias que era falso, no me considerarías bello, que me considerarías una belleza falsa. Tenía miedo de que te alejaras, entonces empecé a tratarte mal para alejarte de mí, al principio fue sin querer, me lastimaba verte triste, o enojado por mi culpa, pero… me encanto ser yo quien te humillaba ahora, me encanto sentir ese poder en ti, y supe en ese instante que ambos éramos iguales, más aun cuando me empezaste extorsionar. Me excito cuando me pediste no bañarme, cuando me obligabas a orinarme con los calzoncillos puestos frente de mí, tan sumiso, tan esclavo, solo por ti.

-Estas enfermo…

-No, no, no… estoy enamorado de la persona que me complementa. Tú y yo, somos iguales, vemos la maldad en los demás porque somos idénticos a ellos, utilizamos a las personas como Andrés a nuestro antojo, a nuestro favor y no nos importa porque gracias a eso podemos obtener nuestro objetivo, ¿ahora lo entiendes?

-Si… estas enfermo… -Me dificultaba hablar, me dolía las costilla, y aun así seguí, no podía quedarme callado.-tu solo te enamoraste… de una idea… de un espejismo… porque yo no soy igual a ti… yo… déjame ir, por favor…

-Yo sabía. Aun te falta para llegar a mi entendimiento, por eso, te quedaras conmigo hasta que lo entiendas.

-¿Me tendrás secuestrado?

-No, no, solo te enyesare, te convertiré en una escultura estando vivo por dentro, y ahí podrás analizar todo tranquilamente mientras te sigo contemplando como el arte que eres. Te pondré un tubo para que puedas respirar, comer y tomar, no te preocupes, y en caso de las necesidades básicas, pues hare un orificio ahí atrás y adelante, te verás algo raro, pero la escultura elegante y hermosa no perderá la esencia. Solo me falta algo de material. Mierda, no debí dispararle tan rápido al tipo ese…

-¿Jamás lo amaste?

-¿Eh? Ah, no, ¿tienes celos?

El pobre Diablo sonrió ante su degracia.

-No, solo pregunto para que no te sientas mal cuando gires y veas que te está apuntando con un cuchillo.

-¿Eh? –Se dio la vuelta y se quejó.-AGH, no, sigues vivo.

-No, te maaa..ta…

El tipo no podía hablar. Era como ver a un zombie en vivo sin la carne toda podrida, sino más bien el rostro de un guapo hombre cayéndose de un lado con la sangre derramándose.

-Habla bien, no te entiendo…

-Lo madare a el…

El pobre imbécil, aun estando entre la vida ya la muerte me seguía apuntando a mí, seguía queriendo deshacerse de mí, cuando el único demonio era la rata asquerosa que estaba frente suyo y aun así no podía verlo bien.

-No lo tocaras…

-Yooo… de amo…

-Es imposible dialogar con un zombie que apenas se devora su propio cerebro. Descuida, yo te ayudare…

Al parecer Arturo iba agarrarle el cuchillo quizás para enterrarle en la cabeza o en alguna parte de su cuerpo. Ya no me importaba, solo sentía alivio cuando oí las sirenas y los policías entrando con pistolas y desamarrándome, era libre, libre de ellos, pero no de mí.

Pasaron desde esa noche cinco días, pase la navidad en interrogatorio, yendo a juicios, testiguando contra Arturo, no pude ir contra Andrés, él ya estaba muerto en vida, quedo en estado vegetal donde duro solo dos días apenas sus familiares supieron que podían desconectarlo y cobrar una gran cantidad por su seguro. Esos días fueron eternos. No hice nada más que estar encerrado y salir solo para esas ocasiones. Ya estando el veinticinco, mi madre con sus regalos dejándomelos en el regazo ya que aún me costaba pararme por mi cadera lesionada, llamaron, alrededor de las seis y media, para decirnos supuestamente la gran noticia de que Arturo, se había suicidado en la celda cuando se enteró de sus sentencia por su abogado, esa misma tarde, me entregaron su última carta para mí, y una foto sobre la pared de la celda donde estaba detenido con un retrato de mi hecho en sangre, queme ambas cosas. No me interesaba lo que tenía que decir ese enfermo, no me interesaba obtener nada sobre él, me cago la vida al no poder levantarme bien, me cago la vida cuando me dijeron que mi mano derecha de la cual yo dibujo tenía lesiones por el accidente y los vidrios incrustados que no pudieron sacar del todo, me cago la vida entera ese maldito enfermo, y no iba a permitiré darle en el gusto. Así que como pude, estuve toda la noche pintando mi obra para el veintinueve de diciembre, tenía que hacerlo.

-¿Alicia?

-¿Martin? Son las cuatro de la mañana…

-Ven a mi casa hoy en la tarde. Tengo que entregarte mi cuadro para que vayas a la ciudad y se lo muestres a mi profesor.

-¿Qué? ¿Por qué yo…?

-No puedo, no quiero-No quería presentarme en este penoso estado.-… por favor.

-Bien, está bien, ¿a qué hora?

-¿A las cuatro en punto? ¿Te parece?

-Bien, si, está bien. Iré… ¿Cómo…?

Le colgué antes de que me hiciera la pregunta más estúpida que se le puede hacer a alguien que ha sufrido; ¿Cómo estás? La respuestas siempre es la misma; Bien, nadie dirá lo contrario. Yo tampoco. Nunca dije que cuando me dijeron que no podía pintar sentí que mi vida entera se fue en un suspiro, nunca dije que no dormía en las noches por las pesadillas de que Arturo vendría por mí en forma de millones de ratas devorándome, nunca dije la angustia que me genera al solo creer que Arturo sigue vivo, nunca dije sobre mi sufrimiento, porque sabía que si lo hacía me llevarían al sicólogo, si iba con un sicólogo, se daría cuenta de mis ganas de suicidarme, que nadie podía impedirme, ni mi amor al arte, ni mi amor a mi madre, ni las ganas de dialogar con este dolor exuberante. Ya nada podía con mis ganas de irme, ahora el arte solo era una ilusión, un deseo, que yo pedí y me arrepentí. Ahora la muerte era lo único que cabía en mi mente, era lo único que rodeaba mi habitación, era la esencia de mi lienzo con todo mi anhelo, la muerte era mi único consuelo.

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En la cálida tarde en un solitario vecindario iba una chica morena de coleta amarrada y toda acelerada mirando el suelo. Pensando para sí misma que decirle a un chico que ha sufrido secuestro y la horrible noticia de que lo que más ama ya no podrá hacerlo más. Era una noticia que fríamente le relato el joven por celular esa misma tarde que lo retuvieron en esa casa en la colina. La chica no podía empatizar con la frialdad con que la decía, pero sabía muy adentro suyo que el chico debería estar destruido. Jamás pensó que se acercaría tanto a él, jamás pensó que sería un especie de ayuda, solo que no podía dejarlo solo. A ella siempre le atrajo las personas que son tan podridas por dentro, que son capaces de observar la energía de los demás, que son capaces de hacerse las victimas en la más mínima oportunidad que ven. Al saber lo que le paso con Arturo supo que él tuvo su propia medicina, supo que Arturo era tan o más peor que Martin, supo en ese instante que su instinto le acertó en ambos, solo que no pudo adivinar la crueldad tras esto, nunca pudo entender por qué había gente como ellos.

-¿Señora Cansino? Soy Alicia…

-Fernández, ya no ocupo el apellido de mi esposo desde que murió.

Respondió toscamente a la joven que se tuvo que morder la lengua al escucharla y ver su deplorable rostro arrugado pálido y redondo de la señora.

-Lo siento. Vine a ver a Martin…

-Oh… lo siento… ¿eras su amiga?

-¿Por qué pregunta?

-El… se mató anoche. Escuche un ruido de un golpe en su habitación y… él estaba colgado y la silla se había caído…

La entrecortada voz de la señora solo hizo generar incomodidad a la chica, que solo pensó en como pasar de largo un funeral.

-Ay… ¿Y… está haciendo el funeral…?

-Sí, invite algunos pocos familiares. Yo nunca supe de sus amistades, así que no vinieron a verlo. Esta adentro.

-¿Lo están velando en su casa?

Eso lo horrorizo. Nada peor que un funeral, que un velorio en casa.

-Es una tradición, espero que no te incomode….

-No, no, no se preocupe. Yo… es que el me llamo anoche.

-¿Y qué te dijo?

-Este… que viniera por una pintura suya.

-¿Pintura? Ah sí, el hizo algo así, la deje en mi pieza para colgar mis telas que se terminaron y hacer algo de espacio.

Al solo saber eso, la chica casi le fue encima por haber ocupado un cuadro, una pintura para tan cutre como eso. Tenía que sacar la pintura de esa casa cuanto antes.

-Ah, bueno, es que ese era su proyecto para la universidad y presentarlo en el museo, solo vine a verlo, yo no sabía que Martin se había…

-No importa. Ve adentro, la pieza está arriba, doblando el pasillo a la derecha al fondo.

-Bien. Permiso.

Alicia paso de largo las cinco personas vestido de negro tomando trago para subir las escaleras frente de ella. Le incomodaba los funerales, desde que se murió su abuela que no ha ido a uno, ya que se dio cuenta que era incapaz de llorar por el difunto o la difunta, por ende creía que no sería bueno ir en vez de estar ahí y no sentir ninguna empatía por el cadáver en el cajón.

-Esta todo desordenado…

Para Alicia ver alrededor en esa pequeña habitación no era más que desesperante por el desorden y el poco interés del orden. Veía y miro bien un gran cuadro cubierto de lana, roja, gris, naranja, amarillo, verde, azul, morado, todos esos colores envolviendo ese cuadro fúnebre cuya esencia no era más que la muerte. El aire se le cortó al ver la gran obra que tenía en sus manos, tenía una pintura, un autorretrato de Martin, de Arturo y una rata. Era una mesclara tan bizarra que mostraba todo el dolor, la desesperación, y la pasión que jamás surgió entre esos dos. Arturo, cuya belleza se opacó en azulado reflejo de una rata, Martin detrás mostrando dos caras, placer y dolor, su mano derecha cortada, su mano izquierda con el cuchillo, las cuerdas de cada muñeca amarradas al cuello de Arturo, cuyos ojos afilados blanco tenían un ligero brillo rojizo en el borde del parpado. Su cuerpo, dejando paso a cicatrices abierta cuya putrefacción estaba a la vista, todo eso rodeado de un hermoso paisaje de campo floreado azulado. Ambas porquerías rodeada de belleza falsa, ese era su vida, ese era su obsesión, superficial, dañino, insatisfechos con su propia arte, a tal grado de llevarlos a los dos a los brazos de Caronte.

-Tengo que llevármelo.

Dijo apenas vio a la señora entrar que arrugo su entrecejo y abrió su boca apunto de alegar.

-¿Qué cosa?

-Esta pintura.

-Pero lo necesito para dejar mi lana, es perfecto…

-Señora, ¿Qué no ve bien? es una gran pintura, es un arte, demuestra el dolor de su hijo antes de morir, su decadencia, sus podridos sentimientos en un mundo bello, él era su hijo, y aquí esta, y aquí podría surgir…

-Pero solo es un dibujo. Es el de atrás de un tipo, se ven mal, cochinos, y ya. Niña déjalo, lo necesito más que tú, créeme.

No podía creer lo que oía la chica. Jamás había oído a alguien decir algo tan estúpido, tan frio de una obra de su propio hijo.

-No, usted es estúpida, en verdad.

-¿Cómo te atreves a insultarme en mi propia casa? Con el funeral de mi hijo ahí abajo…

-Apuesto que ni si quiera sabia como quería el funeral de Martin. No importa, permiso.

-Que no vas a salir con eso…

-Déjeme pasar, señora.

Con un ligero empujón bajo rápidamente. Se le dificulto caminar con el gran lienzo en la calle y la única forma de solucionarlo fue pedir un taxi a mitad de la calle en el celular con el miedo de que la señora saliera de la casa y fuera corriendo a quitarle la gran pintura que merecía algo de reconocimiento. Sabia cuando alguien pintaba una gran obra, y Martin lo hizo, tarde, pero lo hizo. Se fue corriendo apenas el taxi paro y recibió el dinero. Llego directo a la universidad y directo al profesor que impactado reviso cada rincón del lienzo.

-Es impresionante, ¿y porque no lo trajo Martin? ¿está enfermo?

-Murió hoy en la mañana.

-Dios, lo lamento…

-¿Lo pondrá en el museo? Martin hubiese querido eso.

Respondió yendo al grano. Martin murió, ya nadie podía revertirlo, pero si podían reconocerlo cosa que cualquier artista hubiese querido.

-Lo sé. Es mejor que la otra pintura que estaba haciendo en mi clase. Es… trágico, y real.

-Y tiene historia.

-Cuéntamela.

-Pues todo se inicia con dos personas bien podridas por dentro, y desde ahí se inició un caos invisible para los dos…

Relatando de a poco a poco lo que les paso, lo que ella observo, el profesor admiro cada trazo de cada rincón, de cada esencia de la pintura. Ambos se envolvieron en aquella obra que tendría persecución durante años tras oír la historia de ambos, tras que un periodista completase la historia, o ese creyese, ya que nadie supo que paso realmente por la cabeza de Arturo, como se pudo enamorarse tanto de un simple chico sin gracia alguna, como era posible, que un hermoso chico, dejase perturbado a cada hombre que estuvo en su regazo, nadie supo. Lo que en verdad sentían ambos del uno al otro, solo que ambos estaban tan podridos como hacerse daño entre ellos mismos. Tampoco nadie supo… como esas dos almas se reencontrarían en dos pequeños niños que compartirían sangre, dolor, penas, delirios, y un gran amor hacia el arte, y la sangre que derramarían solo una sola noche tras saber que jamás podrían estar junto sin evitar amarse.

3 Mars 2020 01:09:55 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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