She's got the look [Miss EFFE] Suivre l’histoire

leokudell Leo Küdell

Escritos, poemas y reflexiones inspirados en las letras de la cantante, guitarrista, compositora, pianista y pintora Gun-Marie Fredriksson.


Inspirant Tout public.

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Ojos de gorrión [Spärvoga]

Este escrito está inspirado en la canción Spärvoga, que en español significa ojos de gorrión, compuesta y cantada por la cantante, compositora, guitarrista, pianista y pintora Gun-Marie Fredriksson, vocalista del dúo sueco de rock y pop Roxette.

La palabra "sparvöga" significa literalmente "ojo de gorrión ", pero se usa de forma figurada para describir unos rasgos de los ojos.

Esta canción es una de las más bonitas y significativas que posee Marie, debido a que fue escrita, inspirada en su hermana mayor, Anna-Lisa, quien falleció trágicamente. Ella tenía veinte años, cuando viajaba para comprar su vestido de compromiso, cuando un automóvil la embistió. Marie relata en su autobiografía el siguiente extracto:

Recordé el dolor, como la familia destrozada por completo. Después de eso, tuve que arreglármelas. Tenía solo siete años, pero creo que de ahí obtuve el espíritu de lucha que me ha beneficiado enormemente. No menos importante cuando desarrollé el cáncer. Nunca me doy por vencida.


Aquí Anna-Lisa junto a Gun-Marie en la portada del single del año 1989


Al día de hoy, hace dos meses que esta guerrera está junto a su hermana, y a quien comienzo a rendirle tributo con esta hermosa canción, también para conmemorar otro aniversario de la partida de una de las mujeres más importante de mi vida, mi amada María Elisa, mi vieja pared.

Agrego, por lo demás, que esta canción llegó a los primeros lugares en Suecia, y forma parte de las canciones de la música popular del país escandinavo.

Más arriba les dejo el vídeo con la traducción, y más abajo el vídeo propio de la canción. Véanlo, no tiene desperdicio.

Feliz día del amor y de la amistad, gracias por leer, querida [o] visitante.

Con afecto.


El tiempo pasa

La vida es tan corta

Demasiado corta para estar escondida

Así que haz lo que quieras

Y florece

Disfruta de tu reflejo

Nuestro momento es de ahora

Te veo recostada sobre aquella cama.

Plácida, como si fuera tu mejor sueño, tu mejor descanso.

Tu piel cándida, casi albina hace juego con las sábanas

Destacando tus cejas aciagas, tus ojos de gorrión.

Me siento a tu lado y te susurro: despierta...

Pero aquel sopor no quiere oír, no desea marcharse.

Cojo tu mano y la aprieto junto a la mía...

No quiero que te marches...

Menos, menos, en el día del amor...

Aún recuerdo el repicar del teléfono. Estaba sentado al lado de la mesilla que mi tata había instalado al costado del sillón. Ese donde estaba cubierto de periódicos y libretas de notas. Solía llegar a la casa, y refugiarme entre los diarios de la semana, o revisar algún mensaje que podía haberse traspapelado. Pero esa madrugada fue distinta. No estaba con el interés de leer, menos de hablar por teléfono de manera casual. Estaba pendiente de esa llamada que sería un todo o nada.

Permanecí en ese rincón por lo menos una hora, una que se desplazaba entre miradas, incógnitas, desesperación, o simplemente silencio. Historias infantiles, un beso robado, como la última comida que compartimos en familia. Y yo... Solo pensaba en ti, vieja pared.

La muerte es un flashback, una remembranza infinita en esos recuerdos que poseo, sin embargo, tú no estabas muerta, estabas en un ensueño, en ese viaje perenne que muchos se van directo, sin siquiera tener una antesala. Aún me pregunto cuáles fueron esos parajes que te introdujeron hacia la vida eterna.

Estaba recostado sobre tu lecho, con tu abanico característico, brindándote un poco de aire ante tu desespero por el calor. Tus ojos estaban quietos, y tu respiración agitada, pero, aun así, pendiente de nuestra charla.

—El lunes comienzo a trabajar, abu... —mencioné, tratando evitar que las lágrimas se me escaparan.

—Estoy tan contenta por ti, mi niño. Veo todos tus logros. Estás creciendo. —

Pegó un suspiró insondable—. ¿Podrás decirle a tu tío que demoraré con el pan de pascua?

—No te preocupes, vieja pared, que él va entender, aunque no te olvides del mío.

—No, mi corazón —rio—, ese será el primero que voy a cocinar.

Me acomodé a su lado, besándole la mejilla. Fue una tarde veraniega de un día jueves... la más helada que se colaba en mi corazón.

Sabía que ese dulce tardaría, y no me importaba, me importaba que estuvieras bien. Habría muchos años por delante para que los hicieras, y ahora cedieras a que los preparáramos para vender.

Recuerdo el entrar de mi prima mayor, rompiendo aquella conexión, dándose cuenta que te habías dormido, y yo, acurrucado a tu lado. Me movió con suavidad, indicándome que saliera, que era hora de descansar. Abriste esos ojos almendrados y cautivadores, esos que estoy seguro enamoraron a cuanto galán que te conoció, y no, no me equivoco. Fue así.

Besé tu frente, diciéndote como nunca, te amo, vieja pared...

Y tú, hiciste lo mismo.

Fue la última vez que nos vimos...

Todo eso se me vino a la mente ante las horas esperadas, esas que tu vida dependía de la ciencia, de una que, por más avances, cuando se tiene que partir, no hay nada que se interponga.

Todavía sentado, recordé los paños que usabas en tu cabeza, esos que te sacaba a escondidas para lucirlos como una súper capa voladora, y que tú, al solo verme, estallabas en risas. Sí, vieja pared, como el helado y la avena que me dabas para recuperarme de mi operación a las amígdalas.

Siempre te admiré en silencio, y tú, tal vez, no te dabas cuenta. ¿Cómo no hacerlo, cuando estabas llena de virtudes?

Cierro mis ojos, mientras mi tío, un hombre de al menos cincuenta años, se tapa la cara, chillando que no quiere que su mamá se muera... ¿Sabes lo que sentí? Que no importa la edad que tengas cuando la vida pende de un hilo. Aquel hombre, uno hecho y derecho, no deseaba quedarse sin la contención de su madre. Tú.

Recuerdo haberme abrazado, tragándome un llanto desolador. Uno que quería salir, pero era tan joven, que desde ya aprendí a ser un hombre. Supe que tenía que ser ese y el hombro de aquellos viejos que no aguantaban el dolor de perderte.

Espera...

Resuella tu voz en mi oído, es tu canción, esa que gozabas cantar en tardes de familia...

Vieja pared del arrabal

Tu sombra fue mi compañera

De mi niñez sin esplendor

La amiga fue tu madreselva.

Cuando temblando mi amor primero

Con esperanzas besaba mi alma

Yo junto a vos pura y feliz

Cantaba así mi primera confesión.

Y así te bauticé, como la vieja pared...

Y cuántos sobrenombres más, esos que te extasiaban y te robaban carcajadas. Yo, con tan solo tres o cuatro años. Lo recuerdo, lo añoro y sonrío con nostalgia.

Más aún me enseñaste y compartiste tu arte... Desde cerámica en frío, cocina, pinturas al óleo como cocer a máquina, porque tanto hombres y mujeres debemos prepararnos para la vida, me dijiste. Para ti, era el conchito, ese que creían era tu hijo, simplemente, porque era tu calco.

¿Cómo resumir todo en un par de segundos?

Eso es lo que sucede, cuentan por ahí, que ocurre cuando abandonas este plano. Tu vida en planos, pero también son las remembranzas para los que lloramos la partida del ser amado.

Es como un balancín; de un momento a otro estoy arriba, sentado en un caballo, y tú a mi lado, cerciorándote en que no me fuera a caer.

Ahora soy yo quien va a tu lado, mirando el suelo, siendo precavido para que tú no tengas un contratiempo.

Me pierdo, me fui lejos, abu...

Me devolví a mi niñez.

De esos recuerdos, esos que me mantienen en vilo, caigo otra vez con una esperanza resquebrajada, no obstante, vuelvo a sentir tu risa, y esos ojos de gorrión que dibujan una sonrisa en tu rostro. Caigo en cuenta de tus andanzas, de cuando estuviste a punto de escaparte junto a un circo. Rio, porque imagino a la más hermosa contorsionista de una gran y colorida carpa. No deseo abrir los ojos. No deseo perder esa imaginen creada desde que tengo noción del tiempo y del espacio.

Me meto la mano en el bolsillo, y no tienes idea de lo que acabo de encontrar... un centavo americano; uno de los que me diste cuando me tocó viajar por primera vez. Fuiste una mujer de mundo, como te solía llamar uno de mis mejores amigos. Una que viajó y se nutrió de distintas vivencias y culturas, una que soñó y vibró ante los percances y lecciones de la vida. Así fuiste, vieja pared.

Estoy concentrado, pero la bocina del teléfono me despierta. Una pila de ojos están sobre mí.

—¿Diga?

Me piden hablar con uno de mis tíos...

Con delicadeza le entrego el auricular. Solo nos miramos.

En casa el silencio se apodera de todos, mas él solo cuelga, agradeciendo. La puerta del baño se abre, saliendo mi tata, con su rostro esperanzado, pasándose las manos por la cintura. Mi tío... Solo se acerca y lo abraza.

—Se nos fue, viejo...

Fue la primera vez que veo a mi abuelo llorar. Un llanto desgarrador, que si hubiera tenido uñas, estoy seguro que le arranca el pecho.

¿Qué hará ahora?

¿Cómo vivirá sin ella?

¿Qué va a ser de nosotros?

Cuando ella misma me confidenció que yo le había brindado las ganas de vivir nuevamente...

Porque, un año antes de haber nacido, ella había perdido a su madre, sumiéndose en una depresión profunda, una que, ni con los viajes en barco junto a mi abuelo, pudieron remediar.

"Recibí esa llamada, esa que me decía, que un nuevo integrante vendría a agrandar la familia".

Al día siguiente, me fui rumbo a Chile...

Hago paréntesis dentro de mis cavilaciones...

Cuando somos jóvenes, nos olvidamos que nuestros viejos y el resto, también lo fueron. La juventud cree que jamás tendrá treinta o cuarenta. Y para qué decir sesenta... Y más. La vida corre, créanme que es así. Y ahora, en estos tiempos, es un lujo llegar a viejo y bien.

Y vuelvo a mi tata...

Él sabrá, es mayor, se las apañará, aparte, estamos con él.

Pero ahora lo entiendo, cuando he formado mi propia familia, ya que cuandoveo el rostro de mi amada, me pregunto lo mismo, ¿qué haré si me llega a faltar?

¿Cómo viviré sin ella? Cuando al correr del tiempo el amor crea lazos, vínculos, que a la vejez la pareja se convierte en solo un ente.

Observo mi reloj. Marca las dos con veinticinco... es catorce de febrero, es el día del amor.

Salgo a contemplar las estrellas, unas que parecen explosiones en el cielo. Es un cuadro, uno como los que te gusta pintar. Pero miro, y pregunto incrédulo ¿Por qué? ¿Por qué tenías que marcharte? No me dejes así...

Mi familia está desmoronada, y yo solo aguanto el llanto...

Casi no dormí, pendiente de la luz que jamás se apagó en la habitación de mi abuelo. ¿Qué podía decirle? ¿Cómo calmar su dolor? ¡Había perdido al amor de su vida! Para ello no existen las palabras.

En unas horas, fue el primero en levantarse, y de paso, siguiéndolo. Al bajar las escaleras me miró dulce, sin decir nada más. Solo atiné a abrazarlo y besarle la mejilla. Preparamos juntos el desayuno. ¿Cómo quebrar ese hielo que nos atravesaba a los dos?

—Debo comenzar a hacer los trámites...

—Sí, tata, lo sé. Avísame si necesitas que te ayude.

Puso su mano sobre la mía.

Y me pidió lo más difícil de hacer, pero que, al correr de los años, me confió esa tarea a mí, porque sabía que el resto no podría, o al menos, no todos.

Con una de mis primas mayores comenzamos a buscar la ropa de mi abuela. ¿Saben lo difícil que es? Es bajar y salir del trance, de esa información dada pero no comprendida. No es elegir un ropaje para la gala, no es escoger el maquillaje para ir a la boda de un hijo. Es la prenda para despedir.

Aun así, bajo la tristeza, seguirías viéndote hermosa.

Mi tía, su hija, estaba sentada, con un par de blusas, mas era un mar de lágrimas. Era su madre... y mi prima, en un estado casi catatónico, casi como el mío. Pero entendí el mensaje, era yo quien debía hacerlo. Y así fue; si tenía que irse, se iría tan hermosa como lo era en vida, tan majestuosa como yo la veía. Por suerte, me gustaba leer revista de moda junto con ella... Escogí lo mejor, lo prudente para ti.

Contuve a muchos luego de eso, pero necesitaba escapar, necesitaba encontrarmey aceptar el destino, esa repentina partida que cambiaba toda mi existencia.

Pasaron los meses, unos que me escabullí en ese nuevo trabajo, como en la música y en mi arte, tratando de sacar el llanto acumulado, y la pena que no me dejaba, sin pensar que, en poco tiempo, me convertiría en tío. Te fuiste, pero llegaría alguien... Vida y muerte. Hermanas...

¡Ay, si me hubieras visto lo chocho que estaba! Mi primer sobrino, ese que nació... el mismo día de tu cumpleaños...

¿Tratas de decirme algo, vieja pared?

¿Puede el destino jugarnos las bromas más osadas, y a la vez más impredecibles pero bellas?

Hasta cuando mi pequeño niño, a la edad de cuatro o cinco años, al ver una fotografía de mi abuela, sin saber quién era ella nos dice:

—Yo la conozco, es la abuelita...

¿Existen los milagros?

Porque a veces... deseo esconderme entre las faldas de mi abuela, porque deseo besarla una y otra vez, abrazarla hasta decir basta, porque deseo un te quiero, o verla hasta el final de mi caminata, como cuando iba a verle y me salía a dejar a puerta. Quiero volver a ser niño, quiero volver a verla.

Ojitos de gorrión,

Sonrisa de ensueño

Aprieto mis ojos en un desconsuelo.

No quiero perderte, no deseo que el tono de tu voz se escape de mis recuerdos.

Sin embargo, agradezco a la vida por haberte tenido. Te amo, y un decirlo, jamás serás suficiente. Te amo por todas las veces que no te lo dije...

Con amor...

El niño de la capa voladora...



15 Février 2020 19:31:37 0 Rapport Incorporer 0
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A propos de l’auteur

Leo Küdell "La vida no tiene significado en el momento en que pierdes la ilusión de ser eterno". Jean-Paul Sartre León Küdell Diseñador gráfico, ilustrador de sueños, traductor y escritor. Un alma cromática, libre y de edificaciones utópicas. No copies, esfuérzate por ser original. No irás a ningún sitio copiando la opinión de otro pues no consigues nada plagiando lo que alguien ya ha dicho Mis novelas están registradas en SAFE CREATIVE ™ Leónidas Küdell 2004/2019 ©®

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