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Jessie Mcnely


Historias de vida, que van más allá de todo, pero que sin embargo, con secuelas irreversibles y consecuencias que proceden de las acciones propias de las personas. Una ventana a una reflexión, una historia real y provista de convicción.


Récits de vie Tout public.

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Prólogo

© Todos los derechos reservados // Jessie Mcnely 13/02/2020


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La vida está llena de misterios y de hazañas que nos motivan a seguir, y en ella, estamos nosotros, precursores inevitables, eslabones, piezas de un engranaje universal. Y sin mediar el tipo de raza o cultura, todos encajamos en este formidable axioma. Somos parte de una gran muchedumbre, de hombres y mujeres que aportan sus lecciones, ya sea por el interés de la amistad o el amor y la fortaleza de surgir en medio de la tragedia como una nueva promesa, excluyente de paradojas. Al fin y al cabo, nos hallamos, -todos-, en una innumerable ecuación cambiante, plena de identidades.

Si prestas atención en tu diario andar, observarás que en el mundo que habitas, hay meros transeúntes buscando llegar a alguna parte, intentando no perder el bus, el metro, muecas de fastidio, de enojo, llantos, sorpresa, agitaciones nerviosas. Todo un sinfín de sensaciones que pululan por los aires de la gran urbe.

Los ves a todos ellos. Los contemplas en el trajín de sus compromisos. Puedes verlos, a todos. Una madre con su hija planificando su boda, los preparativos, las invitaciones, las guirnaldas, el ramo y, ¡no olvidemos el vestido! ¡Las damas de honor! Cada detalle debe ser supervisado, al mínimo, nada debe quedar librado al azar.

Ahora veamos un poco más allá, un muchacho organizando el cumpleaños de los quince de su hermana, los adornos y vestuarios que acompañarán su espléndida presentación, la comida, la música y no olvidemos las invitaciones a sus mejores amigas.

Y próximo a ellos, un abuelo que se adentra en los planes para pasar junto a sus nietos este próximo fin de semana. Los obsequios que llevará a Riley a quien le gusta los Monster Trucks, también está, Ofelia, cuyo pasatiempo favorito es tomar el té con sus muñecas y osos de felpa, y por último y no menos importante, An, la bebé y benjamín de la familia, atrapada en mantas de colores y sonajeros con luces. Oh, sí, de seguro serán recuerdos que atesorará por siempre.

Dentro de ese tumulto de personas y agendas, también encontramos relaciones pasajeras, algunas a escondidas, simuladas, cuchicheos, susurros al descuido. Risas.

Lo que se ve y se siente. Lo que se percibe. Están en el interior de todos. Yacen dentro de cada uno. Son los protagonistas. Los intérpretes de esta gran orquesta que es la existencia diaria. Son quienes participan en el escenario de la gran ciudad. Todo lo bueno, lo naturalmente gratificante. Cumplidos y absortos índices de humanidad. No obstante, la canción dice:” No todo es color de rosa, no todo es bonito, no todos cantan…”

Esa, es la parte oscura. Es el techo de lo que no se puede y quiere, ver u oír. La adversidad, intrusa y molesta. Alguien a punto de perder su casa. Falta de recursos. Madres preguntándose

─ ¿Qué haremos ahora, ¿cómo saldremos de ésta?

Los puedes ver suplicando.

─ ¡Que alguien les ayude! – indican.

Yo pregunto

- ¿Quién será el primero? ¿Quién les brindará una respuesta y los socorrerá?

Los vacíos económicos duermen por todas partes. Alquilan sus dormitorios por doquier. Necesitan efectivo, medios sociales activos, billeteras abultadas, agrandar los espacios, techar, levantar paredes y corregir errores, errores de administración, volcar sus necesidades en baldes de acero inoxidable donde no se les escurra la moraleja del equivalente deudor. Estas son las tristes crónicas de ciudades que no duermen, que respiran el aire inseguro. Invalidando oportunidades y negando los derechos de vivir al abrigo de un buen pasar. Sin miramientos, sin explicaciones razonables, mientras los encargados de turno los tratan con griterías y obscenidades, como si fuesen ganado, como algo molesto y fuera de lugar. ¡Parsimonias y griterías!

¿Los ves? Están ahí, en cada pedazo de esta magnífica tierra, deseando que los heraldos que surcan los aires y los cielos espejados llenos de confianza, les brinden una cosa: ¡Esperanza! ¡Esperanza para sus sueños que buscan ser alcanzados! ¡Anhelos guardados en el alma que migran hacia el poniente del cumplimiento y la realización! ¿Y ese lugar? Es uno donde pocas veces arriban. Escaso. Lejano. Inalcanzable.

¿Logras entender lo que digo?

Porque de esto se trata todo, de avanzar y no retroceder, de derribar los muros que se alzan impávidos buscando detenerte. De pujar y no cejar, de no morir, de no detenerse, de continuar una y otra vez, con el aliento de tu corazón y la fuerza de tu determinación.

14 Février 2020 00:14:22 0 Rapport Incorporer 0
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