samdoyle Samuel Doyle

"Aquel que posee el inicio de sus acciones y su propio fin" Diez milenios han pasado desde aquel hecho que marcó un antes y un después tanto en el mundo como en el universo. Ahora, los considerados Piratas de la Nueva Era surcan el espacio en busca de libertad: entre ellos se encuentra Élan, nuestro protagonista, un pirata solitario movido por sus impulsos, labrando el camino de su propio destino.


Science fiction Déconseillé aux moins de 13 ans. © Todos

#sci-fi #Entelequia #timetravel #universo #narrativa #drama #futurista #galaxia #piratas #cienciaficcion #cienciafantastica #espacio #cyberpunk #misterio #original #secretos #postcyberpunk #universopunk
10
5.3k VUES
En cours - Nouveau chapitre Tous les 30 jours
temps de lecture
AA Partager

Capítulo I. Piratas de la Nueva Era

Año 4 del décimo milenio de la Nueva Era

—Lo tenemos, no dejéis que escape bajo ningún concepto, es muy escurridizo —ordenó el general a los suyos y se dirigió al sujeto en cuestión—. Cometiste un grave error al entrar en esta base, aunque reconozco tu habilidad para hackear los sistemas de seguridad, jovencito. ¿Qué es lo que buscas? ¿Venías sólo? ¡Habla!

Las pulsaciones del general aumentaban a medida que le hacía preguntas a su presa, de quien no recibía respuesta alguna. El extraño no se inmutaba ni lo más mínimo. Varios soldados le apuntaban con armas de alta tecnología las cuales podrían desintegrar lo que fuera de un disparo si así lo quisieran.

—Tu error fue vacilarnos conque podías vencernos aún estando herido, pirata —dijo el general—. Me pregunto cuánto me darán por ese ojo tuyo… ¡Matadle!

El ruido de los disparos ensordeció la sala.

UNOS DÍAS ANTES…

—Hoy parece que va a llover, Jack. Vamos a echar un vistazo al mercado.

Las calles de esta extraña ciudad estaban abarrotadas de gente interesada en comprar cualquier tipo de chatarra, dispositivos, ropa… Era una ciudad destacada por su comercio y sus grandes zonas de ocio. También contaba con un gran puerto espacial donde miles de viajeros atracaban sus navíos galácticos, pues esta Nueva Era se regía por una forma de vida conocida hace millones de años: la piratería.

Los humanos lograron dominar la ciencia cosa que provocó una infinidad de posibilidades y desenlaces, pues lograron hacer posibles los viajes espaciales, lo que llevó a la conquista de otros mundos y con ello al traslado de estos cuando el sistema solar acabó.

La población humana se multiplicó incontables veces ya que tenían más lugares donde establecerse y reproducirse y seguir desarrollando el arma más poderosa que tenían: la ciencia.

Este arma provocó un antes y un después, marcó lo conocido ahora como Nueva Era.

En el año 2364 terrícola, los científicos empezaron a experimentar de forma más notable y en masa con otros humanos, esto tuvo un desenlace inesperado: la creación de lo que se conoce como Espers. Se les catalogó como una nueva raza, pues eran mutantes que poseían habilidades sobrehumanas. Sus sentidos y fuerza estaban más desarrollados, su envejecimiento era más lento y algunos Esper poseían habilidades aún más poderosas como la manipulación de elementos, telekinesis…

Desde aquel acontecimiento el mundo conocido como tal cambió.

—Oye pelirrojo, ¿cuál es tu nombre?

—Élan. ¿Qué quieres?

—Esa espada que llevas ahora me pertenece, dámela y podrás seguir con tus compras.

—Demasiado pronto para llamar la atención —pensó Élan—. No te lo aconsejo —dijo.

—A ver de qué eres capaz —dijo el ladrón; Élan suspiró.

Élan era un pirata que vagaba por el espacio. La tecnología permitía a uno pilotar el barco por lo que no tenía tripulación más allá de Jack, un mono que se le unió a la aventura

; juntos navegaban a bordo del Alpenglow.

El pirata era un Esper que en realidad, pese aparentar veinti-pocos años, tenía muchos más. Era solitario y taciturno, su constitución no atraía las miradas, además, parecía un tipo enclenque por lo que suscitaba a pensar que se le podría vencer fácilmente. Llevaba consigo un sable negro en el que se apreciaba un misterioso patrón rojo sangre incrustado que llamaba la atención de todo aquel que lo rodeaba. Sus ropajes eran oscuros y ceñidos y un parche le tapaba el ojo derecho. Su único ojo visible siempre lanzaba miradas perdidas excepto en una batalla; como en este momento. Élan clavó su profunda mirada en su adversario y, antes de dejarle desenvainar su espada ya le había cortado la mano.

—No te voy a matar porque creo no lo mereces, mejor dejarte sin mano para que no puedas volver a usar la espada cuando la situación no lo merezca —dijo Élan con voz profunda.

El ladrón no entendía a qué se refería, pues aún no era consciente de que ya no tenía mano. La velocidad del pirata era asombrosa. Jack se situó en el hombro de Élan y ambos continuaron su camino.

El planeta en el que se encontraban estaba lleno de vida, población y vegetación. Otros planetas, en cambio, solían ser más pobres y peligrosos además de que solían estar casi deshabitados.

—Mira, Jack, ahí está la base. Espero que no nos hayan mentido con la información y tengan ahí de verdad los íburs.

El verdadero propósito del viaje de Élan era robar unos archivos por los que pagaban muy bien. Como buen pirata, saquear y robar estaba en su código y el dinero, pese a la evolución, seguía siendo muy necesario. Su único compañero de charlas, un mono, gruñía y aplaudía al sentir la emoción de la situación.

Élan deambulaba por las calles, las luces de neón se reflejaban en su rostro. A medida que avanzaba se topaba con carteles luminosos, grandes pantallas, drones que se usaban a modo de farolas… Si alzaba la vista al cielo era imposible contemplar las estrellas y la inmensidad del universo por culpa de la contaminación lumínica que reinaba en la ciudad. Mientras daba sendas caladas a su cigarrillo electrónico tropezaba con gente que iba y venía con la mirada sumergida en sus chips comunicadores. Los medios de transporte urbanos peinaban la ciudad, el aire chocaba contra Élan y lo despeinaba, el inexistente ruido que producían le propiciaba una sensación de paz que amainaba su propio caos interior mientras le envolvía el caos exterior.

También existía la limitada opción del teletransporte, la ciencia lo permitía, pero no hacerlo con libre albedrío. Se necesitaba un punto base donde todas las células y átomos del cuerpo se reconstruyeran por lo que no era una opción del todo eficiente y, por supuesto, había gente en contra de este medio que afirmaba que el uso de este hito científico podía acabar con tu vida.

«La lluvia empezó».

Pese a ser otro planeta, los humanos fueron capaces de modificar todo aquello que conquistaron para hacerlo habitable, jugaron a ser dioses y crearon todo lo más parecido posible a la conocida como Tierra, que reunía las condiciones necesarias para que los humanos prosperasen.

Élan se puso la capucha para guardarse de la lluvia y Jack activó su traje en modo chubasquero. La nanotecnología era bastante común en esos tiempos, ya no suponía ningún misterio para los científicos.

—Vamos a resguardarnos en esa montaña, Jack.

El mono no puso inconvenientes. Élan se acercó y apoyó su mano en una parte de la montaña. Una onda expansiva salió de su mano y abrió un agujero creando una cueva.

El pirata chasqueó sus dedos e hizo una llama que se situó en la palma de su mano que iluminó toda la estancia.

Élan siempre se decidió por lugares poco comunes y lo menos rodeado de gente lo posible. Le gustaba la tranquilidad absoluta y el sonido de la lluvia se lo concedía.

—Quédate cuidando de mis pertenencias, Jack. Voy a ir a echar un vistazo a la base. Te dejo mi parche, si algo va mal abre el portal al barco, activa el modo defensa y espérame allí, acudiré lo antes posible.

Élan sacó su collar que llevaba oculto bajo la camiseta y lo activó.

Este collar le permitía ser invisible, pues una coraza muy fina creada mediante nanotecnología reflejaba la luz aunque podía ser detectado igualmente mediante cámaras térmicas o haciendo mucho ruido. Suerte que Élan era un Esper y su temperatura corporal era bastante baja.

Echó un vistazo a su reloj y marcaba que la noche había llegado, sin embargo, la propia ciudad se contradecía pues el sol aún le iluminaba el lado derecho de su rostro. Élan se dirigía hacia el Norte saltando grácilmente entre tejados y acechando por los callejones situándose cada vez más cerca de la base objetivo.

Verjas y vallas eran ya cosa del pasado, ahora todos los límites estaban marcados por imperceptibles campos de fuerza que repelían a todo intruso. Los guardias a cargo de la vigilancia podían pasar sin problema por estas barreras, su ADN estaba memorizado en el sistema, lo cual les permitía entrar y salir a su antojo. Élan vio aquí la ventaja.

Sacó de su cinturón un pequeño dispositivo que sólo se activaba cuando éste le transmitía energía vital. Se convirtió en un pequeño dron que mandó a hacer un reconocimiento para conocer los límites de la barrera. Dos simples toques al lado de su ojo sirvieron para hacer aparecer unas gafas que reproducían lo que el dron captaba, ahora Élan sabía por dónde no debía pasar para permanecer oculto.

Trazó su plan perfecto en cuestión de segundos y se puso en marcha tras recoger el dron.

—Tres calles… media vuelta, vuelta a empezar. Parece que esa es su ruta. Tendré cinco segundos donde no habrá contactos con otros guardias. Debo de ser rápido —pensó el pirata.

Acechaba pacientemente a su objetivo desde una altura considerable para aprovechar esa oportunidad donde no habrían testigos. «Ahora». Cayó como una pluma, sin hacer ningún ruido y así noqueó al guardia; volvió a las alturas con el cuerpo inconsciente bajo el brazo.

—Y me han sobrado 2 segundos, tengo que adaptarme a estos tiempos —refunfuñó.

Sacó otro pequeño dispositivo el cual escaneó al guardia al completo. Ahora tenía su ADN listo para ser replicado; su plan continuaba.

Acto seguido descendió para deshacerse del cuerpo del guardia y volvió a las alturas. Chasqueó los dedos y una breve descarga sacudió el cuerpo inconsciente del guardia haciéndolo despertar sin saber muy bien qué había ocurrido.

Élan volvió a la cueva donde lo esperaba Jack.

—Todo un éxito, Jack. Duerme tú que puedes —dijo.

El amanecer llenaba de paz el alma de Élan. Desde ese punto las luces de la ciudad no eran tan agresivas por lo que se podría apreciar este fenómeno natural un poco mejor. Despertó a Jack y cargó con todo su equipo y pertenencias. El mono, en su hombro, aún se sentía somnoliento. Paseando por la capital del planeta Freya, Faun, vio un cartel:

«Mañana discurso del gobernador en la plaza de Astrid».

De pronto, le surgió una idea. Habiendo un evento tan importante los guardias deberían trasladarse en su gran mayoría hacia allí, por lo cual la base quedaría algo más desprotegida, momento ideal para actuar.

Vagando por las calles acabó delante de una posada. Élan echó un vistazo por la ventana en una de las paredes del antro y pudo observar que servían copas y comida para aquellos que se lo podían permitir, un sitio discreto. Ideal para él.

Entró con su mono al hombro, rápidamente captó todas las miradas, pues hoy en día eran casi únicos. La mayoría de los animales tuvieron que ser devueltos a la vida gracias a la ciencia ya que quedaron extintos, debido a que su producción había pasado a ser innecesaria puesto a que ya no se alimentaban de ellos, los alimentos empezaron hace milenios a ser transgénicos e incluso a veces simples pastillas, por eso ver un animal siempre asombraba. La ganadería se había suprimido por completo.

Élan estaba incómodo, todas las miradas estaban clavadas en él, pero aun así siguió avanzando hasta la barra como si nada, donde pidió una copa de Sangre de Odín, la bebida alcohólica de tono rojo sangre famosa del momento pues había quienes afirmaban que tras varias de éstas habían estado en el conocido Valhalla con los mismísimos dioses, de ahí su nombre. Creencias populares que venían ligadas desde los orígenes del sistema áureo galáctico.

—Ese cabello rojo es inconfundible, ¿cierto, Élan? —dijo una voz suave al oído del pirata.

Élan no había notado la presencia de aquel ser que había osado a posarse tan cerca de él, pero para cuando aquella voz femenina quiso acabar su frase, Élan ya había situado la afilada hoja que había mantenido oculta en su terso cuello. Cuando alzó la mirada sus instintos se calmaron.

El silencio invadió la taberna.

—Esos ojos violetas tuyos tampoco son muy comunes, Lilith.

La misteriosa Lilith ni siquiera se inmutó ante aquella reacción y mantuvo su postura inclinada hacia Élan.

—¿No me vas a invitar a un trago?

22 Janvier 2020 21:04:34 7 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
6
Lire le chapitre suivant Capítulo II. «Querido Élan»

Commentez quelque chose

Publier!
Afrodita  Afrodita
Gracias por seguirme , pase para ver tu perfil y vi tu libro jejejeje , es muy buena , muy buen comienzo 🌟 detallado que me dieron ganas seguir leyendo 🐼 XD.
August 10, 2020, 23:03

R. Crespo R. Crespo
Madre mía, ¡menudo comienzo! He visto que hay cosas que se podrían mejorar (lo típico de la ortografía y ese tipo de cosas), pero la trama está muy guay. Me tendrás por aquí cada vez que lea para decirte cuáles son mis impresiones. De momento me intriga mucho Élan y si conseguirá robar esos papeles...
March 14, 2020, 18:20

  • Samuel Doyle Samuel Doyle
    Si ves errores de ortografía te agradecería que me los comentases y así no se volverán a cometer! Por otro lado, te invito a seguir leyendo, vienen mejores cosas! :) March 15, 2020, 09:53
  • R. Crespo R. Crespo
    ¡Claro! Por privado te los iré comentando 😉 March 15, 2020, 14:29
Tania Zúñiga Tania Zúñiga
Me gusta el inicio, ademas de que el capitulo es corto y ameno.
March 02, 2020, 23:48

  • Samuel Doyle Samuel Doyle
    Muchas gracias por tu comentario! Te invito a quedarte y seguir la trama que vienen cosas interesantes. March 04, 2020, 09:34
~

Comment se passe votre lecture?

Il reste encore 25 chapitres restants de cette histoire.
Pour continuer votre lecture, veuillez vous connecter ou créer un compte. Gratuit!