lola-bach LOLA BACH ESCRITORA

Desde tiempos inmemoriales la sociedad habla muy superficialmente sobre el maltrato, pero ¿qué sucede cuándo vives esta realidad muy de cerca? Ciertamente, la realidad es distinta y tu único ferviente deseo es la muerte. ¡Descubre esta historia con la inocencia del corazón de un niño! Relato de la Antología Por los niños (PRÓXIMAMENTE EN AMAZON)


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INESPERADA BRUMA

«Duele»

Respirar hace daño, con cada inhalación y exhalación de mis pulmones, sus palabras congelan mis huesos. Muero un poco más y mi alma se desquebraja en mil pedazos. En el fondo creo que no deberían importarme sus opiniones, pero los amo y sueño con algún momento en el que ofrezcan sinceramente un abrazo o cálidas palabras de afecto dirigidas a mí.

Cayendo en cuenta, son escasas las veces que me han dado una caricia o un gesto tierno, son contadas las ocasiones que me han podido hacer un regalo, aunque se arrepientan luego cuando me porte mal y vengan a decirme que no lo merezco, que lo bueno es para las niñas buenas y yo no entro en esa categoría, por desgracia. Al contrario, merezco todos los insultos, tirones de pelos y golpes que me propinan. Tengo miedo de continuar así, solo de pensar por todo lo que he tenido que pasar me pongo a temblar y a llorar por dentro, no hay momento en el día que no me pregunte: ¿Por qué a mí? ¿Por qué con ellos? ¿Por qué nací? ¿Para qué continuar existiendo? ¿Acaso existe un lugar en el mundo para mí?

No fue hasta cumplidos los ocho años que empecé a sospechar que algo no estaba bien con mi núcleo familiar, pero como no podía deducir que se trataba empecé a leer libros. Ahí aclaré mis dudas y encontré la valentía para hacerlos entrar en razón.

Probé a quejarme de la situación en más de una ocasión, con mis amigos, con mis profesores, con mis vecinos, con mi familia. Nadie parece prestar atención, no me oyen, no me miran, no les agrado. Acallo gritos desesperados por la incomprensión de aquello que me aflige. Según el criterio de los adultos, no encontraré mejores padres que ellos ni mejor hermana, según ellos es el mejor hogar que puedo anhelar tener. Me aseguraron que no entiendo las cosas porque soy una niña que no sabe nada de la vida y que estos berrinches míos son parte de una etapa transitoria, una edad, un proceso. Afirmaron que soy una malcriada, una miserable, una inútil, una carga, una malagradecida.

«Quiero morir»

La tristeza me consume al sentir que no me quieren. Nunca nadie me quiso, nadie jamás me va a querer. De pronto, he venido con fallas. Quizá es por eso que cuando mi mamá me pega repite con dureza «Eres una inútil», «Bestia», «Animal», «No sé por qué te tuve», «Si no fuera por ti, hubiese sido abogada», «¿Por qué no eres como tú hermana?» «Ojalá no hubieses venido al mundo», «Ojalá estuvieses muerta».

La escucho y hace que a diario clame desesperadamente a Dios para que alivie mi sufrimiento, su castigo. Crecen en mí sentimientos de frustración, incomprensión, miedo, inseguridad, ira, tristeza. Temo ser tan inútil como ella asegura, pero no importa si le ayudo en las labores de la casa; nunca hago nada bien. A estas alturas, no tengo expectativas de futuro, ni puedo ambicionar tener uno. De pronto, me marcharé antes. No pertenezco aquí.

«Quisiera desaparecer» «Por favor, Diosito sácame de aquí» «Señor sí eres tan bueno como he leído, llévame contigo.»

Espero evaporarme como las olas del mar y volver a nacer de nuevo en otro lugar, en un seno familiar más estable. Con personas amables con las cuales pueda mantener conversaciones amenas sobre la mesa y disfrutar de la refrescante brisa mientras observo a los niños de mi edad juguetear en el parque. Individuos que no me juzguen por mi falta de entusiasmo por correr, por mi predilección por la lectura y que no se burlen por que me quedo ensimismada contemplando un hermoso paisaje, que no me castiguen por no nacer sabiendo hacer las cosas perfectamente. Sin duda, se trata de una fantasía alucinante, porque mi realidad es distinta.

«Quisiera ser adoptada»

Deseo partir pronto para librar de mis padres de la dura carga que llevan sobre sus hombros. Desaparecer sin más. Ojalá vengan de la nada otras personas que afirmen ser mis padres y me lleven. Lo he visto en tantas novelas....

«Despierta» «Eso no sucederá»

Observo en el espejo mis pupilas dilatadas con las lágrimas pugnando por salir desbocadas; no puedo respirar, siento que me ahogo. Me encuentro abstraída imaginando anhelante un futuro mejor y, en un sentido contrapuesto, aprisionada en un pasado que me agobia. Pensar en el presente no alivia mi tristeza.

«Acepta tú destino de una buena vez» «Quizá estas pagando el karma de una vida pasada»

Por lo menos, en la soledad de este baño puedo reencontrarme con los únicos entes que me entienden y me importan. Diosito y yo misma.

Pienso quedarme más tiempo recostada en el suelo de esta sucia habitación, no obstante, oigo el movimiento del cerrojo seguido de un golpeteo incesante en el marco de madera que cubre la entrada del baño.

Aquello de estar sola, no podrá ser, al menos por hoy. Es increíble como mis momentos de quietud son efímeros, se esfuman como quisiera hacerlo yo.

—¿Otra vez en el baño? —escucho los gritos de mi madre tras la puerta. —Sal de ahí de una puta vez. —me congelo porque está enojada de nuevo; me golpeará, me lastimará.

—¿Qué pasa mami? —respondo cabizbaja abriendo de inmediato, si no lo hiciera con la suficiente rapidez, mi castigo sería mayor.

—¿Qué haces tanto en el baño? —apunta su dedo sobre mi cabecita; su toque es tan fuerte que me duele. —Bueno no importa. Me acabo de enterar por tu hermana que la profesora de la escuela me mando a llamar para hablar de ti, ¿Por qué?

No le quiero decir. Me regañaron el día de hoy porque no soy una niña normal. No hablo, no soy sociable y eso supone un problema para mi profesora, que tenga brillantes notas no es importante. He leído que existen personas que no soportan estar un minuto con ellas mismas, y dicen que todos los seres humanos han sido diseñados para ser sociables. Claramente soy anormal, ¿No? Me siento cómoda sola, sin nadie pululando alrededor que quiera descargar sus infortunios conmigo. Considero que es mejor la soledad porque siendo independiente haría lo que he visto en los libros y revistas; viajaría por todo el mundo. O quizás solo me quedaría aquí, respetando la tranquilidad de mis silencios.

«Por eso no te quieren» «¿Por qué eres así?» «Estas defectuosa»

—¿No me respondes? —se entabla un silencio siniestro —Respóndeme cuando te hablo, malcriada.

—Yo no he hecho nada mamá. —me defiendo.

—Ah y además respondona. —me mira mal; su mirada me quema. —Eres una malcriada. Inútil. Altanera. ¿Quién sabe qué habrás hecho en el colegio?

La observo durante un rato, su ojo derecho se encuentra morado, sus venas hinchadas le otorgan una imagen deplorable como si fuese a reventar. Tenía ganas de preguntar por sus heridas, pero las palabras se quedan atascadas en mi boca. No tengo ni idea de que decir. Ella tampoco soporta que sientan compasión, porque presintiendo mis intenciones, me pega con el látigo que portaba en la mano. Los chasquidos del cuero en contacto con la piel resuenan en toda la estancia. Sus golpes se esparcen por mi cuerpo: espalda, piernas, trasero. Nunca me pega en zonas que se vean, asumo que no quiere que nadie se entrometa, según ella es normal que un padre reprenda a su hijo, es un derecho incuestionable que se les otorga a los padres desde que traen a sus hijos al mundo.

—¿No lloras? —inquiere furiosa y al ver que no lo hago continúa con más ahínco.

No se detiene hasta que se cansa por el esfuerzo físico que conlleva. Me quedo ahí, de pie, hasta que la escucho irse. Entonces, con calma, me dirijo a mi habitación, me aseguro de estar sola y lloro. Me desahogo por lo que tengo, por lo que no tengo, por lo que me pasa, por ser así, por la impotencia que siento de no poder cambiar las cosas, por no ser tan cruel como ellos, lloro por vivir.

Me arrodillo a los pies de mi cama rezo a Diosito para que recuerde mi petición. Quiero irme. Gracias a ellos maldigo mi vida y mi existencia. Los maldigo a todos, los maldigo a ellos.

«Diosito por favor mátalos o mátame» «No podemos continuar así» «Por favor, compadécete de mí»

El día siguiente no fue mejor. Mi mamá me acompaño a la escuela para hablar con mi profesora. Ella, delante de mis compañeros le informó que era una majadera, que no respondía cuando me preguntaban algo, que debería castigarme para que aprenda a obedecer a mis mayores. Y al llegar a casa, mi mamá siguió su consejo.

Las cosas fueron de mal en peor desde entonces. Mis compañeros ya no querían hablar conmigo, mi hermana se avergonzaba de que fuera algo suyo y mis profesores me recordaban a diario lo imperfecta que era. Por ejemplo: En educación física no era muy buena, de hecho, muy mala. Cuando fallaba mi profesor me decía: «Por Dios, Ordóñez» «¿Por qué no eres como tu hermana?» … O en el baño, unas chicas me dicen: «No importa cuánto te arregles, nunca serás tan bonita como tu hermana» «Eres gorda a diferencia de Sandy»

Mi autoestima está por los suelos, pero ¿cuándo ha estado mejor?. Sin embargo, he de admitir que odio las comparaciones, no me gustan, las aborrezco con todo mi ser.

Camino sola a casa en esta ocasión porque Sandy se quedó en casa de un amigo; con permiso de mi mamá que fingiendo desconocer la relación de mi hermana con este chico prefiere dejarla antes de que se le vaya. En mi opinión, siempre le dejará hacer lo que le dé la regalada gana porque es su hija favorita, la niña de sus ojos. Es contradictorio, muero de envidia y al mismo tiempo me doy por vencida. Comienzo a conformarme con mi maldita suerte.

Al llegar, subo con desgano las escaleras y cruzo el portal. Mi mamá se encuentra durmiendo como un lirón sobre la cama. No la despierto. Por impulso tiro mi maleta sobre el sofá y me recuesto con sigilo a su lado, después enciendo el televisor, voy cambiando de canal buscando cualquier cosa que pueda entretenerme, mientras decido que preparar de comida y encuentro una película del carismático Robin Williams “El regreso del Capitán Garfio”, una versión del cuento clásico de Disney, Peter Pan. Me quedé mirando alegre; me gustan los cuentos infantiles y las historias que contribuyen a mi activa imaginación. Al menos, en mi mundo imaginario no sobrevivo de forma tan miserable. Se despierta, y me mira, no dice nada, aunque su mirada lo dice todo. Es como si estuviera disculpándose conmigo en un acto profundo y silencioso. Le concedo el perdón en mi interior. Ella siente el amor que le profeso y me abraza. El calor de su contacto me llena, me hace sentir amada por primera vez. Esto es el cielo. Deseo estar así, entre sus brazos por siempre, inhalando su aroma, sintiendo su respiración haciéndome cosquillas, los latidos de su pecho, la comodidad de su acolchado estómago, la finura de su pelo lacio, la suavidad de su piel.

Los sublimes momentos no perduran. Algo le impide continuar, suena el móvil sobre la mesa del cuarto. Alguien le ha enviado un mensaje de texto. Se aleja de mí en un santiamén para atender al dispositivo electrónico.

—Es mi compadre. Esta abajo… No puedo ir con estas pintas. —confiesa asustada mirando su teléfono. —Por favor, ve tú.

—¿Qué le digo? —pregunto con voz temblorosa; no soy buena socializando o hablando con terceros.

—Dile que estoy dormida y que te de las llaves del coche. Para eso viene. —me aclara. —Muévete que está esperando.

Desciendo los escalones lo más rápido que puedo. No es mucho porque mis cortas piernas no consiguen la misma proeza de un adulto. Ese señor estaba ahí, esperando al pie del enrejado. Se fija en mi patética carrera por alcanzarle antes de que se vaya.

—¿Está tú mamá? —indaga cuando me paro frente a él.

—Si… pero está durmiendo. No quise despertarla. —me toma un instante recomponerme de mi mentira; no me gusta engañar a nadie. —Me dijo que usted venía a entregarme las llaves del coche. —lo dije como afirmación, pero era una pregunta. No estaba segura de haber escuchado correctamente.

—Si. Toma. —hace un esfuerzo por mirar hacia dentro; al no ver nada, pone las llaves en mi mano derecha y pronto se despide para continuar su camino.

Me apresuro optimista, predispuesta a continuar el momento emotivo. Abro la puerta lista para entrar cuando siento un empujón. Mi papá siempre estuvo esperando oculto en las sombras a que abriera. No lo vi, pero parece muy enfadado. Por instinto trato de cerrar la puerta, pero su fuerza es mayor a la mía y la sobrepasa. De un impulso entramos los dos. Mi mamá se levanta de un respingo del sillón del comedor en el que se encontraba; el terror se avista en sus pupilas dilatadas.

—Humberto, ¿Qué haces aquí? —tartamudea con respiración alterada; el sonido de su respiración se percibe. —Escucha, vamos a hablar.

—¿Qué es eso de que me vas a dejar? —inquiere sacando un arma de su espalda.

—Escucha esto no tiene que terminar así… Hablemos. —trata de razonar con él.

Por el pánico me congelo. Siempre pedí por mi defunción o por el fallecimiento de ellos. Pero confieso frente a la muerte que la cobardía me inunda. No sé qué hacer para revertir la situación. Debería de haber sido solo yo.

Daría lo que fuera para no ver la mirada horrorizada de mi madre o esa mirada de odio de mi padre. No creo que pueda hacerle entrar en razón; se siente su determinación, no dará un paso atrás, es demasiado tarde para todos.

De un disparo al techo, me trae de vuelta a la realidad. Acto seguido, le dispara a mi madre cerca de su vientre; es entonces cuando reacciona él. Las lágrimas brotan de sus ojos, tal vez por el remordimiento. Retrocede dos pasos y me ve. Se distingue la confusión en sus ojos. Levanta la mano con el arma y apunta en mi dirección. Estoy en estado de shock. No puedo gritar, ni respirar, ni moverme. Me mantengo quieta observando la sangre cubrir el suelo en un brillante tono escarlata y un humo espeso cubrir el aire, nada es visible, todo pierde claridad.

«Dios perdona nuestros pecados» «Dios cuida de nosotros»

Sentía un sudor gélido recorrer mi cuerpo, estremeciéndolo. Mis piernas comenzaban a flaquear, mientras me perdía en el compás de mis latidos. Era una visión surrealista, los cuerpos caían en el suelo muy lentamente. Quizá habría pasado un minuto, pero lo sentí eterno. Tenía una extraña sensación, como si hubiese alguien más en la habitación. No podía descifrar lo que ocurría, tampoco podía moverme. Me llenaba una paz que no tuve nunca. Era como sí en este instante pudiera entender el sentido de la vida.

«Vivimos para servir.» «Vivimos para dar amor.»

Estoy descalza en una superficie de raro aspecto, no es sólida ni intangible del todo. A mi alrededor, hay un vapor espeso de tonalidades espaciales rellenas de luces incandescentes que resplandecen en medio de una incesante danza. Parecen jugar entre ellas, felices.

Una cegadora luz me cubre, atrayéndome hacia ella. Su influjo es subyugante, no puedo hacer otra cosa que tocarla. Mi voz interior me afirma que todo está bien, que tendré paz si me acerco a la fuente de su brillo. Vuelo hacia allá, mi cuerpo ligero carece de gravedad o peso. Me siento libre, en la nada y en el todo.

Me fusiono con la enigmática luminiscencia y pronto un sentimiento desbordante de amor fluye llenando todo el espacio.

Soy amor, soy luz, soy yo.

29 Décembre 2019 05:31:16 5 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
3
La fin

A propos de l’auteur

LOLA BACH ESCRITORA Escritora multifacética de Suspense Erótica y Ciencia Ficción. Egresada de la Facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil en Ecuador y estudiante de la carrera de Creación Teatral de la Universidad de las Artes del Ecuador. Escritora y asesora de tesis. Autora en varias plataformas digitales. Ha participado en algunas antologías. Su libro "Pasiones" y su segundo libro "2050" está en Amazon, y, mantiene algunos proyectos, en los que espera, destacar su trabajo como escritora.

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Cami Bengoa Cami Bengoa
Escŕibes genial, es una historia atrapante y conmovedora. El maltrato infantil es una de las más viles bajezas humanas y lo has retratado muy bien. ¡Felicitaciones!
March 02, 2020, 19:28

  • LOLA BACH ESCRITORA LOLA BACH ESCRITORA
    Ainssss.... muchas gracias guapísima por esta bellísima valoración!!!! April 10, 2020, 02:00
  • LOLA BACH ESCRITORA LOLA BACH ESCRITORA
    Gracias guapísima... Acabo de leer tu reseña... y empecé a seguirte en instagram... Puedes encontrarme como @lola_bach_escritora ... Millones de Besos a la distancia!!! April 10, 2020, 02:19
LOLA BACH ESCRITORA LOLA BACH ESCRITORA
Si te gusta la historia dale like, sigue la historia, comparte y comenta para alentar al autor a seguir escribiendo más. ¡Muchas gracias!
December 29, 2019, 05:33

  • Cami Bengoa Cami Bengoa
    Hola! No hay de qué, me han encantado tus relatos Publiqué al respecto en mi cuenta de instagram :) https://www.instagram.com/p/B9S1IBdAkul/?igshid=vo6ua4f19y1i En caso de que el link no funcione, busca @historiascambel_a April 10, 2020, 02:04
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