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baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Mérida, atada a un contrato que promete una suma de dinero exorbitante, lleva varias semanas trabajando en la mansión Dupond, en medio de la nada. Cosa que no parecería mayor problema, de no ser por la serie de reglas que debe cumplir para mantenerse con vida. El silencio puede ser voraz...


Horreur Littérature monstre Tout public.

#misterio #muerte #horror-cósmico
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Primer Silencio

Nunca había pensado lo ruidoso que era el mundo hasta que mi vida empezó a depender del silencio.

Mis primeros días en la mansión Dupond fueron terribles, apartada de la casa principal, viví una semana en un anexo, una casa acondicionada como estancia para la servidumbre. Durante todo el día, mi única labor consistía en cargar una bandeja con una vajilla de porcelana. Cosa que podría parecer sencilla, a no ser por una condición: ser silenciosa.

Tarea que se volvía imposible para una torpe de primera como yo.

El primer día apenas si pude llevar los platos sin tirarlos al suelo. El segundo pude andar dos pasos sin que un tintineo frenético se apoderara de la bandeja, tintineo que no hacía más que aumentar hasta ser insoportable. El día en el cual se decidiría si que me quedaba con el puesto o no, el séptimo desde mi arribo a aquella mansión en medio de la nada, logré andar sin hacer ruido, además de servir té y galletas en total silencio.

Debía firmar contrato una vez llegada la tarde.

—Hilda, disculpe, ¿es una especie de broma?

Mis manos sostenían en alto el papel que debía firmar. La duración de este era de tres meses, con una paga que duplica la cifra esperada al trabajar un año en una de las fábricas de la capital.

—El amo Dupond no escatima en honorarios al trabajo bien realizado, pese a que al principio tuve dudas razonables acerca de tu idoneidad, mostraste un interés real por ejecutar las labores que encomendé. Lo que se te paga es lo justo, no lo veas de otra manera.

Las palabras de Hilda eran firmes y serias tal cual jefe militar, su porte y trato, así como sus ademanes al expresarse, daban fe de una persona dedicada a sus labores. El ama de llaves perfecta.

—No negaré que me abruma sobremanera, pero, supongo que, si el amo así lo ha dispuesto, debo aceptarlo —respondí, estampando mi firma en breve.

De lo cual me arrepentí a la mañana siguiente.

La mansión Dupond era, desde fuera y hacia adentro, esplendorosa. Sus materiales finos, traídos de Europa según el relato de Hilda, se encontraban empalmados con una precisión quirúrgica, de tal manera que todo el edificio semejaba una sola pieza, una joya arquitectónica. Al poner un pie en ella por primera vez lo noté, no obstante, no fue hasta cerrar la puerta tras de mí, que fui consciente a plenitud del silencio absurdo que ahí había. Fue tanto el silencio que terminé mareada en el suelo, la falta de sonido era ensordecedora.

Era tal el silencio, que podía escuchar los latidos de mi corazón, bombeando con fuerza en mi pecho, también escuchaba mis propios músculos, tensándose como cuerdas sobre mis huesos. Pensé que si aquello seguía terminaría perdiendo la cordura.

Cuando intenté renegar de aquel ambiente inhóspito, Hilda colocó su mano izquierda sobre mi hombro y, al alzar yo la mirada hacia ella, con su mano derecha hizo un gesto que entendí de inmediato. Había colocado el dedo índice sobre sus labios, debía guardar silencio.

Asentí con la cabeza, luego Hilda me ayudó a ponerme de pie. Una vez me senté, pude tranquilizarme, imaginando que el sonido vacío del silencio podía tratarse de algo mental, cerré los ojos y, con ello, alivié el malestar que me causaba y pude recobrar la compostura.

Hilda preparó un té de hierbas y me lo entregó, todo ello sin hacer ni uno solo sonido. Un acto tan simple llevado a cabo a la perfección, mostró ante mis ojos lo que sería mi rutina diaria. Al terminar mi bebida, mis sentidos terminaron de adecuarse; aún sentía mis oídos abombados por un malestar hueco, pero me era posible trabajar. El ama de llaves sacó de su delantal un papel con indicaciones escritas a mano, asumí que por ella misma, de las tareas a realizar, con hora de inicio y de finalización, descansos de media hora y los tiempos de comida y merienda.

Entre sacudir los libros de la biblioteca, limpiar las ventanas del primer nivel y cambiar de lugar los jarrones de cada corredor para que recibieran más sol, la mañana terminó en un instante. Realizar mis deberes no suponía mayor contratiempo, sin embargo, la premisa de no hacer ruido me hacía pensar dos veces cada movimiento y ser en extremo cautelosa. Durante el almuerzo, debía salir hacia la casa de la servidumbre, bueno, lo que sería mi casa por los próximos tres meses. Al poder sentarme para descansar, estiré mis brazos pesados y cansados y, al mismo tiempo, emití un alarido para desahogar la tensión en mis nervios.

—Aquí puedes hacer eso sin ningún problema, pero, te exhorto a no intentarlo siquiera dentro de la mansión —dijo Hilda desde la cocina, preparaba los alimentos.

—Perdón, no pude evitarlo, sentí demasiada presión allí dentro —era la primera vez que hablaba en casi ocho horas. En un arranque de imprudencia, estuve a punto de preguntar los motivos de aquel silencio, sin embargo, recordé una de las reglas en el contrato, "no hacer preguntas sobre los Dupond o la mansión". Suspiré—. Hilda, ¿qué debo hacer en caso de hacer demasiado ruido? —pregunté en busca de un atajo.

La respuesta de Hilda tardó tanto que me hizo sudar.

—Si estás en uno de los corredores, entra a la habitación más cercana y enciérrate hasta que yo llegue, si estás en una habitación, cierra todas las puertas lo más pronto que te sea posible y haz lo mismo. Solo recuerda esto: espera a que yo llegue.

Aquellas palabras me dieron un mal presentimiento.

—Pero, ¿cómo sabré si eres tú? Digo, no puedes decirme que abra, tampoco puedes tocar la puerta tres o cuatro veces en una especie de código —dije, luego apreté mis manos, no sabía la clase de respuesta que obtendría y eso me asustaba.

Hilda salió de la cocina, sobre la mesa donde yo estaba, colocó cinco tarjetas, cada una con un signo diferente, eran círculos atravesados por líneas en patrones muy diferentes unos de otros, pero, que conservaban cierta similitud, como las letras de un alfabeto rúnico antiguo.

—Cada día, a partir de hoy mismo, te mostraré una de estas cartas una vez estemos dentro de la mansión, deberás recordarla a como dé lugar. La deslizaré por debajo de la puerta cuando suceda lo que no debe suceder, ¿entendido?

Quedé atónita por unos segundos.

—Sí, entiendo, ¿por qué no me dijiste esto cuando entramos temprano?

—Era tu primera vez, ponerte en aviso de algo tan... complicado, no habría hecho más que entorpecerte y, como puedes darte cuenta, no fue necesario.

Tenía razón, pude realizar mis labores sin hacer demasiado ruido como ella misma me enseñó. Aunque, todo lo dicho en esos escasos minutos solo hacía que me preocupara más, ¿en qué carajos me había metido?

Hilda regresó a la cocina y, luego de un instante, traía consigo una bandeja con un estofado de ternera y verduras como acompañante, comimos en silencio. No hubo en mí deseos de seguir husmeando, ya que, ello conllevaba a seguir confundiéndome más de lo que esclarecer mis dudas.

Antes de darme cuenta, ya había pasado una semana.



27 Janvier 2020 20:54:17 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Cris Torrez Cris Torrez
se ve interesante quiero saber que sucede mas adelante.
August 15, 2020, 14:48
Leonardo Nin Leonardo Nin
Es un inició interesante.
July 21, 2020, 00:09
~

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