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Nicola Marchese


“A veces nos molestamos tanto en mostrar nuestra fuerza y astucia que nos olvidamos de disfrutar de nuestra belleza” - Alguien


Histoire courte Tout public.

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Histoire courte
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Discípulos del Sol

Hace muchos años, demasiados como para ser contados, demasiados como para siquiera ser imaginados, vivía un hombre. Su cabaña se encontraba al borde de un lago. A este hombre le gustaba crear, no con un objetivo en concreto, simplemente por ver como sus creaciones daban vida a su alrededor. Era un artesano. Se sentía especialmente orgulloso de su última obra. Le puso un nombre, pero ya nadie se acuerda de él. Se trataba de una bola, una simple bola, nada especial. Pero la luz que emitía se extendía hasta el horizonte. No se molestaba en mostrar su belleza, simplemente resaltaba la de todo lo demás. Cada día, el hombre levantaba su obra hasta el cielo para que todo el mundo viera lo bello que era el mundo en que vivían. Pero al hombre le preocupaba algo. Se sentía solo.

Decidió adoptar a tres niños como alumnos. Dos chicos, de nombres Tirón y Nasael, y una niña, que se llamaba Luna. A cada uno de ellos les regaló una de sus siguientes obras. Eran tres astros, que se levantarían al anochecer para alumbrar levemente el camino de los viajeros. Guiarían a todo aquel que lo necesitara mientras el maestro ocultara su faro.

Los años pasaron. Las luces del maestro y de sus alumnos se alternaron día a día. Pasaban las semanas, los meses, los años, pero la rutina no se detenía. Los chicos iban creciendo y aprendiendo con su profesor. Cenaban juntos, jugaban juntos y observaban el cielo mientras podían. Tirón siempre tenía una actitud fuerte, era extremadamente positivo, o al menos nunca mostraba su negatividad. Nasael era muy observador, se percataba de cualquier mínimo detalle en cualquier instante. Por otro lado, Luna era muy tranquila. Cuando no estaba con los demás se sentaba a la orilla del lago a observar. Nadie sabe el qué, pero ella observaba.

Pero un día, el maestro se dio cuenta de que necesitaba encontrar un sucesor, no había espacio suficiente en el cielo como para que sus tres alumnos mantuvieran sus astros en el firmamento. Necesitaba poner a prueba las enseñanzas que le había impartido con tanta atención y durante tanto tiempo a los niños. Decidió convocarlos y les propuso un último trabajo. Aquel que le trajera de vuelta su astro en menos tiempo, heredaría todo el conocimiento que tenía. Los alumnos, emocionados por la idea de aprender aún más, se dirigieron inmediatamente a cumplir con su cometido.

Tirón ató una cuerda en la superficie de su esfera. Era un chico muy fuerte, así que no le costó mucho bajarla hasta él y mantenerla flotando a pocos centímetros de su cabeza. Por otro lado, Nasael, astuto como era, le pidió ayuda a un hechicero, que le dio un amuleto donde podría guardar tal belleza.

Nadie supo nada de Luna en mucho tiempo. No fue hasta que el maestro los volvió a convocar que se mostró ante sus compañeros. Tirón le tendió orgulloso la cuerda de la que se sujetaba su esfera. Nasael le entregó con delicadeza la caja en la que guardaba el valioso amuleto. Pero Luna vino con las manos vacías y la mirada perdida. El maestro le preguntó qué había sucedido. Ella simplemente contestó: “Iba a bajarla, pero me pareció demasiado bella como para traerla hasta aquí. Está bien dónde está”. Por lo visto había estado observando el cielo durante todo ese tiempo. Sus compañeros se rieron. Pero el maestro les mandó a callar. Había encontrado su sucesor.

El único astro nocturno que permaneció en el cielo recibió el nombre de su ama, Luna, pues había sido la única capaz de respetar la naturaleza de tal belleza. El maestro iluminaría el día, mientras que la Luna la noche. Se dice que, como agradecimiento, la luna decidió resguardar a su ama, vigilándola mientras ella dormía, mirando siempre hacia ella.

Tirón y Nasael buscaron otro mundo donde vivir por miedo a reencontrarse con la vergüenza de su ingenuidad. Pero allí no había nadie que observara lo que tenían que ofrecer.

4 Décembre 2019 11:15:05 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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