raymont sebastián pulido

Un contenedor misterioso provoca caos en un barco pesquero en alta mar


Thriller/Mystère Déconseillé aux moins de 13 ans.

#suspense #295
Histoire courte
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La Luz de un Alma sin Esperanzas


1


Mi nombre es Samuel soy un joven de 22 años, vivo en un pequeño pueblo al norte de Europa, con mi novia Cristina ella tiene 20 años, de momento es mi novia aunque tengo pensado pedirle matrimonio uno de estos días, ya hasta compré un anillo, no es muy caro pero es bonito, espero que le guste, es maestra de primaria en una escuela; yo por otro lado trabajo en un barco pesquero llamado “La sirena”, no es tan malo como uno pensaría, es verdad que el olor a pescado es algo molesto, pero te vas acostumbrando con el tiempo, lo que sí es malo es cuando se acerca una tormenta, todo se vuelve un caos e incluso se puede dar el caso de que alguien muera, o eso me han dicho, yo solo espero que jamás tenga que pasar por algo así, aunque el capitán ya ha estado en un par, es un hombre de 40 años, grande, robusto y con una barba larga y canosa, es lo que esperarías del capitán de una barco.

Ese día empezó como cualquier otro la luz del sol golpeo mis ojos todavía cerrados despertándome, a la vez que el olor del pan caliente llegaba a mi nariz, me levante y baje la escalera hasta la cocina, a medida que me acercaba escuchaba el dulce tarareo de un ángel, no importa cuántas veces lo escuche nunca me cansare de esta canción, me asome por la puerta y vi a Cristina preparando la mesa, llevaba un vestido blanco que hacia juego con su pelo rubio brillante, en ese momento me acerque silenciosamente a ella y la abrase dándole los buenos días, se sobresalto un poco por el susto, pero se calmó al ver que era yo.


— ¡Me asustaste! —exclamó la mujer con leve enojo y las manos en el pecho, tratando de calmar su respiración.

—Esa era la idea —le dije todavía abrazándola—. Sabes pudiste despertarme para que te ayudara.

—Hoy tienes trabajo necesitabas descansar.

—De verdad eres un ángel —dije de nuevo sin soltarla.

—N-no digas eso.


Cristina estaba roja de la vergüenza.


—Lo eres —le respondí casi al instante.

—Vamos a desayunar que tenemos trabajo —cambió el tema tratando de parecer tranquila, pero aun seguía roja.

—Bien.


La solté y desayunamos juntos, durante la comida hablamos de varios temas.


—Por cierto ¿Escuchaste lo que paso en…?

Cristina se llevo la mano al pecho con signos de malestar.

— ¿Qué ocurre? —le pregunté acercándome a ella para ver que le pasaba.

—Oh cielos, yo…

Cristina se fue corriendo al baño y vomitó en el inodoro.

— ¿Te encuentras bien? —le pregunté preocupado mientras sostenía su cabello.

—Si…ya estoy bien —respondió, su cara estaba pálida, no se veía para nada bien.

—Sera mejor si te quedas en casa el día de hoy- Ayudé a Cristina a levantarse y la senté en el sofá de la sala. No era la primera vez que esto pasaba hace unos día vomito en el comedor durante el almuerzo.

—No puedo, tengo trabajo.

Cristina intentó levantarse pero la detuve sentándola una vez más.

—No vas a trabajar en este estado, pasaré por la escuela y les diré lo que pasa, tú debes quedarte en casa.

—Está bien —se rindió e hizo lo que le pedí.

—Si quieres puedo quedarme en casa.

—No es necesario, estaré bien sola.

— ¿Segura?

—Estaré bien —Cristina me tomó de las manos y me miro con sus ojos azules y brillantes.

—Eso es trampa, sabes que no puedo negarme a esos ojos tuyos.

— ¡Jajaja! —se rió ante mi comentario y yo la seguí, estuvimos así por un momento.

—Te amo —le expresé a Cristina.

—Y yo a ti —correspondió levemente sonrojada.

—Será mejor que te vayas si piensas pasar por la escuela.

—Tienes razón —dije eso e intenté darle un beso de despedida a Cristina, sin embargo ella me evadió.

— ¿Qué pasa?

—Va a saber mal, acabo de vomitar —respondió tapándose la cara con el cojín.

—Trabajo en un barco pesquero eso no me importa.

—Pero...


Cristina intento oponerse, pero en el momento que mostro su cara la bese.


— ¿Estás loco?

—Tus besos son los mejores.

—De verdad no puedo creer que lo hicieras ¿acaso no te supo mal?

—Algo acido, pero no estuvo mal- Respondí.

—Me retracto, estás loco.

—Es lo que provocas.


Volví a besar a Cristina y ella correspondió abrazándome.


—Me gustaría quedarnos así, pero tienes que trabajar.

—Volveré, lo prometo —Le di otro beso a Cristina, recogí mi abrigo, mi almuerzo y me dirigí a la puerta—. Volveré y cuando lo haga iremos a ver a un medico.

—Está bien —concordó Cristina con una sonrisa y entonces salí rumbo al muelle.

—Si tomo por esa calle y doblo en la carpintería, debería… —hablaba con migo mismo trazando la ruta en mi mente para ver cuál era el camino más rápido—. ¡Bien! Por aquí.


Llegado a la puerta de la escuela me encontré una joven mujer de cabello castaño y ojos café.


—Hola Sam —Me saludo la mujer.

—Hola Kate —salude a la joven, su nombre en realidad es Catherine pero le dicen Kate para abreviar, es maestra en la misma escuelas que Cristina, son buenas amigas.

— ¿Cómo estás? —Preguntó Kate.

—Bien ¿Y tú?

—Intentado aguantar a los niños; ¿Y Cristina? No la veo contigo.

—No se siente bien.

— ¿Oh?, qué mal, espero que se mejore.

—Sí, tengo que ir a notificar a la escuela.

—Adiós —me despidió Kate y yo seguí mi camino.


Camine hasta la oficina del director y hable con él sobre lo ocurrido, me hizo firmar una nota diciendo que Cristina no podría venir hoy.


—Bien, creo que ahora iré al trabajo- Salí de la escuela y me dirigí corriendo al muelle si me apuro aun puedo llegar a tiempo.

— ¡Wof! —el ladrido de un perro llamó la atención, al voltearme vi a unos niños jugando con un perro, era marrón, con poco pelo y más grande que los niños junto a él.


Ahora que lo pienso fue por un perro que conocí a Cristina, tenía 15 años y estaba huyendo, de lo solo podría describir como un perro endemoniado, mientras huía del demonio cuadrúpedo giré mal y choque con ella quien estaba regresando a casa después de hacer las compras, a pesar de que fui yo quien la choco la joven me pregunto “¿Te encuentras bien? ¿Te hiciste daño?” en un tono preocupado, y yo simplemente me quede aturdido por su belleza, desde entonces comenzamos a vernos, al principio sólo era algo ocasional, pero con el tiempo nos fuimos haciendo más y más cercanos, su madre me aceptó, dijo que no parecía un mal chico, eran muy parecidas físicamente y ambas son simpáticas y amables, no obstante, el padre era diferente, por decir poco, era un hombre grande de cabellos oscuros y no le agrade nada desde un principio, aun ahora creo que no le agrado del todo.

Me pregunto que le pasaría al perro estuvo persiguiéndome de cerca por media ciudad, cuando me encontré con la joven Cristina este simplemente desapareció, lo hable con Cristina y dijo que ese perro era un enviado de Dios con la misión de juntarnos, aunque lo dudo, no porque no sea religioso, sino porque no creo que aquel demonio peludo sea un ángel.


— ¡Samuel! ¡¿Cómo estas amigo?! —me saludó Luis con toda la alegría del mundo, el también estaba corriendo al trabajo.

Luis era un joven de 20 años, de complexión media, ojos verdes y cabello marrón, que al igual que yo trabajaba en la Sirena, es muy enérgico y animado, no vive muy lejos de mi casa por lo que a veces salimos por ahí a tomar algo y a charlar un rato.

—Bien… ¿y tú como estas?

—Excelente, pese a que es probable que muera hoy a manos del capitán —explicó aun en tono alegre, no era la primera vez que Luis llegaba tarde.

— ¿Cómo haces…para correr y hablar…sin cansarte?

—Es un don otorgado por mi naturaleza parlanchina. Aunque es extraño verte llegar tarde ¿Qué paso?

—Cristina no se sentía bien… por lo que… me quede un rato con ella… y después fui a informar a la escuela de… su situación.

— ¿Qué tiene?

—Ha tenido mareos… y vomito.

— ¿Vomito? Será que hueles a pescado —dijo riéndose.

— ¡Cállate…si fuera así… tu estarías igual!- Dije con notable enojo.

—Sí, sí, sí.


Excluyendo las bromas de Luis en realidad estoy preocupado por ella, no solo por su reciente malestar sino porque desde hace un tiempo se ha estado comportando de forma inusual.


— ¡LLEGAN TARDE! —el grito del capitán me sacó de mis pensamientos de golpe, a la vez que sentía como si me fueran a explotar los oídos.

—Lo sentimos capitán —nos disculpamos de forma al unísona.

—Suban, tenemos un largo día por delante.


Y no se equivoca, estos días no hemos tenido mucha suerte debido a constante competencia entre los barcos para ver quién se queda con los peces, además de que hay barcos mucho más grandes que La sirena por lo que pueden transportar más pescado, si esto sigue así no sé qué haremos, y es por eso que el capitán piensa que sería mejor ir un poco más lejos a ver si atrapamos algo. Además de mi, Luis y el capitán hay otros tres hombres en el barco.

El primero es Gabriel tiene 23 años, no vive muy lejos incluso me lo he encontrado un par de veces caminando por ahí, aunque no hablamos mucho, es reservado, pasa la mayor parte de su tiempo leyendo.

El segundo es Víctor tiene 27 años, no tengo idea de donde viva, siempre esta borracho, pasa todo el día bebiendo, pero no importa que tan ebrio este no falla nunca con el arpón.

Y el ultimo pero no menos importante Alejandro tiene 18 años, es el más joven pero también uno de los más capacitados sabe todo sobre el mar, es casi tan bueno como el capitán.

Zarpamos a las 8:30 am, tardamos aproximadamente dos horas hasta llegar a nuestro objetivo, no se veían barcos cerca, así que nos instalamos bajamos el ancla, pusimos las redes y esperamos a que pique algo, esto puede tardar desde minutos hasta horas, me dirigí a la sala de descansó con los demás, solemos jugar a las cartas o con algún juego de mesa para pasar el tiempo.


— ¿Seguro que puedes jugar ebrio Víctor? —Le pregunto Luis a Víctor.

—Juego mejor así —explico Víctor.

—No te creo —inquirió Luis.

— ¿Quieres averiguarlo? —Pregunto esta vez Víctor a Luis.

—Claro —aceptó Luis el reto de Víctor.


Luis y Víctor empezaron a jugar, yo tenía el papel de repartidor y testigo del juego, y Gabriel estaba leyendo en su silla tranquilamente.


—Es imposible —se rindió Luis.


El marcador final es de: 6 a 1 a favor de Víctor.


—Te lo dije —se burló Víctor antes de tomar otro sorbo de su cerveza.

— ¿Cómo es posible? —pregunto Luis.

— ¿Cómo puede Gabriel leer en un barco que se mese de un lado a otro sin marearse?- Respondió Víctor con otra pregunta.

—Es cuestión de práctica —expuso Gabriel.


Seguimos jugando cartas después de eso, hasta que se hicieron las 12 pm y cada quien saco su almuerzo, tras terminar salimos a ver las redes. Esta vez sí hemos tenido suerte, atrapamos muchos peces, a la vez que pensaba esto, escuche el fuerte retumbar de un trueno, se podían ver algunas nubes a lo lejos, el capitán dio la orden de irnos, vaciamos las redes, subimos el ancla y nos preparamos para regresar a tierra.


— ¿De dónde salieron esas nubes? No había hace un segundo- Afirmo Alejandro.

— ¡Me engañaste hombre del clima, nunca más confiare en ti!

Como siempre Luis con comentarios ridículos, aunque es cierto, en las noticias decía que estaría despejado y esas nubes se formaron sin previo aviso.

— ¡Oigan encontré algo! —gritó Alejandro mientras examinaba una de las redes—. Es una… pequeña, cajita, dorada.

— ¿Una caja? —pregunté acercándome.

—Sí, parece de oro —dijo Alejandro viendo la caja—. ¡Rayos! ¡Es más pesada de lo que se ve!


Alejandro colocó la cajita sobre una caja para que pudiéramos verla, en otros viajes habíamos encontrado zapatos viejos, neumáticos, botellas y cosas así, pero esta caja era extraña, parecía nueva como si nunca hubiese estado en el agua y tenía extraños símbolos grabados por toda la fachada, al tomarla entre mis manos sentí un escalofrió, como si una extraña energía recorriera mi cuerpo, Alejandro tenía razón era bastante pesada, como si tuviese plomo en su interior, algo así de pesado debió hundirse hasta el fondo del mar; posteriormente el capitán tomó la caja en sus manos inspeccionándola.


— ¿Deberíamos abrirla? —nos preguntó Alejandro viendo la cajita.

—No lo creo, podría ser peligroso —habló el capitán.

—Tiene razón —lo siguió Gabriel.


Gabriel es el más racional y el capitán, bueno es el capitán y si dicen que lo que hay adentro es peligroso creo que no deberíamos abrirla, el capitán la guardo en algún lugar del barco, solo por si acaso.


— ¿Qué crees que haya dentro de la caja? —le pregunté al capitán.

—No estoy seguro —respondió con la mirada perdida en algún lugar del piso del barco.


Nunca vi al capitán así, pareciera que le preocupa más el contenido de la caja que la tormenta que se acercaba.

Entre el rugir de los truenos, el sonido de las olas golpeando el casco del barco y la intensa lluvia, era casi imposible escuchar algo.


— ¡Dios, ese último trueno se escuchó más cerca! —grito Luis para que los demás lo escucháramos.

— ¡Tienes razón! —afirmó Alejandro.


Nunca había estado en una tormenta pero no estaba lejos de la idea que tenía las olas sacudiendo el barco, el fuerte viento tratando de mandarte lejos hacía el mar y la lluvia torrencial.


— ¡Mierda! —gritó Luis cayendo por el costado del barco debido al constante balanceo de este.

— ¡¿ESTÁS BIEN?! —le grite a Luis.

— ¡Si, el arnés de seguridad, funciona bien, ahora súbeme, que tantas sacudidas, hacen que, golpee el costado, del barco! —explicó Luis golpeándose repetidamente contra el barco mientras sujetaba la cuerda de su arnés, tiramos de la cuerda y lo subimos de regreso a cubierta—. ¡Gracias!

— ¡Procura no caerte de nuevo! —le dijo Gabriel.

— ¡Como si lo hubiese hecho apropósito! —le contestó Luis algo molesto.

— ¡Oigan! ¡¿Dónde está Víctor?! —preguntó Alejandro, entre todo el caos no nos dimos cuenta de que nos faltaba alguien.

— ¡¿Y yo como voy a saber?!- respondió Luis.

— ¡Samuel y yo iremos a ver! —indicó Gabriel.

— ¡Entendido! —dijeron los dos.

— ¿Dónde crees que este?- Le pregunte a Gabriel.

—Tú sígueme.


2


Mientas tanto en la sala de descanso Víctor estaba revisando la nevera en busca de algo para tomar.


—Ya no hay alcohol- Dijo Víctor decepcionado- Bueno un jugo no es mal.

—Víctor~ —lo llamó una voz femenina proveniente de algún lugar en la habitación.

— ¿Quien? ¡Auch! —se quejó Víctor al golpear su cabeza con la puerta de la nevera al tratar de levantarse.

—Víctor~ —La voz se escucho en toda la habitación.

— ¿Dónde estás? ¿Te pidieron que me asustaras? —preguntó buscando en el cuarto el origen de la voz.

—Víctor~ —repitió la voz.

— ¿Quién es?

—Soy lo que buscas Víctor.

— ¿Cómo sabes quién soy?

—Yo lo sé todo, Incluso aquello que deseas más que nada.

—Debo estar más ebrio de lo pensaba o tal vez fue el golpe de hace rato; o una combinación de ambos, si debe ser eso.

—No Víctor, no es así, yo sé lo que quieres.

—Es imposible.

—Está bien te lo demostrare —dijo la voz antes de desaparecer.

—Debo estar muy ebrio, será mejor que descanse un poco.

—Vic —una segunda voz apareció, esta era más suave y cálida, Víctor podía reconocer de quien era esa voz.

— ¿Rosa? —pregunto Víctor mientras se daba la vuelta para ver a la mujer que misteriosamente apareció detrás de él.

—Sí, soy yo —respondió la mujer.


Rosa era la esposa de Víctor y causa de su alcoholismo.


—E-es imposible, t-tú moriste.


Rosa murió hace años a causa de una enfermedad, desde entonces Víctor ha buscado ahogar sus en alcohol


— ¿Eres un fantasma? —preguntó Víctor al ver como su mano la atravesaba.

—Por el momento si, y solo tú puedes traerme de vuelta Vic.

— ¿Qué debo hacer?

—Solo tienes que abrir la caja y estaremos juntos por siempre.

— ¿Dónde está?


Víctor estaba algo ansioso, tanto que ni siquiera se molesto en preguntarse si lo que estaba viendo era real.


—Allí —indicó señalando el depósito de basura.


3


Gabriel y yo nos separamos para buscar a Víctor más rápido, Gabriel fue a la bodega donde teníamos guardado los peces y los mariscos, y yo fui a la sala de descanso. Lo encontré estaba parado en medio de la sala de espalda a la puerta, se estaba tambaleando un poco.


— ¿Víctor qué te pasa? ¿Cómo puedes estar tomando en un momento como este?- Le pregunte desde la puerta algo molesto.

—Es glorioso —susurró de forma casi inaudible y en un tono algo escalofriante sin verme.

— ¿Víctor?

—Todos… deben… verlo… tienen que saberlo —dijo de nuevo sin verme en un tono más escalofriante que antes.

— ¿Víctor estas bien?

Me acerque a él con cuidado.

—Jejeje… Jajaja… —se reía Víctor— ¡JAJAJAJAJAJA! ¡ESTOY MEJOR QUE NUNCA! —grito dándose la vuelta, lo que vi no era Víctor o al menos ya no, sus iris eran doradas, de sus ojos brotaban lagrimas de sangre y tenía una sonrisa que solo podría describir como anti-natural, era algo que solo verías en una película de terror, pero no era una película, estaba frente a mí.

—¿Qué te pasa? esto no me da gracia alguna.

Temiendo por mi seguridad comencé a retroceder lentamente

—Lo vi… lo vi… lo vi… ¡y pronto tú y todos los demás lo verán!

— ¿Ver qué? —en eso momento me percate de algo, la caja estaba en la mesa y, se encontraba abierta—. ¿Fue la caja la que te hizo esto?

—Es glorioso tienes que verlo.

— ¿Qué hay dentro?

—Tienes que verlo ¡todos tienen que verlo!

—No gracias —le respondí.

—Ya veo —dijo eso con un tono serio y apagado—. ¡¡ENTONCES MUERE!! —gritó Víctor envistiéndome con un cuchillo en su mano, estuve esquivando los ataques de Víctor, pero me hizo una cortada en el brazo, lo patee lejos de mí, cerré la puerta y corrí a avisar a los muchachos.

— ¿Qué te pasó? —me pregunto Luis al verme agitado y con una cortada en el brazo.

—Fue Víctor… abrió la caja… y se volvió loco —expliqué recuperando el aliento.

—Espera un minuto ¿Qué estás diciendo? —me cuestiono Alejandro.

—Sé que suena difícil de creer… pero es verdad encontré a Víctor con la caja abierta en la mesa… y comenzó a actuar extraño, decía un montón de locuras y entonces me atacó con un cuchillo —les dije a ambos, mas parecían no creerme y no los culpo sino lo hubiera visto con mis propios ojos yo tampoco lo haría—. ¿Acaso no escucharon las locuras que gritaba?

—Yo no oí nada —respondió Luis.

—Yo tampoco- Lo siguió Alejandro.


La lluvia debió acallar los gritos del delirante Víctor, casi al mismo tiempo que pensaba esto el sonido de las botas pisando el suelo mojado de la cubierta se escuchó detrás de mí y con eso una extraña sensación invadió mi cuerpo, los vellos de mis brazos se erizaron y comencé a sudar frio, ya lo había sentido antes, en la sala de descanso, era la sensación de que tu vida corre peligro, en ese momento me di la vuelta y lo vi parado en la puerta con la cabeza baja.


—Víctor ¿Qué ocurrió? Samuel anda diciendo un montón de locuras sobre que abriste la caja y que te volviste loco por eso ¿Puedes creerlo? —le contó Alejandro mientras se acercaba a él.

—…. —Víctor permaneció en silencio.

— ¿Estás bien? —le preguntó Alejandro al no recibir respuesta.


Víctor parecía decir algo pero no podíamos escucharlo por la lluvia, así que Alejandro se acerco más para poder escucharlo.


—No te acerques demasiado —le advertí a Alejandro, pero no me hizo caso.

— ¿Qué dices Víctor?

—¡¡TODOS TIENEN QUE VERLO!!


Después de gritar eso tomo a Alejandro por el cuello de su camisa y lo levanto.


— ¿Qué haces? Bájame Víctor.


Alejandro forcejeo con Víctor en un intento por liberarse, pero era inútil, Víctor era anormalmente fuerte.


—Tú lo veras.


Tras decir eso una luz dorada salió de los ojos y la boca de Víctor y unos segundos después tiró a Alejandro al piso.


— ¡Al! —gritó Luis al ver a Alejandro en el piso.

—No te acerques —lo detuve para que no se acercara.

—Es glorioso.


La voz que dijo aquellas palabras no era la de Víctor, sino la de Alejandro, quien se estaba levantando del suelo de forma retorcida, sus huesos tronaba al moverse, sus dedos, sus brazos, hombros, espalda, todos crujían.


— ¿Al? —preguntó Luis con algo de miedo en su voz.

— ¡Todos tienen que verlo!- Exclamó Alejandro con un potente brillo dorado en la mirada.


Se había vuelto como Víctor, iris dorado, ojos ensangrentados y sonrisa antiestética, salto hacía nosotros sin previo aviso, pero, por suerte para nosotros, Gabriel lo golpeo con una escoba en la cara, tumbándolo y lo mismo hizo con Víctor quien atacó después.


— ¡Corran! —nos grito Gabriel apuntando al camarote del capitán.

— ¿Qué está pasando? —me preguntó Luis asustado.

—No estoy seguro, solo sé que comenzó cuando Víctor abrió la caja- Le respondí a Luis.

— ¡¿Y por que la abrió?!

— ¡No se! —le dije a Luis al entrar al camarote del capitán, Gabriel entró después de nosotros.

—Sellen puertas y ventanas —indicó el capitán mientras ponía una tabla en la ventana.


Después de asegurar la habitación el capitán nos explico que estaba pasando, o al menos lo que él creía que pasaba.


—He leído un par de historias en busca de alguna referencia y por lo que tengo entendido, la caja contiene un mal indescriptible y la única forma de detenerlo es cerrando la caja —explicó el capitán.

— ¿Si quiera te estás escuchando? ¿Cómo algo así es posible? —se opuso Luis—. ¿No tendría más sentido si se tratara de alguna enfermedad?

— ¿Qué enfermedad hace que te salga luz de los ojos y la boca? —respondió Gabriel.

— ¡¿Pero tiene más sentido que sea un demonio?! —exclamó Luis.

—Existen varias historias sobre contenedores que albergan un terrible mal en su interior, El arca de la alianza o la Caja de Pandora por ejemplo, aunque viendo bien la caja lo compararía más con la segunda —expuso Gabriel.

— ¡¿Entonces es una caja de Pandora?! —lo cuestionó Luis.

—Sea lo que sea la caja es la causante, y por nada del mundo podemos dejarla llegar a tierra o será peor —les dije a todos los presentes.

—Samuel tiene razón debemos deshacernos de ella —me siguió el capitán.

— ¿Pero co…?


La pregunta de Luis se vio interrumpida por el sonido de un fuerte golpe contra la puerta.


—Abran, sólo queremos ayudarlos a verlo —dijo Alejandro desde el otro lado de la puerta.

—Tienen que verlo... tienen que verlo… tienen que verlo… —repetía Víctor una y otra vez sin parar.


Los golpes se hacían cada vez más fueres y constantes, parecía que iban a derribar la puerta, no sabría como explicarlo, pero tras convertirse obtenían una fuerza sobre-humana.


— ¿Qué hacemos? —pregunto Luis.

—Tengo un plan, pero necesito que me ayuden con la mesa —nos indicó Gabriel.


En el momento que la puerta cedió los envestimos usando una de la mesa como escudo, el plan era simple incapacitarlos y correr hacía la caja, no sé si llamarlo plan pero era lo único que se nos ocurría.


— ¿Y Víctor? —les pregunte a los demás al percatarme de que el único en el piso era Alejandro

— ¡Aaaaah! —gritó Gabriel, uno de los arpones salió disparado haciéndole un corte en la pierna tumbándolo al piso, por suerte solo lo rasguño.

—¡La próxima no voy a fallar! —advirtió Víctor desde el balcón.


Había olvidado lo bueno que es con esa cosa, incluso si estuviera borracho no fallaría, lo que confirmó mis sospechas, ellos no quieren matarnos, quieren volvernos como ellos, tiene sentido, Víctor sólo me atacó cuando me resistí.


— ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Corre! —el grito de Gabriel me saco de mis pensamientos.

— ¿Pero tú…?

— ¡Yo estaré bien los detendré lo que pueda! —me interrumpió mientras sacaba un cuchillo de pesca de su bolsillo.

— ¡Vámonos! —me gritó Luis para que lo siguiera.


Lo siento Gabriel no quisiera tener que hacerlo, pero no tengo opción, debemos cerrar la caja a toda costa para que no llegue a tierra, no puedo dejar que Cristina pase por algo así.


4


Llegamos a la sala de descanso, pero la caja no estaba.


—Ayúdame a buscar —le dije a Luis.

Luis y yo comenzamos a buscar en todos lados, mas no la encontramos, se la habían llevado.

—No la encontraran. No podrán detenernos. Salve su gloriosa luz que proclama la gran resurrección. Déjenme iluminarlos.


Aquel que hablaba como un fanático religioso demente detrás de nosotros era Alejandro, estaba bloqueando el paso hacía la puerta, sus ojos y boca comenzaron a brillar y desprendió un alarido inhumano, para marcar corrida hacía nosotros, pero el capitán le puso el cesto de basura en la cabeza y lo hizo a un lado de un golpe.


— ¡No se queden ahí corran! —nos gritó.

— ¡Gracias!


Corrimos a la cubierta, Víctor y Gabriel nos estaban esperando.


—Ríndanse y entréguense a la luz —nos incitó Víctor.

—No es malo, es glorioso —dijo Gabriel quien se había convertido en uno de ellos.

—No tienen escapatoria.


Alejandro salió de atrás de nosotros, nos tienen rodeados y están armados, Víctor tiene su arpón, Alejandro un cuchillo de cocina y Gabriel tiene su cuchillo de pesca.


—Muchachos les hare una pregunta —el capitán dijo eso e hizo una pequeña pausa—. ¡¿Quién tiene una razón para vivir?!


Ni si quiera la lluvia ni los truenos pudieron callar su rugido, y tras este se dibujó la imagen de Cristina en mi mente, aunque solo fuera por un segundo me llenó de ganas de pelar por mi vida, de pelear por quien amo, y no soy el único Luis también se ve más determinado que antes.


—¡¡Acabemos con ellos!! —volvió a gritar el capitán.

—¡¡SI!! —lo seguimos juntos.


El capitán fue contra Víctor, Luis contra Alejandro y yo contra Gabriel, su cuchillo me hacía difícil acercármele, sabe bien como blandirlo, pero no me voy a rendir tan fácil.


—Únetenos y no mataremos a la chica —me amenazó Gabriel.

— ¡No la metas en esto! —grité enojado a la vez que le aseste un golpe en la cara, haciendo que soltara su cuchillo—. Ahora estamos iguales.

— ¡Aaahhh! —rugió y me envistió.


Me derribo e intento usar esa luz suya para convertirme, pero logre liberarme de un cabezazo quitándomelo de encima, me levante pero Gabriel volvió a atacarme esta vez me lanzo a un lado del barco, se posiciono de nuevo arriba de mi, esta vez me agarro con más fuerza y volvió a usar su luz, cerré mis ojos, la luz quemaba mi piel.


—Abre los ojos Samuel, déjame iluminarte —dijo eso mientras intentaba abrirme los ojos a la fuerza con sus dedos, extendí mis manos buscando algo para golpearlo y encontré lo que buscaba.


— ¡NOOOO! —grité con todas mis fuerzas y lo apuñale en el estomago con su cuchillo.


Escupió algo de sangre en mi cara a la vez que su luz se apagaba, una gran variedad de sentimientos invadieron mi cuerpo, me sentí aliviado por no haberme convertido en uno de ellos, pero también me siento impotente por no poder salvarlo, no quería matarlo pero no tenía opción… ¿verdad…? En todo caso tengo suerte de que esa segunda vez me arrojara cerca del cuchillo.


—Lo siento Gabriel —me disculpe con él por lo que hice.

—No te disculpes… me salvaste —dijo Gabriel con dificultad.

—No hables, podemos...

—No hay tiempo para eso, vi la caja, está en la bodega, no sé cómo explicarlo, pero es como si todos viéramos y supiéramos lo mismo, como si fuéramos uno —reveló antes de morir.


Me levanté y mire lo que hacían los demás, Luis parecía estar tratando de cansar a Alejandro, él siempre ha sido muy rápido, pero al capitán no le iba tan bien, aunque él sea más grande Víctor es muy bueno con el arpón, ¿a quién debería ayudar?


—Busca la caja no te preocupes por nosotros, estaremos bien —explicó el capitán mientras peleaba.

—Sí, no te preocupes puedo correr más —afirmó Luis con bastante confianza mientras esquivaba los ataques de Alejandro.

—Está bien —dije eso y corrí a buscar la caja.


5


Una vez en el almacén comencé a buscar la caja.


— ¿Dónde está? —me pregunté frustrado por no encontrarla.

De pronto visualice una tenue luz proveniente del fondo del almacén, me acerqué esperando que fuera lo que estaba buscando, la fuente de la luz estaba enterrada entre redes y trozos de madera, las retiré con cuidado, no quería ver el interior de la caja por accidente—. ¡Aquí está! —exclamé al ver el chapado de oro repleto de símbolos, por suerte estaba cerrada, intenté tomarla pero me dio una descarga en momento que la toque—. ¿Qué demonios fue eso? —Volví a acercarme a la caja y trate de tomarla por segunda vez, ahora que estaba preparado la descarga no parecía ser tan fuerte, sin embargo era notablemente más pesada. De repente escuché el sonido de la madera crujiendo, no era el único aquí abajo, rápidamente deje la caja donde estaba y me escondí tras unas cajas.


— ¿Dónde estás?


La voz me resultó familiar, así que miré de reojo en la dirección de donde venía dicha voz y me sorprendí al que se trataba de Luis.


— ¡Maldición! ¡¿También tú, Luis?! —pensé para mí mismo, mire de nuevo para ver si estaba armado y no lo estaba, siendo así tal vez podría pasarlo sin hacerle daño.

—Sal Sam, tenemos que hablar —dijo Luis mientras revisaba el lugar buscándome, trate de pensar en algún plan para hacerle frente, e asomé de nuevo para ver donde estaba, pero no lo veía en ningun lado—. ¡Te encontré! —la cabeza de Luis se asomó por un costado, trate de alejarme, pero Luis fue más rápido y me dio una patada en el estomago arrojándome contra el muro, aun si estaba desarmado Luis era muy ágil.

—Necesitaras más que eso si quieres matarme —le dije levantándome.

—Eres un tipo listo Sam, ya deberías saber que no quiero matarte —respondió Luis—. Sam ¿sabes? Yo siempre te envidie, yo la conocí antes que tú, pero aun así te eligió a ti.

— ¿Qué estás diciendo?

—Cristina, Sam estoy hablando de Cristina, no sé si ella te lo dijo pero nos conocemos desde pequeños, solíamos jugar en el parque que está cerca de la plaza, queda algo lejos de tu casa pero de seguro ya lo has visto ¿o no? —hablaba Luis con un tono apagado impropio de él.

—Luis escúchame, estás enfermo esa caja te hizo algo —trate de hacerlo reaccionar, mas mis esfuerzos eran inútiles.

—Te dije que no quiero matarte, ya que nuestro objetivo es conseguir a tantos como podamos para La gran resurrección —reveló Luis mientras alzaba los brazos a aire.

— ¿Qué es “La Gran Resurrección”? —pensé.

—Sin embargo, no me molestaría si te resistieras, así yo me vería obligado a matarte, y podre quedarme con Cristina en el nuevo y glorioso mundo que está por venir ¿Qué dices Sam?


La mirada de Luis no era como la de otros quienes tenían ojos brillantes y sonrisas llenas de locura, él no sonreía y sus ojos estaban inyectados de sangre, las venas alrededor de sus ojos estaban remarcadas haciéndolo llorar grandes cantidades de sangre.


—Estás loco —respondí sin titubear.

—Justo lo que esperaba —dijo Luis antes de lanzarse contra mí, logre esquivar su ataque por poco y comenzamos a pelear a puñetazos y patadas, Luis era rápido de eso no había ni un ápice de duda, me golpeó en el estomago y después me derribo de una patada a la cabeza.

— ¡Rayos! Lo olvide… sabes karate.

— ¿Te rindes?

—No.


Lancé un trozo de madera hacía Luis, este logró esquivarlo pero esa era sólo una distracción, pronto tome una tabla y golpee a Luis en la rodilla, fue notable el crujir de sus huesos.


— ¡Maldito! —exclamó Luis al caer de rodillas, con Luis incapacitado decidí ir por la caja, apenas podía pararme, levanté la caja y me dirigí a las escaleras. Pero cuando estaba por llegar a la trampilla sentí una punzada en mi pierna.

— ¿Es enserio? —le pregunté a Luis quien me había apuñalado con un cuchillo.

—Lo es —Luis me jaló tirándome al piso—. Pensé que podría matarte yo mismo, pero eras más duro de lo que esperaba, es el mismo cuchillo que tenia Alejandro —tras decir eso intentó clavarlo en mi pecho pero rodé y lo esquive, me levante y me puse en guardia—. ¿No correrás?

—No serviría de nada —respondí, ambos estamos lastimados por lo que normalmente podría considerarnos en iguales condiciones, pero yo no estoy tratando con una persona normal, los convertidos son inusualmente fuertes, y Luis acaba de levantarse pese a tener una pierna rota, nada me asegura que en el momento que me dé la vuelta Luis no me saltara encima o que no me lanzará el cuchillo, no puedo bajar la guardia.

— ¡Muere! —rugió Luis atacándome con el cuchillo, por suerte con su rodilla rota los movimientos de Luis se volvieron más lentos.

—Si sólo pudiese quitarle el cuchillo —pensé, a la vez que esquivaba los cortes de Luis, mire a mí alrededor en busca de algo que pudiera usar, tome una red de pesca y se la lancé a Luis—. Eso debería bastar —dije a mi mismo, pero no fue así, Luis uso la luz dorada que salía de su boca y ojos para quemar parte de la red y liberarse.


—Necesitaras más que eso.


Luis corrió hacía mi a toda velocidad, no quería tener que hacer esto pero debo hacerlo si no quiero morir aquí, me puse en guardia esperando el momento para actuar y en el momento que Luis se acercó a unos dos metros de mi me lleve la mano al bolsillo trasero preparándome para lo que venía, Luis extendió su brazo intentado apuñalarme, mas logre por unos centímetros y cuando quedé detrás de él; saqué el cuchillo de pesca de Gabriel, pude notar una expresión de asombro e incredulidad en los ojos de Luis, y con todas mis fuerzas le clavé el cuchillo en la espalda para después sacarlo, su sangre me salpicó manchando mi ropa y mi rostro, al caer al piso un rio de sangre descendió por la espalda de Luis desembocando en el suelo, esperé un poco en caso de hiciera algo, pero sólo se quedó ahí inmóvil, sentí un inmenso dolor en el pecho.


—Lo…siento —Con su último aliento pronunció esas palabras de disculpa.

—Tú no tienes la culpa Luis —le respondí a pesar de que ya no podía escucharme, busque la caja, la causa de todo esto, la encontré debajo de uno de los escalones de madera de la escalera, al tomarla noté que era menos pesada que antes y la descarga también era más débil y en un intento por romperla o al menos dañarla la golpee con una tabla de madera pero esta se rompió en dos, después trate con el cuchillo pero ni siquiera le hizo un arañazo—. ¿Cómo me desharé de esta cosa? —pensé buscando una solución, en un principio creímos que el cerrar la caja acabaría con esto, pero cuando la encontré estaba cerrada y las cosas no habían mejorado— ¿Y si la arrojo al mar? Pero tendría que amarrarle algo para que se hunda —tomé lo que quedaba de la red que le lancé a Luis—. La amarraré al ancla y después la soltaré así se hundirá hasta el fondo.


6


Subir las escaleras fue bastante difícil a causa de la herida en mi pierna, una vez arriba lo primero que llamó mi atención fueron los cuerpos de Víctor y Alejandro tirados en el piso, ambos parecían haber sido golpeados por algún objeto grande y contundente.


—Samuel… ¿estás bien? —la voz era del capitán se encontraba recostado de una pared.

— ¡¿Se encuentra bien?! —le pregunte al ver su estado, tenía varias cortadas, algunas superficiales y otras profundas, la que más me preocupaba era la de su costado, derramaba mucha sangre, debió pelear contra los dos él solo después de que Luis fuera convertido.

—Yo estoy bien ¿Qué pasó con la caja?

—Está aquí, voy a amarrarla al ancla y la haré hundirse hasta el fondo del mar —respondí al capitán.

—Bien —el capitán apenas podía hablar—. No puedes… dejar que…llegue a tierra —después de decir eso el capitán ya no pronunció ninguna palabra. Me dirigía a la cabina de control cuando un crujido atrajo mi atención, voltee y lo único que vi fue el cuerpo de Alejandro tirado en el piso y, fue justo eso lo que me preocupó.


— ¡Todos lo verán!


Víctor se había levantado para atacarme cuando tuviera la guardia baja y con su grito un enorme resplandor dorado me segó, después de eso cayó al suelo nuevamente, probablemente uso la fuerza que le quedaba para soltar ese resplandor.


— ¡Maldición! —grité, la luz me quemo los ojos, todo se veía borroso, si al ver la luz te convertías entonces yo ya estaba perdido, los demás se convirtieron en el momento de ver la luz, pero a mí no me pasó así, tal vez conmigo tomaba más debido a que lo que vi fue solo un flash, los otros quedaron expuestos por más tiempo que ese, si es así tal vez pueda acabar con esto. Mi vista poco a poco se fue recuperando, tomé la caja que por suerte no había caído muy lejos de mí y me puse de pie—. ¡Este es el fin! —comencé a caminar hacia la orilla listo para deshacerme de la caja de una vez por todas… pero… el sonido de un dulce tarareo detrás de mí me detuvo, conocía la letra de la canción, era la misma canción que sonaba en la radio el día le pedí a Cristina que fuera mi novia y nuevamente cuando le pedí que viviéramos juntos, esa canción representaba lo que más amaba y sólo hay una persona que lo sabe.

—Samuel —me llamó una dulce voz, era una la voz que conocía muy bien.

— ¿Cristina? —pregunté incrédulo mientras me daba la vuelta.

—Sí, soy yo —respondió mientras se acercaba, posó su mano en mi mejilla y me miro con esos hermosos ojos azules, era imposible, y yo lo sabía, me aleje, no podía ser Cristina, ella estaba en tierra.

— ¿Quién eres?

—Soy yo Samuel, Cristina ¿Acaso no me reconoces?


Ella seguía insistiendo, pero no le creí, he visto muchas cosas locas, aterradoras e irreales el día de hoy, una Cristina falsa sería sólo una gota en ese mar.


— ¡Se que no eres ella, así que dime! ¡¿Quién eres?! —le pregunté nuevamente a la falsa Cristina.

—Veo que no puedo engañarte como a los otros, bueno no importa —dijo la falsa Cristina dejando de fingir.

— ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? —Interrogué a la mujer.

—Quien soy, no te lo voy a decir, pero lo que quiero es muy simple, quiero vivir —eso ultimo que dijo me dio muy mala espina—. Quiero un cuerpo que sea capaz de contener mi alma, un cuerpo puro, el cuerpo de un alma pura y llena de esperanza, pensé que conseguiría uno aquí, pero no tuve suerte.

—Por eso quieres llegar tierra —Indiqué, como no consiguió lo que quería lo buscará en tierra—. La Gran Resurrección debe ser el termino que usan para describir el momento en que se apodere de un cuerpo humano y regrese a la vida —deduje mentalmente.

—Veo que lo entiendes, Y tu mi amigo me llevaras a tierra, de cualquier forma estas a punto de convertirte en uno de mis sirvientes ¿No es increíble? —Dijo riéndose.

—V-vete al infierno —dije apenas con fuerza, estaba mareado apenas podía mantenerme consciente.

—De ahí vengo —susurró en mi oído.

—¡AAAHHH! —solté un grito a la vez que una sensación de ardor recorrió mi cuerpo, imágenes de toda mi vida pasaron frente a mí a medida que se iban borrando, la vez que jugué con mi hermano a la pelota, mi cumpleaños, mis amigos, mi familia, Cristina, todo estaba siendo deshecho, como si fuesen fotografías quemándose.

—Ven tenemos mucho que hacer.

—Jo…de…te….bruja —le dije, resistía con todas mis fuerzas, me aferre a un único recuerdo, un recuerdo que me llenaba de fe y esperanza—. Cristina.

— ¡Imposible, tus recuerdos, tus esperanzas ya deberían haber desaparecido!


La mujer estaba notablemente sorprendida por lo que veía.


—No dejaré…que le pongas…un dedo enciman…a Cristina.

Me levanté con toda la fuerza que me quedaba, tomé la caja y me dirigí al borde del barco.

— ¿Qué haces? —dijo al ver lo que estaba haciendo.

—¿No es obvio? Voy a acabar con esto —respondí mirando al mar, no sé cuanto pueda aguantar, ya no tengo salvación es solo cuestión de tiempo hasta que me convierta, antes de que eso pase debo terminar con esto.

— ¡Si lo haces lo perderás todo a tus amigos, a tu familia, a Cristina! —gritó la mujer intentando detenerme—. Perderás al bebé.

— ¿Bebé? —pregunté confundido.

—Si ¿Por qué crees que eran los mareos y el vomito? Cristina, tu novia, la mujer a la que le pedirías que se casara contigo, está embaraza, tendrán una hijita, ¿acaso piensas dejar a Cristina sola con la bebe? ¿Lo harías?


A medida que la mujer iba hablando la imagen de una niña rubia y de ojos verdes se dibujó en mi mente, ella corría por el parque llamándome “Papá” mientras Cristina caminaba a mi lado tomados de la mano.


— ¿Una hija?


Las imágenes cambiaban una y otra vez, como si estuviera viendo la vida de otro a través de mis ojos.


—Sólo tiene un mes y medio, pero te puedo asegurar que será una pequeña y linda bebita, tendrá tus ojos y el pelo de Cristina ¿No quieres verla?


Cada vez estaba más convencido, las imágenes eran cada vez más vividas y mi mete se desvanecía en la ilusión.


—Baja la caja y podrás verlas —dijo la mujer colocando sus manos sobre las mías.

—Por la mujer que amo y por la pequeña que aun no veo… por favor, perdónenme —dije eso y salté al mar con la caja entre mis brazos.

—¡¡NOOOOO!! —la mujer gritó en negación al ver que su plan falló, el decirme que tendré una hija me dio algo más que proteger.

—No puedo dejar que esta caja llegase hasta ellas —pensé mientras me hundía y entre más lo hacía las imágenes de mi vida, que se habían desvanecido regresaron—. Ojala pudiera haberte conocido pequeña, estoy seguro de que te habría amado con todo mi ser, no, incluso ahora siento que te amo; Cristina, por favor perdóname te prometí que volvería pero no podre hacerlo —esos fueron mis pensamientos finales.


7


Samuel no lo sabía pero en ese momento Cristina sintió un escalofrió en todo su cuerpo y comenzó a llorar, lloró como nunca en su vida, ella lo sabía, sabía que ya no volvería a ver a su amado, porque cuando amas de verdad sabes todo sobre esa persona incluso si ya no está contigo.


—Lo prometiste, lo prometiste… —repitió llorando mientras mantenía una mano en su vientre, la bebé no dejaba de sacudirse—. Ni siquiera escogimos un nombre. Ya sé, si es niño será Samuel y si es niña será Samanta ¿Qué tal? Así podría tener algo de ti —le habló a su amado muerto con la esperanza de que la escuchara y entonces, el resplandor de un relámpago brilló en la ventana, sólo duro un segundo, pero se pudo ver la forma de una persona en medio del destello, tras ver eso Cristina siguió llorando esta vez más calmada.


Cinco días después se encontraron los restos de un barco en la costa, estaba hecho pedazos, lo único distinguible era un trozo de madera con las palabras “La sir” escrito, Cristina no lloró, ya había soltado todas las lágrimas que tenía.

22 Août 2019 01:35:14 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

sebastián pulido Soy un escritor de poemas y relatos cortos mayormente del tipo romántico, pero así como me gusta el romance también me gusta el terror, lo sobre-natural y la fantasía. Por favor, pasen y vean.

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Rafael Enrique Ortiz Gimenez Rafael Enrique Ortiz Gimenez
Estilo guión, ¡narrativa pura! Solo acoto que como toda buena sinfonía, uses pausas y silencios (suspenso y luego dar con el clavo)
August 22, 2019, 16:51

  • sebastián pulido sebastián pulido
    gracias por el consejo lo tendré en cunta, y si te interes he publicado un cuento corto llamado "La luz" September 05, 2019, 21:33
~