isaac_clemente_g Isaac Clemente

Sam, prestigioso científico de una ciudad cúpula, emprende sin querer un viaje que reabrirá heridas antiguas. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un hombre por su familia? . Magia dura, viajes entre mundos, una mitología nueva y un hada que no para de hacer travesuras, ¿qué podría salir mal? . Cada capítulo que tenga un asterisco está sujeto a cambios. Hay que entender que esta historia está en proceso, por lo tanto se encuentra en constante cambio. Para ver en qué ha cambiado y el estado de los demás episodios podéis seguirme en mi twitter. . ¡Un mg y un comentario constructivo ayudan mucho!


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Preludio

Llovía, eso era bueno. Hacía demasiado tiempo que no pasaba con tanta fuerza, como si el cielo mismo se hubiera enfadado con la tierra y tratara de desgastarla a golpes. Esta temporada las setas de puñodemonio brotarían con un jugo más potente.

Agitó levemente su cabeza para centrarse. Thomas observó la vieja cabaña, una pequeña casa de madera oscura situada a lo alto de la montaña. Gracias a la oscura noche y a la lluvia se podía apreciar una ligera brisa cálida acompañada de una tenue luz proveniente del interior.

Esta luz era, a la vez, muy y dolorosamente poco familiar. Su trabajo no le permitía otra cosa que observar y ver como la luz y el calor salían de, en este caso, una triste cabaña apartada de la ciudad. La ciudad, pensó. Giró su empapado cuerpo esbelto vestido con un traje oscuro, ahora manchado de barro, con sombrero de copa. El uniforme de los magos reales. Alcanzó a ver un castillo lleno de enormes ventanales y torres imposibles, cruzándose, retorciéndose y dividiéndose en otras subtorres más pequeñas. La edificación estaba encima de una meseta escalonada, los Mil Escalones, aunque seguramente sólo fueran unos doscientos.

El castillo se ubicaba justo en el medio de la ciudad. Todos tienen el mismo derecho de estar cerca del castillo real... y, ahora, de la escuela de magia también. No lo pensó con un tono melancólico, sino de esperanza. Llevaba tantos años intentando que reinase la paz y la igualdad y ahora que lo estaba consiguiendo...¿lo estoy consiguiendo?

—Thomas, sé que soy tu aprendiz y que tendría que ver, oír y callar ¿Pero no crees que deberíamos entrar a la cabaña? Mis alas se están congelando.

Una vocecilla, prácticamente como un fino y delicada tintineo, se escuchó justo detrás de la oreja de Thomas. Era Sussan, su mejor alumna y ayudante personal. Ella, al igual que Thomas, podía controlar la magia real pero, más importante que eso, era su amiga. Un hada de no más de quince centímetros de color azul verdoso que tenía unas enormes alas de libélula. Vestía un elegante esmoquin al igual que Thomas, pero con menos líneas honoríficas en el borde de sus mangas, pues esos dibujos de zarzas blancas se concedían por años de servicio a la corona o por logros importantes, a modo de condecoraciones.

Su cabeza, fina y elegante, poseía unos enormes ojos verdes que ocupaban gran parte de ella. Thomas la miró. Tengo mucha suerte de tenerte, Sussan. No es fácil encontrar ayudantes de confianza. Resopló y, después de unos segundos, dio respuesta.

—Entra si quieres, yo tengo que hacer todavía unas cosas por aquí fuera. Dentro hay una chimenea sencilla y algo de comer, podrías preparar algo para los dos, ¿no?

Thomas vio en los enormes ojos de Sussan una chispa de ira. No le gustaba trabajar para los demás. No, al menos, sin ganar nada a cambio. Desde luego era una chica lista.

—No es mala idea, pero podría también preparar algo para mí y dejar que movieras el culo y cocines tu propia comida —Sussan fingió durante unos segundos que estaba meditando—. A mí me parece mejor idea la segunda opción, ¿no crees?

Thomas estalló en una carcajada amarga. No era la primera vez que Sussan usaba su hiriente sarcasmo para atacarle. Ni la última, esperaba.

—Está bien, querida compañera. Me temo que es de menester un repaso de la lección, si es tan amable.

Habló de una forma demasiado correcta y seria, forzando al máximo el movimiento refinado para parodiar a los otros famosos magos que enseñaban a los aprendices. Sussan se quejó muy sonoramente, aunque de su garganta solo salía un leve tintineo, como si alguien le estuviese dando ligeros golpes a una pequeña campana. Thomas sonrió pícaramente. El idioma de las hadas era demasiado complicado de aprender para un humano corriente. Por suerte, él estaba lejos de serlo.

—¡¿Besas a tu madre con esa boca, señorita?! Está bien, lección uno. Definición de poder de alma.

Sussan suspiró, cansada. Se puso delante de Thomas con cara de pocos amigos, sacó de su chaquetilla su varita, se dio un golpe en el cuello con ella y, tras aclararse la garganta, volvió a hablar en el idioma humano.

—El poder de alma es una esencia que tenemos todos los seres mágicos, pudiéndose representar con números. Al principio toda la gente mágica tiene alrededor de 50, cuando se hacen magos rasos sube alrededor de 100, los altos magos tienen de 150 a 200 más o menos y los magos blancos suelen tener 500. Aunque todo esto es muy relativo, ya que el poder de alma se asemeja a un músculo, cuanto más se use más llegarás a tener en un futuro.

Prácticamente lo estaba recitando.

—Bastante correcto ¿Podrías decirme, entonces, para qué la usamos los magos?

—Por supuesto, lo usamos para los hechizos.

—Tipos de magia.

Thomas miraba seriamente al hada, que abrió la boca para quejarse, pero dejó a medias la acción.

—Hay diferentes tipos de…—el mago levantó la mano, demandando silencio, sacó su varita de un bolsillo interior de su chaqueta y la volvió a bajar, tomando así la palabra—. Ya sé que puedes memorizar, quiero ver si puedes defenderte.

El ejercicio tomó por sorpresa a Sussan, pues desde que conocía a Thomas solo había usado sus poderes en contadas ocasiones. Hasta ese momento se había centrado en los estudios teóricos de la magia, historia, mitología y demás cosas que Thomas nombraba como 'imprescindibles para usar magia' y que a Sussan le parecían una auténtica tontería. La pequeña hada, de la sorpresa, no articuló palabra.

—Si sigues tardando tanto tal vez me lo piense.

El mago sonrió al ver a Sussan moviéndose rápidamente a unos metros enfrente suya, adoptando una posición de combate. La lluvia iba paulatinamente perdiendo fuerza, como un bebé cansado de llorar que empieza a dormirse.

En cualquier otra situación hubiera sido molesta de no ser porque ambos magos, profesor y alumna, estaban a punto de hacer su primera batalla simulada. A decir verdad Sussan ya había peleado antes, pero era como un perro asustado sin control que usaba sus dientes porque no conocía otra forma de defenderse. Ya había usado su magia pero, a la hora de la verdad, eso no contaba. Alguien le habían dicho a Thomas que un nadador aprendiz también sabía respirar, pero no por ello es capaz de controlar los tiempos de respiración en cada brazada.

Sussan estaba demasiado nerviosa para empezar, así que Thomas le dio indicaciones para que respirase calmadamente. Acompañaba cada inspiración y espiración con un suave movimiento de su varita. Hacer eso le traía agradables recuerdos de una vida anterior. Una época más fácil y sencilla de lo que era ahora. Él y Lucas en el patio de...

Hizo callar a sus recuerdos. No se merecía recordarlo, así que escondió esa imagen en el fondo de su cabeza, donde sus sangrientas manos no pudieran mancharla.

Para mantener la mente ocupada, dio indicaciones y sugerencias a su compañera para que tuviera una pose de batalla óptima. Le alegró lo rápido que Sussan pudo ejecutarlas con lo nerviosa que estaba. Me sorprende que pueda concentrarse tanto, teniendo en cuenta lo fuerte que suena la lluvia. Tiene que estar amplificando sus sentidos con la ampliación, pensó Thomas, sin embargo, si no sabes ignorar los sonidos molestos, acabará por agotarte mentalmente… tendré que recordárselo luego.

Después de corregir la pose del hada y de ayudarla a sostener bien la varita (que en su caso era una pequeña ramita con la punta en espiral) empezó la batalla. Según las reglas hechas para una batalla amistosa (Las Reglas Base), ambos magos tendrían que llevar sus varitas hacia el lado derecho del pecho para después hacer una leve reverencia. Thomas, como le habían enseñado con unas normas más antiguas, hizo una enorme reverencia. Según le habían explicado: cuanto mayor sea tu vínculo con tu adversario mayor tiene que ser la reverencia, pues antiguamente se pensaba que una pelea era una forma de traicionar la amistad. Él no obligaba a sus alumnos a imitar sus costumbres, ya obsoletas, pero no pudo evitar sonreír cuando Sussan, que estaba volando a la altura de su pecho, hizo lo mismo.

A continuación Thomas dió tres pasos hacia atrás y Sussan revoloteó rápidamente unos metros de la misma manera. Una vez hecho eso contaron hasta tres y se movieron libremente por el terreno de lucha. La batalla acabaría cuando uno de los contrincantes ponga en jaque a su adversario, así que la distancia entre ambos era crucial.

Thomas, en una lucha de verdad, empezaría a usar magia de Esencia para afectar negativamente en el miedo o nerviosismo de su enemigo, pero dejó que Sussan tuviera ventaja. Esta noche no se trataba de ganar, sino de que ella pudiera aprender algo de la batalla.

El hada, de una manera muy inteligente, empezó a usar pequeñas runas Surin de rayos en el césped para que Thomas los escuchara con sus sentidos amplificados y así confundirle. Era un buen truco, pero sería más efectivo con magos poco experimentados que no supieran aislar momentáneamente los sonidos fuertes, sobretodo si se lo esperan. Tras esquivar varios pudo ver a Sussan moviendo levemente los labios para invocar la runa eléctrica.

Thomas, para no hacer sospechar a Sussan, desviaba con su varita algunos de sus rayos y se los devolvía, procurando dar siempre al suelo. Hubo un momento en que, por ver cómo reaccionaba, se lo devolvió a ella y, como si de un juego se tratase, se lo fueron pasando continuamente unas cuatro o cinco veces hasta que, finalmente, colisionó contra el suelo.

El ritmo de la pelea fue ascendiendo rápidamente, lo que hizo que los susurros de Sussan cada vez que hacía una runa se volvieran gritos.

Una vez Thomas supo que manejaba decentemente la runa del rayo decidió usar un poco de magia esencial para que su nerviosismo aflorase. Dio un fuerte empujón a ese sentimiento para que notase que lo estaba haciendo, aunque también avivó su seguridad y valor levemente.

Destellos de luz salieron de ambas varitas mientras esquivaban y gritaban el nombre de los hechizos. Casi parecía que bailaban un extraño y ruidoso vals. Una persona normal no podría haber escuchado los hechizos por culpa de la lluvia y los impactos de estos en el suelo pero, gracias a los sentidos amplificados por la magia base, pudieron distinguirlos. Sussan, a juzgar por sus rápidos contraataques, pudo por fin controlar levemente la magia base para escuchar sólo lo que le interesaba. Thomas sintió por ello una profunda calidez en su pecho. Orgullo.

Uno de esos rayos alcanzó a Thomas en el brazo izquierdo, haciendo que este fuera como un peso muerto para él. Conoces mi punto débil y lo has utilizado a tu favor, me gusta. Los ojos de Sussan vieron la oportunidad. Sussan usó la Ampliación para ganar velocidad y, con un poco de ayuda de Thomas, acercó su varita al cuello de su maestro. Revoloteando con dificultad por la lluvia, gritó en la profundidad de la noche:

—¡GANÉ, GANÉ! —el hada estaba revoloteando alrededor de Thomas, que se encontraba de rodillas en el suelo—. SOY MEJOR QUE MI MAESTRO, SOY UNA CAMPEONA.

El hada paró frente a Thomas y empezó a hacer poses apretando los músculos de su brazo. Sus enormes ojos brillaban relucientes como el sol.

El mago lo celebró con un lento aplauso. Thomas estaba satisfecho. Como su profesor le afectaba laboralmente que suspendiese las pruebas de hierro y sangre. Como amigo le afectaba personalmente que no pudiese cumplir su sueño. Sussan le miró a los ojos, contenta, y este le devolvió la mirada con un gesto de aprobación. Nadie dijo nada, no hacía falta, así que se levantó, sacudió levemente su traje y entró a la cabaña acompañado de su alumna.

Era un sitio acogedor, pequeño y simple. Todo lo que Thomas había deseado tener, a decir verdad, pero en lugar de eso era el aspirante a Mago Blanco y profesor más famoso de magia real que, además, estaba encargado de la seguridad de la princesa. Aria, perdóname. Sé que no es fácil desde tu lado, mas tampoco lo es desde el mio.

Thomas, con un movimiento de varita, invocó una runa de fuego para prender la chimenea. Miró a Sussan, que habló con un tono tan apagado y lúgubre que casi pareciera que alguien había muerto.

—¿Hasta qué punto van a cambiar las cosas cuando te vayas? Quiero decir, estoy muy bien así, entrenando contigo. ¿No podrías decirle que hacer y...?

—No.

Su seca respuesta pareció haber cortado la verdosa piel del hada. Clavó sus desproporcionados ojos verdes en los de Thomas. Se conocían desde hace tanto tiempo que separarse parecía impensable.

—Sé lo que estás pensando, y no. No puedo llevarte conmigo.

—No quieres.

—Podrías morir.

La mirada de Thomas se posó sobre la ventana. La lluvia ya estaba empezando a retirarse, pues ahora solo caían unas finas gotas. Volvió a mirar a su compañera. Sus enormes ojos expresaban preocupación, puede que miedo. No quería usar la esencia y descubrirlo.

—Aquí también.

Fue la respuesta más seca que Thomas había escuchado de Sussan desde hacía mucho tiempo. ¿Tan complicado era entender que lo hacía por su bien?

—Confiaba en Samuel, y le debo mucho. Mi vida, en realidad. Además, si yo muero no se notará un cambio real en este mundo. Mas, si tu mueres... Bueno, si tu mueres temo que Leyre me mate a mí.

Una leve sonrisa se esbozó en la cara del mago. Sussan no contestó, simplemente miraba el fuego, así que Thomas continuó.

—Si muero quiero que te encargues tú personalmente de la protección de la princesa, junto a Emma y Gina. Me da igual lo que se queje, me da igual lo que llore o lo que te diga, no te separes de ella. Protégela con tu vida si es necesario.

La sonrisa ya no era visible, en su lugar se encontraba la lúgubre cara de una persona con miedo a la muerte. No de su propia muerte, en realidad. Su vida llevaba demasiado tiempo sin tener un por qué. Temía por la de sus seres queridos.

—¿No vas a morir, verdad? Eres muy poderoso, Thomas. Eres mi maestro... ¿Sobrevivirás, verdad? —su tono se volvió levemente nasal y su frase se entrecortaba cada vez que se sonaba la nariz. Sussan se secó las diminutas lágrimas que emanaron de sus ojos color esmeralda—. ¿Verdad?

—Eso no depende de mí, Sussan. No sé cómo se lo va a tomar Sam. Tampoco si va a venir. Solo sé que es un viaje muy largo y que es posible que muera.

La respuesta no pareció complacer a Sussan. El hada le miraba, expectante. Quería que Thomas continuase con algo que la tranquilizara. Por desgracia no todo es bueno en esta vida, compañera. Continuó hablando.

—Siempre hay alguien más poderoso.

Thomas se sentó en el suelo de madera, húmedo por las goteras, al lado del hada. Necesitaba decirle lo que sentía, el miedo de no ser lo suficientemente bueno, el temor de que se destapen todos sus secretos, los fantasmas del pasado que venían a decirle a gritos que era una farsa, un traidor… Un asesino. Sin embargo, dejó que el silencio hablara. Sussan no se merecía sus propios problemas como para que cargara también con los de Thomas. El mago, al rato, habló con un tono tan serio y pesado como la mismísima Saj.

—La vida es cruel e injusta. Una mierda, en resumen —los ojos de Thomas se clavaron en la nuca de Sussan, que miraba al húmedo suelo—. Pero estoy convencido que cualquiera es lo suficientemente fuerte para agarrarla por los cuernos, y más tú. Tú has sido una de las pocas hadas en aprender magia y serás la primera en pasar las pruebas de Hierro y Sangre, estoy seguro.

Sussan no contestaba, seguía con la mirada fija. ¿Tal vez, en lo más profundo de su ser, pensaba que no sería capaz de pasar las Pruebas de Hierro y Sangre? No, eso no podía ser posible en alguien tan confiado como Sussan. A no ser que ella estuviera tan rota como él y se negara a mostrar sus verdaderos pensamientos.

—Apostaría mi brazo izquierdo, incluso, a que pasarás las pruebas y te harás incluso más fuerte que yo.

Sussan levantó la cabeza. Miraba a Thomas con sus enormes ojos llenos de lágrimas. Thomas, por simple curiosidad, usó la magia de esencia para mirar sus emociones. Había miedo, sí. Pero también esperanza.

—¿El izquierdo?

—Por supuesto —sonrió. Aunque fuera una sonrisa falsa, tenía la obligación de mostrarla—. Después de ti, es lo más valioso que tengo.

Sussan volvió a mirar al suelo, murmurando.

—Siempre hay alguien más poderoso...

Arena negra, viaje entre mundos

PARTE 1

El inicio de una historia.

2 Septembre 2021 18:21:05 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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