Histoire courte
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EL ASESINO DE BELEN FRANCESE



El protagonista de este relato es Carlos Bossio, el Quesón, el más grande asesino serial de mujeres que recuerden las crónicas policiales.

Una noche, al parecer era un jueves, Carlos estaba con su enorme figura (1,95 metros) con sus dos gigantescos pies (calza cincuenta) apoyados sobre la mesa haciendo lo que más le gustaba después de asesinar, o sea comer Queso.

Al lado había una enorme horma de Queso Gruyere, que la iba comiendo de a poco, mientras la cortaba con un enorme cuchillo, un cuchillo más grande que cualquier cuchillo de cocinero, que el asesino solía usar para asesinar mujeres.

Carlos estaba pensando en los próximos crímenes que iba a cometer… estaba haciendo un repaso de todos los asesinatos que había cometido… con su propia libreta repleta de datos escritos por él mismo más los recortes que tenía de toda clase de publicaciones. Y tras analizar esos datos en forma minuciosa llegó a una conclusión: había asesinado a noventa y ocho mujeres.

Debía cometer por lo menos dos asesinatos más para llegar a las cien víctimas. Carlos decidió actuar de inmediato, era un jueves. El viernes cometería el asesinato número noventa y nueve. El lunes llegaría a su céntesima víctima.

“El destino y el azar pondrán a mis dos futuras víctimas en mi camino. Mañana asesinaré a alguien, pum, pum, 75 puñaladas, el lunes, a otra, no se aún quienes son, eso sí, serán solo dos nuevos Quesos, dos enormes y gigantescas hormas de Queso Gruyere, en mi sanguinaria carrera como asesino”.

Vale aclarar que Carlos vivía en un lujoso edificio de departamentos ubicado en una de las zonas más caras de la ciudad. Y quiso el destino, como el propio asesino, sostenía, que alguien tocará el timbre aquella noche en su departamento.

“Soy la nueva vecina” dijo una voz femenina después que Carlos preguntará quien era.

El asesino abrió la puerta y la sorpresa entre ambos fue mutua. De un lado, Carlos vio frente a él a Belen Francese. Sí, era Belen Francese, vedette, humorista y modelo, con sus graciosos chicos y un cuerpo irresistible. Por su parte, Belen contempló a un gigantón y patón que no era otro más que Carlos “Chiquito” Bossio, el mítico y legendario arquero del fútbol, leyenda viviente de Belgrano, Estúdiantes y Lanús.

“Sos vos” se dijeron mutuamente.

“Sos vos” se dijeron mutuamente.

“Sos Belen Francese” dijo Carlos Bossio.

“Decime Belu” dijo la chica “Y vos sos Chiquito Bossio”

“No me digas Chiquito, decime Carlos”

“¿Carlos?”

“Sí, Carlos, o Quesón, porque tengo los Quesos grandes”.

Francese contempló los pies de Bossio y realmente le llamó la atención el enorme tamaño de los pies del futbolista.

“Sí, es cierto, tenes los Quesos muy grandes”

“¿Los querés probar?”

“¿Te referís a tus pies?”

“A mis Quesos. Son Quesos”.





Lo cierto es que Carlos le mostró sus apestosos pies a Belen, que no pudo evitar olerlos, chuparlos, lamerlos y besarlos, una y otra vez. A Francese le encantó el olor a Queso de Carlos Bossio. Apestante, intenso.

Cuando terminaron, ella también le mostró sus pies. Pero no era lo mismo. Bossio obviamente jugó con los pies de la chica, aunque estos despedían una suave fragancia a perfume francés.

Rato después, tras jugar aún más, Bossio y Francese pasaron a tener sexo de forma intensa y apasionada.

“Mañana te espero en mi departamento” le dijo Belen a Carlos.

Eran las ocho de la noche y efectivamente Carlos estaba en el departamento de Belen. Vestido totalmente de negro, con una polera y guantes incluídos, más enormes zapatillas talles 50 que le cubrían los pies.

El futbolista ingresó al departamento con un enorme paquete. Era un Queso. A Francese no la sorprendió, sabía que Carlos iba a jugar con un Queso. Y aceptó ese juego.

Pero la chica no se dio cuenta, mientras distraída estaba, que Carlos vertió un polvo en su copa, y así fue que Belen Francese empezó a tener mucho sueño aquella noche, más que de costumbre, lo cual era muy extraño para alguien acostumbrada a tener una vida nocturna tan intensa como ella. Vencida por el sueño, terminó por dormirse más que profundamente.

Cuando despertó se encontraba acostada en una cama, atada de pies y manos. No podía moverse. Era su habitación, que estaba totalmente oscura.

Comenzó a jalear para ver si podía escapar, pero nada pudo hacer. De repente, frenta a ella, apareció un hombre muy alto, con enormes pies, un gigantón y un patón, vestido totalmente de negro, con un pasamontaña que le cubría la cara, guantes negros, polera negra, todo negro, quien le dijo:

- Buenas noches, Belen. Soy Carlos Bossio, el Queson, el asesino de mujeres, te asesinaré, Belen Francese.

Francese se aterrorizó al escuchar las palabras del asesino. Bossio puso su enorme pie derecho sobre la cara de Belen y le dijo:

- Empeza a olerme los pies. Disfruta de mi olor a Queso. Vamos, oleme, chupeme y besame los pies. Ayer tuvimos sexo. Hoy tendremos Queso.

El olor a Queso del asesino era por demás fuerte e intenso, apestante. La mujer no podía soportarlo, creía que se moría. Bossio retiró su pie derecho, y luego le puso el izquierdo. Otra vez el olor a Queso era insoportable.





Tras someterla a la tortura de los pies, Carlos le tiró un enorme Queso.

Tras estas palabras, Carlos, el Queson, se tiró sobre Belen cuchillo en mano, y la apuñaló salvajemente. Primero un corte profundo en el estomago, clavándole el cuchillo hasta el mango, para luego hacerle un tajo profundo de izquierda a derecha, y luego otro de derecha a izquierda. A continuación, otra cuchillada en el pecho, también hasta el mango. Y luego vinieron cuchilladas y cuchillazos. Una tras otra. Le dio como noventa puñaladas. Cortes en todo el cuerpo, sin excepción alguna.

Tras cometer el crimen, tomó el Queso, lo tiró sobre su víctima, y dijo en voz alta:

- Queso.

El Quesón abandonó la escena del crimen con la misma impunidad con la que había llegado.

Carlos Bossio ya había asesinado a noventa y nueve mujeres, ahora se preguntaba quien sería su próxima víctima, la número cien, tenía que ser un crimen espectacular. Era el “Quesón”, el asesino serial que a cada mujer que acuchillaba le tiraba un Queso. Noventa y nueve Quesos había tirado hasta ese momento, siempre por cada asesinato un Queso.

20 Juin 2019 20:44:39 0 Rapport Incorporer 0
La fin

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