Katherine Suivre l’histoire

derkleineuhu Maria Ribeiro

Obra inspirada en el videojuego "Beyond Two Souls". Lo escribí hace un tiempo, por lo que pido disculpas de antemano por cualquier error gramático u ortográfico. ¡Espero que disfrutéis! "¿Cuál sería tu reacción si, gracias a un proyecto descubrieras las verdades más oscuras de tus seres queridos?"


Fiction adolescente Tout public.

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La entrevista

—Debería de haber inventado una excusa para no venir a este infierno… — pensé.

Al instante noté que alguien me estaba clavando la mirada, pero después me dí cuenta de que no era una persona, sino que varias.

—Señorita Ford, ¿se encuentra usted bien?

—Bueno, la verdad es que me duele un poco la cabeza —mentía. Sentí como mi profesor puso su mano fría en mi frente.

—La verdad es que tiene la frente bastante caliente. Alumnos, enseguida vuelvo. Acompañaré a la señorita Ford a enfermería. Cuando vuelva quiero ver todos los ejercicios terminados.

Mentir de vez en cuando no está mal, supongo. El profesor Stuart me dejó delante de la puerta de enfermería. Una mujer robusta, con un moño castaño y unos ojos igual de oscuros abrió la puerta.

—¿Con qué me vienes hoy? ¿Gastroenteritis, fiebre, catarro…? —me preguntó Madeleine con un tono de burla.

—Hoy he improvisado. Le he dicho que tengo fiebre y por milagro, se lo ha creído.

—Ya sabes como es Stuart. Un matemático bastante despistado —puso su mano en mi frente—. La verdad es que estás bastante caliente. Parece que hoy es tu día de suerte, porque mañana tampoco vendrás.

La abracé y me despedí de ella. Fui de vuelta a mi clase para llevar mi mochila y mis cuadernos. Para ser sincera, me sentía enferma. Decidí gastar el dinero que tenía para comprar el almuerzo en comprar unas aspirinas para la fiebre.

Cuando entré, un chico simpático me atendió. Yo estaba con cara de pocos amigos y con las mejillas rojas del calor que hacía dentro. Debido a que estaba poca gente, salí deprisa y fui directa a casa.

Metí las llaves en la cerradura y entré en casa. Allí se encontraba mi madre, leyendo una revista mientras se pintaba las uñas de los pies.

—No te pega mucho ese esmalte. Creo que deberías apostar por el granate.

—¿Pero qué te ha pasado? ¿Qué haces aquí tan temprano? —exclamó mi madre, dejando derramar toda la pintura por el suelo.

—He ido a enfermería y me han dicho que tengo fiebre.

—Venga, vete a tu habitación. Ahora te traigo unas aspirinas.

—El caso es que ya he tomado unas cuantas —avisé a mi madre.

—Estás loca, Charlie. No te muevas de la cama. Lo único que tienes que hacer es descansar y punto. Nada de chatear con nadie y mucho menos andar en el ordenador. Yo tengo que ir a trabajar a casa de la Sra. Pots. Ya sabes cómo es esa mujer…

—Está bien, lo hago por ti —me reí—. Adiós, mamá, te quiero.

—Adiós, cielo.

Desde que mi madre salió de casa no había nada más que leer un libro. Era demasiado “cursi” para mi gusto, pero era lo único que me entretenía en aquella casa. Cuando miré mi reloj marcaba las cinco en punto. Decidí llamar a mi mejor amiga, Chloe, para que me pusiera al día en cuanto a deberes.

—Hola, Chloe.

—¡Charlotte! Te he echado tanto de menos…

—Venga, no exageres. Solo has pasado cuatro horas sin mí. ¿Eso es mucho?

—Para mí sí. ¿Qué tal te encuentras? —noté su desánimo cuando me preguntó.

—Mi fiebre ha subido a los 40 grados, pero tranquila, me encuentro bien dentro de lo que hay.

—Qué bien, me alegro de que te encuentres mejor. El profesor Roxford nos ha enviado un trabajo que, para ser honesta, es bastante coñazo.

—¿De qué se trata? —pregunté con curiosidad. Me encantaba el profesor Roxford. Es muy comprensible, al menos conmigo y sus proyectos siempre me hacían tener curiosidad por lo que estaba trabajando.

—Tenemos que hacer una entrevista. No es nada del otro mundo pero ya sabes que a mi eso me da flojera. Tener que encontrar una persona para hacerle preguntas de su vida…

—Creo que ya sé a quién entrevistar. ¿Para cuándo es?

—Para dentro de dos semanas, creo.

—Bueno, ni tan mal. ¿Algún trabajo más?

—No. Que iba a decir… ¡Ah! ¿Mañana vas a venir al cole?

—Madeline me ha dicho que será mejor si no voy.

—Oh, qué pena… Mañana quería contarte una cosa súper hiper mega ultra importante, pero como no puedes venir…

—Ya me contarás, ahora voy a descansar un poco. Adiós, Chloe.

—Adiós, Charlie. Recupérate pronto.

—Gracias.

Colgué el teléfono. Al instante me arrepentí de lo borde que había sido al hablar con Chloe. Es mi mejor amiga y no merece que la trate así, aunque no estaba en condiciones de hablar. Enseguida me puse en contacto con mi madre. Como ella siempre tardaba en coger el móvil, tuve que llamar unas cinco veces.

—¡Charlie! ¡Ya te he avisado para que no me llames más de tres veces!

—¡Igual si espabilas un poco, sabiendo que tu hija está enferma!

—No creo que sea buen momento para discutir. Dime, ¿qué quieres? —contestó mi madre, en un tono seco.

—Chloe me ha llamado y me ha dicho que tenemos que hacer una entrevista para completar un proyecto. Resulta que me he acordado de nuestro vecino Dwayne, me habías comentado que tenía un secreto. Y me preguntaba si…

—No, no, Charlotte, de ninguna manera. Si Dwayne no está dispuesto a contar siquiera a su mejor amiga su gran secreto, ¿cómo quieres que cuente a ti?

Mi madre tenía razón. Si ni siquiera estaba dispuesta a contar a alguien que conocía más que bien y confía en ella, ¿cómo iba a contar a una niñata como yo?

—Ya me encargaré yo de que me conceda la entrevista.

—Hablaré con él y haré lo que pueda. En casa hablaremos mejor. Ahora deja que termine de limpiar la casa de la Sra. Pots. Hasta luego.

—Hasta luego, mamá.

No tuve más remedio que esperar tumbada en la cama hasta que mi madre llegase a casa. Escuché a mi madre metiendo la llave en la cerradura de la puerta principal. Dejó sus cosas en la mesa y vistió su pijama. El sol ya se había ocultado, y yo sin darme cuenta por lo absorbida que estaba en el libro. Pero salí de mi mundo de fantasía cuando mi madre tocó la puerta de mi habitación.

—He logrado hablar con Dwayne por teléfono. Me ha dicho que acepta que le hagas la entrevista, pero prefiere que le envíes las preguntas antes de que vayas a su casa. También ha dicho que dejaba en tus manos la data. Espero que no eches esta oportunidad en vano.

—Te lo prometo. Gracias por la ayuda.

—De nada. He vuelto a calentar la sopa de ayer. ¿Quieres que te la traiga a la cama o prefieres ir a la cocina?

—Voy a la cocina. Me da asco estar en la cama todo el día. Me siento como una momia.

Me levanté de la cama, me puse mi bata con estampado de corazones y calcé mis pantuflas con forma de conejos.

Allí estábamos mi madre y yo, sin saber de qué hablar. Pero al final logré un tema del cual hablar.

—¿Y cómo te ha ido la limpieza en casa de la Sra. Pots?

—Muy bien, es una mujer ordenada y es muy raro que deje la casa acumular suciedad. Eso sí, siempre he tenido problemas con los baños. Tiene alguna que otra complicación cuando quiere hacer sus necesidades y bueno… ni siempre llega a tiempo…

—Mamá, estoy comiendo. Te agradecería que no hables de ese tema.

Aparté el plato. Estaba empezando a sentirme indispuesta. Lo único que me apetecía era ir a la cama y dormirme.

—Charlie, toma la aspirina. Tienes pinta de que te está subiendo la fiebre.

—Pff… Eso creo. Estoy con muchos escalofríos. Voy a la cama. Buenas noches, mamá.

—Buenas noches, descansa.

Y así fue. Me tumbé y esperé a conciliar el sueño.


Era un día soleado. Yo me desperté de mal humor, como siempre, pensando que tenía que ir al colegio. Pero aquel día era diferente, aquel día ni siquiera iba a sacar un pie fuera de casa.


No sé a qué viene esto, pero puedo presumir de una cosa, soy una persona con la conciencia tranquila y no me gusta hacer nada un día antes de que el plazo de entrega termine. Por eso, decidí ponerme manos a la obra con esa entrevista y me arriesgué bastante, debido a que poco sabía de mi vecino, Dwayne. Cada vez que miraba desde la ventana, estaba su hijo, Aiden, escribiendo su diario, tumbado en la cama. Me atraía mucho, pero esta no era la ocasión adecuada para “ligar”. Me miré al espejo y quedé bastante impresionada al ver las largas y profundas ojeras que tenía, pero no era nada que el maquillaje pudiese arreglar. Pretendí disimular mi cara de enferma. Mi madre solía ir por la mañana muy temprano a trabajar, así que me tocó hacer todas las tareas de casa.


Salí de casa con una cazadora vaquera, unos pantalones de la misma tela y una camiseta con la bandera de los Estados Unidos, muy innovador, la verdad. Hice una coleta para disimular mi pelo grasiento. Estaba con un cuaderno en la mano y una grabadora, de las antiguas. Toqué el timbre de los Richardson. Hacía mucho tiempo que no veía a mi vecino. Me impacté al ver lo alto y fuerte que era, pero tenía cara de quien ya había sufrido mucho en la vida. Me cedió paso a su acogedor hogar.


—Perdone por tocar al timbre a estas horas de la mañana. Pero he decidido realizar el trabajo cuanto antes. ¿Recuerda lo que le comentó mi madre ayer?

—Sí, sí, me acuerdo perfectamente. Noto que tienes una manía bastante peculiar de molestar a los vecinos temprano.

Noté su expresión de enfado, y no pude evitar sentirme culpable. Él tenía razón, pero estaba dispuesta a darle explicaciones.

—Mire, Sr. Richardson, lo siento de veras, pero es un trabajo muy importante para mí y me gustaría sorprender a mi profesor de Lengua con este proyecto. Y tengo esa peculiar manía que usted dice, pero no es de molestar los vecinos tan temprano, eso se lo aseguro. Me encanta hacer las cosas con mucha antecedencia, y estoy demasiado aburrida sola en casa, sin poder moverme de la cama.

—Charlotte, todavía estoy con la bata puesta y mi hijo todavía duerme. ¿Qué tal si esperas un poco mientras haces tiempo, entonces?

—Por supuesto, no hay problema —no pude evitar un tono de entusiasmo.

—Pero si me entero de que has dicho algo, dejaré de responder a tus preguntas inmediatamente, y tal vez te pueda acusar de mentirosa.

—De acuerdo —le respondí, con una amplia sonrisa—. Entonces vendré más tarde.

—Me parece bien. Ya te llamará mi hijo para que vengas a casa.

—Está bien, y perdone de nuevo las molestias.


Volví a mi casa y espere a la llamada de Aiden. No tardó nada más ni nada menos que una hora y media. Fue muy aburrido tener que esperar, pero mereció la pena.


—Hola de nuevo, Sr. Richardson. Esto… ¿tiene usted horas para irse o algo?

—Luego tengo que hacer un par de recados, pero puedes estar un par de horas tranquilamente.

—Bueno, está bien —saqué un bolígrafo de mi bolsillo y abrí el cuaderno mientras me senté en una de las butacas que tenían en la sala.

—Será mejor que cierre la puerta, Aiden no sabe nada sobre lo que te voy a contar, además, ni le conviene.

Aquello que dijo me hizo sentir nerviosa. No sabía de nada, pero tenía que averiguar cuanto antes.

—Bueno, pues, me podría decir usted, Sr. Richardson, ¿de qué se trata?

—Se trata de la madre de Aiden, Katherine, mi ya fallecida esposa.

—Y bueno, ¿qué le ocurrió? ¿Es tan grave como usted lo pinta? —puse un tono de preocupación, del cual él se dio cuenta.

—No te preocupes, no la maté ni nada por el estilo, si es eso lo que te estás preguntando. Es una historia bastante… peculiar, que digamos.

—Pues… cuando usted quiera.


“Era un día normal en el Laboratorio de Investigaciones de Utah, allí era donde mi padre mostraba sus conocimientos universitarios. Él era un reconocido científico y muy profesional. Su trabajo era explorar los límites de los poderes psicológicos de algunas personas. Y ahí fue donde conocí a Katherine. Tendría unos seis años cuando la vi por primera vez. No destacaba mucho de las otras niñas de su edad, ya sabes, pelo largo y castaño, ojos del mismo color… pero era una niña muy dulce y derrochaba simpatía. Fueron espantosos sus primeros días en el laboratorio -allí teníamos cuartos para que algunos pacientes se hospedaran-. Además, siendo huérfana resultó más complicado el proceso, sin la ayuda de sus padres todo se hacía más enrevesado… Pero me tenía a mí y a mi padre.

Me imagino que te estarás preguntando "¿por qué estaba ella allí?". Bueno, pues resulta que tenía una entidad que le acompaña a todo lado, como si de una alma gemela espiritual se tratara. Estuvo hablando con mi padre haciendo un montón de pruebas durante unos… ocho años diría. Simpatizamos mucho y nos hicimos muy, pero que muy amigos. Éramos inseparables... “


Hizo una pequeña pausa. Noté que sus ojos estaban quedando húmedos, y se le cayó una lágrima.

—¿Se encuentra usted bien?

—Sí, sí, es que a veces… a veces me cuesta hablar del tema. Lo he hablado en muy pocas ocasiones y cada vez que lo hago es peor que la anterior.


Aclaró la garganta y siguió con la historia.


“El caso es que la CÍA se interesó en ella para un par de misiones. Como lo pensarás, mi padre negó la propuesta, ¡apenas tenía seis años! Pero ya sabes cómo son… Descubrí unas cosas bastante interesantes sobre la identidad que acompañaba siempre a Katherine. Resultaba que tenía la capacidad de entrar en cuerpos de otros seres humanos y provocar fuego. Pero no podía hablar. Ocho años más tarde la CÍA hizo nuevamente otra propuesta, y de esta vez se trataba de parar los pies a un presidente corrupto en Arabia Saudita. Recuerdo perfectamente cómo había sido aquella noche, mientras yo estaba en su cuarto y hablamos del tema.


—Katherine, si tu vas a la misión, yo voy contigo, pero vamos, sin pensarlo dos veces. Estaré siempre a tu lado para apoyarte, sea la situación que sea. No tengas miedo. Aiden y tú estaréis bien.

—¡Pero Dwayne! Van a hacer algo malo a Aiden, estoy segura. Nunca suelen hacer cosas buenas, he oído hablar a unos antiguos agentes de la CÍA que les explotaron los poderes a otra gente como yo. ¿Y si me separan de Aiden? ¿Qué será de mí? Muchas veces me harto de tantas estupideces que hace, pero le quiero, es parte de mí —me decía, entre lágrimas y llantos.

—Katherine, escúchame, no permitiré, ni yo ni mi padre que te hagan mal, o sino sufrirán las consecuencias. ¿Confías en mí?

—¿Acaso lo dudas? Yo siempre te he querido, eres mi gran apoyo. Sin ti no sería nada, y lo sabes.

—No lo dudo, Kat, no lo dudo.


Estuvimos toda la noche hablando, literalmente. Y me dormí junto a ella. Al día siguiente, mi padre toca la puerta de la habitación de Kat, preocupado por mí, pero cuando me vio a su lado, se sintió aliviado. Nos dijo que sería mejor que fuéramos preparando las maletas cuanto antes, para poder ir a Langley, Virginia, allí se sitúan hoy en día sus cuarteles, cerca de la capital estadounidense. También nos informó de que unos agentes vendrían a recogernos dentro de dos días. Salimos de la habitación, y mientras Katherine fue a hacer una prueba con mi padre, yo me topé con una trabajadora del sector 7, creo que se llamaba Emily.


—¡Dwayne! ¿Qué tal se encuentra Katherine? ¿Tienes noticias suyas? —me preguntó, con un tono de preocupación.

—Se encuentra bastante triste, la verdad, pero es una chica fuerte y sé que va a conseguir superar todo esto.

—Bueno, me alegro por ella. ¡Ah, por cierto! Mi hija, Melanie, cumple 15 años hoy. Me gustaría que tú, junto a Katherine, vayáis a la fiesta. Será en nuestra casa, a las cinco de la tarde. Espero veros.

—Me imagino que iremos, Katherine necesita desconectar un poco de tanto agobio, creo que le vendrá bien.

—¡Estupendo, nos vemos!“


Cuando terminó las pruebas, le pregunté si quería venir a la fiesta. Ella dijo que sí, y con la aprobación de mi padre, llegamos al hogar de las Smith.”


De repente empezó a sonar su móvil.


—¿Prefiere continuar con el relato mañana mismo?

—Sí, será mejor que siga mañana, me acaban de llamar del trabajo por una urgencia.

—Está bien, ¿mañana a las diez y media le vendría bien?

—Perfecto. Aquí estaré. Hasta mañana, entonces.


Salí de la casa con mis apuntes. Lo que me había contado me pareció… muy raro, la verdad. ¿Era eso todo posible? ¿De verdad existían personas con entidades como la de Katherine? Todo me sonaba extraño. Supuse que al día siguiente me aclararía más cosas. Mientras tenía la cabeza hecha un lío, llegué a casa, vestí el pijama y me metí en la cama. Nadie sabía que ya había ido a casa del Sr. Richardson, y si mi madre descubriese, me comería viva. Pero no fue el caso, y cuando llegó a casa, pensó que estuve así toda la mañana.


—¿Qué tal te encuentras, Charlie?

—Bastante mejor, apenas tengo unas décimas demás.

—Eso es muy bueno. ¡Vaya por Dios! Ya es mediodía pasado y todavía no he preparado el almuerzo. Pensaba que fuera más temprano. Te dejo sobre la mesita las aspirinas. Tienes que tomarlas ahora. ¿Vale?

—Vale, venga, vete a preparar la comida.


Después de que mi madre preparase la comida, me senté en la silla de la cocina y me puse a comer como si hubiera comido hace semanas. Luego, seguí leyendo el libro “cursi”, pero que me gustaba. Estaba tranquila cuando mi amiga, bastante pesada, Chloe, me llama cerca de las seis de la tarde.


—¡Charlie! ¡No sabes lo que ha pasado!

—Estoy bien, gracias por preguntar. ¿Y tú, cómo estás? —le pregunté, con tono de burla.

—Perdón, es que estoy demasiado emocionada con el notición. ¿Te encuentras mejor?

—Sí, sí. Bueno, dime entonces, ¿qué ocurre?

—Pues mira, el caso es que Brittany, ha terminado con Zack. Bueno, técnicamente ha sido al revés, pero Brittany lo pinta de una manera… Ella dice que Zack le ha puesto los cuernos con Ashley, pero Ashley sale con Josh, y Josh ahora quiere lío con Brittany para aprovechar la ocasión y tener una revancha…

—Chloe, para, para, por favor. Sabes que a mí esos rollos no me interesan. Desde que no me molesten, me da igual los demás.

—Lo sé, pero se ha montado una movida de la ostia por esto, y ahora, el Director va a hablar con los cuatro. ¿Te acuerdas cuando te comenté que tiene cara de pedófilo? Pues bueno, creo que lo es porque…

—¡Chloe, basta! —exclamé—. No me interesa la vida de los demás, ¿lo pillas?

—Vale, perdona. Tenía otra cosa más para comentarte… ¡Ya me acuerdo! Sabes que los sábados solemos quedar a la mañana para hacer picnic, pero resulta que este no puedo quedar, Michael me ha invitado a un paseo, y bueno… no he podido rechazarlo. Lo siento.

—No pasa nada, yo también no puedo. Tengo que entrevistar a mi vecino para el proyecto de Lengua.

—¿Ya has empezado con el proyecto? ¡¿Estás loca?! Yo voy a hacer cuando queden un par de días para entregar.

—Sabes que eso no va a funcionar, pero aún así, buena suerte.

—Gracias, la necesitaré, supongo. Me tengo que ir, ya, Charlie. ¡Hasta mañana! ¡Recupérate!

—Gracias, Chloe. Hasta mañana.


Después de haber colgado a Chloe, había seguido con mi lectura. Sólo me quedaban unas cuantas páginas, y habría terminado unos minutos antes de la hora de cenar. Cené y me fui a la cama directo, esperando a conciliar el sueño.

26 Mai 2019 14:30:43 0 Rapport Incorporer 0
La fin

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