Histoire courte
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El final de Casablanca

Supongo que habrá pocos (des) afortunados que no hayan visto la película Casablanca. Hablaremos aquí de su final, para lo cual será necesario abordar diversos momentos previos de la película, pero lo haremos a modo de flash back y con algunas digresiones.


La escena final se desarrolla en el Aeropuerto de Casablanca, en plena Segunda Guerra Mundial: allí nos encontramos a Rick Blaine (Humphrey Bogart), Viktor Laszlo (Paul Henreid) con su esposa Ilsa (Ingrid Bergman) y el capitán francés Renault (Claude Rains). Primera digresión: los guionistas de los comentarios y de la parte jocosa, irónica y divertida de la película son los hermanos (gemelos) Epstein, de los que se decía que se parecían tanto y eran tan «canallas» que cuando uno de ellos quedaba con una chica en un hotel, realmente, iban los dos, unos de los cuales se escondía e iban relevándose en el goce carnal, lo que provocaba la admiración de la mujer y dejaban a gran altura la virilidad del gemelo. Pues bien, en un guiño divertido del guión al capitán francés le llamaron Renault y al jefe del mercado negro de Casablanca (un magnífico e imprescindible Sidney Greenstreet) le llamaron Ferrari.


Rick tiene en su poder dos salvoconductos «al portador» con los que se puede abandonar Casablanca con destino Lisboa, que es el puerto de destino para los Estados Unidos. Simplemente hay que rellenar el nombre del afortunado viajero en cada uno de los salvoconductos. El nombre de Ilsa Laszlo ya está escrito en uno de ellos. Falta el nombre del viajero que lo acompañará: Rick o Viktor. Por si no lo saben, uno de los muchísimos aciertos de la película es que a Ingrid Bergman no le desvelaron durante el rodaje cuál de los hombres es el que la iba a acompañar y ese misterio se refleja en su rostro, sobre todo en estas escenas finales.


La noche anterior Ilsa ha visitado a Rick en su café, cerrado temporalmente por Renault a instancias de los alemanes tras el emocionante cante de La Marsellesa. Desde la llegada inesperada de Ilsa a Casabanca, Blaine no ha levantado cabeza, ahoga en alcohol y rabia el dolor que le produce la herida que se le reabre al rememorar el día en que la noruega no se presentó en la Estación de Tren de París, lugar en el que habían acordado encontrarse a las 16.45 para huir juntos de París, huyendo de los alemanes han llegado a la capital francesa. A Rick se le cae el mundo a sus pies cuando su querida no llega y a las 16.58, Sam, el pianista negro, le entrega una carta de Ilsa comunicándole que no puede acompañarlo, carta cuya tinta se desparrama por la nota manuscrita con la lluvia que en aquel momento cae sobre París, haciendo finalmente ilegible su contenido.


Entre copa y copa y también entre lágrima y lágrima (sí, en esta película el duro Bogart llora, aunque sus lágrimas hay que adivinarlas porque se tapa la cara mientra lo hace), Rick rememora sus días felices en París con su amada: en esas escenas se ve a un Bogart absolutamente feliz y relajado, conduciendo un vehículo y bailando con Ilsa, en contraste con el gesto adusto y seco que luce en Casablanca.


Bien, volvamos a la noche anterior a la escena del aeropuerto. Tras varios intentos de acercarse a él, que son rechazados por Rick con una amargura hiriente hacia ella, esa noche, los amantes consiguen volver a reunirse y unirse. Pasan esa noche juntos y ella le explica el motivo por el que no lo acompañó en su día: creía muerto a su marido Viktor Laszlo, héroe de la Resistencia antinazi, pero el día que tenían que partir, a ella le comunicaron que no solamente estaba vivo, sino en las afueras de París y que la necesitaba (a mi, personalmente, me queda la duda de si ella es sincera o no con esa explicación, pues pienso que lo de París fue un adúltero «amour fou») El caso es que ambos siguen enamorados y ahora no hay excusa para la infidelidad matrimonial de ella. Rick le da a entender a ella que se irán juntos en el avión hacia Lisboa, pero no lo hace tajantemente, si bien se juran amor eterno. Parece mentira que la relación personal entre Bogart (44 años tenía cuando se filmó en esta película) e Ingrid Bergman (26) fuese pésima, y sin embargo en la película transmiten un enamoramiento absoluto.


Ya en el aeropuerto, el misterio se desvela: el nombre impreso en el segundo de los salvoconductos es el de Viktor Laszlo. El desgarro contenido que se refleja en la cara de ella es uno de los momentos estelares del cine. Por contra, el gesto de Bogart es relajado, decidido, la decisión está tomada y no hay vuelta de hoja. Rick (o Richard, como ella le llamaba en París) consuela a Ilsa (delante del marido) mientras le susurra que lo importante es que «siempre les quedará París», ambos lo habían perdido, pero la noche anterior lo han recuperado. Climax.


Cada cuál deberá elaborar su teoría del motivo por el que Rick no se fue con Ilsa en aquel avión, si bien, con el debido respeto, vamos a descartar una estrafalaria hipótesis que surgió allá por lo años 70 del siglo pasado, según la cual hay una relación homosexual entre Rick y Renault, basada en la frase relativa al principio de una gran amistad entre ambos con la que acaba la película, precedida a mitad del film de un comentario del francés acerca de que si fuera mujer, si duda, se enamoraría de Rick. Realmente, son dos cínicos que disfrutan uno de la compañía e inteligencia del otro, de hecho Bogart solamente aparece relajado en Casablanca cuando está con Renault, pero ya está.


Los motivos de Rick pueden buscarse más en una posible desconfianza hacia Ilsa, conocedor de la admiración irreprimible que siente hacia el héroe resistente con tintes trágicos que es Viktor, casi un padre para ella, del que solamente recibe un beso en la mejilla en toda la película. ¿Creería Rick que al final Ilsa, acabaría con su marido?


Otro motivo, compatible con el anterior, es que Rick sabe que el amor real solamente existe si es vivido de un modo irracional,sin preguntas ni respuestas y sin planes de futuro, como el vivido por ellos en París y el recuerdo de la última noche. La rutina de la convivencia acabaría con ese amor, por lo que es mejor no apurar la última copa y dejarlo como está, sublimarlo.


¿Alguna teoría más?

31 Mars 2019 11:02:46 3 Rapport Incorporer 0
La fin

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JUAN PABLO SUERO INTERESADO POR CASI TODO

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JC José Antonio Chozas
Disgresiones sobre Blaine y Renaud: No es lo mismo mirar hoy "Casablanca" que cuando se estrenó. No obstante, ahí van algunas impresiones, siempre subjetivas. El personaje de Viktor Laszlo es el que peor ha envejecido. Hoy, 2019,es el que parece más de cartón piedra. Sin embargo, la escena del canto de La Marsellesa frente a los oficiales nazis sigue siendo conmovedor, grandioso, y de lo más emotivo de la película. El personaje de Ilsa Lund ya es muy poco reconocible porque La Mujer se ha emancipado y ya no tiene tanta necesidad de manipular a terceros para conseguir sus objetivios y vivir apenas un fragmento de vida propia. La relación entre Renaud y Blaine es estupenda. Vaya por delante que yo soy varón. Mi hipótesis: Blaine es un hombre duro, potencialmente borde y con muy mala leche. Conoce el mundo, sabe qué se puede del género humano. Sin embargo, le queda un poso de nobleza, de idealismo, y todo lo que es bello y noble, aunque solo sea por la vía de la sublimación. Renaud, el más mezquino, pragmático y cínico de los personajes, y por lo tanto el más apegado a su sitio y a la realidad, admira ése toque de Blaine. Todos van a huir, él se quedarà en Casablanca según el viento que más sople. Es su extrema amoralidad y pragmatismo lo que hace que admire al americano. Un abrazo, Juan Pablo
2 Avril 2019 17:24:23

  • J S JUAN PABLO SUERO
    Es muy acertado lo que dices del personaje de Laszlo porque es el de un perfil más estereotipado, al que salva su participación en la escena de la Marsellesa, como bien apuntas. El resto de personajes están perfectamente construidos y buena prueba de ello es que no han envejecido, son universales para cualquier época y lugar. un guiño especial para el secundario Ugarte/Lorre. Otro abrazo, José Antonio. 4 Avril 2019 02:03:21
JC José Antonio Chozas
Bien escrito. Mi opinión es que Rick deja marchar a Ilsa porque sabe que ése es su destino más lógico. Sabe además que ésa Mujer ya le ha vendido una vez. Blaine es un hombre curtido. En la edad madura ya no cuelan casualidades ni malentendidos. Y en una visión postmoderna, Ilsa Lund, en el fondo, no se ama más que a sí misma. Y apuesta a supervivencia y a caballo ganador
31 Mars 2019 16:22:53
~