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M
Mirakel |Mutuo


Una pequeña historia de terror que me paso una noche de abril de hace unos cuantos años.


Thriller/Mystère Déconseillé aux moins de 13 ans. © Todos los Derechos Reservados

#peliculas #fanastamas #378 #terror
Histoire courte
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Películas

 Siempre  he sido fanática de las películas de terror, me encanta cuando ponen  música de suspenso y esta va subiendo poco a poco hasta sacarte un  respingo del miedo, me encanta como la trama se puede enredar y como el  director es capaz de espantarte aún cuando sabes que ese  es el momento en que va a salir el monstruo. Honestamente considero que  las películas de terror de hoy en día no son tan buenas como lo eran  antes; tal vez es el hecho de que la sociedad es más abierta de lo que  era, y casi no hay temas de los que no se hable abiertamente en todos  lados; ¿quieres hablar de fantasmas?, hay un lugar para eso, ¿de  posesiones?, ¡con gusto!, de espectros, hombres lobo, asesinatos,  tortura, de todo se puede hablar; no puedo negarlo, hay muy buenas  películas, pero eso no quita que extraño esas películas donde no podías  dormir por días, donde tenías miedo de que el monstruo saliera de debajo  de tu cama o de tu closet, o peor aún, ¡de tu televisión! para pegarte  un buen susto. Aun así, aunque no encuentro una película digna de  quitarme el sueño, cada fin de semana tenía la costumbre de acomodarme  frente a la tele con una cobija y algo para botanear y empezar a ver  películas aproximadamente a las 11 de la noche, ¿por qué no?, para que  hubiera un susto algo parecido a los de antaño. Siempre veía cuantas  películas podía; a veces 3 o 4 dependiendo de lo cansada que estuviera  ese día. Esa vez solo alcance a ver 2 películas completas, pues el sueño  me estaba matando y mantener los ojos abiertos ya se me hacía  imposible.
Apague la tele y me dispuse a ir a mi cama. No hacía  mucho que mi hermana había decidido adoptar a un gatito, así que no fue  una sorpresa para mi encontrarlo echado en mi almohada; le di un beso y  me acosté en el otro extremo de la almohada cuidando de no despertarlo.  Su ronroneo movía la almohada de una forma tal que resultaba agradable  al tacto; y mezclado con el cansancio que tenía, me quede dormida muy  rápido.
Poco después me levante con un tremendo dolor en la  garganta, sentía como si algo me apretara la garganta, y tragar saliva  se me hacía cada vez más difícil; a ciegas busque en mi buro a ver si  había dejado algún vaso de agua o una lata de refresco de la que pudiera  echar mano para apaciguar ese dolor, a pesar de que sabía que no lo  había hecho.
De mala forma me dispuse a ir a la cocina. Mi casa es  algo grande y vieja, por lo que las escaleras rechinan con cada  movimiento, incluso el más leve. Con sumo cuidado baje a la cocina y  honestamente no vi necesidad de prender las luces; he vivido en esa casa  desde que nací, la conozco incluso mejor que a mi propia mano, así que  tome la aventura a ciegas. El trayecto a la cocina me pareció un poco  más largo de lo habitual, pero asumo que eso fue un efecto secundario de  estar sumamente cansada. Sin muchos problemas me acerque al garrafón y  me serví un vaso agua. Mientras lo tomaba, escuche como las escaleras  crujían levemente, para poco después sentir que algo me caminaba entre  las piernas y se rozaba lentamente contra mí, abrir los ojos me pareció  simplemente imposible, sentía como si tuviera pesas en los ojos, o como  si me los hubieran cosido, y además, ¿para qué iba a abrir los ojos?,  ¿para encontrarme con el gato que ya estaba despierto en la cocina  molestándome? Me deshice de esa idea y me serví otro vaso de agua.
 Mientras me pasaba el agua alcancé a escuchar como las escaleras crujían  de nuevo, esta vez más fuerte, más firme; “debe de ser mi madre” pensé,  “la he de haber despertado al bajar y hacer algo de ruido”. Mi madre  siempre se levantaba hasta con el mínimo sonido, así que no era sorpresa  que se hubiera levantado después de escuchar como la casa se quejaba,  como si también estuviera viva, de que no me estaba quieta a tan altas  horas de la noche. Como todo estaba oscuro no podía ver bien, sin  embargo logre escuchar una voz femenina diciendo “Mía… Mía…”; fue apenas  lo suficiente para dejar en claro que era una voz de mujer, pero no  como para poder distinguir de quien era. Para tranquilizarme a mí, a mi  mamá o a quien sea que hubiera bajado dije en voz alta que era yo, que  solo estaba tomando agua y pronto volvería a dormirme; más que un aviso  parecía una forma de tranquilizarme, pues ya estaba nerviosa; pero eso  no evito que mi mamá, o lo que parecía ser mi mamá dentro de mi  imaginación, bajará todas las escaleras y se aproximara a la cocina.
 En ese momento no le di importancia, mi mamá tiene la fama de ser terca  y cerciorarse de que todo esté bien aun cuando le dices que está bien.  Pasaron apenas unos segundos hasta que sentí una fuerte presión sobre  los hombros, como si alguien me agarrara desde atrás. Poco a poco,  todavía con la somnolencia ganándome, baje la mirada hacia mis hombros;  no pude evitar soltar el vaso que estaba tomando ya que no había ninguna  mano, ningún rastro de alguien, allí, donde la presión seguía. Alcance a  escuchar como poco a poco los cristales caían al suelo, como se  esparcían; hasta que sentí el agua en mis pies. Voltee sumamente  espantada, y para mi sorpresa, aunque una parte de mí ya lo esperaba, no  había nadie allí.
Intente gritar, pero parecía que no tenía voz; mi  boca se tensó en el ademan de un grito de horror, pero de mi garganta  no logro salir ni un solo sonido, ni siquiera un gemido. Con el grito  trabado en mi garganta y la cara deformada por el súbito terror subí  corriendo las escaleras dejando atrás el desastre que había hecho en la  cocina, ni siquiera me importo el haber pisado parte de los cristales;  el miedo era tal que dolor tan agudo que sentía no me detenía. Subí para  buscar a mi madre; para saber si era algún tipo de broma o de castigo  para que aprendiera a no ver películas de terror tan de noche como  tantas veces me había repetido. Mi madre, ella yacía dormida cómodamente  en su cuarto, cuando entre, no se movió ni nada parecido, no emitió  ningún ruido que diera señal de que hace poco estaba despierta; se  encontraba perdida en un muy profundo sueño.
Sin saber muy bien que  fue lo que paso, me dispuse a ir a mi cama. Al entrar al cuarto el gato  se despertó muy alarmado y se erizo mirándome como si no me conociera;  pero muy dentro de mi sabía que no era a mí a lo que miraba, era algo  que estaba detrás de mí, lo que seguía presionándome los hombros, lo que  me estando en la cocina. La forma más fácil de saber qué era eso que él  veía, era dándome vuelta y mirando en el espejo que era lo que estaba  detrás de mí, pero se dé buena fuente que eso no se debe hacer bajo  ninguna circunstancia; porque de ser así, lo que sea que este allí puede  poseerte, o peor aún, esperar al momento en que decidas gritar para  voltear tu cuerpo de adentro hacia fuera, matándote de la peor manera  posible. Así que, sin tener otra salida, sin tener siquiera idea de lo  que debía, o podía hacer, me acosté en la cama y decidí dormir, al otro  día, una vez que hubiere descansado, tal vez tendría una idea de que  hacer; o, tal vez, todo habría acabado como si solo se hubiere tratado  de una pesadilla.
Pero a la mañana siguiente, la presión era más  fuerte, tanto que me costaba pararme derecho. Mis pies, a pesar de haber  pisado los cristales no tenían herida alguna; el dolor que recordaba  haber sentido parecía más bien una fantasía lejana. Las cosas no se  detuvieron allí, desde ese momento empecé a escuchar cosas que los demás  no podían, y a pesar de que no estaban en español o inglés podía  comprender cada uno de los dialectos como si los hablara desde hacía  años, e incluso podía contestar. Podía sentir y ver cosas que los demás  no. Sentía un frio que me recorría la espalda hasta llegar a la nuca y  que calaba los huesos aun cuando el sol brillaba y mis amigos se morían  de calor; podía ver a diferentes personas que todos juraban no estaban  allí; y sorprendentemente, ningún gato, ni siquiera el de mi hermana, se  volvió a acercar a mi sin antes gruñirme y erizarse, para poco después  buscar la forma de huir de mí a base de rasguños y mordidas. Alarmada de  este comportamiento, mi mamá me empezó a medicar, para ver si eso me  ayudaría, pero no fue así.
Puedo escuchar las voces todo el día,  cada una me cuenta una historia diferente, aterradora, romántica,  divertida, de suspenso o de cualquier forma imaginable, y a cada una la  encuentro adorable de la mejor manera posible. Puedo ver personas, veo a  un muchacho que cruza la calle sin fijarse y de repente es arrollado  por un tráiler; veo una mujer sumamente hermosa, con rasgos finos  y un  cabello largo que hondea en el viento saltar del puente justo antes de  que mi coche pase por debajo, siendo mi coche el que la termina matando;  veo como sus brazos se tuercen y su cabeza da un giro quebrándose en  cuello justo antes de que desaparezca como si nunca hubiese estado allí;  puedo ver a un señor que se acerca a los arboles con una soga y decide  quitarse la vida; los veo, los escucho y soy capaz de sentir lo mismo  que ellos en ese último momento, o en el momento que ellos me quieran  mostrar.
Esto no ha hecho para nada que mi gusto por las películas  de terror o lo oscuro disminuya, de echo, me ha dado confianza, porque  sé, que cuando cierre los ojos, no estaré sola, estarán ellos contándome  las cosas más hermosas y las más perturbadoras que pueden existir en  nuestro mundo. Me contaran lo que se siente morir ahogado, y por si  fuera poco me harán sentirlo; lo que se siente que te arranquen una a  una las uñas de tus manos, que te laven el cabello con sumo cuidado, que  te desmiembren, que te degüellen, que te den un beso y te abrace la  persona que tanto amas, o que te arranquen los ojos y te corten la  lengua. Cuando cierro los ojos, no estoy, y sé que jamás estaré sola de  nuevo, mientras pueda sentir la presión sobre mis hombros. 

22 Février 2019 15:59:19 0 Rapport Incorporer 0
La fin

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