Histoire courte
0
103 VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

"Sobre vida y muerte", por Uriel Sánchez

Abro los ojos. Mi techo, otra vez. No siento las piernas. Me queman los brazos. Un dolor punzante, constante, arremete contra mi existencia. Tengo náuseas. Entre cada par de parpadeos, lentos y pesados, muevo mi torpe cuerpo hasta sentarme al borde de mi cama. Mis pies apenas tocan el piso. Aún no siento las piernas, pero puedo moverlas. En el momento en que me inclino un poco hacia adelante para ponerme de pie, lo veo. Es un desastre. Sangre, y mucha. Un charco gigante a un lado de la cama, manchas en la sábana blanca y en mi remera. Me reviso el cuerpo entero. No tengo nada. Todavía sin sentir las piernas, dando tropezones, reviso todo el departamento. No parece haber nada. Ni nadie. Mi corazón late tan fuerte, tan rápido que siento que va a explotar o salírseme del pecho. Mi garganta se cierra y me cuesta respirar. Tiemblo. No sé qué hacer.

Mi reloj marca las 9:30 del doce de diciembre. Creo que hay algo que debería recordar, pero no puedo. Mi mente está en blanco. Estoy preocupado por toda la sangre en el suelo y mis sábanas y ropa. Lo que sea que haya pasado, no es bueno. Nada bueno.

De repente, siento como si me aplastaran el cráneo y, sin saber de dónde viene, escucho una voz:

—¿Por qué supongo que hay alguien más?

—No sé. No importa. Ahora no.

—¿Por qué no?

—No sé. No quiero pensar en eso todavía.

—¿Está mal pensar?

—No, pero ahora no.

—¿Por qué no?

—Porque me estoy desangrando.

—¿Estás sangrando?

Vuelvo a revisarme y me siento un estúpido. Ya había visto que la sangre no era mía.

—¿Todavía se siente como si fueras a morir?

—Sí. Estoy asustado. Esto no es normal. ¿Hacen falta tantas preguntas?

—¿Por qué no querés morir?

—¿Por qué querría?

—Porque es tu vida.

—La muerte es mi vida. —Me reí—. ¿Qué sentido tiene eso?

—¿Acaso no lo tiene? No estás vivo. Estás muerto. Pero acá estás: en tu casa, recién despierto, apreciando tu techo, con tus piernas entumecidas, temiéndole a la muerte. ¿No quiere decir esto que la muerte es ahora tu vida?

—No estoy muerto. Los muertos no pueden despertarse y ver el techo de su casa.

—Si no estás muerto, ¿cómo podés estar tan seguro de lo que acabas de decir?

—Sólo lo estoy. ¿Por qué seguimos hablando?

—¿Hablando? No estás hablando con nadie. Estás solo.

Mi corazón estaba cada vez más acelerado. De nuevo, reviso la casa. Acabo de recordar que ya lo hice y no había nadie. Debo estar volviéndome loco.

Todavía no siento las piernas, así que llamé a Rubén, mi doctor, y le pedí que me atendiera. Era un viejo simpático, estoy seguro que no tendrá problema. Mientras voy hacia allá, veo que en el medio de la calle hay dos ambulancias, unos cuantos patrulleros y está infestado de personas. Parece que alguien se tiró desde una terraza. Habrá muerto al instante. Se rompió ambas piernas y estaba sobre un charco de sangre.

Empiezo a alejarme y el dolor de cabeza crece. Pienso en volver a casa a dormir y no hacer más nada hasta sentirme mejor.

¿Por qué no vas a dormir?

—¿Otra vez? Estoy en la calle, ya salí. Aunque sea voy a ir.

No me refiero a eso.

—Mirá, no sé qué es lo que intentas decirme, pero deja de molestar. Te lo pido por favor.

Sólo intento guiarte.

La voz volvió a desaparecer. Por alguna razón, esta vez me quedé pensando en lo que hablamos. Hay algo que falta, definitivamente. Lo que más raro me resulta es estar hablando solo otra vez. Porque nadie me mira. Nadie me mira como si estuviera loco.

La cita con mi doctor fue cancelada, Rubén tuvo que irse por una urgencia. Bastante preocupado, regreso a mi casa.

De camino, el dolor de cabeza me distrae y paso por la multitud de más temprano. Seguían todos ahí. Eran exactamente las mismas personas. Decido acercarme a ver qué más está pasando: es raro que aún estén allí. Cuando me acerco lo suficiente, veo a mi madre, arrodillada a un lado del cuerpo del hombre que había saltado desde la altura. Me acerco para preguntarle qué pasa, por qué está ahí. Antes de decir nada, escucho que alguien habla:

Sé que me estás escuchando. Por favor, esta vez escuchame. Estás muerto. No tenés que seguir acá. Este no es tu mundo.

Parece que sólo yo estoy prestando atención porque nadie reacciona. Intento tocarle un hombro para que se de vuelta.

Acabo de traspasar con mi mano el hombro de mi madre. Acabo de traspasar a una persona. Mi corazón no está acelerado. Más bien, no late. No estoy nervioso. No siento nada. No siento mis piernas, pero tampoco están entumecidas. El sonido se distorsiona. Los olores desaparecen. Sólo veo.

Veo a mi madre, llorando de rodillas a un lado del cuerpo de un hombre que acabó con su propia vida.

Veo a mi madre, llorando de rodillas a un lado de mi cuerpo.

Veo a mi sombra, pidiéndome que la acompañe al infierno.

15 Janvier 2020 02:35:59 0 Rapport Incorporer 0
La fin

A propos de l’auteur

Uriel Sánchez 18 años. Artista. Estudiante de Filosofía.

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~